Gustavo desvió la mirada y el otro hombre comenzó su exposición. Decidió que lo mejor era concentrarse en la charla y mientras seguía la presentación, no pudo dejar de pensar en la voz de Arturo: tenía un tono jovial, seguro, con buen ritmo. Casi parecía entretenido hablar de auditorías e impuestos.
Frunció el ceño y tomó su pluma. Era como si su voz acelerara sus pensamientos. Sin dejar de atender la exposición, hacía pequeñas anotaciones al lado de la información.
- Bien. Hagamos una pausa, ¿de acuerdo? - dijo Arturo a eso de las diez y un murmullo de aprobación llenó el salón - Tomemos quince minutos y continuamos -
Casi de inmediato, todos se pusieron de pie y comenzaron a hablar entre ellos. Olive le dijo algunas palabras y en cuanto le fue posible, salió del salón. Necesitaba estirar las piernas y tomar algo de aire.
Cuando volvió al salón algunos conversaban en grupos, pero siguió hasta su sitio. Al otro extremo, Arturo había tomado asiento y miraba algo en su teléfono. Debía ser algo muy agradable, pues sonreía y Gustavo no pudo evitar preguntarse de qué se trataba.
Probablemente se sintió observado, porque alzó la mirada. Gustavo se sintió sumamente avergonzado y tomó asiento rápidamente.
¿Por qué demonios se portaba así?
El resto de la mañana continuó de la misma manera: Arturo exponía los detalles de la auditoría y él hacía anotaciones. Luego del almuerzo, una de las mujeres del equipo se encargó de la presentación y Arturo volvió a su lugar frente a él.
La mirada de Gustavo se movía entre la presentación y el perfil de Arturo y aunque él también parecía atento a la exposición, ocasionalmente Gustavo sentía su mirada.
Finalmente, a eso de las cinco dieron por terminada la jornada y todos se apresuraron a retirarse.
Gustavo tomó su carpeta y luego de un titubeo, rodeó la mesa hasta donde se encontraba Arturo, que revisaba unos documentos.
- Humm… Mr. Lloyd - se aclaró la garganta, sintiéndose como un tonto.
- Arturo, por favor - dijo volteándose.
Al ver quien se encontraba frente a él, algo de sorpresa asomó en su rostro y sus ojos café lo miraron con fijeza. Sin embargo, rápidamente se rehízo y dijo con tono claro: - Creo que no nos han presentado -
- Gustavo Briceño - dijo con voz grave y le tendió la mano.
Arturo sonrió y estrechó su mano, apenas un gesto rápido.
- Yo… bien… Tenía algunas observaciones… consultas, más bien…
- Sí, noté que hizo algunas anotaciones - asintió con tono ligero.
- Sí, bueno… ¿tendrá unos minutos? - volvió a aclararse la garganta.
- Por supuesto - le indicó una silla y él tomó la que se encontraba a su lado.
- Bien, asumo que el propósito de todo esto es que luego se haga una auditoría en cada sucursal - su tono se volvió más calmo - pero nosotros tenemos una situación particular -
Arturo asintió, pero no dijo nada y Gustavo continuó: - En estos momentos se está discutiendo un proyecto de ley que nos obligaría a hacer cambios en la subsidiaria -
Mientras Gustavo le explicaba sus consideraciones, Arturo lo observó.
Era un hombre de contextura gruesa, aunque no era obeso y su altura le ayudaba a disimularlo. El rostro redondo, de ojos pequeños y oscuros; una barba también oscura, bien cuidada y recortada. Probablemente era de esos hombres que si se rasuraba, a las pocas horas ya tenía una sombra. El cabello era n***o, con suaves ondas alrededor de la oreja.
Ahora que se había sobrepuesto a su nerviosismo inicial, su voz era profunda, pero cálida.
- Arturo - una voz desde la entrada les interrumpió - Tenemos que desocupar el salón -
Era una de las asistentes.
- ¡Oh! Bien, de acuerdo - miró su reloj y se volvió a Gustavo.
- Lo siento - dijo el hombre rápidamente - No quise entretenerlo -
- Está bien. Me interesa mucho este tema - hizo una pausa y miró de nuevo su reloj - Tenía pensado abordar las particularidades de cada oficina en la sesión de mañana, pero creo que esto es más complejo… ¿Le importaría sin continuamos? -
- ¡Oh! Bueno…
- Ha sido un día largo, lo entiendo. Tal vez quiera refrescarse. ¿Le parece si lo vemos en la cena? ¿A las siete está bien? -
- Ehhhh… sí… sí, claro -
- Perfecto - Arturo sonrió - Entonces nos vemos a las siete en el bar del hotel y luego podemos pasar al restaurante -
- Humm… Sí, bien. A las siete -
Gustavo tomó su carpeta y luego de una leve inclinación de cabeza, salió del salón.