III

861 Palabras
Gustavo rebuscó en su maleta con algo de frustración. ¿Qué demonios estaba buscando? Había tomado una siesta de media hora y se dio un baño. Ahora estaba frente a su maleta, sin saber qué esperaba encontrar. Tomó un pantalón, una camisa azul y se vistió rápidamente. Cuando llegó al bar, ya Aturo estaba allí con una cerveza en la mano e intercambiaba unas palabas con el bartender. - Humm… buenas noches - dijo cuando se detuvo frente a él. - Gustavo - Arturo sonrió - ¿Quieres algo de beber? - preguntó al tiempo que hacía un gesto al bartender - Nuestra mesa estará lista en unos minutos - - Eh… sí, de acuerdo - se volvió al bartender - Un whisky en las rocas - Arturo dijo algo en inglés que no logró entender y el bartender asintió. El hombre colocó un vaso frente a Gustavo y Arturo lo observó con algo de curiosidad. Tomó un poco y saboreó la bebida. - Es muy bueno - comentó, sorprendido. Arturo asintió y tomó su cerveza. - Es un lugar muy agradable - dijo Gustavo mirando a su alrededor - Creo que es la primera vez que la empresa organiza una actividad aquí - - Así es - respondió Arturo volviéndose a él - Una recomendación de Mrs. Dominic que el jefe no pudo dejar pasar - - ¡Oh! Ya entiendo… - Gustavo esbozó una semisonrisa. - Pero creo que es un buen lugar. Tiene una excelente ubicación, es cómodo y me recomendaron mucho este restaurante - Gustavo sonrió, pero no dijo nada. Luego de unos minutos, un camarero les guio a su mesa y no demoraron en ordenar. - Bien… yo… - colocó su carpeta frente a él - ¿Continuamos? - - Adelante - respondió Arturo con un gesto. - Bien… como le decía, según este proyecto… - dijo mientras buscaba entre sus apuntes. - Gustavo, creo que manejas muy bien el tema - le detuvo el hombre con un gesto - Solo conversemos, ¿de acuerdo? Creo que conoces bien el proyecto de ley - - De hecho, sí - dejó la carpeta a un lado - Le hemos dado seguimiento desde la oficina porque sabíamos que sería un dolor de cabeza. De hecho… le pedí a mi colega que me enviara el borrador que empezamos a trabajar hace unos meses… - Perfecto. Podemos verlo en la sesión de mañana - le interrumpió Arturo. - Sí… bien… entonces… el proyecto… Arturo apartó su botella y apoyó los brazos en la mesa con un gesto que denotaba que tenía su atención. Como había sucedido unas horas antes, en cuanto comenzó a hablar de trabajo, su confianza volvió y dejó de titubear. Arturo le escuchaba atentamente, limitándose a asentir y solo apartaba la vista un momento para tomar su bebida. - Yo… lo siento… ¿Voy muy rápido? - dijo Gustavo luego de unos minutos. - No, vamos bien. Continúa - - ¿En serio? - le miró con algo de incredulidad - ¿Podrás recordarlo todo? - - Lo más importante, sí - respondió el hombre sin inmutarse - y si olvido algún detalle, podemos repasarlo mañana - - Sí, por supuesto - dijo Gustavo desconcertado. Les interrumpió el camarero con los platillos y luego de tomar los primeros bocados, Gustavo pensó que era necesario hacer algo de conversación. - Entonces… ¿eres originario de aquí, de Londres? - - No - Arturo sonrió - Aunque mis padres son británicos, yo nací en Valencia, España - - ¡Oh! ¿Por eso el nombre en castellano? - La sonrisa de Arturo se amplió y Gustavo no pudo evitar pensar que tenía unos dientes perfectos… y luego sus ojos… tenían un brillo divertido y provocaba sensaciones extrañas bajo su vientre. - Sí - dijo Arturo tomando un bocado - Mis padres se conocieron y se casaron allí. Ambos trabajaban para empresas transnacionales. Mi madre se encaprichó en darme un nombre en castellano, aunque cuando volví Inglaterra, todos se empecinaban en llamarme Arthur - - ¿Y te molesta? - - Prefiero Arturo - dijo encogiéndose de hombros. - Y tus padres, ¿están en Londres ahora? - - No. Ambos están retirados ya y viven en Escocia - - ¡Oh! ¿Tienes hermanos? - Arturo volvió a sonreír. - No. Soy hijo único - - Yo también - asintió Gustavo tomando su bebida - Yo también soy hijo único, me refiero - En su cabeza, se dio una palmada. ¿Por qué actuaba como un idiota? - Y dime, Gustavo. ¿Tienes mucho tiempo en la empresa? - - Humm… sí, bastante. Casi diez años - - ¡Guau! Eso es mucho tiempo - - Sí. Empecé allí en un puesto de asistente, un par de años después de graduarme y fui escalando. Pasé por todas las etapas. Me agrada mi trabajo, ¿sabes? - - Puedo verlo - respondió Arturo con tono sincero - Veo que eres apasionado en tu trabajo - - Suena mejor si lo dices así - rio Gustavo - Apasionado. Sí, usaré ese argumento cuando mi esposa me reproche que trabajo demasiado -
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