Memories
Antes de empezar...
¡Hola mis queridos lectores! ¡Bienvenidos al segundo libro de la trilogía!
Gracias por esperar y estar ahora, lamento la demora, pero ando limitade de tiempo y es un poco complicado terminar las ediciones.
Ates de que empiecen a leer necesito dar algunas aclaraciones:
1) Las publicaciones serán 1 vez por semana después de llegar al capítulo 19, es decir, trataré de publicar de 1 a 2 capítulos diarios (dependiendo de mi tiempo) para llegar al número indicado.
2) Este libro es parte de una trilogía, no es estrictamente necesario que hayan leído el primer libro, no obstante, lo recomiendo para que entiendan un poco más a los personajes y las situaciones a las que se le hacen referencia.
Adentrándome un poco más en este tema, los libros son independientes, es decir, no afecta el orden en el que los leas.
3) Es una relación entre dos chicos, por lo que recomiendo que, si eres una persona sensible a este tipo de temas, lo evites. No se tratarán temas muy explícitos, pero recomiendo que los mayores de 18 lo lean, incluso los mayores de 16.
4) Cabe recalcar que todo en esta historia es ficticio, nombres de personajes, cargos, ciudades, etc. Por favor, consideren eso al momento de leerla.
5) El libro no contendrá escenas explícitas de sexo o momentos hot entre los personajes. Dentro de todo, mi trilogía se está basando más en el romance y la sexualidad que en el sexo mismo, por lo que pido, encarecidamente, que no se me solicite alguna escena subida de tono.
6) Como último punto, pido que cuando comenten utilicen pronombres neutros, por favor.
7) La historia sin editar sigue en mi perfil, pero solo por esta semana, a partir del próximo domingo ya la retiraré. Esto con el objetivo de que no exista confusión entre los capítulos que público aquí y los que están publicados.
8) Hubo cambios en la historia (como en toda edición), por lo que puede ser un poco difícil releerla, les pido disculpas por esto, pero lo realicé para un mejor desarrollo y evolución. Tanto de los personajes como de la historia en sí, espero y puedan disfrutar la historia, así como estoy gozando editarla.
9) El nombre de los capítulos ahora son una canción que los referencia, colocaré el nombre al inicio del capítulo para que puedan escucharla.
Ahora sí, sin más...
¡¡Bienvenidos...!!
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Recomendación: Maroon 5 - Memories
Es un día frío, las nubes llenan el cielo, parece que quiere llover, y el viento corre con fuerza.
«Un año, ha pasado un año exacto desde aquel horrendo día. Aún no lo puedo creer» —. Respiro hondo llenando mis pulmones—. «El camino hasta aquí fue largo» —. Subo el cierre de mi chaqueta—. «No quería llegar en bus, vine caminando. ¡Mala idea!, ahora me duelen los pies» —. Suspiro—. «Pero lo necesitaba, quiero volver a ser normal».
Ha pasado un año desde aquel suceso. Aún siento cada golpe en mi piel y el dolor que inunda mi cuerpo. El nudo en mi garganta al recibir la noticia y las ganas de llorar. Los gritos y súplicas que hacían explotar mi cabeza, todo sigue aquí.
—Agité la cabeza para disipar los recuerdos—. «¡Basta! Hoy no puedes pensar en eso, necesitas despejar la cabeza».
Falta camino por recorrer, debo cruzar los puestos de flores y dulces, y llegaré a la entrada. Con pasos decididos avancé, hasta que vi un hermoso arreglo que llamó mi atención, unas flores en forma de oso panda. Sonreí sin poderlo evitar, los pandas eran sus animales favoritos en el mundo.
—Buenos días—. Sonrió tratando de distraerla del juego nervioso de mis manos—. ¿Podría venderme ese arreglo, por favor?
Mis manos sudan cuando entrego el dinero. La señora, incómoda, lo acepta, aunque me lanza esa mirada despreciable.
«Lo siento» —. Avergonzado, retomo mi camino, admirando el arreglo—. «Si él lo pudiera ver, estoy seguro de que lo amaría» —. Golpe mental—. «No debes recordar que no está, solo lo haces más difícil» —. Me detuve y cerré los ojos, los latidos de mi corazón se hicieron presentes con fuerza, dolorosamente fuertes—. «Este es el motivo principal por el que no quiero venir, estar aquí nada más me recuerda su ausencia».
Es la primera vez que vengo, no me animé antes, las emociones me suelen abrumar cuando pienso en él. Miedo, culpa, odio, rencor y dolor, es difícil decidirse a aparecer por aquí con todo dentro. Además, corro el riesgo de encontrarlos.
«¿Qué se supone que haré si los veo?» —Me detuve frente a la gran puerta metálica verde—. «Una parte de mí quiere salir corriendo y esconderse en lo profundo del mar» —. Volví a suspirar—. «La otra desea con todas sus fuerzas correr y abrazarlos».
Las cosas han cambiado, demasiado para mi gusto, pero inevitable en sucesos como este.
«No sé qué esperar, no sé qué creer» —. Reí como si se tratara de un mal chiste—. «Ni siquiera sé si debería estar aquí».
El cuidador abrió las pesadas puertas, ahora estaban de par en par. El pasto tan vívido como cuando llegaba la primavera, aunque estábamos empezando el invierno. Las personas pasan por mi lado, familias completas o solitarios visitantes, como yo.
La pista cubierta por pequeñas piedras que hacían ruido al pisarlas. Los murmullos no se hicieron esperar, solo di 3 pasos y ya las personas hablaban, en tono bajo para no interrumpir. Los más pequeños reían y corrían por los alrededores, todos unidos con un mismo objetivo, visitar un ser querido.
Mi madre me dio las indicaciones necesarias para llegar, ella quería venir, pero le rogué que no. Esto debía hacerlo solo. Ella no estuvo contenta con mi pedido, pero tampoco se opuso.
«Ella sabe que debo hacerlo».
Suspiro y sigo avanzando, temo perderme, pero, me mantendré firme. Me dejo llevar por mis pensamientos, deseo aislarme para no hablar con nadie. Mi cabeza es mi refugio, aunque a veces parece mi verdugo.
Llegué al lugar, solitario y apagado, así se veía su lápida en comparación a su persona. La foto encima de esta lo mostraba alegre, sonriente como siempre, pero el lugar en el que se encuentra parece tan ajeno a él.
Me arrodillo a saludar, solo momentáneamente, para volver a ponerme en pie. Los recuerdos siguen golpeando mi cabeza y los flashes de ese día se repiten. La psicóloga dijo que sería difícil volver a la normalidad, pero que el tiempo me ayudaría a afrontarlo.
«Espero que sea así, no pienso quedarme estancado en aquel oscuro recuerdo».
Recordar cómo empezó todo parece una maldición.
El día prometía ser como cualquiera, salí de casa con Kevin y me encontré con Ale y Aiden. Llegué a la casa y ahí todo fue en picada, cada maldito segundo sigue pesando. Mi corazón late con fuerza.
—Llevo mi mano al pecho y cierro los ojos para calmar mis latidos—. «Proceso largo, lo sé» —. Boto el aire que retenía y volví a abrirlos—. «Extraño a los chicos y estoy seguro de que tú también».
Llevamos meses sin vernos ni hablar, sin tener comunicación, se sentía el vacío. La orden fue clara durante la investigación, los testigos no podían interactuar entre sí, pero ¿nadie consideró como eso nos afectaría?
«Siempre hemos sobrellevado la situación juntos, afrontando los problemas o, en su defecto, llorando. Solo nosotros nos podíamos ayudar, ¡estar alejados era una ridiculez!
Vuelvo a suspirar, mis brazos caídos y mi mirada clavada en la nada. Metí mis manos a mis bolsillos, el frío había aumentado, no sabía si por el lugar o por los recuerdos. Estos siguen golpeando mi cabeza empujándome a cerrar los de nuevo.
«Disparos, golpes, insultos…»
«Kevin cargándome, Mike ayudándolo, Aiden gritando…»
«El bate de béisbol, las armas, los gritos…»
«Lágrimas, aquel sabor metálico…»
Un brazo se posó en mis hombros y giré dispuesto a dar un golpe en la cara. De pronto, su sonrisa, esa sonrisa que siempre me transmite paz. Imposible de contenerme, sonrío con pequeñas gotas que se formaban en las esquinas de mis ojos, dispuestas a caer.
Él se encontraba con su sonrisa ladeada característica, sus ojos clavados en los míos tratando de leer mis pensamientos. Para él, los ojos podían decir más que las palabras.
―Ha pasado un tiempo ―comentó como saludo.
―Kev… ―Salió de mis labios casi en sollozo.
Conozco a Kevin desde niños, sé que este año ha sido duro para él, el peor de todos me atrevería a decir. No cargar con la culpa, después de lo ocurrido, era imposible, sin embargo, él fingía que todo estaba normal.
Aunque su rostro demostraba lo contrario: sus ojos llorosos, cejas caídas y mirada confusa. Estaba aterrado y preocupado por mí y los chicos, lo sabía, no tenía que decirlo. Lo vivía en carne propia, al igual que yo, asustado y culpable.
Lo abracé tan fuerte que pensé que escucharía el crujir de sus huesos. Su olor a colonia barata inundó mis fosas nasales, reí para mis adentros, seguía siendo el mismo.
«Te extrañé».
―Ya no hay nubes—. Es lo primero que puedo decir mientras sigo teniéndolo en mis brazos.
El comentario parece ridículo, extraño o loco, sin embargo, para nosotros, es lo que demuestra lo mal que la habíamos pasado. Kevin me abrazó con fuerza cuando pronuncié las palabras, yo asentí aún entre sus brazos y segundos después nos separamos, aunque él permaneció con su brazo en mis hombros.
—¿Has sabido algo? ―pregunté por fin.
―Negó― .Nada desde ese día…
Asentí devolviendo mi vista a la lápida:
"Aquí yace Michael Porter, querido hijo, amigo, primo y hermano. Nacido el 20 de diciembre de 1985 - fallecido el 4 de octubre de 2016".
«Nada desde aquel maldito 4 de octubre. ¿Quién diría que una fecha podría generar traumas?».
***
Salió corriendo aquel chico con la pistola en la mano, me arrastré casi sin sentir las piernas hasta la puerta para tratar de entender lo que estaba pasando. Los gritos de Aiden llamaron mi atención, Kev se acercó a él dejando atrás un charco de sangre.
Mi corazón se fue a la garganta cuando lo vi, la sensación de ahogo se hizo presente.
«¿Ese...? ¿Ese es...?» —No podía terminar la pregunta—. «Si ese es... ¿Dónde está...?»
Lo busqué con la mirada por la habitación tratando de encontrar una pista sobre su paradero, pero aún estaba aturdido. Volví a Aiden, estaba medio sentado en el suelo, y en sus piernas alguien recostado.
—Respiré aliviado—. «Él está ahí, está con Aiden».
Pero solo fue la calma antes de la tormenta, Kevin se puso de pie y mi campo de visión fue más amplio.
«Esto no está bien, ¡esto no está bien!»
El menor se encontraba con el rostro empapado en lágrimas, Alexandre estaba medio dormido en sus piernas. Las manos de Kevin sangraban, era claro que no era su sangre, volví a centrarme en Ale identificando la sangre que caía por su costado.
Kevin se sacó el polo con la esperanza de cubrir la herida. Ale levantó su mano y secó unas lágrimas que caían por las mejillas de Aiden dejando su rostro manchado, pero el tiempo fue corto, su mano cayó al instante al suelo y Aiden gritó.
El mayor de nosotros cubrió la herida haciendo presión, evitando que saliera más sangre, no obstante, Ale ya no contestaba.
Grité, soy consciente de que lo hice, grité sin contenerme. Aquel grito salió de lo más profundo de mí, hasta el punto de desgarrar mi garganta.
Kevin giró encontrándose conmigo y corrió hasta mí abrazándome con fuerza, yo solo quería llegar a Ale, pero él susurraba algo en mi oído.
Los gritos de Aiden podían romper a cualquiera, esa desesperación y dolor mezclada en una sola persona era indescriptible. Abrazaba a Ale con un brazo mientras con la otra mano hacía presión.
No sé qué pasó exactamente después de eso, solo que un tiempo después desperté en una cama de hospital, sin recordar mucho de lo ocurrido. Los sollozos de Mamá y Libby eran fuertes, el olor a hospital llenaba mis fosas nasales y tenía dolor, uno tremendamente fuerte, en mi cabeza.
Mis párpados pesaban y me costaba abrir los ojos, traté de apretar mi mano, aunque apenas y podía moverla. Después de varios intentos lo logré y mi hermana gritó.
Unos médicos entraron a revisarme, la bulla era ensordecedora y la luz que ponían frente a mis ojos me cegaba. Me agobiaban sus preguntas e incluso sus voces. Estaba disgustado y quería que todos se marcharan.
Para mi suerte, mi deseo se cumplió unos minutos después, y en la habitación solo nos encontrábamos, las dos mujeres más importantes en mi vida, mi madre y mi hermana, y yo. Sus rostros estaban demacrados, quizás no habían dormido en días.
Libby me abrazó con cuidado y mi madre secó mis lágrimas, mi garganta estaba rasposa y seca, moví los labios tratando de hablar.
―Alton, no te preocupes, por ahora solo debes descansar―. Mi madre sonrió moviendo suavemente los cabellos que se encontraban en mi frente―. No te esfuerces en hablar.
—Negué internamente—. «¿Cómo no voy a hablar?, necesitaba saber de Kevin» — Volví a abrir la boca—. «Ale, Mike y Aiden, ¿dónde están? ¿Por qué ninguno está aquí?»
El recuerdo de Ale inconsciente volvió de golpe a mi cabeza obligándome a cerrar los ojos. Aiden gritando desesperado, Kevin abrazándome… no podía significar nada bueno.
―Ma… má—. Mi madre lloraba, aún no comprendía que estaba pasando―. ¿A… le? ―pregunté.
―Cariño, no creo que… —Sus ojos marrones, como los míos, llorosos estaban fijos en mí.
Miré a mi hermana suplicante, ella sabía lo importante que eran ellos para mí y ambas se volvieron a mirar.
―Ale está bien—continuó mi hermana. Sus palabras no coincidían con su rostro, volví a una súplica silenciosa―. Ale está sedado―. Mi hermana tomó mi mano apretándola suavemente―. Va a estar bien, pero le va a tomar tiempo.
― ¿Po… po… por…?
―Mi madre colocó su mano en mi boca pidiéndome que no hable más―. Ale... Ale deberá superar la pérdida de Mike.
Y con eso bastó para comprender la situación, lloré en silencio mientras mi hermana me trataba de consolar. Sujetaba mi mano como si temiera que en algún punto la soltara mientras mi madre nos abrazaba, consolándonos.
***
―Hola―. Una voz suave llamó mi atención.
Kevin y yo giramos encontrándonos con aquel chico de ojos ámbares y cabello rubio. Su cálida sonrisa y la emoción en su rostro nos hizo sonreír de vuelta.
―Aiden―respondimos al unísono.
― ¿Cómo has estado?
―Bien―respondió feliz. Avistaba dos siluetas que se acercaban―. Hemos estado bien―. Una amplia sonrisa apareció en su rostro.
Di un paso al costado para divisar mejor las siluetas que se acercaban a nosotros, los ojos azules penetrantes de Ale se encontraron con los míos.
«¡Está aquí! ¡Lo logró!»
Alexandre estaba con el cabello despeinado, sin el tinte rojo, por fin había vuelto al n***o azabache. Llevaba unos jeans sueltos, zapatillas negras y una camisa del mismo color. Sus aretes eran largos y el piercing en el labio inferior permanecía. Sus ojos, antes fríos y distantes, ahora eran menos sombríos y una sonrisa real.
«La última vez que lo vi sonreír así fue a los 14, unos meses antes de conocer a Héctor» —. Sonreí de oreja a oreja y corrí a abrazándolo—. «Temí no volver a verlo y ahora se encuentra frente a mí».
Alexandre me trató de apartar fingiendo fastidio, aunque escondía una sonrisa divertida. Kevin se acercó a nosotros saludando con un apretón de manos a Ale, oficialmente los 3 volvíamos a estar juntos.
― ¡Hey, hey, hey! ―Interrumpió Valery―. Él todavía sigue en recuperación, no me lo lastimen.
―Alexandre volteó los ojos y miró a su prima―. Ya estoy bien—. Suspiró—. Además, él que te tiene que cuidar soy yo, no al revés.
― “Él que te tiene que cuidar soy yo” ―. Repitió ella burlándose.
Kevin, Aiden y yo estallamos en carcajadas, era definitivo, volvíamos a estar en familia. Sonreí ampliamente mientras Valery y Ale discutían, Aiden y Kevin reían, y yo tomaba una foto mental de aquella memorable escena.
Siempre oí decir que los amigos son la familia que uno escoge, pero no es cierto. Los amigos son una parte de ti que va creciendo junto con ellos, por eso, cuando te falta uno o está lastimado, lo sientes como si tú estuvieras en su lugar.
Son personas que llegan por casualidad a tu vida, en un momento donde necesitas cierto apoyo, ayuda o comprensión. Ellos llegan como un relámpago en una tormenta.
«Te pueden asustar, iluminar o dañar, sin embargo, con ellos creces y aprendes».
Los chicos fueron mi relámpago en momentos cruciales, en momento dónde incluso no sabía qué los iba a necesitar, sin embargo, aparecieron y permanecen a mi lado.
«Son la sombra en un intenso día de sol, el paraguas durante la lluvia y la fortaleza en pleno huracán».
― ¿En qué piensas tanto? ―Valery pasó su mano por delante de mis ojos.
Volví a mis sentidos, de hecho, ni me percaté en qué momento me había ido. La cara de mis amigos me lo decía todo, me fui por demasiado tiempo para ellos, ya estaban en silencio y observándome. La verdad, mis amigos seguían vagando por sus pensamientos, pero la pequeña Valery si estaba asustada.
―Eres demasiado curiosa―. Sonrío mirándola.
―Tú, concentrado das miedo―. Tomó mi mano―. Mejor ayúdame a acomodar las flores de Mike.
Los ojos azules de Ale se volvieron a encontrar con los míos en una pregunta tácita en el aire.
—Asintió en respuesta―. Es terca, no te dejará tranquilo hasta que la ayudes.
Camino con ella hasta Mike, nos arrodillamos y limpiamos la lápida, luego cortamos el tallo de las flores y las acomodamos. Ale fue por agua mientras Aiden y Kevin conversaban, al volver cambiamos de posición y se encarga de ayudar a su prima.
El arreglo de oso panda fue el centro de atención, Valery lo colocó en el centro para qué brillara entre tantos regalos. Ella y Ale permanecieron sentadas mirando la lápida, mi amigo preocupado por su prima, mientras ella se aguantaba las lágrimas. Su sonrisa escondía el dolor, por más que quisiera, aquí no podía fingir.
Los 3 nos sentamos en una banca que se encuentra casi al final de la parcela de tierra. Desde este lugar observamos a Alexandre y Valery rezar y hablar con Mike, mientras nosotros permanecemos en silencio, cada quién metido en su cabeza.
Miro a Kevin, él observa atentamente cada movimiento de Valery. La culpa vuelve a golpear su pecho, lo sé, no necesita decirlo. Suspiro llamando la atención de ambos, giró para encontrarme con los ojos de Aiden y, con mucha fuerza de voluntad, me atrevo a preguntar.
― ¿Cómo ha estado Ale?
―A sido muy difícil―. Aiden miró a su novio―. Pero Valery logró salvarlo.
― ¿Pudiste estar junto a él todo este tiempo? ―preguntó Kevin.
―Asintió―. Fue muy duro hacerlo, la policía, los psicólogos… ―Tragó saliva―. Todos creían que no podría sobrellevarlo.
―Ale es más fuerte de lo que todos piensan.
―Hasta el más fuerte se debilita cuando pierde a alguien que le importa―. Kevin suspiró―. Lo bueno es que está bien―. Miró a Aiden―. ¿Isidora?
―Ella estuvo en los primeros 3 meses tratando de ayudar a Ale, pero después le fue imposible, era muy difícil.
― ¿Dónde está? ―pregunté preocupado.
―Salió del país para recibir tratamiento―. Suspiró―. No se encontraba bien, la pérdida... La pérdida le afectó mucho.
― ¿Y con quién se quedó Valery?, es menor de edad, el único adulto es Ale y él…
―El padre de Valery se quedó con ella, por lo menos unos meses mientras Ale seguía en su proceso de recuperación―. Aiden sonrió triste mirando a la pequeña―. La increíble valentía de su prima lo ayudó a afrontar la situación.
― ¿Su padre no tuvo inconvenientes en dejar a su hija con Ale?
―Negó―. No estaba contento, él… ―Se movió incómodo―. Él culpa a Alex―. Miró a la pequeña―. Pero Valery es testaruda, logró convencer a su padre.
Los dos asentimos comprendiendo la situación.
Otro silencio... corto.
― ¿Cómo le está yendo a Isidora? ¿Sabes algo? ―preguntó Kev preocupado.
―Su tratamiento va bien, por lo que me comentó Alex―sonrió―. Si todo sigue igual, podrá volver para final de año.
― ¡Eso es genial! ―exclamo feliz.
― ¿De qué tanto hablan? ―preguntó Valery. Se acercó a Aiden y le hizo puchero―. ¡Yo quiero saber!
―Tú siempre quieres saber―respondió Ale cruzándose de brazos―. ¡Es que están misteriosos!
―Val, no es eso―respondió Kevin y se levanta para darle su lugar―. Es solo que, llevamos un tiempo sin vernos, tenemos mucho de qué hablar.
― ¿Eso es verdad? ―preguntó clavando sus ojos castaños en el menor.
—Asintió sonriendo―. Claro.
—Está bien, entonces si los dejo hablar―. Sonríe y se sienta en el lugar cedido por Kev.
Todos reímos, pero la felicidad nos duró unos segundos. El ambiente se tensó y uno a uno fuimos deteniendo las risas. Estamos juntos, pero llevamos mucho tiempo separados, usualmente eso no era un problema, pero la situación había cambiado.
«La culpa es una carga pesada, pero si no intentamos disminuirla, corremos el riesgo de perder nuestra amistad».
Los segundos parecían minutos y estos, largas horas interminables.
Valery notó la tensión, la vi pasar su mirada de uno a otro en busca de una respuesta. Todavía era muy pequeña para comprender la incomodidad que sentíamos.
Kevin y Ale están sentados uno al lado del otro, pero ni se miran, parecen huir de ellos. La soledad parece una sombra inmensa que nos cubre de a pocos. Las respiraciones lentas de todos juntos hacían el silencio más ruidoso que alguna vez escuché.
Valery abrió la boca, dispuesta a hablar, pero hasta ella se sentía incómoda. Por más que quisiera comportarse como una adulta, todavía era una niña pequeña.
—Suspiro—. «Si nadie da el primer paso esto no saldrá bien, nuestra amistad no se podía romper. Mike nunca quiso eso».
El rostro de mis amigos es el mismo que cuando entré al cementerio: dudoso, culposo y nostálgico. Valery giró dándonos la espalda, está situación solo la ponía peor a ella, no es justo.
—Cierro los ojos para soltar las siguientes palabras―. Postularé a la nacional de Solwood—. Las miradas están encima de mí, logré llamar su atención y sacarlos de su propio encierro mental. Aunque ninguno se atreve a preguntar, menos a comentar―. Quiero intentar retomar mi vida. Quiero cumplir uno de mis sueños.
Ale baja la mirada, quizás la culpa golpea su pecho como a mí, pero Valery sonríe, orgullosa de mis palabras.
―La sonrisa se asoma en los labios de Kevin―. Yo también postularé—. Aprieta mi pierna para demostrar su apoyo—. Es momento de avanzar.
Aiden está preocupado por el silencio de Ale, debo admitir que estoy igual. El menor se arrodilló a su lado, colocó su mano en el hombro de su novio y este levantó la cabeza. Ale tiene los ojos rojizos y su rostro refleja su lucha interna.
―Nosotros también queremos estudiar―. Aiden toma la mano de Ale―. Queremos salir adelante.
―Intentaremos ingresar a la nacional―. Complementa Ale―. Es momento de seguir, también queremos seguir.
Valery sonríe y se arroja encima de su primo tumbándolo al suelo, Ale lagrimea, pero mantiene su sonrisa intacta.
«Está roto, todavía está roto». ―Aiden sonreí ante la escena al igual que Kev y yo―. «Pero tiene deseos de seguir, de soltar un poco el peso que carga y darse la oportunidad de ser feliz».
―Kevin se sienta a mi lado, pasa su brazo por mis hombros y me acerca a él―. Ale tiene razón―. Sus ojos negros se enfocaron en los míos, con una extraña mezcla entre tristeza, nostalgia y felicidad―. Debemos darnos la oportunidad de ser feliz.
Asentí sonriente y volví a mirar a los primos, su risa infantil y su juego de cosquillas me recordó a él. Lo imaginé observándonos desde la esquina, con su patética actitud altanera, orgulloso de haber logrado la felicidad de su primo. Leí de nuevo el nombre tallado en la lápida, ahora limpia y decorada, “aquí yace Michael Porter, querido hijo, amigo, primo y hermano”.
«También un ejemplo a seguir, ¿no maldito arrogante?» ―Nuevamente el nudo en la garganta que me asfixiaba―. «Espero estés feliz donde sea que te encuentres». ―Valery y Ale seguían jugando en el frío pasto, Kevin se entrometió para fastidiar a la nena―. «Volvimos a estar juntos, retomaremos nuestras vidas y Ale saldrá adelante. Estamos a punto de empezar una nueva aventura, una nueva etapa. Espero estés orgulloso de nosotros».