Recomendación: Cole Swindell - You should be here
Seguimos en el cementerio, estoy hablando con los chicos por un largo tiempo, la conversación se centra en las carreras que deseamos estudiar. El ambiente es agradable, la tensión se ha esfumado y volvemos a ser los amigos de siempre. Ale nos habla sobre su deseo de abrir un restaurante, quiere estudiar gastronomía y está emocionado con esa idea.
Pero nuestra amena conversación es interrumpida por un sonido de celular, una llamada que altera el panorama. Se está acercando la hora de almuerzo y Valery recibe la llamada de su padre, hablan por un rato, por obligación más que gusto, hasta que suspira cansada y corta. Luego gira hacia Ale y le dice que su padre quiere que pasen el aniversario juntos.
La noticia le sienta mal a Ale. Él desvía la mirada por un segundo, incómodo, sin embargo, no se opone. No está feliz con el pedido del padre de Valery, su rostro me lo demuestra, no obstante, no puede objetar. Asiente despacio y trata de animar a la pequeña, ella tampoco quiere pasar la tarde con él, pero no pueden hacer nada.
Nos despedimos de Mike con desgano y vamos al auto de Kevin. Mi corazón vuelve a acelerarse, ansioso. Los latidos cada vez son más fuertes, incluso podría salirse en algún momento. Miro disimuladamente a Aiden, él parece tranquilo, ¡qué suerte! Está conversando con Valery, quizás por eso no siente temor, o ¿habrá superado lo ocurrido?
El auto de Kevin está estacionado cerca a la puerta, entramos los 5 sin problema, pero no me tranquilizo. Mis amigos llegan antes que yo a las puertas del auto, pero se detienen a esperarme, preocupados. Me esfuerzo en sonreír, debo fingir que estoy bien, no quiero ser el centro de atención.
Las puertas se abren apenas llego, Ale, Valery y Aiden irán atrás. Se supone que voy de copiloto, pero no me puedo mover. No puedo entrar. Mi pulso se acelera, los latidos aumentan y un silbido ensordecedor aparece en mi cabeza, mi cuerpo está en alerta como si estuviera avisándome que estoy por entrar a una zona de peligro.
Kev se percata de mi conflicto interno, puedo sentir sus ojos buscando los míos, quiere saber que siento, pero estoy tan abrumado que lo ignoro. La situación empeora con el paso de los segundos, mis manos tiemblan y creo que dejo de sentir mis piernas, entonces me toma por los hombros.
Los ojos de Kevin por fin encontraron los míos, puedo ver la desesperación en ellos y la tensión en el ambiente reaparece. Nadie comenta nada, ni siquiera se escucha una respiración. Sonrió para ocultar mi temor, aparentando que no existió el evento previo, pero mis amigos lo saben.
— ¿Prefieres que vayamos a pie? —La voz de Kevin es seria, pero no intimidante ni distante.
—Estoy bien—contesto agotado—. Solo es cansancio.
«Mentira, malditas mentiras».
— ¿Seguro? —. Turno de Ale, su voz es débil, diferente a la de Kev, casi en tono bajo.
—Sí, Ale—. Asiente, pero no muy convencido—. Solo estoy cansado, de verdad—. Trato de mantenerle la mirada a Kev—. Estoy perfecto.
—De acuerdo—. Acepta resignado.
Kevin vuelve a su asiento, pero no sé sienta, quiere asegurarse de que estoy bien. Reniego para mis adentros, pero me obligo a sonreír. Abro la puerta del copiloto, mi mano tiembla, y me acomodo en el asiento, Kev me sigue. Todos esperan que diga las palabras: "estoy listo" para que el carro arranque, pero siento mis labios sellados con pegamento. No puedo hablar.
De nuevo su mano hace acto de presencia, se posa en mi pierna y, por instinto, levanto la cabeza para encontrarme con su rostro preocupado. Él no agrega más, se mantiene en silencio, pero su gesto me muestra que está atento a mí. Me da seguridad saber que está conmigo, mi pulso poco a poco se va normalizando, y los temblores disminuyen.
Trago saliva, mi boca está seca, y dé a pocos trato de separar mis labios. El miedo sigue clavado en mi pecho, pero la presencia de mis amigos lo apacigua. Logro, después de muchos intentos, decir las ansiadas palabras. Mi voz sale casi inaudible y temblorosa, como si estuviera a punto de llorar.
Kevin asiente, aún dudoso, pero arranca y yo, de manera muy sutil, me sujeto del asiento. Ale me mira por el espejo retrovisor, nuestras miradas se han cruzado por lo menos 5 veces en estos 10 minutos. Él también está al pendiente de mí, aunque un poco más sutil que Kev.
—Pondré música—dice sin apartar sus ojos de mí—. ¿Están de acuerdo?
—Claro—respondió Valery sonriente.
—Pon The Lazy Song de Bruno Mars—pide Kev—. Pondrá el ambiente.
—Últimamente, pides mucho las canciones de Bruno Mars—comenta Ale fastidiándolo—. En algún momento pensaremos que estás enamorado.
—Ridículo—responde Kevin sin mirarlo.
Llegamos a las 2 de la tarde a la casa del padre de Valery, ella baja despidiéndose de nosotros con gran pesar. Ale le da un beso en el cachete a la pequeña para animarla, toma su mano y caminan juntos hasta la puerta. Puedo ver con cada paso que dan lo difícil que está siendo para ellos aparecer aquí, principalmente este día.
La casa me recuerda a la de los Duncan, de "Buena suerte, Charlie", por el tamaño y la decoración externa. Tiene 2 pisos y grandes ventanales, un jardín con árboles en las esquinas y una pequeña escalera para llegar a la puerta. La casa se encuentra más alejada de la acera que las demás, suponía que para evitar a los vecinos. La urbanización es abierta, pero segura, una patrulla pasa cada hora.
El padre de Valery es quién abre la puerta, un hombre alto, aproximadamente de 1.85, de unos 50 años y el cabello n***o y lacio. Viste de traje, cómo lo suele hacer "mi padre", con los zapatos pulcros y un semblante serio. Saluda a Valery sin emoción y le da un apretón de manos a Ale, por cortesía. Demuestra su desagrado hacia él por la mueca de fastidio que hace al verlo.
Mi amigo se despide y camina de vuelta a la camioneta, Valery mira triste como su primo se marcha, pero él no se anima a voltear. Tiene los puños apretados sutilmente cuando vuelve al auto, no emite palabras, seguro se come la cabeza por dentro.
Vuelvo la vista a la pequeña que permanece estática, mirándonos con ojos suplicantes, deseosa de que su primo corra por ella y, la saque de ese lugar. Estoy seguro de que Ale desea hacerlo, pero está atado de manos, el padre de Valery no cederá a su pedido.
Su padre abre la puerta y en ese instante aparecen 3 niños, entre 6 y 10 años, que se lanzan contra ella. Incómoda, los trata de apartar, pero su padre se lo recrimina y la pequeña cierra la boca. Una mujer sale con ellos, alta y esbelta, pero mira con desdén a Valery. La pequeña solo puede mantenerse en silencio y observar cómo nuestro auto se va alejando de ella.
«Lo siento, Val».
Se me forma un nudo en el estómago, tan fuerte que me parece que voy a vomitar. Entiendo el sentimiento de la pequeña y sus ganas de huir de ahí, no obstante, sé que Ale está peor que yo. Lo veo por el espejo retrovisor, está mudo. Vuelve a su rostro serio, aquel que usaba para alejar a las personas, está frustrado.
— ¿Quieren ir por comida? —pregunta Kev tratando de aligerar el ambiente.
—Podemos comprar para llevar y comemos en la casa—agrega Aiden para calmar la molestia de su novio.
—Podemos comprar unas latas de cerveza y unos cigarros—comento llamando la atención de Ale.
—Está bien—. Suspira—. Vamos por la comida, la cerveza y los cigarros.
Kev toma la avenida principal para ir al local de comida rápida McDonald's's. Nos detenemos en el autoservicio y pedimos 2 combos para 2 y un adicional de papas grandes. Después, Aiden le da las indicaciones a Kevin para llegar a su nuevo departamento mientras Ale permanece callado.
Nos toma cerca de 10 minutos llegar del McDonald's's a la casa de la pareja, pero aún nos falta comprar las cervezas y cigarros. Kevin detiene el auto antes de entrar al conjunto residencial, por pedido de Ale. Él baja, sin comentar nada, y camina por la acera.
— ¡Alex!
—Tranquilo—. Miro a Aiden que estaba preocupado—. Voy yo.
—El menor asiente más tranquilo—. Está bien.
—Nosotros iremos llevando la comida—. Anuncia Kevin y asiento.
Bajo del auto y sigo la misma dirección que Ale, paso por lo menos 3 tiendas antes de encontrarlo. Estaba parado en la puerta de una tienda de conveniencia fumando su clásico cigarro mientras veía como los carros pasaban delante de él. En su otra mano llevaba una bolsa plástica con 2 six packs de cervezas.
«Debe tener los cigarros en el pantalón».
— ¿Me viniste a buscar? —pregunta al no escucharme comentar.
—Sí, pusiste nervioso al chico cuando bajaste así—. Suspiro y me apoyo a su lado.
—Necesitaba un cigarro.
—Lo sé—. Respiro hondo y pregunto— ¿hace cuánto que Valery no veía a su padre?
—No lo sé, quizás... —Lo piensa unos segundos—. ¿Toda su vida?
—¿Su padre nunca los visitó?
—Él, —refiriéndose a Mike—, solía pasar algunos fines de semana con su padre—. Suspira—. Pero su padre nunca quiso tener contacto con Valery.
— ¿El divorcio fue en malos términos?
—No tengo idea—. Se encoge de hombros—. Isidora nunca estuvo mal, tampoco Mike.
—Entonces debió ser un shock para Valery encontrarse con él.
—Asiente—. Lo vio en el funeral.
— ¿Y ella estuvo bien?
—Yo no estuve, por obvias razones, pero el niño sí—. Volvió a suspirar—. Fue como una guerra fría. Todos molestos, unos con otros, pero sin mencionarlo.
—Me imagino lo duro que debió ser para ella.
—Valery no le prestó atención a su padre, hasta que Isidora tuvo que irse. Ahí recién lo contactó y le pidió el favor.
— ¿Y lo hizo así sin más? —Pregunto incrédulo.
—Digamos que Valery, a pesar de su corta edad, sabe cómo convencer a la gente—. Sonríe—. Pero no todo puede ser bueno.
— ¿La situación en esa casa no?
—Volvió a asentir—. Su padre me culpa por la muerte de Mike, lo que genera conflictos entre ellos. Valery no le permite hablar despectivamente de mí, así que siempre pelean—. Bota el cigarro al suelo, lo pisa para apagarlo y lo recoge para tirarlo en el basurero.
— ¿Por eso no querías dejarla ahí?
—Ale se detiene después de botar el cigarro y me mira—. ¿De qué...?
—Sonreí—. Ha pasado un año, pero sigo reconociendo tus gestos.
— ¿Quieres jugar así? —Una sonrisa maliciosa aparece en sus labios.
—Mejor no—. Camino de regreso al departamento.
—Ale ríe un poco más relajado y me sigue—. No me gusta dejar a Valery ahí porque tiene problemas con su madrastra.
— ¿Es cruel con ella?
—La trata de niñera de sus hijos—. Su tono es más frío—. Su padre no pasa todo el día en casa, así que ella está encerrada. La señora aprovecha la oportunidad para dejarle a sus mocosos malcriados.
—Rio—. A ti te encantan los niños, ¿por qué les dices mocosos?
—Porque esos chicos son pesados, más con Valery—. Suspira frustrado—. Ella detesta quedarse porque debe tratar con tres niños que dicen ser sus hermanos, pero ella no los siente así.
—Comprendo—. Le doy dos palmadas en la espalda—. Pero el día terminará rápido y podrás recogerla, ella estará feliz de volver.
—Asiente—. Lo sé, pero no me parece justo que hoy, siendo la fecha que es, su padre la quiera tener ahí.
—Quizás hoy si quiere tener un momento con su hija.
—Eso espero...
Llegamos a casa y Ale fue recibido con un fuerte abrazo de su novio, él le corresponde y yo me acerco a Kevin. El almuerzo fue agradable, contamos viejas anécdotas del colegio y una que otra de Aiden con Ale en este tiempo. Los conflictos previos, miedos y dudas por fin se habían disipado por completo, por lo menos entre nosotros.
A las 8 de la noche Ale recibe la llamada de su prima dónde le comenta que se quedará a dormir y volverá mañana temprano. Ale le pregunta, preocupado, si se encuentra bien y ella le responde que sí, al parecer su padre se quedó en casa y la estaba pasando bien. Con esas palabras, mi amigo se quedó más tranquilo y corta soltando un largo suspiro de alivio.
Nos quedamos hasta las 11 tomando cervezas, el menor de nosotros solo nos acompañaba con una botella de gaseosa. Ale fumaba, aunque menos que en otras ocasiones, apenas 3 cigarros después de varias semanas. Me enorgullece. Yo perdí la cuenta después de 3 cervezas, llevaba un largo tiempo sin tomar.
Kevin me saca de la casa de los chicos, de la hora no tengo idea, pero sé que es tarde porque está oscuro. Fue difícil bajar las escaleras, me estaba cayendo y riendo como loco, pero mi mejor amigo fue capaz de llevarme hasta el auto. Me acomoda en el asiento trasero con el cinturón de seguridad y se sienta en su lugar.
—Sigo sin entender por qué tomas tanto cuando no te puedes controlar.
—Shhhhho si pueeeedo controlaaarme—. Arrastro las palabras.
—Claro y yo soy el genio de Aladín—dice sarcástico.
—Reí sin gracia—. Si pudieses seeerloooo.
—¿Qué dices?
—El geeenio desapareciiiia caaada que queriiiiia—. Tiro la cabeza para atrás y cierro los ojos.
— ¿Qué significa? —Pero no contesto e insiste—. Alton, ¿qué significa? —Las lágrimas no tardan en aparecer, no quiero contestar, pero él insiste—. ¡Alton!
— ¡Tú te fuiste! —grité sintiendo el sabor salado en mis labios—. ¡Tú meeee dejasssste! ¡No te impoooorto dejaaaarrrrme!
El auto de Kevin frena con fuerza, no sé dónde estamos y no quiero abrir los ojos. El viento me golpea cuando abre la puerta, mis mejillas están húmedas, pero mis lágrimas no cesan. Kevin me desabrocha el cinturón y me coloca un poco más dentro del auto para que pueda darle espacio para que se siente a mi lado.
—Lo siento—. Susurra—. En verdad, lamento haberte dejado solo con esto.
Sus brazos me rodean con cariño, su calor corporal me da tristeza y alegría a la vez. Durante un año anhelé este consuelo, los abrazos y aquellas palabras, pero no era él. No era la persona que yo quería que estuviera aquí, lo sé y lo sabe, pero no me puedo contener.
Sigo gritando hasta quedar sin voz, mi mejor amigo me abraza con fuerza conteniendo mi dolor. Me niego a abrir los ojos, no quiero chocar con la realidad. No quiero ver a Kevin cuando con todas mis fuerzas deseo que sea Mike.
«¡¿Por qué te tuviste que ir?! ¿Por qué?!»
***
Desperté en cama con un dolor de cabeza insufrible y la ropa del día anterior, no recordaba lo ocurrido la noche anterior, pero mis ojos pesaban. Me levanté con un poco de mareo y cerré los ojos por un momento para calmarlo. Vi la figura de Kevin en el suelo, aún estaba dormido, supuse que él me trajo a casa.
Salgo dispuesto a darme un baño mientras le doy tiempo a despertar. Me tomó mis 25 minutos en la ducha disfrutando del agua caliente sobre mi piel, cierro los ojos para sentir como cada gota golpea mi cuerpo. Al terminar cierro la llave y envuelvo mi toalla en la cintura.
Vuelvo a mi cuarto y está vacío, debe estar desayunando. Me cambio y voy a verlo, está en la sala, sentado en el mueble, con un vaso de zumo en la mano.
―Kev
―Buenos días, Alton―sonríe.
― ¿No te vas a cambiar?
―Niega―. Tengo un polo en el carro, me cambiaré ahí.
― ¿Ya volverás?
―Debo hacerlo, en la tarde me encontraré con unos compañeros de clase de Stefan para darles asesoría.
― ¿Tú… les darás clases? ―pregunto divertido.
―La pregunta ofende, querido amigo―. Ríe―. Tiene un campeonato de fut, los voy a entrenar.
―De acuerdo, entonces nos veremos después.
Él asiente y se levanta, deja en vaso en el lavado y caminamos hasta la puerta del departamento. Sujeta la manilla, dispuesto a abrir la puerta, pero está gira y él la suelta. La puerta se abre y mi madre aparece frente a nosotros, con su bata blanca y sus ojos hinchados.
Ambos retrocedemos por instinto para permitirle la entrada y ella avanza hacia nosotros bostezando, cansada, sin prestarnos atención. Se detiene en el centro del pasillo y sus cándidos ojos castaños se posan en nosotros, sorprendida mira a Kevin.
—Kevin, ¡que gusto verte! —Sonríe ampliamente, pero mi amigo no lo hace.
Kev baja la mirada, avergonzado y con un poco de culpa. Muerde su labio inferior sin saber que decir y cierra con fuerza los ojos para evitar mirarla. Mi madre, en un comportamiento muy distinto a él, lo abraza, con la intención de llenarlo de amor y cariño.
Kevin parece perdido en su cabeza, los pensamientos deben tenerlo encerrado. Está tenso, sus hombros rígidos y sus brazos pegados al cuerpo, sin tener la opción de liberarse del peso que carga. Mi madre lo suelta después de lo que creo es una eternidad y, por fin, mi mejor amigo la puede ver a los ojos.
―Se te ha extrañado en casa, Kevin―comenta ella aun con la sonrisa en el rostro―. Lamento haberlos separado, pero…
―Lamento no haber cuidado bien a Alton, tía―. Interrumpe―. Juro que traté de protegerlo, pero no… —De nuevo baja la cabeza, la culpa le pesa—. No merezco su perdón, pero prometo...
«Kev…»
Mi madre sonríe con dulzura, coloca sus manos en los brazos de mi amigo y lo mueve un poco para obligarlo a mirarla.
―Tú hiciste lo que debías, Kev—. Toma su mentón con cariño para encontrarse con sus ojos—. Mi hijo regresó gracias a ti, lo fuiste a buscar y ahora está conmigo—. Una lágrima rueda por la mejilla de mi mejor amigo—. Cumpliste con la promesa―. Acomoda un mechón de su cabello que cubre su rostro―. No te debo disculpar nada, no hiciste nada malo.
―Pero, yo… —La voz de Kevin es ahogada y débil.
―Eso es todo, Kevin, no cargues más con esto―. Otra sonrisa cálida―. Ya no te culpes más.
Kevin abrazó a mi madre, con lágrimas, por unos segundos que parecían reconfortarlo. A pesar de la emotiva escena y las palabras de mi amigo, sentí algo extraño, había algo más pesado en la culpa que carga de lo que mi madre sospechaba. Kevin tenía las palabras atoradas en la garganta, pero no las podía soltar.
«¿Qué ocultas?»
Kev se despide de mamá después de calmarse, ella le da un beso en la frente y le pide que venga más seguido a casa. Él acepta sonriente y salimos de casa, bajamos las escaleras hasta el primer piso en silencio. Observo los movimientos nerviosos de Kevin con las llaves del auto.
―Te veré después―dice, apenas llegamos al primer piso—. Debo correr hasta...
― ¡Kev! ―Lo llamo y él, por instinto, gira―. ¿Qué es lo que escondes?
— ¿Cuánto esperaste para preguntar? —Se apoya en el capot del auto.
—Desde que salimos de casa—. Me siento a su lado—. Así que dime.
—Respira hondo juntando valor y, sin mirarme, dice―Cometí un error, un error que quizás fue el que ocasionó que todos salieran lastimados.
Kevin no tiene tapujos al hablar conmigo, siempre es directo y sincero, nunca me miente. Lo miro preocupado, si lo que él decía es cierto, y sé que lo es, la culpa que carga es más grande de lo que creo.
― ¿Cuál supones que fue el error?
—Salvé... salvé a Esteban―. Suspira frustrado—. ¡j***r! —Golpea el auto—. Fui descuidado... Yo...
―Para, para, para—. Él lo hizo—. ¿Qué quieres decir? ¿Qué tiene que ver qué lo salvaras con...?
―Cuando dejaron ir a Esteban—. Empieza a contar—. Lo iban a matar, le... le estaban apuntando... ―Asiento para mis adentros, para mi desgracia, recordaba ese momento―. Yo… yo estaba cerca, había salido del carro para tratar de salvarlos, a ti y Aiden, pero Dylan empezó a disparar—. Se soba la frente tratando de calmarse—. Esteban llegó cerca de donde yo estaba―. Desvía la mirada―. Yo lo salvé, lo escondí… pero, la consecuencia fue…
―Kevin, no podías saber lo que iba a pasar.
— ¡Me lo podía imaginar! —Exclama molesto—. ¡Sabía que ellos querían lastimarlos! ¡Y yo...!
—No te puedes culpar por eso—. Mi respuesta es brusca, pero no por molestia, quería que dejara de hablar y comprendiera que todo está bien.
―Alton, protegí a Esteban y los dejé a ustedes, ¿cómo puedes decir que no es mi culpa?, si yo…
— ¿Qué hubiera pasado si no hubieras salvado a Esteban? —Pregunto causando confusión en Kevin—. Héctor y Dylan querían deshacerse de Aiden, no iban a parar hasta lograrlo—. Suspiro con pesar—. Si no hubiera sido ese día, hubiera sido otro—. Lo miro—. No había forma de salvarnos.
―Pero, Alton, yo...
—Además—. Lo interrumpo—. Gracias a ese imbécil nos encontraron, ¿no?
—Kevin se queda unos segundos pensando y contesta—. Sí, él...
—Entonces es suficiente—. Sonrío—. Aunque sigue sin agradarme, hizo algo útil—. Le di unas palmadas en la espalda.
—Gracias—responde más tranquilo.
—Solo olvídalo—. Camino alejándome un poco de él—. Ya debes volver, hablamos en la noche—. Asiente—. Y Kev...
— ¿Sí?
— ¿Sigues en contacto con ese chico?
—Se quedó unos segundos mirándome—. No, después de que lo apresaron no volví a hablar con él.
— ¿Aún sigues creyendo lo mismo de él?
—Suspira—. ¿No piensas que merezca compasión?
—Pienso que merece desaparecer de nuestras vidas para siempre.
—Sonrió con tristeza—. Ese chico... Ese chico está tan destruido como Ale.
— ¡¿Por qué comparas a Ale con ese tipo?!
—Porque es verdad, algún día te darás cuenta—. Abre la puerta del auto—. Aunque ellos tienen una diferencia muy grande—. Se sienta y coloca el cinturón de seguridad—. Ale nunca heriría a nadie por más que lo hubieran destruido, mientras que Esteban solo sabe destruir lo que le lastima.
―Hablas como si lo conocieras a la perfección.
—Rio—. Los ojos, Alton, con los ojos puedes saberlo todo.
—Sí, sí. Tú y tus ventanas del alma—. Reímos—. Nos veremos.
—Claro—. Cierra la puerta y baja la luna—. Alton—. Esta vez es él quien me hace mirarlo—. ¿Eres consciente de que Mike no se quería ir no?
— ¿Por qué...?
—Por la conversación de ayer, cuando te traía a casa—. Sonríe triste—. Mike no te hubiera dejado, si hubiera sido su elección.
—Trago saliva—. No quiero hablar de él—. Desvío la mirada—. No...
—En algún momento debes hacerlo—. Asiento—. Superaste la agorafobia y sé que fue duro, pero debes superar la muerte...
—Ya la superé—. Lo miré por un segundo y devolví la vista a la calle—. Así que no te preocupes, yo puedo manejarlo.
—Lo escucho suspirar—. Está bien, hablaremos después de esto.
—Gracias.