You should be here (parte 2)

2530 Palabras
Vuelvo al departamento después de ver el humo del carro que dejó Kevin, mientras voy subiendo las escaleras mi celular suena. Lo saco de mi bolsillo y leo el nombre del contacto que me llamaba, suspiro, lo pongo en silencio y lo vuelvo a guardar. No me interesa contestar, no estoy de ánimos para sus ridículos comentarios. Abro la puerta principal y veo a mi madre lavar los platos. Ella gira al escuchar la puerta y sonríe. Todavía está cansada, se le notan las bolsas bajo los ojos, sin embargo, nada parece borrarle la sonrisa. Me acerco a ella y le doy un beso, ella me lo recibe gustosa. —¿Desayunaste? —pregunta. —No. —Siéntate, te preparé un omelet. Sonrío y me siento en el comedor, mi madre coloca el plato frente a mí y se sienta a mi lado. Estaba por hablar cuando una llamada la interrumpe. Mira el celular y me enseña la pantalla, de nuevo el nombre de “mi padre” aparece. Vuelvo a suspirar y dejo los cubiertos en la mesa, mi hambre ha desaparecido. —¿Qué ocurre, Enrique? —. Pregunta colocando en altavoz la llamada. —¿Dónde está Alton? —mi madre me mira confundida. —En casa, ¿por qué? —Porque no me contesta. —Me regaña con la mirada—. Bajó a dejar a Kevin a su auto, dejó el celular en la mesa. — ¿Sigue con ese muchacho? —Suspira—. ¡Ya te he dicho que esos chicos no son buenos para él! ¿Cómo puedes permitir que sigan juntos? —Enrique, “esos chicos”, son sus amigos y no le diré que se aleje de ellos solo para complacerte. —¿Amigos? —Ríe sarcástico—. ¿Qué clase de amigos te exponen de esa manera? ¡Casi muere! ¿Cómo…? —Miro a mi madre, molesto—«¿Cómo se atreve a hablar así de los chicos?» — ¡Basta! —Suspira—. Si llamaste para eso, entonces está llamada, se terminó. —No llame para esto. —¿Entonces? —Quería hablar con Alton, pero como siempre, él no contesta mis llamadas. —Me volvió a mirar un poco enojada y yo me encojo de hombros restándole importancia—. ¿Qué necesitas? —La asociación quiere sacar un nuevo proyecto, pero que sea con nuestros sucesores. —Me acomodo en el asiento—. «¿Qué tengo que ver yo con la asociación?» — ¿A qué te refieres? —pregunta mi madre igual de confundida que yo. —Respira hondo y trata de explicar—. Los socios quieren crear un nuevo proyecto, pero quieren que sea un proyecto de la nueva generación de socios. —¿La nueva generación? —Nuestros hijos, Nora, nuestros hijos. —Entiendo eso—responde fastidiada—. A lo que me refiero es que, ¿cómo van a originar un proyecto con jóvenes que todavía ni terminan de estudiar? —La idea es que ellos se empiecen a involucrar, en este caso, que sean partícipes de un evento importante como es seleccionar ciertas cosas relacionadas con este proyecto—. Se queda en silencio unos segundos tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Que se den cuenta de que sus opiniones son valiosas, además, de conocerse entre ellos—. Suspira—. El primer paso es más un evento social, los negocios no empiezan de un día para el otro. Necesita conocer el funcionamiento de la empresa y como se manejan todos en la asociación. —Comprendo—. Clava sus ojos en mí—. ¿Entonces que necesitas de Alton? —Que venga a Baevil, por lo menos por mes. —Niego—. «No pienso ir». —Eso es un poco difícil, sabes por lo que ha pasado, será complicado que él vaya solo y Libby… —Tiene que venir él. Sabes tanto como yo que Libby no se está desempeñando para la parte administrativa ni financiera de la empresa. Alton sí lo hará. —¿Ya has hablado con él sobre esto? —No tengo que hablarlo con él, tú y yo lo acordamos cuando permití que te quedaras con los niños—. Volvió a suspirar—. Además, es imposible hablar con él, nunca contesta. —No—. La vos de mi madre resuena en la habitación—. Nosotros acordamos que tú te encargarías de su educación y yo pagaría todo lo externo. —Por eso… —Nunca acordamos que tú dispondrías del futuro de nuestros hijos. —Nora... —Se siente la frustración en su voz—. Es importante que los chicos sepan cómo manejar la empresa, después harán lo que gusten, pero lo primordial es esto. —Déjalo que él lo piense, si está de acuerdo, irá y si no, buscarás a otra persona. —Así no es el acuerdo, Nora, lo sabes perfectamente—. Resopla—. Convéncelo de venir, él y yo hablaremos de sus estudios aquí. —Enrique, no puedes…—Cortó. La preocupación en el rostro de mi madre no se hizo esperar—. Hijo… —No quiero viajar—contesté abruptamente. —Alton… —Mamá, no soy un niño, no puede manejarme a su antojo. —Cariño, sabes que vas a tener que ir. —¿Por qué “tendría que” ir? —Porque si no vas, él dispondrá de tu futuro como quiera. — ¡No puede hacer eso! —El acuerdo de divorcio decía que él tenía que encargarse de todos sus estudios, sabes perfectamente que eso involucraba la universidad. —Pero soy mayor de edad, podría… —Cariño, ¿en serio quieres que iniciemos una pelea con tu padre en estos momentos? Me quedo mirando mis manos que estaban sobre la mesa. Sé de los problemas que mi madre tuvo con mi padre después de lo ocurrido, la pelea que hubo entre los abogados y la larga tortura que fue para ella. A pesar de ser mayor de edad, mi padre todavía debe mantenerme, así que le afectaba lo que me ocurriera. No importaba mi edad, si no había terminado de estudiar y no formulo ingresos, sigo dependiendo de él. Ni siquiera podía conseguir trabajo, por su "gran apellido" me lo iban a negar, él se aseguraría de ello. Libby lo había intentado cuando cumplió los 18, quería trabajar y juntar dinero para postular a una universidad en las afueras, pero mi padre se lo impidió. Durante 1 año ella lo intentó, pero fue sin éxito, con sus contactos, mi padre bloqueo cada oportunidad. Recuerdo sus palabras: "Ningún hijo mío trabajará antes de terminar sus estudios—. Fue lo primero que dijo cuando se dignó a contestar la llamada de mamá—. Se expondrán a qué los conozcan en las calles y se harán públicos—. «Esa era su gran preocupación, las personas externas». — ¿Se imaginan las noticias? ¡El gran Enrique Green obliga a los hijos de su exesposa a trabajar!" «Maldito infeliz». Suspiro frustrado, esta vez sí estoy en problemas. A mí no me interesa estudiar nada relacionado con empresas o negocios, deseo desempeñarme en telecomunicaciones, pero obviamente eso será imposible. A diferencia mía, Libby tuvo paz en esos momentos. Ella siempre quiso estudiar Marketing Digital, algo relacionado directamente con empresas, se ahorró los problemas. Aunque nunca aceptaría trabajar con "nuestro padre". Para mi desgracia o pésima suerte, ni la universidad que quería, ni la carrera coincidían con los deseos de "mi padre". En pocas palabras, sería casi imposible estudiarlo, a menos… —Mamá—. La llamé—. ¿Crees que pueda convencerlo? —Ella lo pensó unos segundos y respondió—. Para ganarle a tu padre, debes saber cómo manejarlo—. Se endereza—. Tu padre es un hombre de negocios, ¿cómo supones que hace para ganar? —Cerrando tratos o acuerdos. Él se maneja más por eso. —Asiente—. Si quieres ganarle, debes darle algo a cambio, algo que no pueda rechazar. —¿Entonces sí o sí deberé ir? —Otra vez asiente—. Sé que la idea te desagrada, pero no sería tan malo pasar un tiempo con tu padre. —Suspiro—. Claro que me va a afectar, él es intransigente. —Cariño, tu padre no es un monstruo. «Algún día te sacaré de esa nube, mamá. No puedes seguir teniéndolo en un altar, no después de todo lo que te hizo». Mi madre defiende a mi padre a capa y espada, aunque él ha sido una escoria con ella. A pesar de eso, siempre trata de que nosotros no tengamos problemas con él. Aunque debo recalcar que es prácticamente imposible, siempre tenemos problemas con él. Somos personas completamente contrarias, lo que le genera molestia porque no le obedecemos. Libby y yo tenemos cierto parecido a mi madre y de mi padre, solo la terquedad es de él. Es la principal razón por la que siempre tenemos enfrentamientos, más yo que mi hermana. Aunque los problemas con ella empezaron cuando él se casó, nunca se lo perdonamos, pero no por casarse, sino por cómo se dieron las cosas. «No sé si en algún momento lo haremos, la situación con él es demasiado conflictiva». —De acuerdo, mamá —. Suspiro—. Iré a ver a mi padre. —Gracias, cariño. Fui a mi cuarto a descansar, mis ánimos habían desaparecido con la repentina petición de “mi padre”. Me acosté en la cama y dormí hasta la noche, mi mente se preparaba para lo que venía, 1 mes fuera de casa y de la ciudad. «¿Cómo podía ser tan egoísta y preocuparse solo por lo que él necesitaba? En la noche, mi madre llama a mi padre para informarle sobre mi decisión, él se alegra, lo puedo escuchar gracias al altavoz de mamá, supone que ha ganado. «No debería cantar victoria tan rápido». Viajaré el próximo viernes 13 por la tarde, ¡qué suerte!, debería llegar en la noche y asegura que me recogerá él para la tranquilidad de mamá. No le creo nada, pero no comento para evitar peleas anticipadas. Mamá nota mi desgano y trata de animarme lo mejor que puede, pero es imposible. «Para cualquiera parecería una exageración esta situación, 1 mes no es nada. Lastimosamente, para mí, sí es un sufrimiento. Nunca he pasado tiempo con “mi padre”, esto será como una eternidad». *** La semana pasa rápido y otra vez estamos jueves, recibí una llamada de Kevin la noche anterior, vendría a la ciudad esta tarde y quería que nos viéramos. Lo rechacé, no estoy con ganas de ver a nadie, no he salido de mi cuarto más que para comer y bañarme, me deprime irme. Estoy en cama con los audífonos a volumen máximo, quiero perderme en las letras de 5 Secons of Summer mientras mi cabeza trata de viajar lo más lejos posible de Solwood. Quiero perderme en el tiempo o detenerlo para evitar que llegue el viernes y deba marcharme de casa. Tengo los ojos cerrados para disfrutar la música al máximo, estoy muy cómodo encima de las colchas y con la almohada esponjosa que me regaló Libby para mi cumpleaños. Mamá está fuera por trabajo, hoy le tocará guardia, al igual que mañana, se despidió de mí temprano. Estoy solo, o al menos eso pienso, hasta que siento como soy arrastrado al suelo, con fuerza y rapidez, por 4 manos. Mi manta fue jalada conmigo, la veo a mi lado. Me pongo de pie de inmediato, con los audífonos aún puestos, y me coloco en posición de defensa. De pronto las risas estallan y vuelvo al plano tierra donde me encontraba inicialmente. ―Pero ¡¿qué mierda les pasa?! ―Mira, Kev, por fin nos escucha—. La sonrisa divertida de Ale me informa que ya estaba planeado. ―Me pueden explicar qué coño hacen aquí―. Arrojo mis audífonos a la cama ahora destendida. — ¿No es obvio? ―pregunta Ale, aun con la sonrisa en el rostro―. Vinimos a desestresarte antes de que te estreses con tu padre. ― ¡Ay que tiernos! ―Los miro molesto―. ¿Y no pudieron hablar o acercarse a mí como personas normales? ―Alton, tú no eres un ser normal—. Kevin suelta una risotada después de su comentario. ―Idiota. ―Kev ―. Lo llamó Ale―. Será mejor que nos vayamos y nos llevemos esto―. Levanta la bolsa de plástico blanca que llevaba en la mano―. No somos bien recibidos aquí—. Hace una falsa seña de ofensa. ― ¿Qué hay ahí? —Inquiero fingiendo desinterés. ―Nada, solo… ―Abre la bolsa mostrando algunas latas y una cajetilla de cigarros. ―No… pero quién dijo que se vayan… —Le quito la bolsa y los tres salimos entre risas de mi cuarto. Nos sentamos los 3 en la sala, precisamente en el piso, haciendo un pequeño triángulo. Saco las latas, una por una, y se las entrego a cada uno. ― ¿Dónde está Aiden? ―Se quedó en casa con Val―. Ale saca un cigarro, por suerte habíamos abierto la ventana. ― ¿Está de niñero? ―Rio―. Algo así—. Da una calada al cigarro—. Prefirió dejarnos solos esta noche. ―Oh, está bien―. Kevin asintió. La conversación entre los 3 se hizo larga, hablando de las tonterías de la vida y sentimientos profundos. Las típicas charlas que teníamos con 13 o 14 años, salvo que ahora más maduras. Ale apenas toma una lata mientras yo debo ir por la 4, Kevin ya dejó de tomar y solo nos escucha hablar. Llega la noche tan rápido que apenas y lo notamos cuando Ale mira la pantalla del celular, son las 10 y debe volver. El ambiente es tan natural entre nosotros, risas y comentarios absurdos, los ánimos a tope y una energía sanadora. Por fin, después de tanto estrés y situaciones pésimas nos estábamos relajando. ―Essssto es geniaaaaal―comento tomando otro trago de mi lata―. Volvemos a ser el triiiiio imparaaaable―. Recordé a Aiden y sonrío―. El cuarteeeetoooo imparable. ―Alton, creo que ya estás un poco ido ―comenta Ale. ―Es mentiiii…ra…. ―De hecho, no―. Kev suspira―. Sí estás ido―. Mira a Ale―. Deberías volver a casa, te deben estar esperando―. Me señala―. Yo lo llevaré a la cama. ―Nooooo… ―. Me negué―. Nooo quieeeeeroooo… Kevin niega y me toma en brazos, yo pongo resistencia. No quiero dormir, todavía es temprano, pero es imposible, Kevin ya me está cargando hasta la habitación. Es el último recuerdo que tengo de ese momento, pero a la mañana siguiente me encuentro de nuevo en cama.
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