Azran la miró con algo que no era solo ira. Había en su mirada una fría curiosidad por el funcionamiento ajeno: no entendía por completo, no quería entender, pero necesitaba respuestas. Jade respiró hondo y, con un soplo, decidió vomitar su verdad. Legrand le había ofrecido una trampa disfrazada de salvación: entregar algo que dejara a Pantera expuesto a cambio de no matarla. Jade pensó en aquel folder, lo había visto en varias ocasiones. Legrand le dijo con firmeza que se lo consiguiera y le perdonaría la vida. —Me dijo que lo sacara —dijo Jade, la voz temblando—. Que si se lo llevaba, me dejaba. Dijo que tenía gente que me cuidaría. Las palabras eran un hilo. Pantera apretó los dientes. Brennan dejó caer el encendedor, que tintineó en el suelo y se apagó con el eco metálico. Pantera

