Una vez que la puerta se cerró tras ellas, Pantera se acomodó el pantalón con total naturalidad, ignorando la presencia de Evanya como si supiera perfectamente que ya no estaba sola. Su erección marcaba con firmeza la tela oscura, y aunque ella no lo vio desnudo, el bulto fue más que evidente. Se veía enorme, tanto que involuntariamente apretó sus piernas. Y ahora no podía dejar de mirarlo. Evanya dio un paso. Luego otro. Lo hizo lento. El eco de sus zapatos se apagaba en la alfombra mientras sus ojos se aferraban en los de él. Pantera giró apenas el rostro, observándola con una calma inquietante, con esa máscara que no ocultaba su boca ni su mirada. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí parada, ni cuánto había visto, pero eso no importaba. Lo esencial era lo que había despertado dentro de

