ALICIA
Gimo cuando se acerca a mí con una mirada furiosa en su rostro.
—Eres una mocosa.
Las lágrimas ruedan por mis mejillas mientras me encogía.
—Lo... lo siento...—. Me interrumpe una repentina sensación de dolor en la mejilla.
—¡Cállate, nadie quiere oír tu voz llorona!—. Me empuja hacia las escaleras. —Vamos, te vas a tu habitación.
Abro mucho los ojos y sacudo rápidamente la cabeza.
—N-No, lo siento, por favor, no me obligues, ¡por favor!—, le suplico mientras ella sigue arrastrándome por las escaleras hacia mi habitación.
Me empuja una vez más hacia el pequeño espacio, haciéndome tropezar y caer al suelo. Intento arrastrarme hacia la puerta, pero ella la cierra de un portazo y se oye el sonido del cerrojo. Inmediatamente empiezo a sollozar, incapaz de contenerme.
—Te dejaré salir dentro de un par de días, cuando hayas reflexionado sobre tus actos.
—¿Alicia?
—Alicia, ¿qué te pasa?
—Contéstame, cariño, me estás asustando.
El sonido de la voz aterrada de Darren me saca de mi flashback. Siento cómo unas lágrimas ruedan por mis mejillas y mi cuerpo comienza a temblar.
De repente, Darren me atrae hacia su cálido cuerpo.
—Estás bien, no te pasa nada—. Me besa en la coronilla. —Lo siento, no era mi intención.
Todo mi cuerpo se relaja mientras me apoyo en él y dejo escapar un suspiro tembloroso.
—¿Lo prometes?—, murmuro tímidamente.
—Te lo prometo, Alicia—. Se aparta y me coge suavemente por ambos lados de la cara, inclinando mi cabeza hacia arriba para que lo mire. —¿Estás bien?—. Frunce el ceño cuando lo único que hago es asentir. —¿Quieres irte a casa? Podemos llamar a Trevor y decirle que no te encuentras bien.
—N-No, quiero quedarme—. Niego rápidamente con la cabeza y me seco las lágrimas. —Yo... yo también lo siento.
—No tienes nada de qué disculparte—. Darren niega rápidamente con la cabeza. —Y si estás completamente segura de que quieres quedarte...—. Como no le digo lo contrario, me rodea los hombros con los brazos y me atrae hacia él. —¿Tienes frío?
Me alivia que no me haya preguntado qué acaba de pasar. No creo que pudiera hablar de ello sin derrumbarme.
Asiento tímidamente y me acurruco más contra él.
Estamos en octubre, así que empieza a hacer más frío, por lo que ahora me arrepiento de haberme puesto un vestido hoy. Llevo una chaqueta, pero ni siquiera eso es suficiente, ya que tengo las piernas al descubierto.
Unos minutos más tarde, veo el coche de Trevor entrar en el restaurante. Aparca junto a nosotros y la puerta trasera se abre inmediatamente.
—¡Por fin! ¡Gracias!—, dice Javier, prácticamente saltando del coche.
—Cállate, sabes que te encantaba cómo cantaba—, dice Ray mientras también sale del coche.
Me río de ellos y veo cómo Patricia sale del coche con aspecto traumatizado.
—No volveré a viajar con ustedes nunca más.
Ray pone mala cara.
—¿A ti tampoco te ha gustado cómo cantaba?
—A ninguno de nosotros, Ray, a ninguno—, dice mi hermano mientras se acerca.
Les sonrío y tiro de la mano de Darren.
—Vamos, ¿podemos comer ya?
—Alguien tiene hambre—, dice Javier mientras me revuelve el pelo. Hago un puchero y me lo arreglo con la mano.
Oigo a alguien gruñir detrás de mí, seguido de un brazo alrededor de mis hombros una vez más.
—Vamos—, dice Darren, de repente con tono gruñón.
Me doy cuenta de que el resto del grupo lo mira con complicidad. Sonríen con aire burlón y Patricia le hace un gesto con las cejas.
—¿Celoso?—, susurra, pasando junto a nosotros y entrando en la cafetería.
Inclino la cabeza.
¿Quién está celoso? Yo no.
Entramos todos y nos sentamos en una mesa. Es redonda y tiene más asientos de lo normal. Me siento entre Trevor y Darren.
Al principio me sentí mal por no sentarme con Patricia, pero veo que se lleva muy bien con los otros chicos.
—¿Qué vas a pedir, calabaza?—, pregunta Trevor, asomándose por encima de mi hombro para mirar el menú que tengo en las manos.
—¡Pollo!—, exclamo.
Él se ríe.
—Claro. Debía haberlo sabido.
El pollo es mi comida favorita en todo el mundo. Me siento muy culpable por ello, pero es que está demasiado bueno.
—Hola, me llamo Kyle y seré su camarero hoy. ¿Les apetece algo de beber para empezar?—, nos pregunta un chico que parece tener la misma edad que Trevor.
Nos mira a todos con una sonrisa, pero cuando sus ojos se posan en mí, aparece una sonrisa burlona.
—Tomaré una Coca-Cola, por favor—, dice Ray primero.
—Agua—, refunfuña Darren una vez que todos los demás han pedido su bebida, mientras mira al chico con el ceño fruncido. Se acerca más a mí, pero no me importa.
—¿Y para ti, cariño?—, dice Kyle cuando solo quedo yo.
Ignoro cómo me ha llamado y miro tímidamente a Darren. Él levanta una ceja. Señalo la limonada en el menú y él asiente.
—Ella tomará una limonada—. Me rodea con el brazo y lo apoya en el respaldo del asiento, justo por encima de mis hombros.
Kyle carraspea y lo anota.
—Volveré enseguida con sus bebidas—. Me guiña un ojo antes de alejarse.
Frunzo el ceño mientras Darren se burla.
—J0dido idiota—, murmura.
De repente, Javier se echa a reír, junto con Ray y Patricia. Inclino la cabeza y los miro con curiosidad.
—¿Qué?—, espeta Darren.
Oigo a Trevor reírse.
—Amigo, ¿podrías hacerlo más obvio?
Darren lo mira con ira y se recuesta en el asiento.
—Vete a la mi3rda.
Estoy muy confundida.
—¿Quieren callarse, chicos?—, les dice a los otros tres.
Al final dejan de reírse y Ray respira hondo.
—Lo siento, pero ha sido genial.
¿Qué ha sido genial?
Javier asiente con la cabeza.
—Creo que nunca te había visto celoso.
Darren solo niega con la cabeza y se queda callado.
De repente, recuerdo lo que hablamos en el coche. Tiro de la sudadera de Darren con la mano.
Él me mira.
—¿Qué pasa?
Me inclino y le susurro tímidamente al oído:
—¿Le preguntas a Trevor si podemos ir al carnaval?
Él me sonríe y asiente con la cabeza.
—Estaba pensando que podríamos llevar a Alicia al carnaval este viernes. Los dos tenemos muchas ganas de ir—. Mira a Trevor. —Bueno, siempre y cuando tú estés de acuerdo.
—Oh, me gusta la idea—, dice Patricia. Sonrío y asiento con la cabeza.
Trevor carraspea.
—Eh, sí... sí, supongo que podemos llevarla—. Suena reacio.
Suelto un gritito de alegría.
—Pero—, añade Trevor, —tienes que quedarte con nosotros en todo momento. No te alejes sola, ¿entendido?
Asiento rápidamente.
—Aquí tienen—. Kyle aparece de repente y empieza a colocar nuestras bebidas, mirándome prácticamente todo el tiempo, mientras yo me escondo detrás de Darren. —¿Están listos para pedir?
Pedimos la comida y Kyle se aleja.
—Vaya, cálmate, amigo—. Javier señala con la cabeza la mano de Darren, que sostiene su vaso de agua. Lo agarra con tanta fuerza que parece que el vaso va a romperse en cualquier momento.
Pone los ojos en blanco y deja el pobre vaso sobre la mesa.
—Pequeña, ¿cuántos años tienes?—, pregunta Javier.
—Dieciocho—, respondo con una sonrisa.
Patricia abre mucho los ojos.
—Tienes clases bastante avanzadas, teniendo en cuenta que tienes algunas asignaturas con esos dos—. Señala con la cabeza a Darren y Trevor.
Trevor se inclina y me besa en la cabeza.
—Bueno, mi calabacita es muy inteligente—, dice con orgullo, haciendo que se me enrojezcan las mejillas.
—Espera, ¿por qué empezaste tan tarde en la escuela pública?—, pregunta Ray.
Frunzo el ceño y miro a Trevor nerviosa. Él me dedica una sonrisa tranquilizadora y responde por mí.
—Por motivos personales, pero decidimos que por fin era hora de sacarla de la educación en casa.
Ray asiente, aceptando la respuesta.
Me doy cuenta de que Darren está extrañamente callado, así que me vuelvo hacia él mientras los demás comienzan otra conversación.
—Darren, ¿estás bien?
Gira la cabeza hacia mí y asiente.
—Sí, princesa, estoy bien—. Me fijo en lo grave que tiene la voz. Normalmente es mucho más suave.
Frunzo el ceño.
—Mentiroso.
Él se ríe y baja el brazo, que ahora descansa sobre mis hombros, en lugar de sobre el asiento.
—No es nada importante, no te preocupes.
Lo miro con recelo, pero lo dejo pasar.