ALICIA
Me despierto a la mañana siguiente, emocionada y lista para ir al colegio y ver a mis amigos. Trevor siempre ha sido mi único amigo, mi mejor amigo. No es que no le quiera, es solo que está bien tener gente nueva a mi alrededor.
También estoy emocionada por ver a Darren y el regalo que me ha comprado.
Espero que sea comida. Me gusta mucho la comida.
—¿Ya estás lista, calabacita?—, oigo preguntar a Trevor desde el pasillo.
Me aliso el vestido con las manos y sonrío.
—¡Sí!
Mientras bajo las escaleras y me dirijo a la puerta principal, veo a Trevor allí esperando.
Levanta la vista y abre mucho los ojos.
—Necesitas un abrigo, Alicia—, es lo primero que dice.
Frunzo el ceño.
—Pero...
Él levanta una ceja, así que dejo de hablar y asiento con la cabeza. Cojo una de sus chaquetas vaqueras y me la pongo.
Una vez llegamos al colegio, salgo inmediatamente del coche y miro a mi alrededor, frunciendo el ceño al no ver el coche n***o de Darren por ninguna parte.
El chirrido de los neumáticos me saca de mi decepción y dirige mi atención hacia la entrada. El coche de Darren entra a toda velocidad en el aparcamiento. Me río y observo cómo aparca torpemente en la plaza junto a la nuestra.
—¡Darren!—, exclamo en cuanto sale, acercándome hasta quedar justo delante de él.
Él sonríe, mostrándome sus dientes perfectos.
—Hola, cariño.
—¿Qué me has traído?—, le pregunto, saltando sobre mis pies.
Darren se ríe de mi movimiento y saca una bolsa de papel marrón de su coche.
Se la quito de las manos y la abro rápidamente, abriendo mucho los ojos al ver lo que hay dentro.
—¡Una magdalena!—, exclamo, incapaz de contener mi emoción. —Es mi postre favorito—. Saco la caja de plástico de la bolsa e intento abrirla, pero unas manos cubren las mías.
—Deberías esperar hasta la hora de comer, Alicia—, sugiere Darren con un tono severo.
Frunzo el ceño, con muchas ganas de comer el postre ahora mismo, pero hago lo que me dice.
—Gracias—. Lo abrazo, y él me devuelve el abrazo.
—Por supuesto—. Me besa en la cabeza.
—¡Hola, pequeña!—. Me giro al oír la voz fuerte. Javier y Ray caminan hacia nosotros con sonrisas idénticas.
Sonrío tímidamente y les saludo con la mano.
—¿Qué planes hay para después del colegio?—, pregunta Javier, apoyándose en el coche de Trevor cuando llega hasta nosotros. Trevor, Darren y yo lo miramos con curiosidad. Él pone los ojos en blanco. —Ayer Trevor dijo que hoy podríamos salir todos juntos. Así que... ¿qué planes hay?
De repente, me emociono por salir con ellos, especialmente con Darren. Es mi favorito.
—¿Podemos ir al restaurante al que me llevaste, Trevor? Recuerda que me llevaste allí el mes pasado, el día que salí.
Una vez al mes, Trevor me lleva a donde yo elijo. O al menos así solía ser. Solo es una vez porque está muy ocupado con el fútbol y los estudios, además de que también trabaja. Lo llamamos mi “día de salida”, al menos yo lo llamo así. Es el único momento en el que se me permite salir de casa. Aunque puedo ir al jardín cuando quiera, no puedo salir del recinto de mi patio.
—¿Tu "día de salida"? ¿Qué es eso...?— Trevor interrumpe la pregunta de Javier aclarando la garganta.
—Sí, podemos ir allí, cariño.
Sonrío alegremente y junto las manos.
—¿Te refieres al Medusas, en la cuarta calle?—, pregunta Darren a Trevor mientras cruza los brazos sobre el pecho.
Asiento con la cabeza, respondiendo por él.
—¡Sí! ¿Has estado allí?
Ray se ríe.
—Cariño, todo el mundo ha estado en Medusas—. De repente, abre mucho los ojos al ver algo detrás de mí, así que me giro y veo a Darren mirándolo con ira.
Inclino la cabeza.
—Oh.
—Quedamos aquí después de séptima, podemos ir todos juntos—, dice Trevor.
Todos asienten con la cabeza antes de dirigirnos a clase.
*
—¡Patricia!—, exclamo al entrar en la clase de Arte.
Ella levanta la vista de su teléfono.
—Hola.
Sonrío.
—¿Cómo estás?
Ella se encoge de hombros.
—J0didamente bien. ¿Y tú?
Me río por su palabrota y me siento a su lado.
—Estoy genial. Darren, Trevor, Javier, Ray y yo vamos a ir al Medusas después de clase. Deberías venir. Tendrás que apretujarte un poco en el coche, pero merecerá la pena. El Medusas es muy bueno. Además, podrás conocer a mi hermano y a Darren—, le digo sin parar.
Patricia se ríe.
—Vale, me apunto.
*
—¿Quién es esta, Alicia?—, pregunta mi hermano mientras Patricia y yo caminamos hacia el grupo que espera junto a los coches.
Le dije a Patricia que nos viéramos en la clase de Arte después de clase para ir juntas. Normalmente iría con Trevor, ya que tenemos la séptima hora juntos, pero le dije que había quedado con alguien. No paraba de preguntarme con quién, pero le dije que era una sorpresa y tuve que apartarlo a empujones.
—Es Patricia, la invité a venir con nosotros—, le explico, esperando que no se enfade por haberla invitado sin su permiso.
Él sonrió mientras la miraba de arriba abajo. Noté un brillo extraño en sus ojos.
—Genial. Entonces probablemente tendremos que separarnos.
—Yo también conduciré—. Darren me mira. —Alicia puede ir conmigo.
Asiento con la cabeza, pero entonces me doy cuenta de que, si lo hiciera, dejaría a Patricia sola con los otros chicos.
—Debería quedarme con Patricia...
—No, no, ve con el chico guapo—. Patricia sonríe y se mete en el coche de mi hermano antes de que pueda objetar.
¿El chico guapo?
Javier se encoge de hombros y la sigue, junto con Ray.
—Bueno, supongo que nos vemos allí—. Trevor me besa en la frente antes de subir a su coche.
—¿Lista, princesa?—. Darren me abre la puerta del copiloto. Le doy las gracias en voz baja y entro.
Mientras conducimos, miro por la ventana.
La mayoría de las cosas por las que pasamos me resultan muy desconocidas. No reconozco gran cosa. Mis ojos se iluminan cuando veo una cosa alta y circular en la distancia. Hay luces a su alrededor, lo que la hace aún más llamativa.
—¡Mira, es una noria!—, exclamo, señalándola con entusiasmo.
Nunca la había visto allí antes. Sé con certeza que no estaba allí el mes pasado cuando Trevor y yo fuimos.
Oigo a Darren reírse.
—Sí, cariño, hay una feria de otoño toda la semana.
Lo miro con una sonrisa.
—¿Podemos ir, Darren? ¿Por favor?
Él me mira, mientras yo le pongo mi mejor cara de cachorro abandonado, y suspira.
—Se lo preguntaremos a Trevor. Quizás podamos ir todos este viernes.
Asiento rápidamente.
—Creo que dirá que sí. No me deja salir mucho, pero creo que eso está cambiando. Espero que sea así, porque me gusta mucho salir y me gusta verte. Eres muy simpático. Mi hermano dice que me protegerás. No sé por qué necesito que me protejan...—. Darren interrumpe mi divagación.
—Tranquila, princesa, respira o te vas a desmayar—, bromea con una risita.
Me sonrojo y miro mis manos.
De repente, la cálida mano de Darren aparece sobre mi muslo desnudo. Mis mejillas se sonrojan aún más cuando él frota mi piel con su pulgar.
—J0der, qué tierna—, le oigo murmurar para sí mismo, aunque no creo que fuera para que yo lo oyera.
Cuando por fin llegamos al restaurante, salgo rápidamente del coche y camino hacia la entrada. No llego muy lejos, ya que alguien me rodea la cintura con los brazos. Hago un puchero y me giro para mirar a Darren.
Él levanta una ceja.
—Tenemos que esperar al resto.
Niego con la cabeza, demasiado impaciente.
—¿No podemos entrar ya?—. Intento separarme de él, pero me abraza con más fuerza.
Me mira con los ojos entrecerrados.
—¿Qué te acabo de decir, Alicia? Tenemos que esperar a que llegue el grupo.
Tiro de su brazo mientras lo miro con enfado.
—No.
Aprieta la mandíbula.
—¿Quieres que le diga a tu hermano que te estás portando como una mocosa?
Me quedo paralizada. Ese nombre me trae recuerdos. Malos recuerdos.