DARREN
Javier es un idiota. Casi me delata delante de Alicia.
Ella no debe saber que me gusta, y Trevor tampoco. Él sabe que me gusta, pero no que realmente me gusta. ¿Tiene eso algún sentido? Lo único que sé es que me mataría, ya que me dijo específicamente que no fuera a por ella.
Básicamente me dijo que podía gustarme, pero que no podía tenerla. ¿Quién hace eso?
Sigo mirando con ira la nuca de Javier. Sorprendentemente, Alicia pidió sentarse a mi lado en lugar de a Trevor. Él se quedó confundido, pero lo aceptó.
Giro la cabeza hacia el ángel que está sentado a mi lado y mis tensos músculos se relajan inmediatamente. Está garabateando florecitas y corazones en su papel. Miro un corazón en concreto y abro mucho los ojos.
En el centro pone “A+D”
Sonrío y me inclino para susurrarle al oído:
—Me gusta ese.
Alicia se queda paralizada antes de volverse para mirarme con una sonrisa tímida y riéndose en voz baja.
—A mí también.
Sonrío y me recuesto en mi silla. Cuando vuelvo a levantar la vista, me doy cuenta de que Trevor se ha dado la vuelta y nos mira a los dos con curiosidad. Cruza mi mirada y levanta una ceja. Me encojo de hombros.
Él niega con la cabeza y vuelve a girarse, lo que me permite relajarme de nuevo.
Como dije, me mataría.
*
Por fin es la hora del almuerzo, y Alicia y yo caminamos hacia la cafetería, con Trevor y Javier siguiéndonos.
—¿La comida aquí es buena? ¿Dónde nos sentamos? ¿Tus amigos son simpáticos?—, pregunta Alicia nerviosa.
Me río de su comportamiento.
—No te preocupes, Alicia, Trevor y yo estaremos ahí contigo—. Me mira insegura, pero finalmente asiente con la cabeza.
Por fin entramos y, como siempre, todo el mundo se gira para mirarnos. Es como si no tuvieran nada mejor que hacer. Pongo los ojos en blanco y cojo la mano de Alicia para llevarla hacia nuestra mesa.
Veo a los otros dos, Ray y Gerald, ya sentados. Normalmente me siento al lado de Ray y Trevor, pero hoy tendremos que cambiar las cosas.
Cuando llegamos a la mesa, miro directamente a Ray.
—Levántate—, le digo sin expresión.
Él parece confundido.
—¿Qué...?
Suspiro.
—Levántate. Alicia está sentada ahí.
Él pone los ojos en blanco, pero hace lo que le digo y se sienta en el asiento vacío junto a Gerald.
Le indico a Alicia, que juega nerviosamente con sus manos, que se siente. Ella lo hace de mala gana y yo hago lo mismo, junto con los otros dos.
—¿Qué quieres comer, calabacita? Voy a buscarlo—, le pregunta Trevor, mirando a mi alrededor para poder ver a Alicia.
Debe de seguir nerviosa, porque se limita a encogerse de hombros y mirar sus manos.
Trevor se levanta.
—Yo elegiré algo para ti, ¿vale?—. Alicia vuelve a mirarlo y asiente con la cabeza, así que él se inclina y le da un beso en la cabeza antes de dirigirse hacia la fila del comedor.
—¿Quién es ella?—, pregunta Ray, mirando a Alicia con curiosidad.
Le lanzo una mirada fulminante.
—¿Por qué no se lo preguntas a ella?
Sus ojos se abren ligeramente ante mi hostilidad, pero se vuelve hacia ella.
—Soy Ray, ¿cómo te llamas?
Ella levanta la vista de sus manos y abre la boca para hablar, pero la molesta voz de Gerald la interrumpe.
—Sé quién es—, dice Gerald con una sonrisa burlona. —Eres Alicia, la hermana de Trevor. —Soy Gerald, amigo de tu hermano—. Yo resoplo mientras él le tiende la mano.
Ninguno de nosotros lo considera un amigo. Prácticamente se impuso a sí mismo en nuestro pequeño grupo.
Alicia lo mira con incertidumbre, pero poco a poco extiende la mano para estrechársela.
—Hola.
—Oh, sí, he oído a la gente hablar de la "hermana pequeña guapa" de Trevor—, añade Ray con una amplia sonrisa dirigida a ella.
Alicia inclina la cabeza y abre la boca para hablar, pero yo digo algo antes de que pueda hacerlo.
—No te preocupes—, le digo para tranquilizarla, sabiendo ya que iba a preguntarle qué quería decir.
Ella asiente con la cabeza, insegura.
Finalmente, Trevor regresa y todos hablamos mientras Alicia come. Ella hace preguntas de vez en cuando, pero aparte de eso se mantiene callada. Gerald, por otro lado, le lanza miradas extrañas e intenta entablar conversación con ella todo el tiempo.
—No me gusta—, dice Alicia en voz baja, refiriéndose obviamente a Gerald, mientras caminamos hacia nuestra siguiente clase.
Eso me hace reír.
—A mí tampoco, princesa.
Ella me mira y se ríe.
M4ldita sea. Creo que nunca he oído nada tan bonito como su risa.
*
—Amigo, te lo digo, ve a por ello—, exclama Ray mientras caminamos hacia el aparcamiento.
Yo me burlo.
—Vete a la mi3rda.
Me da un codazo.
—Todos sabemos que te gusta la pequeña Alicia, es obvio.
Le lanzo una mirada fulminante y me quedo callado.
—Si tú no das el paso, lo daré yo—, dice encogiéndose de hombros, como si ya lo tuviera decidido.
Inmediatamente me detengo y le agarro de la correa de la mochila para tirarlo hacia mí.
—Te lo prometo, si se te ocurre intentar ligar con ella, te mato, j0der...
—¡Vale, vale!—. Levanta las manos en señal de rendición.
Obviamente, no lo mataría de verdad, solo lo heriría gravemente.
Le lanzo una mirada fría.
—Ella es mía—. Luego lo empujo hacia adelante. —¿Qué?
Él se ríe, aparentemente imperturbable, y sonríe con aire burlón.
—¿Ella lo sabe?
Suelto un suspiro agitado y sigo caminando.
—Todavía no—, murmuro entre dientes.
—¡Darren!—, me llama una voz suave desde atrás.
Mi mirada fría desaparece y mis músculos se relajan de nuevo al darme la vuelta. Sonrío a la pequeña que corre hacia mí.
—Hola, Alicia.
Ella sonríe y me abraza. Trevor se acerca por detrás y nos mira a los dos con curiosidad, como ha estado haciendo todo el día.
—Vamos, Alicia, tenemos que irnos a casa—, dice Trevor, agarrándola de la mano una vez que nos separamos.
Ella frunce el ceño y cruza los brazos sobre el pecho.
—¿No podemos quedarnos con Darren?
Trevor suspira y le tira suavemente del brazo.
—Hoy no. Pero mañana podemos quedar todos, ¿vale?
Alicia niega con la cabeza casi inmediatamente, con una mirada severa en su rostro.
—No. Hoy.
Abro mucho los ojos y rápidamente la agarro por los brazos.
—Oye, cálmate, angelito. De todos modos, hoy estoy ocupado—. Mi comentario hace que frunza aún más el ceño. —Te veré por la mañana—. Me inclino para susurrarle al oído: —Incluso te llevaré un regalo—. Cuando me aparto, veo que tiene los ojos muy abiertos por la emoción.
—Vale, vamos, vámonos a casa—. Ella tira de su brazo.
—Hasta luego, amigo, adiós, Alicia—. Digo la última parte en voz baja.
Ella me dedica una sonrisa y se lleva a Trevor lejos de nosotros. Mientras se alejan, Trevor se da la vuelta y articula con los labios las palabras “gracias”, así que yo asiento con la cabeza.
—Estás completamente dominado.