ALICIA Frunzo el ceño e inclino la cabeza, sin saber muy bien qué es eso, antes de decidir que necesito levantarme y estirarme. Cuando lo hago, casi tropiezo por la repentina oleada de mareo que me invade. Antes de que pueda caerme, el chico me agarra por la cintura para sujetarme. Me río y le aparto las manos. —G-Gracias. Me siento rara. Quizás solo necesite bailar. Sí, eso suena divertido. Sin decir nada, me doy la vuelta y salgo lentamente de la cocina, oyendo al chico llamarme. —¿Adónde vas, princesa? Ignoro su voz y finalmente llego al salón, donde está todo el mundo bailando. Me abro paso entre la multitud hasta llegar al centro y finalmente me permito empezar a bailar. No tengo ni idea de lo que estoy haciendo, pero es divertido. A los cinco minutos, siento que alguien me ro

