Capítulo 1 Boda
Narra Sandra Fernández
Ser una Fernández te trae muchos beneficios desde que eres pequeño, amistades, pretendientes y buenos negocios, sin embargo, todo cambió por los malos manejos de mi padre en los negocios, ¿Cómo? Fácil, comenzó a invertir en empresas nuevas que prometían solvencia, sin embargo, con el paso del tiempo esas empresas fueron desapareciendo y con ellas, nuestro dinero a punto de la quiebra, eso lo devastó mucho. ¿A quién no? Por eso mi hermano, Ariel se casó con una mujer de buena familia, sin amor de por medio, eso es para débiles.
En mi caso es igual, busco a un hombre por razones económicas y en cuanto vi en una revista internacional, no podía creer a quien estaba viendo ahí, a la odiosa de mi prima, Anya y junto al hombre más guapo, Dónovan Castle. Esto no podía ser posible, es decir, ¿Cómo un hombre como él, se fijaría en una mujer tan simple como ella? Así que había tomado la decisión de ir hasta New York, con el propósito de conquistarlo y que fuera mi esposo, aun en contra de mi familia. Las cosas no resultaron como yo esperaba.
Así que ahora, mi padre había organizado una cena con “mi futuro esposo” Cristian Márquez, un hombre arrogante y mujeriego, al menos me hubieran conseguido con un ya a punto de pasar a mejor vida y no un idiota como él.
Así que, aquí nos encontramos en el registro civil después de un mes del dichoso compromiso.
— Ni creas que te voy a jurar amor eterno, eso es para idiotas. — dice cerca de mi oído y no sé la razón, pero hizo que me estremeciera por su cercanía y ese aroma a lavanda. ¡Maldición!
— Estoy de acuerdo contigo. — sonrío cínicamente.
— Al menos en algo estamos de acuerdo. — ¿Qué me está pasando?
— Los declaro marido y mujer. — dice el juez ante nosotros y nos damos un corto beso en los labios, sólo para aparentar.
— Felicidades, mi niña. — la señora Márquez me da un cálido abrazo, al menos ella es gentil, no como el idiota de su hijo.
— Muchas gracias. — sonrío con sinceridad, ya que con ella si me nace hacerlo.
— Les conseguí una suite en el mejor de los hoteles para su noche de bodas y un viaje a Puerto Vallarta para la luna de miel. — esta vez habla su padre, miro a Cristian y esta que no cabe del odio que tiene por escuchar todo eso.
— Gracias. — le doy un beso a la mejilla a mi ahora suegro.
Salimos del registro civil para ir a la casa de sus padres para la comida que organizaron.
Me encontraba cerca de la piscina hundida en mis pensamientos, cuando de repente siento un escalofrío por todo mi ser.
— No pienso pasar ni una noche contigo. — ¿otra vez? ¿Por qué tiene que acercarse demasiado a mí?
— Ja. ¿y tú crees que yo si lo quiero? — me río con cinismo y él frunce el ceño.
— Todas quieren conmigo, al menos una noche. — él sonríe muy altanero.
— Mira, idiota, no por que seas el hombre más guapo del mundo, no significa que quiera una noche contigo. No te sientas importante. — lo enfrento y se ríe. ¿Qué le pasa?
— Eso lo veremos, cariño. — sí que es odioso.
Eso nunca lo voy a permitir.
***
Narra Cristian
Me encontraba con Daniela en su departamento, la cual no estaba nada contenta por mi matrimonio.
— Ya te lo he dicho mil veces, no porque me vaya a casar con esa mujer, no sígnica que dejaremos de vernos. — digo para tratar de calmarla.
— ¿Por cuánto tiempo estarán casados? — inquiere con tristeza. A Daniela la amo, pero mis padres no le agradan en lo más mínimo. No entiendo el por qué, si es una mujer maravillosa. Con ella si me casaría, sin importar mi vida de mujeriego.
— Será por dos años. — siento que serán una eternidad, además la tal Sandra se ve que una mujer arrogante y fría.
— ¡Dios! No te quiero lejos de mí. — me abraza y dejo un beso en sus labios.
— Lo sé, amor. — le hice la promesa que en cuanto me divorcie de esa mujer, nos casaríamos.
…
No puedo creer que mi familia me obligue a casarme con una mujer, que ni conozco, ni mucho menos de la que jamás me enamoraría, simplemente porque me gusta mucho mi soltería. Sin embargo, aquí estoy, frente al juez y mientras hablaba, le advertí que jamás le juraría amor, lo cual ella no le da importancia. Pero me alegra que estemos de acuerdo en algo. El juez concluye la boda y nos damos un corto beso en los labios, uno que me causó una corriente eléctrica por todo mi cuerpo que jamás había sentido antes. ¡No! Esto no puede estar pasando y menos con ella. Se acercan a felicitarnos.
— Mas te vale que todo resulte con ella. — me advierte mi padre y la verdad no me importa.
— Así será. — digo sin importancia.
…
Estábamos en casa de mis padres “celebrando nuestro matrimonio” como me gustaría estar con la mujer que amo de verdad y no con esta mujer. La miro y está cerca de la piscina y no sé por qué camino hasta donde se encuentra y le digo que ni crea que tendremos al menos una noche juntos, a lo cual ella me responde con burla que ya quisiera yo eso, le respondo que todas quieren una noche conmigo, ella no será la excepción.
— Mira, idiota, no por que seas el hombre más guapo del mundo, no significa que quiera una noche contigo. No te sientas importante. — me río de sus palabras, aunque para ser sincero, no sé si sentirme alagado o insultado.
— Eso lo veremos, cariño. — digo con burla y ella bufa.
Algún día me pedirá, aunque sea una noche. Me vas a rogar que te haga mía, Sandra Fernández.