Narra Sandra
Después de la cena, Cristian y yo nos fuimos a la que sería nuestra casa, es muy hermosa, no les voy a negar, sin embargo, presiento que, más que un hogar, será un infierno, bueno eso dependerá de si yo lo permito.
— Dormiremos en habitaciones separadas. — dice de mal humor y volteo a verlo y se ve muy enojado. Para lo que me importa.
— Bien. — es lo único que respondo.
Tomo mis cosas y subo por las escaleras, en donde me está esperando una señora como de 50 años. Me mira y sonríe cálidamente.
— Buenas tardes, señora. — me saluda amablemente. Creo que después de todo, no será un infierno a lado de este hombre insoportable.
— Buenas tardes, señora… — la verdad no sé su nombre.
— Lucy. — me dice y sonrío.
— Señora Lucy. — es muy amable.
— Lucy, ¿ya está la habitación de la señora? — dice el idiota con seriedad y ella asiente.
— Si, señor. — no deja de ser amable, a pesar de lo grosero que es.
— Bien. — es lo único que dice y se va a la que supongo será la suya.
Entro a la que es la mía, y la decoración me encanta, blanco con un toque de azul pastel.
— Veo que te gusta tu nueva habitación. — lo miro y me sonríe con arrogancia.
— Me es indiferente. — finjo no darle importancia a su comentario.
— Claro. — dice con sarcasmo.
— ¿Qué quieres? — digo con evidente molestia.
— Mañana nos vamos de “luna de miel” y ni creas que estaremos en la misma habitación. — dice y yo sonrío.
— Ya te lo dije, esposo mío, no me interesa estar contigo. — veo enojo en su mirada y sale de la habitación azotando la puerta.
Pero ¿Qué le pasa?
…
Venimos a las playas de Puerto Vallarta y al llegar al hotel, mi querido esposo cambió la suite por otras dos sencillas, simplemente porque ninguno de los dos quería estar el uno con el otro, y mejor para mí.
Así que me estoy alistando para ir a la playa, llevo un bikini y mis lentes de sol. Salgo de la habitación y me percato de Cristian acompañado por la rubia del día de aquella cena en donde nos conocimos. Pensé que no repetía mujeres. Se da cuenta de mi presencia y frunce el ceño, le dice algo a la tipa esa y ella se va. La luna de miel ¿con su amante? Bueno no es que me interese, por mí que se vaya con quien quiera.
— ¿A dónde crees que vas vestida así? — pero ¡que controlador es!
— ¿disculpa? — me hago la desentendida.
— Regresa a tu habitación y ponte otra cosa. — ¿Quién se cree?
— Te recuerdo que, no por estar “casados” vas a controla mi vida. — digo en un tono molesto y veo como tensa la mandíbula.
— Además, estas con otra, así que déjame. — dicho eso, paso por su lado y siento como me toma de un brazo haciendo me que detenga.
— Que te pongas otra cosa. — dice entre dientes.
— No eres nada mío. Así que no. — me suelto de su agarre y me voy hasta el ascensor. Donde antes de que se cierren las puertas, le muestro mi dedo de en medio acompañada de una sonrisa.
Suelto todo el aire que estaba reteniendo. Realmente es un idiota, primero pasea por todo el lugar con esa mujer y después me hace una escena de celos, en donde se supone que no nos conocemos.
…
Me encuentro sentada en uno de los camastros, con lentes oscuros, trato de ponerme protector, pero no alcanzo mi espalda, veo a un hombre guapo y bien fornido acercarse hasta donde me encuentro y le sonrío y soy correspondida.
— ¿Por qué tan solita? — no deja de sonreír.
— Vine a descansar por unos dias. — no quiero espantarlo al decirle la verdad, además, si son más como vacaciones.
— Que bien. Por cierto ¿necesitas ayuda? — lo miro sin comprender, parece entenderlo y me señala el bloqueador.
— Ah, sí. No alcanzo mi espalda, digo con una sonrisa coqueta.
Me pongo boca abajo y el desata el nudo de mi bikini, siento como pone de la crema y pasa sus fuertes manos sobre mi espalda, sin embargo, no me hace sentir nada.
— Listo. — dice de repente, ni siquiera me di cuenta de que ya lo había aplicado.
— Gracias. — le agradezco.
— Fue un placer. Por cierto, quiero invitarte esta noche a un antro. Te vas a divertir. — pero que directo.
— Claro. — quizás con él si pueda desahogar estas ganas de tener s**o. tiene tiempo que estoy sin un novio.
— Bien. Te doy mi número y ahí nos ponemos de acuerdo. — me deja un beso en la mejilla y se va.
Aunque no lo tengo que pensar, me agrada la idea, al fin y al cabo, que mi esposo esta con su amante.
¿eso que me importa?
…
¿se estará nublando? De un momento a otro siento desaparecer el sol, pero al sentir que algo cubría mi cuerpo hizo que abriera mis ojos y más con sorpresa al verlo parado justo frente a mí con una mirada de odio.
— ¡¿Qué demonios te pasa?! — le digo molesta y no cambia su semblante.
— Te dije que te pusieras otra cosa, todos te están mirando. — tiene que ser una broma.
— ¿Disculpa? — digo indignada.
— Mira y escúchame muy bien porque no lo pienso repetir dos veces, en primera: tú no eres nadie para decirme que hacer y que no. Segunda, se supone que no nos conocemos, además de que te encuentras de luna de miel con tu… amiga o lo que sea. Y tercera, es a ella a quien le debes exigir como vestir, así que déjame en paz de una vez. — digo y parece que mis palabras lo enfurecieron.
— ¡Cris! Te estaba buscando. — la idiota de su amante me ignora por completo.
— Tarada. — murmuro para mí, pero parece que me escuchó.
— ¿Disculpa? — me mira con arrogancia y la fulmino con la mirada.
— Dile a tu novio que me deje en paz. —le digo ignorando lo ofendida que parece.
— ¿Qué haces aquí… con esta? — ¿en serio? Tomo mis cosas y salgo de la playa.
¿Tenían que echarme a perder mi día? Escucho que Cristian me llama, pero lo ignoro por completo.
— Te estoy hablando. — parece que fue más rápido que yo.
— ¿Qué quieres? — digo con evidente molestia.
— Que dejes de vestirte de esa manera. — ¡no lo puedo creer!
— ¡Aaahh! — es imposible.
…
Me encontraba arreglándome para ir al antro en donde me había invitado mi guapo desconocido, llevo una falda de tubo a medio muslo una blusa de tirantes, botas con tacón, me recojo el cabello en un peinado alto, mi maquillaje es ligero, la verdad no quiero parecer otra cosa. Abro la puerta y esto debe ser una verdadera pesadilla.
— ¿A dónde crees que vas? — me mira de arriba abajo con una expresión fría, sin embargo, en su mirada veo ¿deseo? No, eso es absurdo.
— No te importa. — digo con frialdad.
— Así que déjame en paz y vete con tu noviecita. — sólo espero que estos dos años pasen rápido para poder hacer de mi vida lo que yo quiera.
…
Me encontraba en el antro bailando con el hombre de la playa, su nombre es Armando. La verdad me la estoy pasando muy bien.
Sin esperarlo, Armando me besa y… la verdad no sentí nada.
Cuando de repente siento que alguien toma mi brazo y me sacan de la pista.
— ¡¿Qué demonios te pasa?! — digo con rabia.
— Nos vamos de aquí. — esto en verdad no puede estar pasándome.
— ¡Suéltame! — le exijo, sin embargo, no me hace caso.
— ¡¿Qué no la escuchaste?! ¡Suéltala! — Armando venia detrás de nosotros y le da un golpe en la cara de Cristian. Yo no puedo reaccionar ante la escena frente a mí.
— ¡Déjalo! — y ahí está esa mujer.
— Ella se viene conmigo, porque es mi… — lo interrumpo.
— No somos nada… ni siquiera te conozco. — lo niego y veo tristeza y decepción en su mirada.
— Cris, vámonos. — él asiente y salen del lugar.
— ¿Estás bien? — Armando me pregunta y yo asiento.
Regresamos a la mesa y un mesero nos trae más bebidas, lo necesitaba para olvidar esto que me quema dentro de mí. No sé qué pensar sobre la reacción de mi… de Cristian.