Capítulo 4 Todo fue un error

1266 Palabras
Narra Sandra Ya estábamos de regreso de la “luna de miel” y mi ahora suegra no paraba de hacernos preguntas de cómo nos fue. — ¿Por qué no hay fotos de ustedes dos juntos? — le estábamos mostrando las fotos del viaje y la verdad no habíamos pensado en ello. — La verdad… — iba a decir lo que ocurrió, sin embargo, fui interrumpida por Cristian. — La verdad es que se nos olvidó. — así de simple respondió. — Pues que mal, yo deseaba verlos juntos y felices. — puedo sentir la decepción en sus palabras. — Lo siento, madre. — que hostil es este hombre. — Bueno, ya habrá cuando tomen vacaciones. — eso lo dudo mucho. — Me voy, pero vendré a verlos pronto. — se despide de nosotros y se va. — No pienso tener vacaciones a tu lado. — digo sin mirarlo. — No te preocupes. No las tendremos. — su voz es una mezcla de tristeza y frialdad. Sin decir más, se va y se encierra en su despacho. No lo entiendo, se supone que no quería nada conmigo y, sin embargo, demuestra lo contrario. Él tiene a noviecita esa. Me fui a mi habitación, ya que es más que obvio que no estaremos justos, así que seremos como los extraños que hemos sido hasta ahora. … — ¿Por qué no me deseas? — su voz cerca de mi oído hizo que abriera mis ojos. Al principio pensé que se trataba de un sueño. — Pero ¡¿Qué haces aquí?! — al darme bien cuenta de que no estaba soñando y su aroma a alcohol lo decía todo. — Yo si te deseo, sabes. — de nuevo esa tristeza en su voz. — Creí que teníamos un acuerdo en eso. — ambos lo dijimos el dia de nuestra falsa boda. Bueno fue real, pero sin sentimientos de por medio. — Lo sé, pero… me gustas desde esa noche en la cena de compromiso. — tiene que ser una broma. — No te creo. — me levanté de la cama y salí de la recamara y antes de poder entrar a otra, siento sus brazos rodear mi cintura. — Cree me, por favor. — dice acercándose nuevamente a mi oído, lo que hace que me estremezca en sus cálidos brazos. — Yo… — no pude seguir hablando, ya que ha dejado un beso en mi cuello. Este hombre me volverá loca. — Me encantas… — esto no puede estar pasándome. — Cris… — siento como soy levantada en sus brazos guiándonos nuevamente a mi habitación. No, no, no y no… no puede haber intimidad entre nosotros, se supone que no. Nos odiamos desde ese dia, además él lo dijo el dia de la dichosa boda. … Me levante a la mañana siguiente toda adolorida de mis piernas, miro a mi lado y ahí está dormido y recuero la noche apasionada que tuvimos. Esto fue un error, no debió pasar. Nunca. — Despierta. — le hablo, pero solamente se remueve sin hacerme caso. ¡Genial! Lo que me faltaba. Me levanté de la cama y fui al armario a tomar ropa limpia y entré al baño para darme una buena ducha. — Buenos dias. — pero ¿Qué demoni0s? — ¿Qué haces aquí? — Cristian había entrado a la ducha sin que me diera cuenta. — ¿Así me recibes? — finge tristeza. ¡Dios! — Eres insoportable. — digo rodando los ojos. Sin embargo, él ríe y siento como me rodea la cintura con sus brazos para atraerme a su cuerpo. — ¡Oye! — trato de zafarme de su agarre, sin embargo, él se aferra más a mi cuerpo. — Dese0 seguir despertando así todos los dias a tu lado. — ¡Dios! Esto no puede estar pasándome. … Mientras desayunábamos, Cristian no dejaba de mirarme y, a decir verdad, me hacía sentir algo incomoda. — ¿tengo algo en el rostro? — le pregunto mientras con discreción me pasaba la mano por si tenía algo. — No, no. Para nada, al contrario, me encanta como te ves. — a veces no sé qué pensar con todo lo que está pasando, digo, todo está pasando muy rápido. Se supone que no debe pasar. — Sólo dices locuras. — digo tratando de ignorar sus comentarios absurdos. — No son locuras, es la verdad. — dice un poco indignado. — Como sea. Lo mejor es apurarnos o se nos hará tarde para el trabajo. — prefiero evadir este tema. — Tienes razón. — se levanta de su lugar, sin embargo, no terminó su desayuno. A veces no lo entiendo. … Durante el camino a la empresa, ninguno de os dos dijo nada y creo que es lo mejor, aunque… — Llegamos. — dice sacándome de mis pensamientos. Bajamos del carro y entramos al edificio, todos nos miraron con curiosidad, ya que nunca me habían visto por aquí. Subimos por el ascensor y no sé por qué tengo unas inmensas ganas de besarlo y … ¿Qué me está pasando? Las puertas se abren y salimos. — Sr. Márquez, los socios ya se encuentran en la sala de juntas. — dice su asistente, una muy guapa y destapada. — Gracias, srita. Hernández. — dice con seriedad y me pide que lo acompañe. — Buenos días, señores. — saluda a todos en el momento en que entramos. — Buenos días, Cristian. — lo van saludando. — Bueno, se preguntarán quien ella. — dice y todos me miran, incluso uno que otro me sonríe. Que descarados. — Así es. — dice uno de los que me sonrieron. — Ella es Sandra Fernández, mi … — lo interrumpo. — Su nueva socia. — la verdad no quiero que sepan que estamos casados, ¿Por qué? Simple, si lo llegan a ver con su “novia” dirán que soy una c0rnuda y la verdad no quiero ser el hazme reír de la empresa. — Pues bienvenida, srita. Fernández. — me dice un hombre guapo de cabello un poco cenizo y ojos azules. Como de 34 años aproximado. — Muchas gracias… — lo miro fijamente, ya que no sé su nombre. — Adrián Rodríguez. — me sonríe con evidente coquetería, Cristian lo nota y carraspea. — Si, y también es mi esposa. — dice con enojo y Adrián cambia su expresión a una mas seria. No tenía porque decir que estamos casados. — Bueno, comencemos la junta. — dice otro accionista, lo cual agradezco, ya que la situación de estaba poniendo algo incomoda. … — ¿Qué te ocurre? ¿Por qué dijiste que soy tu esposa? — le reclamo una vez que estamos en su oficina. — Porque es la verdad. Además ¿Tú por qué no me dejaste mencionarlo al principio? — dice con indignación. — Porque no quiero a tu “novia” viniendo a visitarte y que los demás hablen de lo infiel que eres. — y es la verdad. — ¡Ya entiendo! ¡Estás celosa! Amor, debiste habérmelo dicho antes. Por eso ni te preocupes, no veras a Daniela por la empresa si eso deseas. — pero ¡¿Qué dem0ni0s le pasa?! — ¡¿Estás loco?! — ahora soy yo la indignada. — Pero por ti. — me mira y sonríe con descaro. — ¡Dios! — salgo de su oficina con dirección a la mía, y lo cual agradezco que no esté en el mismo piso que la de él. Todo esto fue un error. Desde el compromiso hasta este matrimonio falso.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR