Habían descartado tres teorías y sentía que cada vez que lo hacían, se acercaban más al culpable. Nadie podía ser tan cuidadoso. Todos los seres humanos cometen errores. Y ella estaba examinando cada posible escenario que su mente le permitía imaginar, sabiendo que en definitiva, uno de ellos sería el más cercano.
Pero hasta ese momento, su mente seguía centrándose en una sola persona. Y a cada segundo, ella estaba más convencida de que tenía a su culpable.
Pero Berwin seguía mirándola incrédulo y con su entrecejo fruncido cada vez que aquel nombre salía de sus labios.
"Quizás había quedado atontado por la belleza de la chica" Se atrevió a pensar. Tenía sentido.
—Tenemos a Morgan— dijo la detective Miller al ver el expediente de la chica.
—No creo que sea ella— admitió Berwin.
—¿Por qué no?— restregó un poco sus ojos antes de agregar: —Una chica inteligente y decidida que estoy segura de que haría lo que fuese por su hermanita—
—¿Hablamos de la misma Morgan Tremblay que le lloraba a su caballo?—
Agatha hizo una mueca al recordar aquella escena.
Morgan enfrente a los establos llorando en silencio. No se movió de ahí en horas, solo hasta que el muchacho llegó por ella y la abrazo. Entonces ambos se quedaron ahí. Pero, ella no dejó de llorar ni por un segundo. Mantenía sus puños hechos y aquella expresión que la detective jamás olvidaría.
Morgan Tremblay se había desmoronado ante la muerte de su caballo.
—Tenía una maleta preparada— señaló la rubia.
—Y el rostro lleno de hematomas, inclusive su labio estaba roto— ella restregó su rostro mientras Hastings continuaba —Cualquier idiota comprendería que la chica sufre de abuso intrafamiliar. Probablemente quería huir—
—Probablemente quería acabar con todos ahí— insistió, —¿No lo harías tu? Si te encontraras en su situación y pareciera que jamás podrás librarte de tu familia—
—La chica le lloró por días a su caballo—
—¿Y sí también lloraba por alguien más?—
—¿El c*****r?—
—¿Hay noticias de Marisol de la Cruz?— la rubia se puso de pie y miró a su compañero. —¿Qué tal si tuvo que deshacerse de su única amiga para lograr lo que quería?—
—¿En qué le afectaría la chica?—
—¿Qué tal si trato de alertar a alguien?— aquello no sonaba tan descabellado. —Morgan Tremblay ha ido a demasiadas clases de defensa personal, tiro con arco, esgrima, uso de armas y demás, como para no poder disparar la pistola de su madre—
—¿Encontraron el arma que fue disparada?—
—Bajo el viejo mustang rojo donde fue encontrado el c*****r— mencionó la detective empezando a caminar en círculos. Tomó su libreta de aquella mesa de metal y empezó a leer algunas de las notas que tenía sobre el caso. —¿Por qué nadie reportó el olor?—
—Muchos de los empleados creían que era el río—
—¿Y nadie recogió la pistola?—
—Probablemente no la vieron— Berwin intentaba tener la cabeza fría, pero con todas las teorías de Miller le era casi imposible. —Es una casa demasiado grande como para que se pasen detalles por alto—
—No esa clase de detalles Berwin— Agatha comenzaba a molestarse.
Aquel caso no tenía sentido en lo absoluto. Basada en las declaraciones de la familia y de los empleados, no tenía nada.
Solo un c*****r sin identificación y una persona desaparecida.
Miller caminaba por aquel cuarto con un paso que evidenciaba lo agotada que estaba. Llevaba días trabajando en aquel caso y sentía que no avanzaba.
—¿Qué tal si pasan por un mal momento en su matrimonio?— la detective se giró a mirar a su compañero con el ceño fruncido.
—¿Qué?—
—Florence y Ezra— ella ladeó un poco su cabeza aún sin comprender el punto del castaño, —Piensa de qué manera les afectaría un escándalo de esa magnitud—
—¿Qué?—
—Es bastante normal—
—Por favor no te ventiles de esta manera— la detective se sentó sobre la mesa y soltó un sonoro suspiro.
—No tengo cabeza para pensar— admitió Hastings, —En dos semanas estaré firmando los papeles de mi divorcio y llevo días sin dormir—
—Lo sé—
Ella ni siquiera fue capaz de alzar la mirada. Conocía bien a su compañero.
Sabía que Berwin estaba sufriendo tanto en su hogar, como en el trabajo. Aquel caso no iba a hacer más que desgastarlos de una manera sobrehumana. Pero lo valía.
Cada segundo, minuto u hora que se llevarán con el rostro sumido en los expedientes lo valía. Aquel sería el caso que catapultaría la carrera de ambos. Dejarían de darles los casos que nadie quería o que eran prácticamente un insulto. Serían tomados en cuenta cómo lo que realmente eran. Y Agatha había soñado con ello por más de dos años.
—No puede ser Florence— señaló Agatha negando con su cabeza —No mataría a sus dos hijas—
—¿Viste a Morgan el domingo?— ella puso los ojos en blanco mientras su compañero continuaba —A la chica le habían puesto una de las peores golpizas que he visto—
—Probablemente cayó de nuevo...—
—Nadie la vio por los establos el sábado— él rascó un poco los indicios de su barba antes de agregar: —Estaban vendiendo a la chica al mejor postor ¿Y aún así dudas?—
—Leí el testamento— admitió Miller —George Tremblay dejó todo demasiado específico. Si algo le pasa a Morgan, Darcy, Aydan o Cayden todo pasaría a nombre de Eunice Tremblay, su hermana—
—Entonces...—
—Morgan debería de estar a cargo de todo, no Wallis ni su padre—
—¿Crees que se haya enterado de ello?—
—¿Tu que harías en su lugar?—Berwin tragó en seco —Si supieras que tus padres te lo han robado todo y tus tíos callado solo para hacerse de algo que es tuyo. Y encima de ello te hubieran hecho pasar por lo que le hicieron—
—Me volvería loco—
—¿No crees que eso pudo pasar?—
Berwin se mantuvo ahí. Sentado en aquella silla fría con su cigarrillo a punto de terminarse en su boca. ¿Qué tanta razón podría tener Miller? Y ¿Por qué?
Sin duda aquella era una familia bastante peculiar, pero Berwin no podía dejar de apiadarse de la chica que lloraba cada que le preguntaban qué ocurrió. Para él, Morgan Tremblay era inocente. Y esto lo alertaba.
Nadie en aquella casa era inocente.
—¿Qué es lo que crees que sucedió?—
—Morgan definitivamente consiguió una copia de aquel testamento— la rubia se puso de pie y estiró un poco —No tengo duda de ello—
—Entonces incendio la casa— Berwin frunció sus labios —Se volvió loca y estalló—
—Hubo una pelea— explicó —Tú escuchaste a Florence. Solo Ezra, Morgan y ella conocían la ubicación de aquella pistola—
—¿Y si fue Ezra?— sugirió el castaño —Ese hombre ya está sumido en el infierno, te apuesto lo que quieras que no le preocupa bajar un piso más—
—Regresamos al asunto del testamento—Berwin tiró un poco de su cabello y se mantuvo mirando a la mesa —¿No crees que la chica pudo haber estado llorando por el hecho de haber tenido que dispararle a su única amiga?—
—¿Es la única teoría que tienes?—
—Es la única que me importa—
La pelirroja había asistido a cada uno de los interrogatorios a los que le habían citado. Nunca llegaba tarde y se mantenía mirado sus manos. De vez en cuando pasaba su lengua por sus labios y se rehusaba siempre a beber del agua que le ofrecían. Y siempre que parecían terminar con las preguntas, ella hacía la misma:
—¿Qué es lo que saben de Marisol?—
Nadie sabía nada.
Pero Agatha estaba segura de que el cuerpo que habían encontrado en aquel Ford Mustang rojo del sesenta y cinco sería el de la chica. Hubiera apostado si alguien se lo hubiese propuesto. Para ella era bastante obvio, inclusive podía imaginar la escena en su cabeza.
A pesar de ello había una posibilidad de que Morgan fuese inocente. Entonces sería el turno de su siguiente sospechoso principal.
Había estado bastante nervioso en cada uno de los interrogatorios, a tal punto de inclusive ponerse demasiado agresivo.
Prácticamente exigía saber qué había ocurrido con Marisol y nunca contestaba las preguntas que le hacían. No. O al menos no de inmediato. Meditaba todo, Miller había estudiado sus ojos que se movían ligeramente a la izquierda cada vez que hablaba. O el cómo mordía su labio.
Si le hubiesen hecho la prueba del bolígrafo como ella había propuesto, estaba segura de que no la pasaría.
—¿Quién se ha quedado la casa?— le preguntó a su compañero en un repentino cambio de tema.
—Creo que esta demasiado claro qué Juliet, de no ser así ¿Por qué dormiría en la estación?—
Miller asintió.
Con tan solo treinta años, Hastings estaba atravesando un divorcio realmente complicado.
—¿Porque no peleas la casa?—
—Lo entenderás cuando seas mayor— bromeó.
—¿En cuatro años?—
—Tres y medio, tampoco estoy tan viejo—
Agatha iba a bromear, probablemente algún comentario respecto a lo mal que le había caído Juliet cuando la había conocido, pero alguien llamó a la puerta.
Con su paso acelerado fue ella quien la abrió.
Apenas vio a Larsson detrás de ella, una enorme sonrisa se asomó por su rostro. Haywood se burlaba de ella, siempre que sonreía de aquella forma le decía que lucía como el gato de Alicia.
Larsson le entregó aquel sobre blanco perfectamente sellado y su corazón se aceleró, su respiración se volvió más pesada y sus labios se secaron. Aquellos eran los muy ansiados resultados de la autopsia. Algo dentro de ella ya estaba cantando victoria.
A pesar de lo mucho que sus manos temblaban se las ingenio para abrir el sobre y sacar la hoja que estaba doblada justo por la mitad dentro de este.
Quería sonreír victoriosa, pero al mismo tiempo sabía que tendría que decirle a una madre de una chica de diecisiete años que fuera a reconocer el cuerpo de su hija.
No.
No.
No tendría que hacerlo.
Sus labios se secaron aún más y su corazón amenazó con salirse de su pecho por la fuerza en la que este estaba latiendo.
El cuerpo no era de una mujer.
No quería continuar leyendo aquellos resultados. Eran la prueba de que su trabajo de días había sido en vano, las noches que llevaba sin dormir o la pelea que el día anterior acababa de tener con Haywood no tenían sentido. No habían valido la pena.
Quería gritar lo más fuerte que sus pulmones le permitieran, estaba furiosa pero al mismo tiempo aliviada.
—¿Son los resultados?— le preguntó Hastings desde la mesa. Ella asintió y le pasó aquel trozo de papel que hubiese arrugado y roto de no haber sido porque era bastante importante. —¿Te diste cuenta de quién se trata?—
—Ni siquiera pude terminar de leerlos—admitió.
—¡Miller esto es mucho peor de lo que pudimos llegar a creer!— exclamó el castaño —Quizás te equivocaste, pero tu dijiste el domingo que ese cuerpo tenía más días muerto y acertaste—
—Es un chico—
—¡Mira el nombre!— insistió Berwin —Estábamos mirando el rompecabezas por piezas, ¡Cuando ya lo teníamos armado!—
—¿Qué?—
—Todo lo que dijimos en la escena del crimen, cuando viste el maletero—
Agatha se obligó a respirar profundamente en un intento de tranquilizarse.
Quizás había herrado y sus suposiciones eran incorrectas, pero si de algo podía estar segura era que la pelirroja era culpable. Morgan Tremblay terminaría tras las rejas en cuanto lograran descifrar todo. Era cuestión de días, quizás horas. Pero se haría justicia.
—¿Cuál fue la causa de la muerte?—
—Múltiples disparos—frunció el ceño. La chica tenía muy buena puntería como para haber tenido que repetir la acción más de una vez.
Entonces se permitió dudar.
—¿Qué dice de...?—
Miró a Hastings y no terminó su pregunta. El ya estaba negando con su cabeza y de nuevo estaba enojada. Enfurecida. ¡No tenía sentido!
Todo parecía carecer de lógica alguna con ese caso.
—No hubo rastros del ADN de Morgan en el c*****r o en el arma—
Agatha tomó su libreta y revisó las ya muchas hojas llenas de notas. Todas sus teorías o anotaciones que había hecho eran un desperdicio de tiempo. Al igual que aquel caso. Quien fuera que fuese se había encargado de cubrir sus huellas.
Morgan Tremblay parecía ser inocente. Y no podía culparla sin pruebas o con teorías que carecían de sentido alguno.
Miller lanzó su pequeña libreta con gran fuerza contra la pared. Y gritó. Lo más fuerte que sus pulmones se lo permitieron.