MARTES
Morgan observó a Darcy, la pequeña se aferraba al Señor Miel y se negaba a soltarlo mientras comía con una lentitud extraordinaria su plato de cereales.
—Se enfriaran— bromeó la pelirroja. Su hermanita solo asintió —¿Ocurre algo?—
–¿Cuando crezca seré bonita como tú o mamá?— la mayor frunció el ceño.
—Ya eres bonita— señaló Morgan al sentarse al lado de Darcy.
—Las otras niñas no piensan lo mismo— insistió —Y dicen que las pelirrojas damos mala suerte—
—Esa ridiculez también me la decían a mi a tu edad—
—Pero a ti no te pegaban— Darcy había bajado demasiado su voz, pero a pesar de ello, Morgan logró escuchar a su hermanita.
—¿Te pegaron?— la niña apenas y asintió —¿Vas a decirme quien fue?—
—Evelyn Bellemore—
—¿No es la hija del señor Peyton Bellemore?—
—No lo sé— admitió —Su mamá se llama Daphne y cocina pasteles—
Morgan asintió.
—¿Qué te parece si yo te llevo a la escuela?—
—¿De verdad?—
—Claro que si— Morgan le sonrió ampliamente —Le diré a mamá y tu termina tu cereal—
—Aguarda— la niña se puso de pie y llevó una cucharada repleta de cereales a su boca —Tengo que ir por un cambio de ropa para el Señor Miel—
*
Morgan acompañó a la pequeña Darcy hasta su salón y una vez que la niña se sentó, ella fingió que se iba. Pero, lo que realmente hizo fue permanecer en aquel pasillo, hasta que divisó a la pequeña cabecita castaña perfectamente peinada.
—Eres Evelyn, ¿Cierto?— cómo pudo recurrió a todo su autocontrol para no gritarle a la niña. No quería asustarla.
Aún.
Le sonrió de una manera tan amplia que provocó que sus mejillas dolieran.
—Sí— contestó la niña con desconfianza.
—De acuerdo, soy la hermana de Darcy. Escucha— pidió la pelirroja —Me enteré de lo que le hiciste a Darcy—
—¿Y?—
—Y no está bien—
—Tu no eres mi mamá para decirme que sí y que no está bien—
Morgan quedó estupefacta ante la actitud de la pequeña malcriada.
—Soy mayor que tu, por lo cual puedo hacerlo— Morgan estaba a punto de ponerse a discutir con una niña de tres o cuatro años —No estuvo bien lo que le hiciste—
—Ella se lo merece. Es muy rara— soltó —Y su cabello es feo, al igual que el tuyo—
—Escucha pequeña lagartija malcriada— bajo su tono de voz y apretó sus dientes al decir aquello. —Si te atreves a volver a ponerle uno de tus asquerosos dedos de salchicha de nuevo a mi hermana, juro que regresaré por ti ¡Y te arrastraré conmigo al infierno de donde vengo!—
Evelyn salió corriendo de ahí, gritando y agitando sus pequeñas manitas. Al cabo de unos segundos, Morgan se atrevió a preguntarse si quizás aquello no había sido un exceso. Disponía a irse cuando llegó de nuevo la niña, pero a diferencia de la otra vez iba a acompañada por su madre.
—¿Te atreviste a gritarle a mi hija?— la madre de Evelyn estaba realmente furiosa,
—Señora, mejor deje que Evelyn vaya a su salón, se disculpé con Darcy y lo dejamos como un pequeño incidente—
—¿Estás loca?—
—Ella golpeó a mi hermana—
—¡Y tu le gritaste a alguien que ni siquiera había nacido cuando tú ya estabas en secundaria!—
—¿No es lo mismo que usted está haciendo?—
Morgan estaba volviendo a enojarse. Rascó un poco su ceja antes de agregar:
—Deje que la niña se retire así podemos hablar—
—No eres más que una mocosa mimada— señaló Daphne, —¿No eres la hija de Florence y Ezra? ¿Tú que vas a saber de algo si toda tu vida la has pasado en una burbuja de oro?—
—Exactamente, soy una mocosa— la señora Bellemore frunció su entrecejo sin comprender a dónde se dirigía la pelirroja con aquello. —Probablemente tenga la edad que usted tenía cuando se fue a revolcar con el señor Peyton ¿No? Cuando le quitó el esposo a Rohana—
—¿Como te atreves a decir eso frente de mi hija?— preguntó indignada.
—Le dije que dejara ir a la niña a su clase— soltó —Así está la cosa, si Evelyn vuelve a tocar a Darcy o a molestarla, yo volveré. Y probablemente no hable con usted, sí no con el señor Bellemore. Por si no le ha quedado claro, soy una Tremblay y no tengo miedo en absoluto de mostrarle a usted y a su pequeña bestia quien soy. Así que si no quiere que le haga una visita más que "social" a su esposo, que esto no se repita—
Daphne la miró incrédula y quizás la hubiese reprendido, o inclusive gritado, pero Morgan se fue de ahí dejándola sin aquella posibilidad.
*
Morgan miraba con el ceño fruncido a Giles.
Aquel chico estaba quemando una hoja de su libreta con un encendedor bajo su escritorio. Creía que nadie lo notaba. Pero a tan solo unos lugares de distancia, la pelirroja mantenía su mirada fija en las manos del muchacho.
¿Qué tan idiota debía ser para hacer aquello en un salón lleno de personas?
El nivel de idiotez que fuese necesario, Giles, al parecer lo era.
—Necesitamos hablar— estableció Logan haciendo que la chica tuviese que dirigir su mirada a él.
—Si vamos a...—
—No voy a terminar contigo— la pelirroja asintió levemente con su cabeza —¿Mañana en mi casa?—
—Asumo que no puedo decir que no—
Logan sonrió con suficiencia y Morgan regresó su mirada a Giles.
Pero para su sorpresa él la estaba mirando. Y apartó su mirada de golpe cuando sus miradas se cruzaron.
Entonces supo qué tenía que hablar con él castaño.
Por lo que el resto de sus clases la paso jugando con una de sus plumas, oprimiendo una y otra vez de su pulsador, haciendo aquel ruido mecánico que ocasionaba cada vez que guardaba o sacaba la punta de la plumilla.
Algunas de las chicas del salón la miraban molestas y al cabo de un rato incluso los chicos, pero por supuesto nadie se atrevió a decirle nada.
En el momento en que la maestra que impartía la última clase señaló que podían salir, Morgan tomó sus cosas y salió siguiendo al castaño.
Él se dio cuenta. No se detuvo. Aceleró su paso.
—Vamos, Giles— dijo Morgan —Hasta tu sabes que esto es ridículo—
No le respondió. Continuó acelerando su paso hasta llegar a su camioneta. Entonces, al intentar abrir rápido sus llaves cayeron al suelo. Morgan bajó su mochila al suelo, creyendo que por fin tendrían una conversación.
—¿Qué pasó entre los dos?—
El castaño soltó una gran carcajada.
—¿No deberías preguntarle eso a tu novio?—
—Solíamos ser amigos— él frunció su entrecejo.
—No me vengas con cursilerías— le dijo mientras recogía sus llaves del suelo. —No soy Logan para soportarlo—
—¿Estás celoso?—
—No todo gira entorno a tu estúpida cabeza roja— sentenció el castaño.
Morgan quedó boquiabierta mientras él subía a su camioneta y arrancaba. La chica se preguntó si Daphne habría sentido lo mismo cuando ella la había dejado con la palabra en la boca. Recogió su mochila del suelo y refunfuñando se fue caminando a dirección de su carro.
Morgan extrañaba a Giles.
Ese chico que había sido su amigo en secundaria. No esa extraña versión en la que se había convertido.
La pelirroja había conocido a Giles cuando ambos iban a la secundaria y fue como una conexión instantánea. Pronto, Morgan se encontraba mintiéndoles a sus padres y faltando a sus clases con tal de pasar tiempo con el muchacho. Inclusive, cuando la madre del castaño falleció, logró escapar de su casa para estar ahí para él.
Pero de manera repentina él se alejó. Y simplemente no volvió a dirigirle la palabra.
*
—¡Es demasiado fácil!— exclamó la pelirroja. Tomó la libreta de la mesa y con ella golpeó el hombro de su primo —Concéntrate maldita sea—
—¡No me golpees!— la reprendió Aydan y apoyó sus codos en la mesa, después llevó sus manos hasta sus rizos y tiró de ellos —A nosotros los mortales se nos complican las cosas—
—Es cálculo diferencial Aydan— la chica llevó su mano a una de sus sienes y la sobo —No es difícil—
—¿Según quién?— el rubio mantuvo su entrecejo fruncido. —Mejor nos tomamos un descanso antes que quieras golpearme con unas tijeras—
—Si, creo que es lo mejor—
Ella soltó un gran suspiro, que llamó demasiado la atención del rubio.
—¿Y eso?—
—¿Eso, qué?—
—El suspiro— indicó y la señaló con el pulsador del bolígrafo —¿Todo bien?—
—No— se limitó a decir. Aydan la miró esperando a que la chica dijera algo más, pero ella tomó su celular y fingió que revisaba mensajes.
No.
Morgan no solía recibir mensajes.
—Entonces...—
—Solo... un día cansado— respondió.
—Darcy te escuchó gritar fuera de su salón— Morgan se atrevió a mirar a su primo cuando le dijo aquello —Después entró Evelyn llorando—
—Te dije que había sido un día cansado—
Aydan soltó una carcajada.
—¿De verdad fuiste a gritarle a una niña de jardín de niños?— preguntó Aydan entre risas.
Morgan intentó mantener una postura seria, pero las comisuras de sus labios terminaron delatándola. En cuestión de segundos, se unió a las risas de su primo.
—¡Se lo merecía!— se defendió.
—Una niña de tres años se merecía que le gritaras—
—¡A su edad a mí también me gritaban!—
—No desconocidos, Morgan—
—¿Quién te dice que no?— la chica seguía a la defensiva.
Hubiese seguido defendiendo sus actos de la tarde, de no haber sido por aquel mensaje que hizo que su pantalla se encendiera.
Era Logan.
¿Tan tarde era ya? Se preguntó.
—¿Quién es?— quiso saber Aydan.
—Mete tus narices en tus asuntos— soltó ella.
Pero, apenas vió aquel mensaje que todas las noches sin falta recibía, se sintió bastante extraña. Miró a su primo y decidió que podía confiar en él.
Aydan jamás la traicionaría.
—Logan me pide todas las noches sin falta una foto mía—
Él frunció un poco su entrecejo.
—No pensé que Logan fuera un chico cursi—
—Y no lo es— Aydan le dirigió una mirada llena de confusión —Prácticamente quiere que le mande una foto en ropa interior—
—Eso si suena más a Logan—
—No quiero seguir con él— admitió ella. A Aydan se le estrujó el corazón al ver a su prima a punto de llorar.
Morgan no lloraba.
Tenía que sentirse demasiado atrapada o impotente para hacerlo.
—Termínalo— dijo como si no fuera nada.
—Si termino con él tú tendrás que salir con Emilia— el chico hizo una mueca —Todos saben que no tiene novio—
—Valoro mucho tu sacrificio— dijo Aydan tomando la mano de su prima sobre la mesa.
—¿Y si...?—
Hubiera continuado su pregunta, pero en cuanto vio a la señora Alana decidió callar.
—Morgan, tu padre quiere verte en su estudio—
—Gracias— soltó a Aydan y se puso de pie.
—Probablemente te diga que debes besar más a Logan— bromeó el rubio —Deberías usar más bálsamo—
—¿No tienes que ser raro con Marisol?— escuchó cómo la señora Alana evitaba una pequeña risa mientras se apartaba.
—No, hoy ya lo he sido—
—Vete al diablo—
—Solo si me acompañas— soltó él.
Así, Morgan con un paso temeroso se dirigió al estudio de su padre. Su corazón había empezado a latir con una rapidez extraordinaria y se obligaba a sí misma a no salir corriendo a su habitación.
Morgan le temía a su padre. A aquel hombre que cuando era pequeña la había educado con mano firme, insistiendo en que cada pellizco o golpe tenía su razón de ser.
Y vaya que lo hacía. Morgan le tenía un miedo indescriptible y no era capaz de alzar la voz en su presencia, aún a sus veintiún años.
Dio unos suaves golpecitos sobre la gran puerta de madera que separaba el estudio de su padre con el pasillo y después respiró profundo y entró.
Se sintió como un corderito entrando al matadero.
Sus padres estaban ahí, pero su madre daba la espalda a la puerta.
—Hablé con Archer— le dijo. Entonces la chica comprendió de qué iba aquello.
—Yo...—
—Mándale esa maldita foto— la pelirroja asintió. Y estuvo a punto de salir de aquella habitación y correr a la suya cuando su padre le dijo: —Ahora—
Entonces ella se giró a su padre.
¿Sería capaz de volver a golpearla?
Morgan se giró y miró a su padre. Comprendió que su postura no cambiaría.
—No quiero hacerlo— se negó. Su padre se acercó a ella con un paso realmente lento, tranquilo. Entonces alzó su mano y con gran
fuerza la impactó contra la mejilla de la chica. Morgan cayó al suelo por culpa del golpe y se llevó su propia mano a su mejilla.
Desde donde estaba alzó su mirada.
—Ahora— repitió.
Los sentimientos la inundaron. Se sintió sucia, impotente e inclusive se comparó contra un objeto. Aquella joven que intimidaba a muchos con su carácter, estaba indefensa. O al menos así se sentía ella.
Así que llevó sus manos temblorosas a su blusa. Y se esforzó por qué su sonrisa en aquella foto no reflejara lo incómoda o nerviosa que se encontraba. Por no decir aterrada.
En ningún momento, la madre de Morgan se digno a mirarla.
*
Morgan subió a su cuarto corriendo, con su corazón desbocado y su respiración agitada.
Necesitaba salir de ahí.
Era lo único que pasaba por su mente; la idea de que Aydan o Darcy pasarán por aquello para ella era una pesadilla. No lo permitiría.
Haría todo lo que estuviese en sus manos para que su hermanita y su primo jamás sufrieran lo que ella.
Entró en su guardarropa y bajó una maleta de la repisa donde esta se encontraba. Al caer hizo un gran ruido. Pero no se preocupo por ello, o por las cosas que a la vez cayeron.
Con la maleta de mano, corrió a la habitación de Darcy, se metió en su guardarropa y tomó lo primero que encontró de cada cajón. Algunas de las tiaras y uno que otro de los disfraces del Señor Miel. Sobre todo chamarras, hacía un frío infernal por aquella época del año.
Regresó a su habitación sintiendo como todo su cuerpo temblaba y corazón golpeaba contra su pecho. Sabía que si se detenía, sufriría de un ataque de ansiedad. No podía darse ese lujo.
Tanto ella, como Darcy y Aydan necesitaban irse de ahí. Cuanto antes mejor.
Bajó otra de las maletas de mano que tenía en aquella repisa de su guardarropa y corrió al cuarto de Aydan. El muchacho probablemente siguiera en la planta baja. Pero ya tendría tiempo para explicarle.
Del guardarropa del muchacho tomó la ropa que estaba a su alcance, chamarras, sudaderas, chaquetas y sus relojes. Solo Dios sabía cuánto le gustaban a Aydan aquellos relojes, sobre todo aquel que solía ser de su padre.
Entonces regresó al suyo. Tomó otra de las maletas que estaban en aquella repisa. Lanzó las otras dos a una esquina y empezó a guardar ropa en la suya. Dinero. Arrojó la última en la pila. Llevaba suficiente dinero como para que los tres no tuvieran dificultades y pudieran comer mientras ella buscaba un empleo. Llevarían a Percy con ellos y a...
Su plan se desmoronó. Y se quedó mirando las tres maletas.
No podía.
Darcy debería continuar en aquella escuela y sus padres podrían ir por ella cuando les viniera la gana. Aydan pronto iría a la universidad. Y no podía abandonar a su tía Quinn que siempre había estado ahí para ella. Y Diamante...
No podían irse.
Aydan y Darcy eran menores de edad, aquello prácticamente sería un secuestro.
Morgan se dejó caer en el suelo. Llevó sus manos a su rostro y empezó a restregarlo.
Cayden podría ayudarla, pero Imogen seguro no estaría de acuerdo. Ella no comprendería. No era su familia. No para ella. Apenas y la conocía.
En cambio Marisol si lo era. ¿Sería capaz de abandonarla?
A su única amiga.
Las lágrimas llegaron cuando menos lo espero.
Ella ni siquiera había terminado la carrera. El dinero que su abuelo había escondido por la mansión había ido desapareciendo. Culpaba a sus padres de ello, seguramente habrían dado con algunos de los escondites. Era medio millón menos.
Podría vender a Diamante, pero aquello le dolía. El pensar en deshacerse de lo único que su abuelo le había dejado la rompía en pedazos. Si se iba, no podía llevar con ella a su caballo.
Abandonaría al animal.
Dejaría atrás a su única amiga. Y Aydan tendría que abandonar a la chica que había amado desde hacía ya varios años.
Darcy no volvería a ver a sus padres.
Se irían y Cayden no tendría la respuesta a un "¿Por qué?".
Morgan ni siquiera era capaz de pensar en subastar a Diamante para que montara algunas yeguas. Pero sus padres estaban haciendo eso con ella. ¿No?
Su labio inferior empezó a temblar y se permitió llorar en silencio. No podía hacerle eso a Aydan y a Darcy. No quería que ellos sufrieran.
Y realmente no lo hacían, mientras que ella continuara así no habría problema.
Lloró por la libertad a la que estaba renunciando.
Abrazó sus rodillas como su madre no la había abrazado cuando lo necesitó y se quedó ahí, llorando por la vida que estaba dejando ir.