Capítulo: 4

3455 Palabras
Aydan Tremblay intentaba trenzar el cabello de su pequeña prima. Pensaba que después del montón de tutoriales que había visto en internet aquello sería pan comido. Pero no. Sus manos seguían moviéndose en movimientos torpes y poco agraciados. Cuando terminaba era el mismo resultado del intento anterior. —Venga Darcy, deja de moverte— el rubio le había dicho aquello a su prima a manera de pretexto de su falta de talento de estilista. —Así no puedo peinarte— —La única manera en la que lograría moverme menos sería muriendo— se defendió Darcy. —Último intento— No, Aydan no logró trenzar el cabello de Darcy de una manera decente. —¿Necesitas ayuda?— le preguntó Marisol dejando un canasto de ropa sobre el sillón en el cual estaba sentado. —No, solo es que Darcy se mueve mucho— —La señorita Belle dice que cada vez que mentimos enterramos una daga en el corazón nuestras madres— la niña tomó al Señor Miel y lo examinó, —¿Es por eso que mi tía tiene problemas en su corazón?— —Ven Darcy, intentemos algo— Marisol se sentó al lado del rubio y la pequeña rubia se subió al regazo de la castaña. Aydan observó atento el cómo Marisol pasaba sus finos dedos por el cabello de la pequeña. Inclusive se permitía tararear mientras lo hacía. El muchacho intentaba no ser tan obvio y mirar solo a sus manos, pero para ese momento él podría jurar que ella sabía perfectamente sus sentimientos. Cualquiera lo hacía. Cualquiera con media neurona podría ver como él realmente se esforzaba por no sonreír como un tonto al tenerla tan cerca. Si, Aydan estaba enamorado de la hija de la señora de la Cruz, pero no era algo recíproco. O al menos eso lo creía. Cada vez que le preguntaba si quería salir con él, obtenía la misma repetitiva y patética respuesta. No. —¿Te gusta?— Darcy pasó sus pequeñas manos por su cabello trenzado y asintió con efusividad. —Me encanta, muchas gracias señorita Marisol— —Vamos, te prepararé algo rico para la hora del recreo— —¿Pueden ser nuggets?— quiso saber poniéndose de pie. —Mejor algo saludable y en la hora de la comida podremos ver si pedimos alguna hamburguesa de contrabando— Ambas empezaron a caminar en dirección a la cocina, Darcy iba parloteando acerca de lo mucho que le gustaban las patatas con queso amarillo y salsa de tomate, pero no con mayonesa. Nunca con mayonesa. Aydan sonrió entonces. Después subió hasta su habitación, buscó un cambio de ropas y terminó eligiendo una polo negra junto con unos jeans. Entonces cambio esos pants grises y camiseta blanca por el nuevo conjunto. Comprobó el clima en su celular y antes de salir a su habitación se colocó una sudadera roja que tenía sobre la silla de su escritorio. Aquel chico rubio con cabello rizado bajó a la cocina y le dio un rápido vistazo a Marisol, quien estaba encerando el piso. Fingió que la razón por la que estaba ahí era una manzana y después salió. * Odiaba la preparatoria y se sentía bastante estresado estando en aquella clase de física hablando del movimiento rectilíneo uniforme acelerado. No entendía ni un carajo. Ni siquiera llevaba mochila. Sentía la mirada de Emilia Rose demasiado fija sobre él. Aunque fingía que no le incomodaba, pero sentía que no podía ni siquiera moverse. Todos los días era lo mismo. Emilia Rose era una Morgan más joven. Físicamente eran polos opuestos, Emilia era algo más bajita con una tez más bronceada y cabello tintado de color rubio. Pero su personalidad era idéntica a la de su prima y aquello lo ponía histérico. No la soportaba. Pero su familia quería a los padres de Emilia como socios. Eran bastante ricos y los Tremblay pasaban por un momento demasiado difícil. Así que Aydan mentía. Decía que Emilia tenía novio y que prácticamente lo detestaba. Pero ahí estaba ella, mirándolo en cada una de las clases que compartían. —Aydan— alzó un poco la mirada cuando la maestra le llamó desde el frente del salón. Todos se giraron a verlo, —¿Crees que puedas pasar a resolver este problema?— Aydan observó las anotaciones en la pizarra y soltó un resoplido. —No, no creo poder— El salón entero rio. Pero, Aydan no había contado un chiste. — Pasa a resolverlo— Restregó un poco su rostro y se puso de pie. Se mantuvo unos pasos apartado del pizarrón, intentando comprender qué demonios significaban los datos subrayados. Tenían que ser importantes para estarlo. —Esto no sirve para un carajo— dijo apenas audible. —¿Disculpa?— apretó los labios al darse cuenta de que lo había logrado escuchar. —Esta materia para mí es de relleno— se alzó un poco de hombros y después los dejó caer. —Estudiaré medicina, he sido aceptado y juro que no me veo en un futuro calculando el movimiento perpetuo de un paciente— —Aydan ninguna materia es de relleno y todas...— —Serán útiles algún día— el chico resopló. —Nos lo han repetido un millón de veces— —Ve a sentarte— Acató la orden. * —Iremos a Vatroke, ¿Vienes?— le preguntó Sterling. Aydan primero dio un vistazo al reloj de su muñeca. Si sus cálculos no fallaban aún tendría dos horas. —Bien, voy detrás de ti— Aydan entonces camino por el estacionamiento hasta llegar a su jeep, entonces se subió a ella y siguió a Sterling. Aydan y el muchacho eran amigos desde el jardín de niños. Sterling no solía congeniar demasiado con otros chicos a esa edad, ya que muchos de ellos lo juzgaban por su homosexualidad. Pero no Aydan. El chico de piel morena podía contar con un repertorio de cuatro amigos y Aydan era el primero al que acudiría si algo ocurría. Cuando ambos empezaron la preparatoria habían hecho el pacto de entrar a la misma universidad, entonces Aydan tuvo que esforzarse más de lo que jamás lo había hecho. La universidad de Sansa era una con la mayor demanda en el área de medicina. Entonces el rubio hizo sus mejores esfuerzos para entrar. Y ahora que había sido aceptado se permitía bajar la guardia. Pero no lo suficiente como para reprobar las materias. Con pasar le era suficiente. Aydan aparcó su Jeep Wrangler al lado del Audi TT de Sterling. Apenas entró al bar vio como Harley bromeaba junto con el otro chico. Aydan nunca lo había admitido, pero cuando Sterling comenzó a salir con Harley se sintió reemplazado. Fue algo extraño para él. Aydan no era homosexual, pero sí sintió celos cuando estos dos iniciaron su relación. Y no era para menos, Sterling pasaba todo el día con el chico afroamericano; pasaron de verse todos los días después del instituto a verse solo una vez por semana o por mes. Aquello fue un gran golpe para Aydan y es que, el chico solo tenía a Sterling como amigo. Si, hablaba con los amigos de él e inclusive se sentía cómodo saliendo con ellos. Pero no los consideraba cercanos. Cuando los padres de Aydan se divorciaron, quien había estado ahí para apoyarlo fue él. Inclusive las noches en las que los gritos eran demasiados le había permitido quedarse en su casa a dormir, también a jugar videojuegos y ver películas. Los padres de Aydan se divorciaron cuando el chico apenas tenía cinco años. Eso había sido un golpe duro en su infancia. Un trauma que de la escuela solo Sterling conocía. Y no necesitaba que más personas conocieran esa etapa de su vida. —Le decía a Sterling que el viaje en el tiempo es posible— le explicó Harley mientras Aydan tomaba asiento frente a ellos. —Pero obviamente es demasiado trabajo— —¿Quieres hacer una máquina del tiempo?— preguntó Aydan apartándose sus rizos del rostro. —Es demasiado obvio— espetó. —Es la única razón por la cual he entrado a astrofísica— —También es demasiado obvio que yo seré el sustento familiar— interrumpió Sterling. —¡Es una carrera de verdad!— gritó Harley asustando a la mesera que se había acercado a entregarles una cubeta llena de cervezas. La pobre chica tuvo que hacer su mejor esfuerzo por qué estas no cayeran debido al movimiento que había hecho por el susto que Harley y su grito le habían sacado. Aydan se percató de ello y de inmediato se puso de pie a ayudarle. —Gracias— apenas dijo la castaña en un susurro mientras Aydan colocaba las cervezas en la mesa. —No tienes que agradecer— contestó, —¿Tendrás un destapador?— La chica asintió y buscó en su mandil, después se lo extendió a Aydan quien le dio las gracias acompañándolas con una sonrisa. Después ella se retiró. —Tendremos que apartarte de cualquier tipo de empleada femenina— bromeó Harley dándole un trago a su cerveza. —¿Le dijiste?— preguntó Aydan incrédulo. Sterling puso los ojos en blanco. —Me he dado cuenta la vez que fuimos a tu casa a jugar videojuegos— admitió Harley alzándose de hombros. —Te deshacías por el hecho de que Marisa estuviera en tu habitación— —Marisol— le corrigió. —No hablen de esa chica en voz alta— bromeó Tanner quien iba llegando, —O Aydan tendrá una erección— —Muy gracioso— dijo Aydan con amargura. Después le dio un gran trago a su cerveza. —Venga Aydan— insistió Tanner, —Ha sido demasiado obvio tu incidente el otro día que estábamos en tu casa jugando videojuegos— —De eso si no me he dado cuenta— confesó Harley, —La única entrepierna que miró es la de Sterling— —Eres un puto romántico— dijo el moreno con sarcasmo. —Nunca tendría una erección mirando a Marisol— Aydan restregó un poco su rostro antes de continuar, —Creo que sería una falta de...— —Diez billetes a que te la has jalado pensando en ella— le interrumpió Tanner. Entonces con aquellas palabras el color de las mejillas de Aydan se tornó demasiado rojo, delatándolo. —¿Solo diez?— preguntó Sterling. —Quinientos a que lo hace al menos una vez por semana— bromeó Harley. —Siempre he tenido la duda de cómo es que logras hacer tu "ejercicio" sin que te interrumpan— mencionó Tanner. —Siempre hay demasiadas personas en tu casa— —Existen los cerrojos— dijo Aydan. —¿Nunca ha entrado Marisol en medio de...?— Sterling dejó la pregunta al aire. Entonces Aydan le dio un gran trago a su cerveza para contestar aquella pregunta. —Una vez— admitió y el resto de los chicos no pudieron evitar soltar una carcajada. —Madres, ¿Y qué has hecho?— quiso saber Tanner. —Tenía dieciséis y ha sido algo demasiado vergonzoso— admitió Aydan. —¿Qué excusa le has inventado?— preguntó Sterling. —No pude inventar nada por qué vio su foto— los chicos continuaron riendo, —Intente compensarlo, pero todo resultó aún más extraño— —Solo tú, Aydan Tremblay puedes empeorar esa situación— señaló Harley. —Fue Cayden— se defendió el rubio. —Le pedí que me ayudara a comprarle algo y lo hizo. Pero no me dijo que fue. Así que después de una semana, la señora Alana fue a mi habitación a preguntarme el por qué le regalé a su hija un vibrador— —¡No jodas!— exclamó Tanner partiéndose de risa. —Hasta la fecha la señora de la Cruz sigue burlándose de mí cada que puede— admitió Aydan. —Eres un desastre Aydan— sentenció Sterling. Los muchachos continuaron bromeando y bebiendo. Inclusive en un momento se pusieron a jugar a los dardos. Aydan solo bebió dos cervezas y se mantenía dándole uno que otro vistazo a su reloj. Entonces pasadas las dos horas él se despidió y partió en dirección a la mansión Tremblay. Cuando sus padres se divorciaron su abuelo insistió en que fueran a vivir con él. A pesar de lo mucho que George Tremblay le suplicaba a su hija, esta se negaba. "No, no y no" Eran sus palabras. Entonces Quinn se llevó a su hijo a un departamento donde el suelo era de madera vieja y rechinaba demasiado. A sus cinco años el rubio no podía salir a jugar por sus vecinos. Realmente, solo tenía permiso para estar dentro del departamento e ir a la escuela. Quinn procuraba que el niño no saliera por aquella zona. Y es que, con el salario que ella ganaba como asistente de ventas en aquella repostería, para lo único que le alcanzaba era aquella ratonera. El departamento era bastante pequeño, una habitación y un baño. Prácticamente la sala de estar era la cocina y su habitación, también era la de Aydan. Aquella situación no hizo más que empeorar. Pronto Quinn no tenía el dinero suficiente para alimentar a Aydan e inclusive creía que tendría que sacarlo de la escuela. Entonces, a pesar de que no quería, George Tremblay intervino. Con la única condición que fueran a vivir a la mansión. Fue entonces cuando Aydan conoció a la hija de la señora Alana de la Cruz. Y se podría decir que desde entonces Aydan no tuvo ojos para alguien más. Aydan bajó de su jeep y quitó la llave de la puerta de la casa. No entró. Se sentó en los escalones de la entrada y permaneció ahí por unos minutos preguntándose si no habría llegado demasiado tarde. Hasta que divisó el carro n***o que Murphy manejaba. Sabía quién vendría ahí. Solo dos personas requerían del servicio del señor Murphy. Marisol bajó del carro cargando un montón de bolsas con los víveres de la casa. Aydan intentó ocultar la sonrisa que en su rostro se formaba y se acercó a ella con un paso lento e indeciso. —¿Has estado esperando a que llegara?— quiso saber la castaña. —Por supuesto que no— mintió el chico, —Ha sido mera coincidencia— —Siempre es una coincidencia contigo— él le dedicó una pequeña sonrisa mientras de sus manos tomaba las bolsas con los víveres. Todos los lunes intentaba llegar a aquella hora para ayudarla a cargar las bolsas. Casi dos años de coincidencias de acuerdo con Aydan. —¿Qué tal ha ido tu día?— —Como todos los lunes— Marisol le dedicó una sonrisa enorme a Aydan. Y el muchacho intentó que el temblor en sus manos y piernas no se notara. Mentalmente se repetía que se mantuviera tranquilo. —Te abro— apenas y él susurró un "Gracias" a manera de respuesta mientras ella le abría la puerta de servicio que permitía la entrada a la cocina. —La verdad es que en cuanto salí de la escuela fui a comprar víveres— —¿Qué tal han ido las clases hoy?— ella soltó un gran suspiro antes de contestar: —Igual de horribles que siempre— —Pensé que te gustaban las clases— —Me gustan las clases— admitió ella. —Solo no logro llevarme del todo bien con mis compañeros— —Es normal— aseguró —Yo tampoco lo he logrado— —Es distinto— —Por supuesto que no— —Escucha, no quiero sonar como una mal agradecida o algo, pero...— Marisol se preguntó si era prudente que le contara aquello a Aydan. —... Agradezco mucho el fondo de educación que me dejó tu abuelo, de verdad. Pero todos en esa escuela me miran como si yo no perteneciera ahí. Y está bien, sé que tú no comprenderás del todo lo que te diga por qué eres un Tremblay— —Pues, a veces ser un Tremblay no trae consigo todos los beneficios que creerías— —Te apuesto que todos mueren por hablarte— —Creo que me has ofendido— Marisol apenas soltó lo que fue el indicio de una pequeña risa mientras él empezaba a guardar las cosas dentro de la alacena. —Por si no lo has notado mis amistades y las de Morgan son escasas— —Es porque a ustedes les gusta— —De hecho, es porque a veces ser un Tremblay no es tan asombroso como te lo han pintado mis tíos— —Te apuesto que hay un montón de chicas detrás de ti— —La chica que me gusta me ignora y nunca ha aceptado una invitación mía a salir— Marisol captó la indirecta. —Gracias por la ayuda, pero creo que puedo hacerlo sola— —¿Segura que no quieres...?— —Si, muy segura— el chico apretó un poco sus labios y asintió. —Gracias— —Bien— A pesar de que Marisol creyó que Aydan había salido desanimado después de aquella conversación, lo cierto es que él estaba más que feliz. Aquella, por mucho había sido la conversación más larga que habían tenido ambos en años. Él sonreía de oreja a oreja mientras se retiraba a su habitación. Vaya que Marisol lo volvía loco. * Aydan odiaba la clase de física y ni hablar de la tarea que la maestra insistía en asignarles a diario. Tiraba de sus perfectos rizos rubios una y otra vez como si aquello le ayudará a concentrarse. No, en definitiva no era de ayuda. Maldecía una y otra vez sin siquiera ser capaz de comprender una palabra de lo que leía. Finalmente decidió que necesitaba ayuda. Soltó un suspiro permitiéndose rendirse ante la frustración. Sabía que Cayden era un asco en las ciencias y ni loco le pediría ayuda a Imogen. Aquella chica le daba miedo. Entonces creyó que la única persona cuerda a quién podría pedirle aquello sería a Morgan. Tomó sus cosas del escritorio que tenía en su habitación y caminó en dirección de la habitación de su prima. Aydan solía ir a aquel cuarto con mayor frecuencia cuando era un niño, sobre todo las noches de tormenta. Morgan podría parecer alguien sin corazón o una chica bastante cruel, pero en realidad era alguien que se podría definir como "protectora" e inclusive, para sorpresa de muchos "cariñosa". Claro que cuando ella se enojaba Aydan corría en dirección opuesta. A unos cuantos pasos de aquella habitación, el chico se detuvo en seco. Marisol salía de la habitación de su prima con una enorme sonrisa en su rostro y Aydan se sentía incapaz de dar otro paso. Le gustaba su sonrisa, pero ella casi no le sonreía a él. Sin sentirse incapaz de continuar permaneció recargado a aquella pared observando como la chica se alejaba. —¿Qué tanto miras?— Morgan le preguntó aquello abrazando su propio pecho. —Estaba mirando a Mar...— —Marisol— puso los ojos en blanco y sonrió ampliamente. Aydan inclusive se extrañó del suspiro que soltó, como si estuviera aliviada—¿Qué quieres?— —Quería pedirte ayuda con física— —Entra, solo no toques nada— Aydan asintió y entró a la habitación acatando las órdenes de su prima. —Siéntate ahí— Morgan pateó la silla rosa que tenía cerca de su escritorio, tomó la libreta de las manos de Aydan y se dejó caer en su cama. Aydan obedeció y sentó en la silla. —Esto es para idiotas— soltó Morgan riendo. Se removió un poco e hizo una mueca. —¿Te volviste a caer?— —No se han deshecho de las culebras— —¿En qué ibas pensando?— Morgan estuvo a punto de decir algo cuando Marisol entró por la puerta. Aydan se tensó de inmediato y Morgan soltó una gran y sonora carcajada. —Ay, pero que idiota eres— dijo Morgan casi en un susurro, pero claro que él logró escucharla. —El problema— —Ah, claro— Marisol y ella se lanzaban pequeñas sonrisas cómplices mientras la castaña se sentaba al lado de la pelirroja en su cama. —Ey, presta atención— El rubio asintió y Morgan se sentó con las piernas extendidas. Marisol tomó aquel trapo rojo y lo remojó en el balde de agua que desprendía vapor. Lo pasó de mano en mano soplándole un poco y después empezó a sobar una de las piernas de Morgan. Aydan apartó la mirada. —Eso hago— mintió.
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