MIDYAT, MARDIN, TURQUÍA. La cabeza le dolía y hacía mucho frio. No dudaba en que estuviera próxima a tener un resfriado y es que conforme se acercaban a la imponente ciudad el frio solamente aumentó. Todo el mundo llevaba ropa abrigada, inclusive pequeñas mantas de viaje y ella se limitaba demasiado con ese traje incomodo que pensaba quitarse a la primera oportunidad. No pudo dormir demasiado en las primeras horas de viaje, sentía que su cuerpo titiritaba y de no ser por la anciana que fue su compañera de viaje y que la compadeció compartiendo un poco de su cálida manta no habría podido hacerlo. Cuando llegaron a Midyat le agradeció el gesto y la despidió. No era una mujer que hablara demasiado, pero si parecía ser servicial, pues al final le dedicó una sonrisa. No conocía nada de la ci

