Capítulo 14.

1594 Palabras
Voy a mi agencia de autos favorita, un regalo que sé que para Helena sería perfecto. —Señorita Newman —me saluda en encargado de la tienda de Porsche —Me da gusta tenerla de vuelta. Si, es la segunda vez que regalo uno. —Me interesa un Porsche 911 Turbo 2018 —voy al grano, a las 2 tenemos una comida así que quiero entregárselo a esa hora. —Sígame por favor. —voy detrás del hasta que llegamos a los exclusivos. —El rojo. —tomo una decisión rápida, ese color le sentara a la perfección. —Buena elección, a que domicilio lo llevamos. Le entrego un papel con la dirección a donde llevare a comer a Helena. —Por favor, que este a las 2 en punto. —sonrió con una paz en mi ser, sé que este regalo le encantara. Regreso a la oficina a la 1:25 de la tarde, conmigo traigo una bolsa de Apple. —Ten. —extiendo la bolsa hacia Helena. —¿Qué es esto? —pregunta curiosa. —Bueno, necesitas una Tablet. —No puedo aceptarlo. —Si te digo que es una herramienta de trabajo que la empresa te entrega ¿la aceptas? —Si —sonríe nerviosa. —Entonces Helena se te entrega una herramienta de trabajo a nombre de Viñedos Newman. Sin más que decir entro a la oficina y ella viene detrás de mí. —Me pidieron los de costos que a más tardar mañana querían los presupuestos ya que se acerca su cierre de mes y necesitan saber que números moverán. —Gracias, por cierto, en 30 minutos salimos. —Si, envió unos correos con la programación de limpieza en las oficinas y estoy lista. Ella se retira a su escritorio mientras yo me pierdo en mis pensamientos. ¿Por qué no te conocí antes? Pero bueno, todo llega en el momento indicado a las vidas de las personas. Mi celular suena antes de salir con Helena. Llamada entrante de Dalia. Tendré que contestar esta llamada, aunque no quiera. —Diga. —me limito a contestar. —Colibrí, no sabes cómo anhelo que llegue el fin de semana. —Si para eso son tus llamadas por favor evita hacerlas. —Que genio —bufa —pero bueno la verdadera razón es ¿Para quién es el Porsche que compraste? Se que esos carros no son muy tu estilo. —¿Cómo sabes que compre un Porsche? —No solo tú tienes contactos que investigan a las personas. —Sabes que, tengo cosas importantes que hacer. —cuelgo la llamada y guardo mi celular en mi bolso. Cuando cruzo la puerta de mi oficina, Helena ya espera por mí. —¿Lista? Ella asiente. Tomamos el elevador, bajamos al estacionamiento. —¿Nuevo modelo? —pregunta sorprendida. —Si, es la segunda vez que sale del garaje. Subimos al auto, tomo carretera hasta llegar a un lujoso restaurante, ella comento que quería algo sencillo, era más que obvio que no le haría caso. —Llegamos —anuncio estacionándome enfrente del gran restaurante francés. Bajamos al mismo tiempo, cruzamos la avenida. —Buenas tardes ladies. —No tengo reservación —inmediatamente informo. —Síganme por favor. Caminamos detrás de él, solicito algo exclusivo por lo que nos llevan al segundo piso donde se aprecia más privacidad y mejor vista de la ciudad. —En un momento vienen a tomar su orden. —dice mientras nos entrega las cartas donde viene el menú. —Courtney, yo invitaba —en voz baja comenta Helena. —Si, sin embargo, yo pagaba ¿cierto? —tomo su mano y acaricio sus nudillos —no te preocupes, en serio me da gusto que tu tomaras la iniciativa de invitarme a comer. Su sonrisa alegra mi corazón, aunque ella no lo sepa por completo. Revisamos el menú, yo ya tengo decidido que quiero, pero estoy haciendo tiempo en lo que ella decide que comer. —¿Courtney Newman? —una voz un poco familiar se escucha a mis espaldas. Giro y una de mis tantas pesadillas en la vida esta parada junto a su acompañante. —Señor Mcqualid, que gusto verlo. —me levanto para saludarlo. Él es dueño de mi competencia en la venta de vinos. —Mírate nada más, has cambiado mucho desde la última vez que nos vimos. —Sigo siendo la misma. —Mira ella es mi esposa —guiña un ojo hacia mi —Megan. Esta es como la décima mujer que le veo en menos de 2 años. —Mucho gusto Megan. —Es gusto es todo mío, espero ganes esa nominación. —Muchas gracias, también espero lo mismo. —sonrió. —Y ella ¿Quién es? No salgas con que es tu pareja. —el anciano hace ese comentario algo que me llena de rabia, porque, si es bien visto tener muchas mujeres, pero no ser lesbiana. —Ella es Helena Peyton, mi asistente. —De verdad que eres muy amable Courtney, darle de comer a tus empleados, eso es bueno de tu parte. —su egocéntrica voz me estalla por completo, pero debo ser respetuosa. —Bueno señor Mcqualid, que tenga una excelente tarde. —doy por terminada la conversación y vuelvo a mi asiento con Helena. Ella tiene la cabeza escondida con la carta. —Oye —muevo el menú, pero sus ojos están llenos de lágrimas —no. —tomo su mano y la llevo conmigo al tocador. —No quiero que pases por esto —su voz sollozando me derrumba —es decir, yo nunca encajaría. —Shh —pozo mi índice en sus labios —no digas eso, no debes dejar que comentarios como esos te hagan sentir menos, ese señor así es. —Ci —abrevia mi nombre —gracias. —me toma por la nuca con ambas manos y sella sus labios con los míos. El aire de que la puerta del tocador se ha abierto nos pone alertas demasiado tarde. —Vaya, vaya —una mujer joven está detrás de nosotras con los brazos cruzados —así que tu asistente. —Megan, por favor. —Espera —entre cierra los ojos para obsérvanos —les prometo no decir nada, pero tienen que ser menos obvias. —Aun no es oficial, solo por favor no digas nada. —Lo prometo, pero aprovecho para que mi silencio sea guardado a cambio de un pequeño favor. —Claro el que quieras —pongo mi atención a ella. —Necesito que me digas el nombre verdadero de la esposa de Mcqualid, sé que no soy la primero ni segunda. —Bueno ella se llama Bridget Harper y ahora está en Londres. —Lo sabía, es increíble como un hombre puede estar en contra del amor entre dos personas del mismo sexo —nos señala —y no en mentirle a muchas mujeres para que sean su esposa. —Así es el —finalizo. —Bueno, disfruten de su comida, ahora mismo hare un escándalo para irnos y que puedan disfrutar de su comida. Ambas agradecemos. Salimos del tocador y caminamos hasta la mesa, tal y como lo prometió Megan hace un escándalo por que está muy helado el área que les toco. Sonreímos en complicidad cuando se retiran. —¿Ya sabes que ordenar? —pregunto dejando el menú en la mesa. —Si. Alzo mi mano para que un mesero nos tome la orden. Yo escojo de entrada soupe à l’ognion y ella me hace segunda pidiendo lo mismo, para el plato fuerte escogemos Confit de pato y de postre Crème brûlée. En lo que esperamos por nuestra comida, suena mi teléfono. —Dame un segundo —pido a Helena mientras me levanto de mi asiento. Es el encargado de la agencia de autos llama para decirme que el tráfico se ha demorado, pero que en 40 minutos están aquí. Bueno, el regalo será después de la comida. Pienso. —Gracias —agradece Helena cuando nos sirven la entrada. —Disculpe, no pregunte que bebida quieren. —Puedes traernos el vino de la casa. —pido. Degustamos nuestra entrada que a decir verdad sabe a gloria, cuando el chico regresa con la botella sirve dos copas a la mitad. Cuando terminamos con el postre ambas nos miramos satisfechas. —¿Entonces? —La comida francesa será mi favorita desde hoy —sonríe alegre Helena. —Bueno debemos irnos, tenemos más cosas por hacer. Pido la cuenta, dejo 1000 dólares sobre la mesa calculando que puedo dejar 300 dólares de propina. —Eres muy generosa. —comenta Helena mientras roza una de sus manos por mi muñeca. Agradecemos a nuestro paso hasta llegar a la salida. —Espera —me pongo detrás de ella y cierro sus ojos poniendo mis manos en ellos —cuando cuente tres quitare mis manos y abrirás tus ojos. —¿Por qué? —con voz nerviosa pregunta. Le indico que de unos pasos al frente, quito mis manos y cuento hasta tres. Ella abre sus ojos sin entender el contexto de la escena donde es obvio que el carro que está enfrente de ella es para ella. —¿Qué es esto? —pregunta confundida. —Es tuyo. —comparto emocionada. —Que —da un paso hacia atrás —no puedo aceptar eso. —comenta mientras se va corriendo. —Espera. —trato de detenerla, pero unos metros adelante veo como se sube a un taxi y se marcha. Yo por mi parte me quedo sorprendida sin entender su reacción.
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