Me quedo pasmada, esos tres enormes lobos podrían acabarme en segundos sin dejar rastro alguno de mi existencia. Mi instinto me obliga a quedarme lo más quieta posible para evitar llamar su atención. No puedo evitar temblar un poco, ¿qué tal si esto no es un sueño? ¿Qué tal si de verdad mi vida está corriendo peligro en este momento? Por más irreal que se vea esta situación sé que lo mejor para mi es no tomarla más como un sueño y así evitar peligro.
Frente a nosotros están, un lobo de pelaje color azabache y de rabiosos ojos negros el cual tiene el olor más intenso que el resto de los lobos, tan fuerte que siento mi nariz picar cada vez que lo olfateo. Su energía me obliga a doblegarme y mantener mi vista baja. Él está acompañado de otros dos lobos uno marrón claro y otro plateado con manchas blancas en su espalda las cuales lo hacen lucir como si un bote de pintura le hubiera caído encima. Sus tamaños son un poco más bajo comparados con el lobo n***o. Los tres me observan con una mezcla de curiosidad y odio la cual me retuerce el estómago.
Mi instinto me dice que el lobo n***o es el que dirige el grupo, su pesada energía y comportamiento autoritario con el resto de los lobos lo confirma.
Me llegan varias voces a la cabeza, pero no logro entender ninguna, solo permanezco en silencio mirando con atención las posiciones que cada lobo toma intentando prevenir cualquier posibilidad de que me ataquen. Intento no mantener mi mirada fija por mucho tiempo en uno de ellos ya que podrían considerarlo amenaza.
Mi mente me obliga a concentrarme en la conversación que se lleva a cabo en mi mente. Al parecer no estoy loca y esta es su forma de comunicación:
-«Sabes que no tenemos tiempo para recién llegados»- dice una voz demasiado gruesa la cual da escalofríos.
-«¿Entonces la matarás?»- reconozco esa voz, es la del lobo dorado. Suena preocupado y lo observó dar un paso hacia atrás acercándose más a mí.
- «No creo que sea buena idea. Necesitamos más de nosotros, para proteger el territorio y la supervivencia del clan». - dice el lobo gris con manchas blancas, al decirlo baja sus orejas y su vista en señal de sumisión.
- «No hay tiempo, tenemos muchas cosas de las que preocuparnos. Es invierno, hay pocas presas y muchos de nosotros a los que alimentar»-vuelve a resonar esa atemorizante voz y mis pelos se ponen de punta. - «Noah, tú lo harás.»- añade gruñendo con rabia hacia mí.
No hace falta ser muy listo para saber a qué se refiere. No me quiere con vida.
Me sacudo tratando de sacar esas voces de mi cabeza y mis patas responden por si solas cundo comienzo a correr desbocada por el bosque. Por ahora huir me parece la mejor opción de todas ya que no puedo enfrentarlos.
Mis patas recuerdan el camino a casa y mi nariz me guía por donde dejé un rastro. Me sorprende como la adrenalina que tengo ahora me permite moverme con agilidad y rapidez, probablemente logre perderlos. Mi corazón late tan rápido que puedo escuchar la fuerza de mi pulso.
Estoy cerca de llegar a mi casa cuando algo salta sobre mi sacándome de mi camino. Ruedo por la nieve y me golpeo la espalda con una roca, me incorporo adolorida, pero por suerte no me he roto nada. Inmediatamente mi cuerpo se pone en posición de ataque y siento la adrenalina quemar cada parte de mi cuerpo.
Mi nariz me avisa que solo hay un lobo cerca de mí y rápidamente distingo a el lobo dorado caminando hacia mí.
Me alivia saber que solo tengo un contrincante y qué hay algo de posibilidades de que lo gane.
Lo amenazo con mis colmillos para que no acerque más a mí, pero él lo ignora por lo que salto directamente hacia él y le muerdo el cuello tomándolo por desprevenido, su pelo es demasiado abundante y no me deja tocarle la piel ni lastimarle pero si logro hacerle caer.
Aprovecho esa oportunidad para correr lo más rápido que mis patas lo permiten.
Solo debo llegar a mi casa para estar segura de que sobreviviré.
«Despierta, despierta, despierta» pienso repetidamente, creando un nuevo mantra «Esto no es real, despierta ¡ya!», a unos pocos metros de mi casa caigo inesperadamente al suelo y el frío de la nieve hace que me duelan los huesos. Mi cuerpo cambió, ya no siento el caliente abrigo que llevaba como pelaje, mis músculos volvieron a ser los de antes, soy de nuevo humana.
Me doy cuenta de que estoy completamente desnuda y me aterro al notar que si el lobo sigue cerca mi versión humana no será suficiente para defenderme. Mi cuerpo tiembla con fuerza lo cual me hace difícil correr hacia la puerta trasera de mi casa la cual sigue destrozada, tal y como la deje al salir de casa. Cuando por fin llego siento que por fin puedo respirar y antes de entrar me volteo a observar si alguien me sigue. Recuerdo que en el resto del trayecto no escuché más pisadas hacia mí, seguramente logré perder al lobo.
Mis dedos tocan la fría puerta de madera con alivio de que esto por fin ha terminado, cuando la empujo escucho una voz humana masculina detrás mío:
- Fue un buen golpe el que me diste. - me sobresalto y cuando volteo encuentro a un alto
chico de despeinado cabello dorado muy cerca de mí. Nunca lo había visto y siento el miedo recorrer mi cuerpo.
-¿Qué?- balbuceo quedándome pasmada frente a él.
Todos los recuerdos de la noche comienzan a mezclarse y confundirse en mi mente. Seguramente todo lo que viví fueron alucinaciones, tal vez este tipo encontró la forma de entrar a mi casa cuando estuve sola y me drogó, eso explicaría todo.
Pero una pequeña voz en mi mente me dice que no fue así.
Algunas lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas al no tener idea de lo que está pasando.
-¿Cómo me encontraste?- pregunto con la vista fija en el suelo mientras un montón de teorías de lo qué pasó inundan mi cabeza. Estaba segura de que cuando llegue a casa estaba sola, de que sea lo que sea que me persiguió en ese bosque había logrado perderlo.
- El olor de la adrenalina es muy fuerte.- responde él frunciendo la nariz como si quisiera olvidar ese olor.- Es como a cobre, podrían olerlo a varios metros de aquí.
Se acerca y peina un mechón de cabello detrás de mí oreja.
-Tu...¿me drogaste? ¿Me hiciste algún daño?- pregunto viéndolo a los ojos. Él niega con la cabeza y por la forma tierna y preocupada en la que sus ojos me ven sé que dice la verdad. Además presentía ya saberlo antes de preguntárselo.
-¿Entonces qué me pasó?- pregunto con tristeza al no entender nada y sentirme como una loca.
-Estás helada. - añade mientras seca algunas de mis lágrimas. -Deberíamos entrar y buscar algo de ropa.
Asiento. Es extraño, sé que acabo de conocerlo y esto puede resultar siendo algo muy peligroso, pero a la vez parece ser la única persona con respuestas. Además de que presiento que puedo confiar en él, si él quisiera matarme como lo mandaron a hacerlo sin duda ya lo habría hecho, y sin dejar de lado que algo en su energía me parece familiar.
No siento vergüenza en qué manos estemos sin ropa, me siento tan abrumada por todo lo qué pasó que mi mente siempre ignoró ese detalle, y él parece estar tan preocupado que también lo ignora.
Empujo la destrozada puerta de la casa y entro en sigilo. La puerta destrozada es un constante recuerdo de que lo que viví no fue solo un sueño.
Encuentro las batas de dormir de mi familia colgadas junto a la puerta, el chico toma una al azar y me la pasa para después colocarse él otra. Una vez que me visto con ella mi piel se estremece por el calor de la lana. No había notado cuánto frío tenía hasta este momento.
Caminamos en silencio hacia la sala y miro a mi alrededor con un punzante dolor en el pecho. Mi casa me es irreconocible al estar completamente desordenada, como si un huracán se hubiera abierto paso en mi hogar. El chico se queda detrás mío con una expresión de tristeza como si estar frente a esto no lo sorprendiera.
Mi corazón vuelve a saltar en mi pecho y no dejo de preguntarme qué pasó aquí.
-¡Mamá!- grito de inmediato pero no recibo respuesta.-¡Amy! ¡Thomas!.
No dejo de llamarlos mientras corro hacia la cocina, los gabinetes de las encimeras están abiertas, todo está hecho un desastre: comida por todo el suelo, agua en el piso, las sillas volcadas.
Ese escenario me espeluzna y me hace pensar en lo peor, los lobos los atacaron. Seguramente me rastrearon y vinieron aquí mientras yo seguía en el bosque.
-¡¿Qué les hicieron?!- le grito al chico con desesperación. Él intenta tomarme del brazo, pero lo rechazo. Subo las escaleras lo más rápido que puedo hasta quedarme sin aliento, entro a todas las habitaciones, pero no hay rastro alguno de mi familia en ellos. Faltan varias decoraciones, especialmente las fotografías de la familia que decoraban las paredes, hay poca ropa de ellos en sus armarios, varias pertenencias han desaparecido.
-¡Mamá!- la vuelvo a llamar pero ya sé que no están aquí y que no me responderán.
Algo les sucedió, algo terrible pasó aquí en mi ausencia.
Derrotada, caigo al suelo y lloro como nunca he llorado, mis lágrimas han formado un pequeño charco en el piso que cada vez se va agrandando, golpeo el suelo con toda mi ira hasta no sentir mis puños. ¿Cómo pude dejar que esto pasara? Definitivamente es mi culpa.
Escucho que alguien sube lentamente las gradas y se detiene junto a mí.
-Vete- digo entre lágrimas. - No te acerques. - añado viéndolo con toda la ira que llevo dentro para amenazarlo.
Él se sienta a mi lado y lleva su mano a mi espalda acariciándola. Mis músculos se relajan un poco al sentir su tacto y de nuevo me estremezco.
-No me toques. - le digo esquivándolo ya que esa sensación de cosquilleos comienza a agotarme.
- Escucha, lo que paso esta mañana fue real, eres un....- suspira.- Un lobo.- Sus palabras quedan como un eco en mi cabeza y me hacen llorar más.- Tu familia está bien, nadie los atacó, nadie sabía que ellos vivían aquí. Lo mejor para ellos era irse. - Mi respiración se estabiliza, tiene razón.
Quién sabe que podría pasarles si por mí llegaran a tener contacto con este extraño mundo. Entiendo el por qué es mejor que mi familia me haya abandonado, los podría atacar o matarlos tal y como lo hice con la liebre. En algún momento perdería el control cerca de ellos y los lastimaría, u otro lobo podría hacerlo.
No es bueno que las personas que más quiero estén cerca de un monstruo.
-¿Cómo sabes de todo esto?.- le pregunto con un nudo en mi garganta.
-Pasé por lo mismo que tú.- dice con un tono apagado.- La diferencia es que yo estuve completamente solo.
-Yo no tengo a nadie.- digo con amargura.
-Estaré contigo.- responde.- Te enseñaré todo lo necesario.- Una vez que me siento lo suficientemente calmada lo abrazo con fuerza, necesitaba mucho este tipo de contacto. Él lo corresponde envolviéndome entre sus brazos y acariciando mi cabello. Siento un extraño cosquilleo al estar cerca de él, como si pudiera presentir qué todo va estar bien.
Supongo que lo estaré, al fin y al cabo, no siento incomodidad al estar en su compañía aún cuando no lo conozco del todo. La energía que me transmite es de calma y eso me ayuda a comenzar a confiar en él, es lo mejor que puedo hacer.
-Pensé que ibas a matarme. - confieso con mi rostro escondido en su pecho. Siento su cuerpo moverse cuando le causa risa mis palabras.
-Ellos querían que lo haga.- Responde con sinceridad, sin dejar de abrazarme.
-¿Y qué harás?.- pregunto con incertidumbre.
-Los dejaré.- sonríe.
Tengo tantas preguntas que me quedan por hacerle, pero ahora me siento demasiado cansada. Un agudo dolor comienza a invadir lentamente mi cuerpo como las raíces de una planta invaden la tierra. Hasta qué de un momento a otro se vuelve profundo e insoportable.