La Llama del Enfrentamiento La tensión en el ambiente era casi palpable. Emma no había dormido en toda la noche, con los nervios crispados mientras vigilaba a Alexander, que aún no despertaba. Cada segundo que pasaba parecía una eternidad, y la preocupación la consumía por dentro. Sergei había salido en busca de un médico, pero hasta ahora no había regresado. Los primeros rayos de sol comenzaron a filtrarse por las cortinas, cuando de repente, un suspiro bajo interrumpió el silencio. Emma levantó la cabeza de inmediato, mirando a Alexander. Sus ojos se entreabrían lentamente, luchando por enfocar la vista. —Alexander... —Emma susurró, acercándose con una mezcla de alivio y miedo. Él parpadeó varias veces antes de fijar la mirada en ella, y aunque su expresión era débil, la chispa de su

