bc

Nuestro pasado

book_age18+
832
SEGUIR
7.4K
LEER
HE
drama
ciudad
like
intro-logo
Descripción

Luego de la muerte de su padre, Lena Nygard, debe hacerse cargo de los negocios familiares. En los trámites del funeral, conoce a Alvar Solberg, el apuesto y joven abogado de su padre, un rubio tatuado, de ojos color violetas y mirada penetrante.

Lena se enamorará perdidamente de él y juntos vivirán un romance intenso y fugaz, porque el pasado de Alvar tocará a su puerta y se hará presente.

¿Lena y Alvar podrán ser felices juntos? Solo el destino lo decidirá.

chap-preview
Vista previa gratis
CAPÍTULO 1 — Dios griego
Si me hubiesen dicho que el día en que iba a cumplir treinta años, iba a ser el día más triste de mi vida, jamás le hubiese creído a la persona que me lo dijera y la hubiese tratado de loca. Ver a papá muerto había sido un episodio difícil, pero tuve que ser fuerte en aquel momento, porque él me había encomendado una tarea muy importante, manejar su empresa y continuar con su legado. En ese momento, producto del duelo y la tristeza, me apegué mucho a Alvar Solberg. En aquel entonces, él era el abogado de papá. Veía todos sus asuntos privados y cuando mi padre falleció, pasó a ser mí abogado personal. —Lena, recuerda que tienes una reunión dentro de cinco minutos— me recordó Albena interrumpiendo mis pensamientos. La miré, suspiré y le contesté sin ánimo. —Sí, lo tengo presente. Gracias— cerré la página de internet que estaba viendo, tratando de buscar un viaje a alguna parte del mundo para poder descansar y desconectarme. Necesitaba viajar con urgencia. Cuando llegué a la sala de reuniones, Erik Solberg me estaba esperando sonriente. Desde que papá había muerto hace tres meses, él se había transformado en una figura paterna muy potente en mi vida. Y aunque Alvar Solberg era su hijo y trabajaba en la empresa también, nunca dejamos que la distancia entre Alvar y yo afectara la relación de casi padre e hija que teníamos con Erik. —Lena, hija, te fui a buscar a tu oficina anoche y ya no estabas. No alcancé a despedirme de ti— me dijo Erik dándome un beso en la mejilla y abrazándome. —Lo siento, Erik. Estaba muy cansada y… — ¿Ya podemos empezar con la reunión? — preguntó Alvar serio y con una ceja levantada cuando entró a la sala de reuniones —Luego de la reunión pueden conversar de sus vidas— caminó hacia la silla que siempre ocupaba y se sentó ahí abriendo su agenda y tomando su lápiz. Su actitud había cambiado desde hace un mes, desde que había vuelto su novia a la ciudad. Cada día me preguntaba ¿si no estaba siendo feliz con la mujer, para qué seguía con ella? Esa chica lo había vuelto un amargado. Estuve dos meses con Alvar y al tercero, ya era otra persona distinta. — ¡Vaya! Alguien despertó de malas— le contesté de brazos cruzados. Justo en ese momento, comenzaron a llegar los jefes de las otras áreas de la empresa y no pudimos seguir lanzándonos palabras pesadas. Él me miró enojado hasta que me senté en mi silla y di comienzo a la reunión. Alvar era un jodido dios griego. Rubio, alto y musculoso, de piel blanca y tatuado de una forma demasiado sexy. Su sonrisa iluminaba todo a su alrededor y aunque había alcanzado a disfrutarla por un tiempo muy corto, había iluminado mi vida como nunca y me sentía afortunada por eso. —Lena, me parece muy bien lo que nos propones. Creo que Alvar nos puede ayudar con la parte legal— me dijo el jefe del área de comunicaciones —No queremos que la información se malinterprete y que nuestros clientes se vean afectados. Alvar ¿te parece bien? —Sí, claro. Lo que necesiten. Lena, puedes ir a mi oficina después de la reunión— me dijo Alvar. Detestaba estar a solas con él, pero esto era por trabajo y debía hacerlo. —Claro. Iré apenas terminemos la reunión— contesté mirando a todos los presentes, para evitar mirarlo solo a él. Alvar era hermoso y perfecto. Sus trajes hechos a la medida le daban un porte y una elegancia digna de envidiar. En la empresa era un hombre serio y ocupado, pero fuera de ella, era un tipo normal, conversador y muy risueño. Cuando me había dado cuenta de lo perdidamente enamorada que estaba de él, ya era demasiado tarde para retroceder y decirle a mi corazón y a mi mente que se olvidaran de Alvar. ¿Cómo no me iba a enamorar de él, si era tan perfecto? Me cuidó, se preocupó de mí, me mimó y me consintió en todo cuando lo necesité. Fue muy protector conmigo, como si yo fuera un pedazo de cerámica que en cualquier momento se fuera a caer al suelo y a romper. El corto tiempo que viví con él, fue una experiencia muy hermosa. Lástima que su pasado volviera a la ciudad para arruinarlo todo. Cuando la reunión terminó, comencé a ponerme muy nerviosa. Debía trabajar por un rato junto a él y eso me aceleraba el corazón demasiado. Llevábamos un mes sin hablarnos, salvo para cosas puntuales del trabajo. Yo seguía enamorada de él. Siempre iba a ser él. No quería que fuera nadie más, él había sido el primero en todo y eso me había generado una especie de dependencia. Sabía que estaba mal y que debía alejarme, pero no podía hacerlo aún. —Te espero en mi oficina— me dijo serio antes de salir de la sala de reuniones. No fui capaz de responderle y solo asentí. Si lo hubiese hecho, mi voz hubiese sonado extraña debido al nerviosismo. Esperé a que todos se fueran, mientras estaba sentada en la silla de la enorme mesa de reuniones. Debía armarme de valor e ir a su oficina. Solo iba a ser trabajo, nada más. Debía mentalizarme y hacer el trabajo en el menor tiempo posible. Después de todo, solo debíamos ver unos aspectos legales sobre un proyecto que quería poner en marcha a nivel interno en la empresa. No era nada del otro mundo ni que requiriera muchas horas de trabajo junto a él. Así que, cuando todos se fueron de la sala de reuniones, respiré hondo, me armé de valor y me levanté de la silla decidida a ir a su oficina a trabajar. —Solo es trabajo, Lena. Olvida todo lo demás y has tu trabajo rápido— me dije antes de salir de la sala de reuniones. Cuando llegué a su oficina, él estaba hablando por teléfono, mientras miraba por el ventanal y daba la espalda hacia la puerta. Se veía sensual en la pose que estaba. —Está bien, pasaré por ti a las siete para que vayamos a cenar— le decía a la otra persona a través de su teléfono. De seguro estaba hablando con ella. Me sentí tan triste en ese momento, recién había pasado un mes desde que habíamos dejado de estar juntos. Detestaba amarlo aún —Te amo, adiós— dijo antes de cortar la llamada. Escuchar decirle eso a otra mujer, había sido algo muy difícil —Lena, adelante— me dijo cuando se dio vuelta y me vio parada en el umbral de la puerta de vidrio de su oficina. —Si estás ocupado, puedo venir después. O quizá otro día, no hay apuro con esto— le contesté tratando de zafarme del trabajo que necesitaba hacer con él. —No te preocupes, no estoy ocupado. Por favor, siéntate— me indicó con su mano que me sentara en la silla que estaba al frente de él. Respiré hondo y caminé hacia ella. —Bueno, esto será breve y no creo que nos demoremos más de una hora quizá y… —Detente— me interrumpió de repente — ¿Estás apurada? ¿Tienes otra reunión? —No— le contesté confundida. — ¿Tienes que ver a alguien? ¿Por qué estás tan apurada? — me preguntó enojado. No entendía nada. —No estoy apurada, Alvar. Simplemente no te quiero quitar mucho tiempo. —No me estás quitando nada. Ya te dije que no estoy ocupado. ¿Acaso no quieres trabajar conmigo? ¿Te molesta mi presencia? — ¡Ey! ¡Detente ahí! — lo paré en seco. No entendía su actitud —¿Qué te sucede? Insisto, si no quieres hacer esto o si te estoy quitando tiempo, puedo venir otro día. — ¡No! Solo te preguntaba, porque te vi muy apurada. —No lo estoy. Mira, esto se está volviendo absurdo. Comencemos de una vez— le dije negando con la cabeza enojada. No quería estar más en su oficina, mucho menos cerca de él. Abrí mi agenda y comencé a decirle todo lo que necesitaba de él en cuanto a su asesoría legal. De los cuarenta minutos que estuvimos conversando, solo lo miré unas cuatro veces. No podía sostenerle la mirada, esa mirada que me cobijó en mis días malos. Sus ojos de color violetas ahora miraban a otra cada noche y eso me dolía en el alma. —No me has mirado en ningún momento— me interrumpió de repente. Me detuve en seco, pero sin mirarlo. No lo quería ver a los ojos, porque en cualquier momento me iba a derrumbar. —Necesito que revises estos aspectos legales y que… —Mírame— pidió volviéndome a interrumpir. Me quedé callada mirando mi agenda. ¿Qué le podía decir? ¿Qué lo amaba locamente y que, si por mí fuera, me lo llevaba a la isla de por vida? Eso él ya lo sabía. Sabía que lo amaba con locura. Lo que no sabía, era si él aún me amaba. Levanté la vista y esos ojos violetas penetrantes me observaron con tristeza. —Por favor, continuemos, Alvar— le pedí. Detallé su rostro perfecto, pero triste y me dejó peor de lo que ya me sentía, y no pude evitar preguntar — ¿Por qué te ves triste? — él bajó su mirada. — ¿Aún me amas, Lena? — me preguntó. Volvió a mirarme y pude notar un rastro de esperanza en su mirada. No podía mentirle, pero quería hacerlo, porque solo había pasado un mes desde que su pasado nos había separado. ¿Cómo no lo iba a amar aun, si el recuerdo de sus caricias seguía fresco en mi mente? — ¿De qué serviría mi respuesta? Si tu ya tomaste una decisión— Alvar me iba a contestar, pero fuimos interrumpidos por el sonido de mi teléfono. Era Narcisa Solberg, la prima de Alvar. Con ella nos habíamos vuelto muy amigas en los últimos dos meses. Aprender a conocerla, a aceptarla con sus locuras y disparates, había sido todo un reto para mí, porque no entendía mucho de relaciones personales ni de dinámicas sociales. Pero ella se había ganado un lugar muy importante en mi corazón y yo en el de ella —Hola, cariño. —Bebé, estoy llegando a tu empresa para que tomemos un café. —Estoy en una reunión— le contesté tímidamente. —Me imagino con quién estás— me respondió molesta —Dile que esto es importante. Supongo que no hayas la hora de salir de ahí. —Qué comes que adivinas— le dije. Realmente quería salir de su oficina —Dame diez minutos y nos vemos en mi oficina. —Estás en una reunión conmigo— me interrumpió Alvar enojado. — ¿Es Alvar? ¡Idiota petulante! — gritó por el teléfono Narcisa y me tuve que alejar el aparato de la oreja evitando reírme. — ¿Es Narcisa? Hija de… ¡Cállate, pendeja! — le gritó él, porque había escuchado lo que ella gritó. —Narcisa, en diez minutos te veo. Besos— le corté la llamada y evité reírme, porque cada vez que ellos peleaban como niños chicos, me reía en sus caras. Pero ya no éramos ese par de amigos que lo compartíamos todo. —Esos besos me los enviabas a mí— lo miré sorprendida. No podía creer que me dijera eso. — ¡Vaya! Fuiste tú quien no los quiso recibir más. Así que, déjate de tonterías y terminemos esta reunión lo más rápido posible— que me dijera eso, me había molestado. Había sido él quien había terminado todo entre nosotros dos. No tenía derecho a reprocharme nada. Continué hablando sobre el tema de la reunión lo más rápido que pude, porque ya no estaba cómoda ahí. Ese sentimiento de tristeza había cambiado por uno de rabia. Tenía rabia con él. Después de todo lo que le había entregado de mí, él me había desechado como un papel sucio que se tiraba a la basura, olvidándose de todo lo que habíamos vivido, todo por un trasero nuevo. Yo no merecía sentirme así, triste y sola, porque no había hecho nada malo. No merecía andar llorando por los pasillos y en ese momento decidí que, al menos ese día, no quería sentirme de esa manera. Así que, cuando terminé de darle todas las indicaciones de lo que necesitaba del departamento legal, me puse de pie y finalicé la reunión. —Espero que te haya quedado claro todo lo que necesito de tu departamento. Cualquier duda o consulta que tengas, me envías un correo con copia a Albena. Como ya te dije, tienes un plazo de cinco días para presentarme tu propuesta. Gracias por tu ayuda, Alvar. Que tengas un buen día— le dije seria. Me di la vuelta y me marché de su oficina sin dejarlo hablar. Cuando llegué a mi oficina en busca de Narcisa, me sentía extrañamente bien. Como si haberme empoderado, solo un poquito, me hubiese despejado la mente y hubiese borrado la tristeza, al menos, por ese día. Así que, saludé a Narcisa contenta y nos fuimos por un café, a una cafetería que había cerca de la empresa. Me encantaba estar con esta chica, siempre teníamos algún tema de conversación, sobre todo de mi antigua vida, cuando a Narcisa le entraba la curiosidad y me interrogaba. Terminábamos riéndonos de cualquier cosa. A veces sentía que ella era mi mejor terapia, que su amistad era el mejor remedio para mi soledad. Ella tenía muchos amigos y conocidos, pero siempre me decía que ninguno era como yo. Que yo había sido su mejor descubrimiento en el ámbito de la amistad y que jamás en la vida se iba a separar de mí. Vivía preocupada de mí y yo de ella, y no tenía nada que ver con algo romántico, era más bien, una amistad que las dos estábamos esperando en la vida.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
55.6K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
102.0K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.0K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.8K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K
bc

Profesor Roberts

read
1.7M

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook