Al día siguiente, desperté muy cansada. Recién era mitad de semana, pero me sentía a morir. Estaba demasiado cansada y cuando sonó el despertador de mi teléfono, el sueño no me dejaba abrir los ojos por completo, para agarrarlo y detener el maldito sonido. —Estás trabajando demasiado, Lena— me dijo Alvar, cuando pasó por encima de mí para tomar mi teléfono y detener el despertador. —Debo hacerlo y aprender todo en menos de dos meses— le respondí adormilada aún. Alvar se quedó sobre mí, abrazándome fuerte y escondiendo su rostro en mi cuello. Lo abracé y comencé a quedarme dormida de nuevo. —No te duermas, preciosa— me dijo adormilado. —Ajá— le respondí de la misma forma. Sabía que debía levantarme, pero no podía con mi cuerpo. —Lena… despierta— Alvar comenzó a darme besos en el cuello

