Si la vida hizo algo al colocarme a las personas en esta, fue hacerme entender dos cosas, quizá no necesitemos a una persona para vivir, podremos hacerlo sin problema alguno, seguiremos adelante a pesar de que haya obstáculos tan altos que creamos que no podremos superarlos, pero… Había personas, personas correctas e indicadas que te demostraban él porque en realidad valía la pena luchar, personas que quizá te hacían ver, que después de todo… La vida no era tan mala.
Los conocí, cuando mi vida era gris, me conocieron cuando su vida era roja… Y lo que teníamos en común es que queríamos llegar a la tranquilidad, puesto que esta tormenta había durado demasiado tiempo ya.
Nos consumía, y tarde o temprano lo único que terminaríamos siendo seria nada más ni nada menos que cenizas…
GRACE HASTINGS:
“Y cuando menos te das cuenta, el dolor regresa. La vida duele aún más”.
7 de noviembre.
El proceso de duelo es difícil, puedes encontrarte bien… Y de la nada, de un de repente… Todo cae cuesta abajo.
Pase los primeros meses de regreso en la preparatoria siendo lo menos que las personas querían conocer, las miradas de receló, odio y rencor, la vida después de ser una villana era difícil, ser una persona normal… No era sencillo.
Sentía como si en mi corazón algo hubiera presionado una herida, tomando con ambas manos esperando sacar completamente la sangre de la piel, dolía y yo sabía por qué. Al final del día, después de todo, como siempre. Había alejado a una persona que decía quererme, por temer perderla, fui yo quien la alejo.
Después de que llegué a casa el día que acudí al restaurante de ellos, Gael me contestaba poco menos que nada mis mensajes, mientras que parecía alejarse poco a poco más de mí, no necesitaba a una persona para ser feliz—me lo repetía a diario— pero necesitaba saber que alguien podría estar ahí. Creo que era algo que no podría entender claramente nunca.
Aferré entre mis dedos las sabanas blancas de la cama, mientras que mis ojos enfocaban el techo, cómo si fuera lo mejor que podría ver el día de hoy. Mis brazos estaban irritados al igual que mi cuello de tanto rascar, había cortado mis uñas lo más posible para no hacerme daño, pero no terminaba por ser alguna solución permanente.
Mi corazón latía, latía y latía, con poca fuerza, sentía como si este estuviera abandonando mi cuerpo, después de todo. Había comenzado a cansarme de todo lo que sucedía a mi alrededor. Busqué todo lo que pude sobre aquel siguiente paso, pero no encontraba nada… Y después de todo, no me sentía lista para esta historia, así que deje de intentar entenderla. Comencé a intentar salir de ella. Anoche me dio un ataqué de ansiedad, mientras que me preguntaba cuanto tiempo tendría que pasar para que yo estuviera bien.
La imagen de la bala aun no salía de mi cuerpo, no quería pensar en que tal vez, existía una posibilidad en la que yo podría no haber causado ese giro en la historia.
Escuché un par de pasos, para después sentir como la cama se hundía, su perfume llegó a mis fosas nasales rápidamente, era Olivia.
—¿No vas a desayunar? — cuestionó, negué sin mirar en su dirección—, Deberías salir de estas cuatro paredes, enloquecerás.
“Podemos fingir que lo que sucede en nuestro alrededor no es real, pero lo es. Podría empeorar”.
—Yo estoy bien, todo esta en orden—, mencioné mirando hacía el techo—, ¿Te has preguntado si Paulina se hubiera quedado con nosotras?
Yo lo hacía, pensaba en una hermosa familia, en aquella que no necesitaba fingir, esperaba que Paulina amará del mismo modo a papá, como él la amo por todos estos años. Pasar las navidades en familia, conocer un poco más lo que sucedía. Conocerlos de verdad.
“—Gracias por invitarme a tu casa en navidad—, mencioné dejando caer mi peso en la cama de Amanda—, tu familia es encantadora.
—Son intensos. Pero, funciona perfectamente para mí—, se encogió de hombros para sentarse a un lado de mí—, Se que olvida tu cumpleaños, pero ¿Navidad? Hay adornos por todas partes.
—No se olvida de las fechas Amanda, olvida que tiene una hija—, comentó su hermana, Lily—, Es por ello que estás aquí. ¿No es así?
—Sí—, me encogí de hombros. Solté un suspiro para salir de la habitación”.
Una parte dentro de mí esperaba poder ser parte de algo especial, como lo habían hecho todos los demás a diario.
—No hubieras conocido a Gael, quizá no hubiéramos conocido muchas cosas de las que tenemos ahora—, mencionó recostándose a un lado de mí. Quedando en diferentes posiciones, pero con la cabeza en la misma altura—, El destino siempre se encarga de poner las cosas en su lugar.
—Lo sé.
No miré en su dirección, seguía mirando hacía el techo preguntándome, ¿Por qué debíamos pasar por toda esta mierda?
Tu hiciste esta mierda. Pensé.
Olivia se recostó del lado contrario logrando que nuestras cabezas quedarán en la misma altura, no miré en su dirección, solté un suspiro y seguí mirando el techo. Los pensamientos me mantenían en un punto extraño, no comprendía lo que sucedía. No podría hacerlo.
—No parece ser que estés bien—, menciona. Mire en su dirección notando la mueva naciente entre sus labios—, ¿Qué es lo que piensas?
—Yo quería una familia feliz. ¿Recuerdas la fotografía que estaba en la entrada del metro?
—¿La que anunciaba vacaciones? —, me pregunta confundida, asentí con un sonido afirmativo—, ¿Qué hay con ella?
—Yo quería algo así, era un niño, una niña y dos padres. Los cuatro sonreían de oreja a oreja mientras parecían felices—, le sonreí levemente, para regresar mi mirada al techo—, Yo quería eso. Quería tener una familia feliz, creí que al encontrar a Paulina podría tenerlo.
—¿Te arrepientes de buscarla?
—Algunas veces. Ella miraba lo peor en mí, logrando que yo lo hiciera también—, Tome una bocanada de aire, para cerrar los ojos—, Yo... Sacaba lo peor de ella.
—Grace... —, comienza alargando mi nombre—, Sigues mirando el pasado, no puedes cambiar lo que hiciste, puedes cambiar lo que harás.
“—¿Arrestada Grace? —, pregunta mi papá. Sus ojos no me miraban, parecía decepcionado, lo estaba—, ¿Siempre supiste en donde se encontraban?
—Lo averigüé, yo… Quería saber que tenían ellas de especial—, confesé, torpemente con lágrimas a punto de salir de mí—, Quería saber que tenían ellas de especial, que yo jamás logré tener para ti.
—Siempre fuiste especial para mí—, promete. Sus manos buscaron las mías, no le di oportunidad—, Eres mi hija…
—Hija que olvidaste por dieciséis años papá—, le señalé levantándome de la silla. Haciendo que el chirrido atrajera la atención de todos—, Una hija que nunca tomaste en cuenta. ¿Yo fui la mala? Deberías mirarte en un espejo”.
—¿Crees que yo fui igual de mala? —, pregunté en tono bajo. No le miré puesto que sentía vergüenza. Sin embargo, aun no superaba la muerte de Paulina, creía que no lo haría nunca, su cuerpo cayendo al suelo, la sangre salpicando mi cuerpo—, ¿Tan mala como todo lo que esta sucediendo? ¿Cómo ella?
Ella hizo una mueca, lo noté por el rabillo del ojo, sin embargo, negó un poco.
—Grace…—, su rostro se giró hacía mí, mirándome con un toque de pena—, ¿Qué más da eso?
—¿Fui tan mala?
—Quizás, hacías un par de cosas más intensas, nos secuestraste dos veces, ayudaste un poco a Rogelio, un accidente hacía Kyara y la orden de alejamiento de Olivia…
—Sí, ¡Bien! ¡Fui peor! —, me quejé mientras cubría mi rostro entre mis manos, mientras que la tristeza recorría mi cuerpo—, Yo… Lo siento.
—No mataste a nadie—, me consuela—, No intentaste…
—No termines esa oración, que te disparé y por poco tú mueres—, interrumpí, mientras una mueca volvía a mis labios—, Creo que si fui peor…
—Un año, solamente te convertiste en una buena persona—me sonríe—Además, estas creciendo, eras una niña, aprendiste de tus errores….
—Sí, pero siempre me perseguirá eso—, mencioné con una ligera y triste sonrisa.
Me levanté de la cama, con pesadez, creo que lo más sensato sería salir de casa, salir a caminar y pensar un poco, fuera de todo esto. Regresar a mi realidad, al mundo real.
Baje las escaleras de dos en dos, mirando hacía el frente esperando no perderme en mis pensamientos, porque en realidad me dolía demasiado el cómo estaba sucediendo todo esto, todos y cada uno de los recuerdos que tenía sobre mí cuerpo dolían con más fuerza que él anterior. Era temprano, las siete de la mañana quizá.
Toda la noche solo di vueltas en la cama, mientras que solo me detenía a pensar en que en realidad yo era una mala persona, la peor en realidad; sentía que había varías páginas enfrascadas en mi tristeza, en malos momentos escribiendo lo triste que había sido mi vida, me tenía lastima a mí misma. Eso era patético.
Aquella persona que hablaba poco, con sarcasmo apegados a mis labios y el dolor en los huesos, no era yo. Abrí la puerta, apenas lo hice miré a Gael quien se encontraba ahí, con una sonrisa divertida en mí, en realidad yo me sobresalte, me asuste de más de un millar de formas posibles.
—¡Joder! ¡Me asustaste! —apreté mis puños y una mueca enorme y pesada se enfrascó en mis labios—¿¡Qué demonios haces aquí!?
—Qué linda bienvenida—, rodó los ojos con una enorme sonrisa—, Quería llevarte a la playa, a que salieras de tus pensamientos.
—Mis pensamientos son muy buenos—, mentí descaradamente, mientras que miraba con desdén hacía él—, Demasiado buenos.
—¡Calma preciosa! —, me dice riendo—, Anda, vamos. Planee algo muy bueno.
—¿Planeaste algo para mí? —pregunté alzando levemente las cejas.
Es decir, podría entender que lo hubiera hecho el día de mi cumpleaños—aun sí si quiera lo esperará—, pero, ¿Un día común? Eso era demasiado para procesar, nadie había hecho nada por mí y él llegaba como si nada a hacer todo con tal de que me sintiera mejor, ¿Era normal? Es decir, ¿Eso se hace en la vida real además de los libros?
—¿Tu lo planeaste? —pregunté con las cejas fruncidas—Vaya…
Él sonrió con diversión mientras miró hacia atrás—Traigo a tu hermana en la tarde, ¿Está bien?
Miré hacía detrás de mí, para encontrar a Liv, quien me miraba con una sonrisa divertida, en la punta de sus dedos se encontraba una mochila, misma que le entregó a él con una enorme sonrisa.
—¿Será una cita? —curioseo con un tono divertido, mientras que sus cejas se alzaban varias veces. Y aquellas comisuras tiraban hacía arriba—Entonces, no lleguen tarde, me…
—No es permiso—interferí con las cejas fruncidas—Adiós Liv.
Tome la mano de Gael para terminar por caminar afuera de la casa, sin embargo una parte de mi se había emocionado con ello, había sentido una emoción recorrer mi espina dorsal, me había emocionado de un modo tan difícil de entender, como si esto en realidad fuera demasiado normal, lo había añorado demasiado desde que era niña, que alguien se preocupara del modo en que Liv lo hacía por mí, me había cuidado sola por demasiado tiempo, ahora era demasiado grande para ello, pero las mismas buenas emociones me recorrían mi interior.
—Podría ir caminando con tal de que no sueltes mi mano, pero creo que es demasiado lejos—, se ríe, soltándome para que me adentre a su auto.
Apenas eso sucedió mi rostro se calentó con rapidez, no sabía porque no lo había soltado, me sentía en un mundo diferente, donde mis emociones reinaban, siempre había ido en pensamientos fríos, pensando a detalle cada una de las cosas que pudieran llegar a pasar, ahora era un poco diferente—demasiado—me había vuelto la persona que siempre desee ser. Aquella que sentía.
El subió un par de segundos después, para después prender la radio, donde las canciones rebotaban en las paredes del auto.
—¿Ingresarás a alguna universidad? —curiosea, hice una mueca. Podría estudiar lo que quisiera, era demasiado lista. Ingresaría inclusive a la universidad que quisiera—O quizá….
—No lo creo, no ahora. Estoy cansada de querer ser la mejor en todo.
—Aun si no lo intentas, ¿Sabes que lo eres? —, pregunta con un toque de curiosidad—, Es decir, haces cosas que no sabía que alguien podría existir.
—Quizá le diga a Uriel si puedo ser parte del bando—, bromee, sin embargo, una reacción contraria a la que espere, el auto freno con brusquedad, impulsando mi cuerpo hacía adelante, miré su rostro, que me miraba con incredulidad—, ¿Qué?
—Tú no puedes venir a formar parte de un estúpido bando—me señala con enojo—¿Sabes lo peligroso que es? ¡Puedes morir! ¿Por qué insistes con eso?
Después lo recordé, recordé el día que fui al restaurante, el como el había reaccionado, como si en realidad lo que yo hubiera hecho fuera lo peor del mundo.
—¡Ay! ¡Vamos! Tu eres parte del bando—, señale rodando los ojos ante la incoherencia que tenía lo que estaba diciendo—, ¿Qué diferencia puede haber?
—Yo dejaré el bando—, confiesa con una pequeña mueca—¡Es peligroso! ¿Lo entiendes? No pienses en eso.
—¿Pensar en qué? —pregunté inclinando la cabeza un poco—¿En que no puedo introducirme en un bando? ¡Ay cálmate! Era una broma.
Apenas eso salió de mis labios sus facciones parecieron relajarse un poco, parecía que eso en realidad le había causado demasiada tensión. Se recargo en el volante, por lo que me miré, soltó un suspiro pesado salió de sus labios.
—Iremos a la playa. Tu… ¿Puedes no decir nada de los bandos ya? —me pide, en sus ojos se miraba un toque de tristeza—No quiero que te suceda nada.
No le prometí nada, solo le entregué una pequeña sonrisa, pero en mi cabeza solo transitaba una pequeña y frágil idea, ¿Podía seguir siendo yo la chica mala que fui? Quizá era cosa de sangre y un poco de la mía ya se encontraba un poco podrida, no había mucho que hacer en realidad, sin embargo, comenzaba a dudar demasiadas cosas en cuestión de un mismo segundo.
—¿En qué piensas? ¿En mí? —, pregunta con un tono divertido—¿Esta todo en orden?
Asentí, en realidad creía que mis pensamientos eran los que me estaban llevando al borde de la locura, sin embargo, con el paso del tiempo eran menos, casi inexistentes, quizá, solo quizá… Existían personas mágicas, quizá yo me había rodeado de ellas.
—Mejor que nunca—confesé, me enderecé para entregarle una sonrisa de oreja a oreja—¿Por qué la playa?
—¿No te gusta? —pregunta con una mueca—Podemos ir a…
—No, la playa es un lugar lindo—interrumpí al ver en donde iban sus palabras—Solo era mera curiosidad.
—Te iba a llevar a un lago, pero el agua en estas fechas es fría—se encoje de hombros—Así que escogí una playa, ¿Esta bien?
Asentí, las calles transitaban frente a mis ojos mientras que palabras emocionadas salían de sus labios, parecía hacerle feliz todo esto, mientras tanto yo no podía creer si quiera un poco que alguien si quiera hubiera hecho algo por mí, su mano busco la mía, para terminar, entrelazando nuestros dedos, le di una sonrisa cálida, sin embargo los pensamientos me abrumaban, tenía una máscara de buena persona, pero en algún punto, fui la peor, un demonio, poseída por el mal.
—¿Temes que regrese aquella Grace? ¿Cierto? —, mencionó sin apartar la mirada de enfrente, como si de un modo hubiera escuchado mis pensamientos, le enfoque notando como sus cejas se encontraban un poco alzadas—¿Me equivoco?
—Nadie entra si no abres la puerta—suspiré, mirando sus ojos. No sabía si quería convencerle a él o a mí—Seré buena, si Stich cambió, puedo hacerlo yo, ¿No?
El me dio una pequeña sonrisa para terminar por asentir—Tú puedes ser lo que quieras preciosa.
Sonreí ante sus palabras, para terminar por ver hacía el frente, esperando que las cosas fueran con más tranquilidad, sin embargo, algo en mi pecho me daba una mala espina, algo malo se acercaba, podía sentirlo, podía estar demasiado segura en que algo rompería todo.
Saque mi celular, no había puesto atención en lo que serían los mensajes, no había indagado en lo demás, intente acceder a mi celular, sin embargo, la falta de señal me impedía poder acceder a lo demás, a los documentos recibidos por aquel número desconocido.
—No hay señal—balbuceo mirando la falta de barras en mi celular.
—Estamos en la carretera, no habrá señal en un par de kilómetros—espeta mirándome de reojo—¿Por qué tienes esa cara?
—No importa—mencione bloqueando mi celular—¿Será mucho tiempo sin señal?
—¡Vamos Grace! —me anima—Puedes tomarte un pequeño descanso de la tecnología, no sucederá nada si no le miras.
Hice una pequeña mueca, esperaba que así fuera, no podría perdonarme si algo le sucedía a alguien más solo porque no estaba completamente al tanto de mi celular, éramos un equipo…
—¿Grace?
—Tienes razón.
El trayecto no fue tan largo como pensé y después de unos minutos en la vista comenzó a mirarse la playa, sonreí inconscientemente mientras que mi cabeza estaba recostada en la ventana, sintiendo el aire chocando en mi rostro, la música resonaba dentro del auto, esto era genial. Apenas el se estacionó bajamos del auto, miré con una ligera sonrisa el lugar, estaba maravillada.
—Ven—, me pide a lo que le miré confundida. Sus manos se posaron sobre mis ojos, para terminar por dejar todo oscuro—, Preparé algo que tienes que ver.
Comenzamos a caminar, el guiándome, mientras que los pasos eran lentos, sentía mi corazón latiéndome con tanta rapidez como fuera posible, quizá mi corazón podría tener la posibilidad de salirse de mi pecho, quizá podía hacerlo sin siquiera dudarlo. Sentí la brisa chocando con mi cuerpo, mientras que el sonido de las olas chocando con la arena me generaba paz, quizá era aquello que había necesitado, un impulso para ser feliz, en realidad creía que yo merecía poder serlo… Nunca había sido una mala persona, había dado todo por ser buena, merecer cosas buenas en mi vida.
—¿Ya casi? —, pregunté con mis manos sobre las suyas.
No desconfiaba de él, no creía que me dejaría caer o tropezarme, en realidad dudaba que fuera de ese tipo de persona. El hizo un sonido negativo, mientras que una risa traicionera salió de entre sus labios bajamente. Apenas se detuvo sentí mi corazón latirme con demasiada rapidez como fuera posible, quizá el corazón podía salirse de mi pecho, quizá lo haría.
—A la de tres—, me sentía ansiosa. Quería saber que era lo que se trataba, que era lo que sucedía. —Una… Dos, tres.
“Creemos que la felicidad no podrá ser para todos, pero lo es… Sólo en diferentes momentos”.
Apenas separó sus manos de mi rostro, mis ojos enfocaron la playa, lucía hermosa, no había personas en particular, mientras que… Esto era hermoso.
—¿Un picnic? —, pregunté intentando ocultar mi sonrisa, un intento en vano claramente—, Yo…
—Será un día inolvidable—, promete, estaba segura que lo sería.
Era precioso, el cómo la tela tenía encima un par de cosas, comida, botana, todo perfectamente alineado y combinando a la perfección con cada una de las cosas.
Resulta que la mochila que Liv le había entregado eran cosas mías, un traje de baño y ropa para después, y claro como Liv es tan amable, la ropa era pegada, ropa que yo no usaba hacía un tiempo atrás, ropa que quizá no usaría de nuevo.
Pasamos alrededor de horas largas ahí sentados, comiendo y hablando sobre lo mucho que había cambiado todo en los últimos años, el estaba esperanzado en que después de esto, cuando logrará dar con el final, se alejaría de los bandos, del peligro, viviendo una vida normal.
Yo no lo mencioné, pero en realidad quería algo parecido, algo que me pudiera dar la oportunidad perfecta de poder iniciar desde cero, un plano limpio en el cuál lo que había sucedido en el pasado no afectará mi presente. La vida después de ser villano, en realidad era demasiado dura, demasiado que asimilar, demasiado que vivir. No es sencillo encontrar un equilibrio entre aquello que crees conocer y lo que en realidad conoces… Pero con él, una parte de mí perdía por completo el mal, no es que quisiera decir… Que fuera la persona indicada para mí, pero… De un modo, podía llegarme a sentir real con él, podía sentir que no tenía que hacer absolutamente nada para encajar, a él le agradaba yo, la verdadera yo, a pesar de no saber con claridad como expresar mis emociones.
Miré sus brazos, me gustaban cada uno de sus tatuajes, sus brazos estaban llenos de ellos al igual que un poco su pecho, me gustaba la imagen que proyectaba, el no intentaba encajar, el no hacía las cosas para crear un margen de perfección, un margen aceptado por la sociedad, el buscaba aceptarse así mismo, y eso en realidad… Es lo único que se necesita.
La tarde cayó, eran alrededor de las tres de la tarde, eso creía yo. No había tomado para nada mi celular, por un momento… Podía sentirme que no era aquella chica genio que se enfrascaba en información y actos semejantes, por un momento, no era la chica que había querido encajar con mi papá y hacerlo sentir orgulloso, por un momento en realidad era una persona normal, que disfrutaba un día con la persona que le gustaba, frente a la playa.
Y eso me gustaba. Quería ser normal.
—¿Te gusta la playa? —, me pregunta Gael mirando hacia el frente.
—Es linda—, mencione recargando mi cabeza en su pecho con una ligera sonrisa—, Me alegra haberte encontrado de nuevo.
Me levante de la manta para caminar un poco hacía el frente, enfocando el mar, era bonito tener un lugar así en donde poder salir de tus problemas, tener lugares en donde escapar cuando todo estaba mal.
—¿Lo que pensabas el otro día…? —, comienza a lo que le miré a los ojos—, Estabas un poco ebria… Pero parecías sincera.
—Lo era. No debería de sentirme así, por ti, porque te quiero—, le espeté. Miré sus ojos alzando las cejas, encogí mis hombros—, Te quiero, y creo que nunca había querido así, temo… Que la vida te quite de mi lado.
—¿Me quieres? —, preguntó sorprendido a lo que sonreí levemente, miré hacía el mar, el como las olas chocaban entre sí. Asentí.
—Sí, te quiero y… siempre creía que las personas se irían—, mencioné mirando hacía él. Presioné mi muñeca mientras mis ojos le enfocaron nuevamente—, Las personas que quiero se van… No importa cómo, yo no las vuelvo a ver.
—Yo no me iré—, prometió a lo que sonreí levemente.
—Lo sé.
Comencé a caminar nuevamente, hasta llegar a la arena, dejé las cosas en el suelo, Gael me alcanzó por un par de segundos después, llegando a mi costado, tomo mi mano entrelazando nuestros dedos, para caminar hacía la playa, al mar. Apenas llegamos a la orilla el me miro con una enorme sonrisa.
—¿Quieres entrar al agua? —, pregunta, asentí a lo que él sonrió ligeramente, tomándome de las piernas para alzarme.
—¡Gael! —, grité alargando su nombre a lo que él soltó una risa, dejándome caer dentro del agua.
El me dejo caer dentro del agua, para después soltar una risa divertida, comencé a moverme levemente para después sonreír con diversión. Miré por un par de segundos sus ojos para después acercarme un poco a él, pasé mis manos por su cuello para después sonreír a lo grande, hundiendo su cabeza por un par de segundos, solté una carcajada para después nadar un poco hacía atrás, apenas salió el se acercó un poco más a mí para después tomarme de la cintura.
—Eso fue muy grosero de tu parte—, me reprendió presionando un poco sus dedos en mi cintura—, ¿Sabes que sucede con eso?
—En que llorarás—, le reté con diversión—, ¿Me equivocó?
Se acercó un poco a mí, para después mirar hacía mis labios. Antes de poder si quiera reaccionar comenzó a hacerme cosquillas, comencé a removerme mientras que una carcajada salió de mis labios.
—¡Basta! ¡Para! —, solté entre risas, intentando alejarme—, ¡Gael para!
—¿Qué me detenga? —, pregunto divertido, asentí intentando alejarme. Intento en vano—, Puedes hacerlo mejor.
Intenté hacer mi mejor rostro posible, generando una mueca, cerrando mis ojos tapando mi rostro con mi cabello esperando que él se preocupara, lográndolo.
—Espera—, solté en un jadeo a lo que él lo hizo inmediatamente.
—¿Estás bien? No quería lastimarte—, menciono rápidamente, intentando enfocar mi rostro —, Grace, ¿Éstas bien?
Antes de que él pudiera hacer algo, solté una carcajada mojando su rostro con el agua, el intento esconder una enorme sonrisa le abracé con fuerza aún riendo para pasar mis brazos por sus hombros, no era el tiempo el que necesitabas para conocer a una persona, no era ese tipo de cosas las que necesitabas para sentir de un modo real hacía otra persona, si no… La realidad que golpeaba tu rostro con brusquedad.
—Estoy mejor que nunca—, le admití mirando su rostro con una leve sonrisa.
GAEL MALLS:
Sus ojos castaños mostrándose un poco más claros por el sol, su sonrisa enorme y divertida en sus labios para después mirar hacía el cielo, sus brazos rodeaban mis hombros y en lo único que podía pensar fue aquella vez del restaurante, el modo en él que ella se había comportado, era real conmigo, la persona que estaba conmigo, era la parte real.
Le miré sus labios una vez más, sintiendo como mi corazón, mente y razón era lo único que quería, me pedía a gritos besarle, era todo lo que necesitaba.
Mire sus ojos, sus ojos que miraban hacía mis labios, no pensé mucho antes de estrellar mis labios con los suyos, en un beso lento, un beso profundo, queriendo conocerle un poco más, pase mis manos por su cabello, quitando este de su frente, en realidad la quería y creo que había pasado demasiado tiempo ya en el que una persona no me importaba como lo hacía ella.
Me separé de ella, notando sus ojos aun cerrados y el cómo intentaba esconder una sonrisa feliz en sus labios, ella me hacía sentir así.
Ella había encontrado el modo perfecto para poder traerme de nuevo a la vida, haciéndome sentir como si de nuevo, después de todo aquello, el mal que nació y creció y creció con el paso del tiempo el día de hoy ya no se encontrase. Podía creer que nos merecíamos mutuamente.
Ambos estábamos heridos, separados parecíamos no poder encontrar un modo de salir adelante, pero juntos, al habernos juntado después de todo el desastre, parecía que podíamos salir adelante, como si… Si en realidad lo único que hubiéramos necesitado durante todo este tiempo fuera eso. Quizá así fue.
Quizá el destino había notado lo mucho que nos habían herido durante todo este tiempo, miré como ella sonreía aún más, lucía tan feliz con sus pequeños hoyuelos remarcando su felicidad.
—Luces encantadora—, le comenté, pasando mis manos por su cabello—, Eres una preciosa chica encantadora.
Su rostro inmediatamente tomó tantos colores como fuera posible, sus ojos se abrieron un poco a par para después alzar ligeramente las cejas, ella giro para después regresar a mí.
—Giro, pero no veo a nadie más—, espetó asombrada, lo fingía—, ¿A quién le estas hablando? —, una sonrisa creció en sus labios para después tapar su rostro ligeramente—, ¡Ay, dios! ¡Soy yo!
Sí, siempre serás tú.