Si algo tenían en común Grace, Gael, Gilberto y Guillermo, no serían las “G”, en las iniciales de su nombre, no sería el modo y hecho en que todo se había ido cuesta abajo por razones similares… Si no el cómo temían de una misma razón.
El perder a la persona que querían. Si algo tenían en común era que ellos en realidad les dolía el pasado.
Tenían miedo de perder lo que querían, porque si lo querían alguien más lo haría también.
GUILLERMO SPORUSE:
—Ella me ha estado evitando durante un tiempo—, espetó Gilberto. Se recargó en la barra de nuestro restaurante para después encogerse de hombros—, Le perdí para siempre.
—No, no creo que eso tenga que ver con lo que estas pensando—, le advertí. El solía creer que había arruinado a Kathy y por ello ella no le devolvía las llamadas—, Esta pasando tiempo con su hermano, los años perdidos no regresan solos.
—Se que no. Pero perdió completamente el tiempo para mí—, insistió. Estaba inseguro, no podía decir hasta que grado, pero lo notaba—, Creo que lo que leyó de mí, en realidad hizo que ya no quiera ser parte de mi vida.
Podía encontrar los motivos perfectos por los cuáles las cosas habían tomado este tipo de rumbos, podía entender que tarde o temprano… Cuando arrastras lo suficientemente fuerte, te llevas las raíces.
—Creo, que estás siendo un completo exagerado—, le señalé, miré como Grace entraba por la puerta—, Mira quien llegó.
—Viene a ver a Gael—, se burla mi gemelo, mientras que notaba como ella examinaba el lugar—, Han estado días derrochando miel.
—Gael, Gael lo hace. Ella apenas y demuestra como se siente—, le señalé. Ella camino hacía acá con una ligera sonrisa—, Hola Grace.
—Chicos—, saludo con una ligera sonrisa—, Guillermo, encontré algo.
Fruncí las cejas levemente, ella sacó de su mochila su computadora, dejando esta sobre la barra, comenzó a teclear unas cosas, mientras miraba hacía todas las letras que avanzaban con rapidez.
—¿Lo notas? —, preguntó a lo que asentí, frunciendo las cejas levemente—, Será un problema.
—Sí, uno grande—, mencioné frunciendo las cejas, giré su computadora—, ¿Puedo?
Ella asintió, para comenzar a mover levemente sus manos, se hacía daño con las uñas.
—Te haces daño, para—, mencioné sin mirarle. Note como ella soltaba un suspiro girándose sobre sus talones.
—¿Qué es lo que encontraron? —, preguntó mi hermano, con tono confundido—, ¿Qué es lo que sucede?
—Grace se introdujo en el celular de ella—, espeté frunciendo las cejas—, No pudiste entrar de nuevo, ¿Verdad?
—Se dio cuenta en el primer minuto, no pude hacer que ella no lo notará. Es hábil—, mencionó frunciendo las cejas levemente—, Pero encontré algo.
—¿Qué fue?
—Dará el paso final—, mencioné a lo que ella asintió—, Su plan esta por terminar, nos arrastrará con ella.
Grace asintió para después mirarme, no pude ingresar, ella había encontrado el perfecto lugar, sin embargo… No pudo haber sido eterno.
—No puedo entrar tampoco—, le confesé. Después de obtener un error tras otro por parte de la computadora—, Lo hiciste brillante, en realidad lo hiciste impresionante, quizá seas casi igual de buena que yo.
—Es mejor que tú, Sprouse—, me interrumpe Gael, saliendo de la oficina—, ¿Qué haces aquí Grace?
—Necesito un empleo, me postulaba como chica de bando—, se burla a lo que miré hacía Gael, su mandíbula se tensó—, ¿Entonces chicos? ¿Estoy dentro?
—Me parece bien, una chica en el bando podría ser perfecto, además, ¿Escorpio? —, preguntó a lo que ella asintió.
—Ella se queda—, le di la razón a Gilberto—, Felicidades Grace, tienes el puesto.
El rostro de Gael estaba lleno de furia, enojo, demasiado enojo.
Su respiración comenzó a agitarse, parecía enojado. Demasiado enojado.
Ahí podía confirmar lo que el no era capaz de mencionar, el hecho de que por fin después de tanto tiempo, sus sentimientos habían salido de la caja de pandora, cayendo sobre él repentinamente.
—Gael, ven—, mencioné caminando a la oficina de la cuál recién había salido él—, Es importante.
A regañadientes él camino detrás de mí, adentrándonos a la oficina de la cuál había salido hacía un par de segundos él, dejó caer su peso en la silla con ruedas, girándose un poco, parecía más que molesto.
—¿Por qué le siguen el juego con lo del estúpido bando? —, Su mano presionó el recarga brazos, dejando marcar las venas de sus manos—, No quiero que ella este pensando si quiera en broma el hecho de formar parte de ellos.
—¿Por qué? —, Limón, limón sobre la herida hasta que arda—, Sería buena para el equipo.
Años, años largos los que él necesito para recobrar la razón, darse cuenta que la vida no se había detenido cuando ella había muerto, su cuerpo se tensó ante mis palabras, emociones, lo que estaba saliendo de su cuerpo sobre todo esto era más de lo que yo creía que pasaría, pero era necesario. Si no despiertas de un sueño, te arrastra a una parálisis, te arrastra a una prisión.
—Es igual de inteligente que yo, quizá un poco más—, le reté. Pero no mentía, él se levanto y caminó hacía mí, sus cejas estaban fruncidas y su respiración agitada—, Podríamos llegar más lejos con ella dentro del equipo.
—¡Deja de decir eso! —, me alzó la voz. Con sus cejas tan fruncidas cómo fuera posible—, ¡Ella no será parte de este equipo!
—¿Por qué no? Es solo una chica, hay cientos de ellas—, escupí moviendo mis manos hacía los lados—, Cientos y cientos de chicas, pero ella es la indicada para el equipo.
—No es sólo una chica—, me soltó con enojo—, No quiero que le metan la jodida idea de que ella puede ser parte de esto, ¿Lo has entendido?
—¿No crees que ella es lo suficientemente grande para poder tomar sus propias decisiones? —, le reté. Deje caer mi peso en el sofá para cruzar los brazos sobre mi torso—, Ella sería quien tuviera que decidir si en realidad quiere ser parte de el equipo o no.
Sus dedos tomaron el puente de su nariz mientras que la tensión podía sentirse a kilómetros de distancia, él parecía tan molesto, como si en realidad creyera que podríamos hacerle eso a ella.
En realidad, sabía lo mucho que le importaba, lo mencionará o no, podía entender desde mil puntos de vista diferentes que ella era lo que él había estado buscando durante todo este tiempo.
—¿Qué es lo que quieres con todo esto? —, preguntó furioso—, ¿Quieres que confiese que ella es importante para mí? ¡Lo es! ¡Y no quiero que la metan al jodido bando, ni que le mencionen esto si quiera como chiste!
—¿Por qué? —, pregunté.
—Porque… Porque no quiero perderla—, confesó con la voz ronca, carraspeo para después suspirar con pesadez—, Porque ella es… Es la persona con la que quisiera salir de este jodido lugar.
Le di una ligera sonrisa para después mirarle con satisfacción, era lo que necesitaba escuchar, y lo que él necesitaba decir, que sus sentimientos si se encontraban dentro de su cuerpo, luchando con fuerza el poder salir de ahí, porque de no hacerlo seguramente el desastre le arrastraría.
—Querías que lo dijera—, soltó. Poco a poco la irá abandonaba su cuerpo—, ¿Por qué querías que dijera todo eso?
—Ya lo sabía en realidad—, me encogí de hombros—, Te escuché en una llamada ayer, accidentalmente claro. Le contaste a tu madre que la querías, pero no podrías estar con ella.
—Si no salimos de esto, ella podría salir lastimada—, me recordó a lo que miré hacía arriba—, Si no… Es el hecho de que ella ya a sufrido demasiado, no puede hacerlo más.
—Nunca hemos un problema lo suficientemente grande para no salir de él—, le recordé a lo que él me miro con una mueca—, Podremos salir de esto, lo haremos y tu te irás de este lugar. Llamaras una vez a la semana y nos contaras lo feliz que eres.
—No creo que así sea como funcionen las cosas—, admitió con pesadez—, Además, ¿No te haría ni un poco de falta?
—Claro que sí, eres mi mejor amigo. Te conozco de toda la vida—, le recordé a lo que el sonrió ligeramente—, Pero estoy consiente de que está ciudad es peligrosa.
En realidad, estaba consiente de que habíamos hecho que esta ciudad fuera peligrosa, que nos llevaría cuesta abajo más y más con pequeñas acciones como las que sucedían actualmente, sabía que éramos malos para la ciudad.
En realidad, yo no quería quedarme tanto tiempo aquí, desde hacía un par de meses, años quizás había querido abandonar esto y salir de la ciudad, había querido poder tener la oportunidad de salir del desastre en el que nos habíamos metido, pero no podía hacerlo. Yo había ingresado al bando por la sencilla razón de que quería corroborar de que Gilberto estaría bien, no quería perderlo como Sussy, pero en realidad este no era mi sueño, no eran mis metas y nunca lo había querido.
Esperaba que fuera cuestión de tiempo—poco de preferencia—, el que necesitará para que él se diera cuenta que al estar dentro de todo esto, corríamos demasiado peligro, que este juego en realidad ya había cansado, nadie ganaría nada. Sólo perdíamos, durante todo este tiempo era lo único que había sucedido.
—¿Y que es lo que hace Grace aquí? —, preguntó él con una ligera mueca—, Es decir, me alegra verla, pero… Creí que en verdad estaba aquí por lo de los bandos.
—No en realidad. Encontró información sobre desconocido, esta por iniciar su siguiente paso, quizá sea hora de que le demos un arma a ella.
—Quizá… Iré a hablar con ella.
GAEL MALLS:
No es más que cuestión de tiempo en que la vida me recuerde el porque había decidido que no debíamos estar juntos, apenas salí de la oficina noté como Gilberto le estaba preparando un vodka, mientras que ella reía torpemente. Fruncí las cejas levemente para caminar en su dirección, el aroma fue instantáneo, estaba bebiendo.
—¿Qué es lo que haces? —, le cuestioné a Gilberto. Él se encogió de hombros ligeramente.
—No ha probado algunas bebidas, se las estoy mostrando—, limitó a decir, después miré como ella asentía—, Tranquilo, no le sirvo demasiado, se que se puede cruzar, sólo es para que lo pruebe.
—No se que piense Olivia de que este bebiendo—, señalé, los ojos de Grace se rodaron al instante.
—Es mi hermana, no mi madre—, mencionó con desdén—, Además, tengo dieciocho años y no he hecho demasiadas cosas interesantes. Esto es interesante.
Ella tomo el pequeño vaso que le entregó Gilberto, apenas lo tomó una ligera mueca salió de sus labios y sus ojos se presionaron. Le había calado la garganta, sonreí ligeramente. Podía estar ahí, queriendo lucir ruda, pero aún así había un fragmento de ella que era demasiado especial, interesante.
—Un Manhattan—, le señale a Gilberto a lo que sonrió y asintió—, Así que Grace, ¿Ahora si tienes edad de beber?
—No lo sé, quizá si—, se burló divertida frunciendo la nariz—, El último me quemo la garganta.
—Lo sé.
—Creo que el que tu dijiste será el último—, mencionó encogiéndose de hombros—, Tengo que seguir investigando y si se me sube…
—Tranquila, puedes descansar si quiera un minuto sobre el desconocido—le solté a lo que ella negó, Gilberto le paso un pequeño vaso para lo que ella lo tomó, su nariz se frunció un poco—, ¿No te gusto?
—Sí. Esta rico—, soltó con una risa torpe—, ¿Cuánto les debo?
—Esta así bien, ven—, le solté levantándome. Ella frunció ligeramente las cejas, para terminar, levantándose, con pasos lentos camino conmigo detrás de ella, le sujetaba la mano mientras que esperaba que no se tropezará. Gilberto los solía hacer muy cargados, por ello, el no atendía aquí.
—Olvide mi computadora—, soltó frunciendo las cejas, para girarse sobre sus talones—, ¿Por qué me miras de ese modo?
Me encogí de hombros ligeramente, para mirar hacía sus ojos, ella era graciosa, divertida y simpática, más que nada parecía querer esforzarse con todo su ser en encajar, recordaba haberle comprado un shot en el bar cuando recién la conocí, su mueca de asco fue notoria, la misma que intento ocultar ahí dentro.
—¿Por qué bebiste si no te gusta? —, le cuestioné a lo que ella aparto la mirada—, Vamos Grace, no tienes que hacer eso. Nos agradas tú.
—En realidad me gustaron dos—, confesó con una sonrisa divertida—, Él último sabía demasiado… Fuerte.
Era demasiado obvio que estaría fuerte, Gilberto le estaba entregando alcohol con un toque pequeño de sabores, en realidad. Noté como su rostro se había relajado un poco ante todo esto. En realidad, a pesar de que al principio no me había parecido de las mejores ideas, le había resultado bien, se relajo.
—Gilberto estaba jugando contigo, le puso más alcohol que nada—, le dije a lo que ella me miro divertida—, ¿Cuáles te gustaron?
—Tú—, mencionó con una sonrisa burlona.
Pareció notar que lo dijo, puesto que sus cejas se fruncieron tanto y su boca se entre abrió, me acerque un poco a ella, logrando apoyarla en la pared, temía que se cayera. ¿Cómo es posible que con tan pocos tragos ella se embriagara?
—No me desdigo—, soltó con diversión. Se encogió de hombros para mirar hacía el restaurante—, Creo que debo irme a casa, y-yo vine a decir lo del siguiente plan, quizá Guillermo logré entrar de nuevo.
Por un segundo pareció haber visto un fantasma, sus facciones se contrajeron y sus ojos miraban hacía la nada conmocionada, parecía estar sintiendo tanto en tan pocos segundos, le tomé el rostro enfocando sus ojos, apenas me miró ella pareció achicada.
—No es necesario que me lleves todo el tiempo—, susurró bajamente. Para después soltar un suspiro levemente pesado—, Puedo irme sola.
—Lo sé, pero no sucederá. ¿Qué fue lo que sucedió? Pareces estar… Parece que sucedió algo—, mencioné, ella simplemente negó. Pero era obvio—, Vamos Grace, puedes decirlo.
Ella negó, mencionando que así estaría bien. Se limitó a ver hacía abajo, completamente callada y con los ojos ligeramente enrojecidos, algo había causado un revuelo de sentimientos dentro de ella, podían ser tan notorios, me detuve mirando en su dirección, deteniéndola a ella también.
Había algo dentro de Grace, dentro de ella que me recordaba en lo que yo me había convertido en el momento en que todo se fue para abajo, quizá su modo en intentar demostrar que se encontraba bien, o su frialdad con las demás personas. Pero… También había notado algo en ella, estaba intentando encajar, a pesar de todo, como una especie de masa esperando poder estar en la forma que los demás necesitaran, era pesado
—Se que es difícil, pero podremos encontrar un modo en sobrellevarlo.
Ella asintió, más no dijo absolutamente nada. Parecía que estaba pensando en tantas cosas, mientras que ninguna salía de sus labios con completa claridad.
Entrelace su mano con la mía para comenzar a caminar hacía mi auto, ella parecía querer decirme algo, pero no lo hacía, estaba tan callada.
—¿En que estas pensando Grace? —, indagué a lo que ella se encogió de hombros—, Grace…
—Yo no debería de quererte del modo en que lo hago—, confesó con las cejas ligeramente fruncidas, evitando mirarme—, Lo que yo quiero… Termino perdiéndolo.
—No has salido con nadie después de ella, ¿No crees que deberías darte una oportunidad? —, menciono Guillermo—, Has estado en tu propio mundo.
—No, no quiero conocer a nadie más. No me encariñare con nadie más—, confesé bebiendo de la botella de tequila—, Lo que yo quiero, termino perdiéndolo
Sus palabras tenían resonancia en las mías, yo pensaba igual. Pero con ella esos pensamientos habían dejado de atormentarme, pero tenía razón, con ambos… La muerte había terminado por enamorarse de las personas que teníamos cerca.
Podría existir la posibilidad de perderla. Y yo no quería que eso pasará.
Yo la quería a ella, pero más que nada… Quería que estuviera en mi vida, a pesar de no “estar con ella”, de ese modo.
Cerré los ojos, sin mirarle, para sentir un nudo en el estómago, esto era una mierda.
Le miré de reojo, ¿Debía de alejarme?
Narrador desconocido:
Es parte de entender la vida el hecho de tener en cuenta, que ni el café más fuerte, los libros más grandes, o las noches más largas podrían demostrarte lo que sucedía en realidad, es parte de entender la realidad, que te hace darte cuenta, que confiar, pensar y creer, que quizá tú podrás encontrar respuestas. No siempre funciona, las noches largas ya no lograban darnos respuestas.
Solía creer que yo llegaría lejos con mi plan, pero me equivoqué seleccionando a un par de personas en mi equipo, no dudaba eso. El viaje fue tedioso, aburrido, me sentí atrapada con algo completamente estresante, era un asco. Miré de reojo a quien me acompañaba, ella lucía tranquila. Cómo si en realidad no me arruinará cada uno de los planes que yo tenía.
Por ello el viaje fue largo, no mentiría. Miré de reojo a la chica con la peluca castaña, ella no paraba de hablar y de decir las mejores razones por lo cuál esto podía tener dos caminos, era cierto, podía tener un camino negativo y eso haría que las cosas se pudrieran. En el instante en que mis ojos chocaron con los suyos guardo silencio, acelere lo suficientemente rápido para que el aire se estrellara en mi piel, sintiendo el frío estremecer mi piel. Ella comenzó a hacer pequeños sonidos con la boca, sonidos que demostraban que una parte de ella comenzaban a sentir un poco de impaciencia, se enderezó para después recargar su cabeza entre su mano y el cristal del vidrio de aquella ventana.
—Si, todas hermanas. Pero es ridículo, ¿Por qué su padre sería parte también?—, alarga. Sabía que para ella todo era ridículo, si lo mirabas por encima de todo así era como sonaba.
—El sabía de los bandos, quería que las cosas entre sus hijas terminaran, los bandos hicieron las cosas más dificiles entre ellas—, espete con un bufido girando el volante—, Pareces nueva en todo esto.
—Se la historia—, afirma pasando sus dedos por el cabello—, Una familia llena de personas perfectas no podía ir enlazada con criminales.
Las hermanas, conocieron al amor de su vida, pero no todos estamos destinados a estar con esa persona y a veces quien creemos que es el amor de nuestra vida, no llegamos a ser el amor de su vida.
Apenas llegamos a la casa dónde habíamos crecido un par de meses cuando las cosas se pusieron difíciles bajamos mis ojos comenzaron a examinar aquella casa que entre cada centímetro que miraba solo podía atraer recuerdos de todo lo que había pasado aquí. Entre, caminando directamente a la habitación que me habían dicho, no era tarea sencilla, conocía perfectamente todo de aquí.
—¿Tienes algún favorito?—pregunto él, mirando los ojos color miel de la adulta, con su cabeza llena de nieve—, Son muchos.
—Mi hermana tuvo hijos también, no creo que sea correcto reclamar un favorito cuando la familia es grande—sin aquel discurso del querer a todos por igual, mostró entre líneas que lo había, más no era correcto mencionarlo.
—Entonces lo tienes—asegura él—¿Katherine?
—Julieta—corrige por lo bajo—La tuya es Katherine, ¿Cierto?
Mis dedos tocaban la fría pared llena de tierra mientras el olor a vejez y un poco de humedad inundaba mis fosas nasales, nadie quería cambiar la habitación, la casa ni nada, querían conservar la casa como una especie de museo de monstruos, todos los que habían vivido aquí eran unos, sin vergüenza y despiadados.
—¿Llegaste a vivir aquí?—, le pregunte deteniéndome frente a un cuadro familiar, padres y tres hijas, Laura era quien se encontraba en el medio.
—Un par de meses—mencionó tranquilamente.
—Iré arriba, no rompas nada, ni te quites los guantes ni la máscara—Señale, comencé a subir las escaleras escuchando mis pasos resonar por el frío suelo, uno tras otro.
—Matarás a tus padres, porque quieren matar al amor de tu vida—siseo Paulina—Nos quieren separar, te enviaran a donde estaba encerrada Anna.
Cuando naces, se te otorga un alma, esta en realidad olvida todo lo que sucedió en tus vidas pasadas y te hace recordar una sola cosa, lo que intentarás en esta vida, ser una buena persona. Se te entrega una especie de alma en blanco, esperando que tomes la decisión correcta de como llevar a cabo todo esto, de como llevar a cabo las decisiones que tomarás.
Las personas no suelen llevar el alma podrida, se pudre con el tiempo y es una de las cosas más duras.
—Es una casa grande—, alardea llegando a mi costado—¿Tu crees que fueron una familia feliz?
—La familia Morgan es de todo, menos feliz—susurre adentrando a la habitación—Si te sientas en la cama has de saber, que ahí murieron.
Ellos no murieron de forma sangrienta, ellos no murieron del modo despiadado en el que lo hicieron su hija y yerno, ellos murieron dormidos, sin poder si quiera dar un poco de pelea ante todo lo que había sucedido.
Ella miró con una pequeña repulsión a la cama, noté como un escalofrió había recorrido su cuero para después rodar los ojos y caminar hacia un cuadro, uno familiar.
Es estruendoso intentar escapar de los pensamientos. No podía negar lo cansada que actualmente me sentía, en repetidas ocasiones me preguntaba si esto en realidad valía la pena. Me sentía constantemente cansada por pensar en este tipo de cosas, pocas, pero dolorosas, quizás mi historia podría haber sido diferente o no hubiera llegado a todo esto si ellos no hubieran sido del modo que fueron conmigo, muchas cosas hubieran sido diferentes, tal como con ellas.
—Anna no debía de estar en el hospital, debimos de confiar en ella—mencionó la madre mirando a Laura—Encontramos a Paulina, con Claudia, confirmamos aquello que mencionabas Laura, ella...
—Debieron escucharnos antes...
—Ellos confiaron en la persona equivocada—alargue bajando el cuadro, sintiendo como el polvo del marco se pegaba a los dedos.
—¿Puedo quedarme una noche?—, pidió Claudia.
Ella sabía perfectamente el mal que había hecho, sabía que una de las dos era la mala, a fin de cuentas siempre se dice... Que los gemelos uno es el malo.
Apenas baje el cuadro pude enfocar aquella caja que podría guardar miles de secretos que añoraba saber, secretos que habían hecho que yo llegara aquí. Las historias me picaban el alma, siempre quería saber más.
—Los matamos—susurro Claudia con miedo—¡debemos salir de aquí! —chilló con miedo—Anda...
Crees en ángeles o demonios, la vida, la muerte, el dolor... Crees porque tienes que haberlo hecho, antes y ahora.
Tome aquella manija, para después abrirla, esperando encontrar algo bueno, mis ojos bajaron a el, si podía ser lo suficientemente bueno para poder idear un plan que pudiera haber hecho ellos, destruir todo, los bandos, el inicio de ellos, tuvieron el poder todo el tiempo, sin embargo siempre han sido de corazón débil, un corazón que seguramente podría haber roto las cosas con rudeza, despiadada mente.
—¿Lo usarás? —pregunto temerosa de la respuesta, asentí, tomando aquellos papeles que darían punto final a todo.
Ellos siempre creyeron que todo se debió a los bandos, los cinco, que ellos habían roto todo, no fue así, su rivalidad comenzó conmigo y de ese mismo modo tenía que terminar.
Narrador omnisciente:
Su cuerpo temblaba en el suelo, mientras que sus ojos no lograban enfocar con claridad lo que sucedía, el reloj había dejado de sonar en su cabeza, las voces que solía escuchar anteriormente habían desaparecido, los recuerdos eran los que la habían llevado ahí, queriendo un poco más de lo que había sucedido hace un año atrás, pero ahora, ella quería ser quien estuviera del lado contrario, ella no quería ser la que saliera lastimada, pero se equivocó.
Presionó con fuerza sobre sus manos, mientras que sus ojos se cerraban un poco, a pesar de intentar mantenerse despierta no lo lograba por completo, sus ojos se cerraban, una y otra vez, mientras que sus manos buscaban algo de donde sostenerse para levantarse.
Un intento en balde.
Se encontraba ahí debajo desde hacía un par de semanas, desde el 23 de septiembre, había pasado ya un mes y casi dos semanas. A pesar de que ella no lo sabía con claridad. Solo se movía, intentaba mantener el control, mientras que miraba sus ojos sin máscara observarle desde afuera, por minutos largos. Así funcionaba la realidad cuando comenzabas a tener un punto de vista más amplio, cuando lograbas tener una perspectiva completa de lo que en realidad sucedía, y lo que no.
Escuchaba personas constantemente pasando, viniendo y saliendo de aquí, escuchaba las pisadas chocando con el suelo frío de metal, más aun no se lograba comprender, porque nadie hacía nada por ayudarle. Mientras que el lugar estaba en sus últimos arreglos, mejoras y demás, ella había pasado sus noches y días ahí, preguntándose cuando podría lograr salir. Lastimosamente, no había si quiera una sola señal que le diera un toque de esperanza ante todo eso.
—No creí que en realidad estuviera en tu punto de vista—, confesó la chica mirando hacía quien lideraba todo esto—, ¿Qué cambio?
—Querías una venganza completa, ¿No es así? —, le cuestionó. Puesto la chica que se encontraba en el suelo intentando levantarse, intentando regresar a la vida, se conectaba… Sólo un poco con ella—, Querías hacerle sufrir, aquí esta. Me has ayudado, así que porque no.
—Si, en realidad lo quería—, confesó ella jugando con sus manos—, Pero temó que esto se salga de control—, se levantó, poniendo ambas manos por encima del cristal—, No creí que esto sería tan fuerte.
—Esta por serlo—, le dio la razón—, ¿Le enviaste el mensaje a Audrey?
—Sí, Danik fue a su casa y en realidad todo salió como esperabas, no es novedad—, le dio la razón, sacando su celular, en la pantalla se miraba como Audrey le estrellaba el cono de helado en el rostro, mientras le pedía a gritos que saliera de su casa—, No es sorpresa, se lo merecía.
—Sí. En realidad su historia me enferma—, confirmo ella con una mueca de asco—, ¿Cómo podía decir que eran primos mientras se acostaba con él? Y ellas siendo amigos.
—Sí. Es decir, se había hecho a un lado para que saliera con él, no encuentro la necesidad de hacer lo que hizo.
La chica que se encontraba en el suelo, intentaba con toda sus fuerzas poder salir de todo esto, levantarse y salir de todo esto en lo que había ingresado por accidente, ahora se encontraba siendo parte de una prisión, quizá ese era del modo en el que ella le miraba, tomó con todas sus fuerzas. Y por primera vez, aquella chica, que durante todo el tiempo tuvo un caparazón duro, se desmorono.
Una de las chicas se levantó, con una sonrisa tranquila para adentrarse al lugar en donde ella estaba cautiva, no ponían demasiado esfuerzo en hacer que ella se mantuviera ahí, puesto que ella si quiera podía llegar a moverse.
Era así, en momentos tan pequeños para ella, que no le importaba en lo más mínimo a sus alrededores, no les interesaba ni un poco el daño que habían hecho, ahora… Todo se había ido a la basura, los sueños de los demás, los intentos y todo aquello…