Corre en la oscuridad

5000 Palabras
Si el dolor sobrepasaba el pecho, te impedía respirar… Si comenzabas a preguntarte si en realidad valía la pena seguir luchando ante todo eso… Es donde comenzaba la satisfacción de “ella”, el dolor de Grace, el sufrimiento de Drey, fue un impulso de ella, para poder seguir a la siguiente etapa del plan. Narrador desconocido: Mentiría al decir que leer el cuaderno de Grace no había significado nada para mí, era deprimente ver lo mucho que se había arrastrado y lastimado por ser buena persona, temía exactamente de una cosa en específico, recaer. Era notorio por como cada hoja que avanzaba los sentimientos eran más fuertes y las letras más descuidadas, ponía sus pensamientos tal cual salían de sí cerebro, comenzando a ser garabatos ilegibles sobre el dolor de su corazón. Visite a Paulina, esperando que ella me dijera que era en realidad yo, uní demasiados puntos y las cosas solo podían ir empeorando con más pasara el tiempo, no había nada diferente. Ella me miraba con desdén cada vez que sus ojos chocaban con los míos, creí que era porque al abandonarnos quería dejar de saber de nosotros, me equivoqué, solo quería dejar de saber de mí. Acudí con Kyara, a ella le miraba como si fuera la cosa más preciosa del mundo, como si el tiempo no hubiera avanzado en nuestras pieles, como si todos nosotros no hubiéramos avanzado, era como si para Paulina... Su pequeña niña aún se encontrará frente a sus ojos. ¿Qué era yo? No sentí culpa en el momento que comencé, escuché las voces de ellos y a pesar de que durante demasiado tiempo intenté convencerme que no necesitaba esa venganza, terminé haciéndolo. No era tan diferente a ella, no era diferente en nada, tenía el corazón podrido, había hecho daño a tantas personas por envidia que anteriormente si quiera tenía. Evito mirarme al espejo, me causa inseguridad la persona que me refleja ahí, me causa miedo mirar sus ojos y encontrar que aún soy un monstruo, que la maldad aún habita en mi cuerpo, a pesar de que luche por que esta saliera de mí. Mordí mi labio con rudeza, solté un suspiro buscando entre mi alrededor, abrí el closet mirando el interior, todo eran sudaderas grandes o ropa oscura, pasé mis dedos entre estas tomando un par, para poder llevárselo. —Grace, Grace, Grace—canturreo tomando las cosas del closet, encontrando una fotografía de ella con sus hermanas—Eras diferente, ¿Qué te sucedió? Al contrario de lo que suelen contar, se hizo reservada, sarcástica y callada. Era una persona completamente diferente a la que conocí, tomé entre mis dedos el papel que se encontraba sobre un buro. Cuida a mis niñas, sé que podré ser una buena persona, hago todo lo que puedo por ser aquello que alguna vez fui. Tenías razón, arruine a Claudia, como también me arruine a mí. Las quiero con todo el corazón. A todas. Te dejo esta nota cariño, nunca te hablé de tu madre, nunca hablé de lo que en realidad sucedió, solo esperaba poder reunir a todas como una familia. Cometí demasiados errores que con el tiempo solo lograron aumentar, escuché que te graduaste. Espero llegues lejos y algún día me llegues a perdonar, con cariño, papá. Arrugué la nota entre mis manos, para después tirar está en el bote de basura que se encontraba en la esquina de su cuarto, cerré el cuaderno e hice una mueca. Mire nuevamente aquella habitación esperando descifrar un poco de la nueva Grace, un intento en balde puesto que esa habitación era una hoja en blanco, borro su vida, borro absolutamente todo, sin colores, ni recuerdos, nada. —Saliste de tu realidad—Pasé mi mano por la pared, dejando caer mi cuerpo en su cama—Te intentaste alejar del mundo real, ¿No es una pena? —rompí la fotografía de su closet dejando caer está en el suelo—Tenías potencial en este equipo, lo echaste a perder. Tome las cosas para salir de la habitación con un suspiro pesado, paseando en mis pensamientos con demasiada tortura, solía preguntarme ¿En realidad todo esto valió la pena? ¿Valió la pena ingresar a una niña en un juego de adultos? Grace, ella era una niña, una niña buena, una niña asustada en este mundo de gigantes, asustada esperando tener si quiera una oportunidad con su padre, que él se sintiera orgulloso de ella. Seguro no valió la pena, no me sentía si quiera un poco satisfecha por todo lo que había sucedido con lo que hice a ella, pero... Quizás vi en ella algo que vi en mí, siempre supe que ella era una Morgan, siempre estuve un paso adelante, sentí pena por ella. Supe lo inteligente que era, el potencial de la chica con complejo de perfección, como también sabía lo lastimada que estaba con todas las cosas que vivía, sentí cólera por ella—junto con un poco de compasión—, cuando siempre supe lo lastimada que ella era a diario, lo mucho que estaba sufriendo, decidí interferir. Comencé a observar a la chica por días, meses, demasiado tiempo antes de mandar el primer mensaje que haría que todo cambiará, ella tenía doce y ya se encontraba en mi campo de visión, al ente el desastre con cosas pequeñas y sembré el odio en su corazón. Coloque a Fernanda en su mira matando dos pájaros de un tiro—dando la información necesaria para que lograrán ser lo que deseaba—, intente que ellas aprendieran de mi sin conocerme, saber las cosas necesarias para poder romper a los demás, del mismo modo que a ellas alguna vez las rompieron. ¿Algo que aprendí de aquí? Las cosas no suceden como deseamos, así que las cosas no salieron como yo estaba esperando, Fernanda y Grace eran demasiado débiles, intentando ayudar a los demás, ayudando a las personas que se encontraban en peligro, ambas se tentaron el corazón—Fernanda más que Grace—, pudo ser cuestión de tiempo o quizá un poco más de veneno así ambas pudieron perder su humanidad. —Pudimos ser amigas, pudimos llegar lejos, pe o decidiste ser estúpida—guarde las cosas en mi mochila rodando los ojos—Ahora estas rota y sola, vaya tristeza. Salí de la habitación con la mochila aferrada en mis hombros y los pensamientos aún dentro de mí, enfoque los pasillos mirando como no había nada en esta casa que no fuera blanco, perfecto, alineado y aburrido. ¿Grace? Ella era una fanática del control, supongo que eso era a lo que te obligaba a ser el mal en esta vida, entro a esto y no quedo nada de ella, se perdió. Mire en la pequeña mesa en una esquina al borde de las escaleras, me acerque a está encontrando una nota. "No he podido encontrarte, las llamadas van directo al buzón. Se que no tienes el celular que me diste encendido... Hay malas noticias. Llámame cuando veas esto". No tenía firma, pero seguramente era la única persona que tendría acceso a la casa de ella, baje las escaleras con una sonrisa de oreja a oreja en mi rostro apenas leí esto. Sabía perfectamente de lo que se trataba esto, yo lo ocasione, como todo lo demás en su vida. Saque mi celular llamando su número, después de un par de timbres atendió. —Tardaste en llamar, ¿Se encuentra todo en orden? —Pesqué al pez gordo—mencioné con diversión, pasando mi mirada por la habitación—Te veo en nuestra cafetería, voy en camino. Antes de que ella pudiera responder termine la llamada, mire con atención el lugar esperando que algo llegara a mi mente. No podía dejar de pensar en cómo había destruido a Grace, ¿Si eso era lo que buscaba porque ahora me preocupaba? Es decir, ella fue débil, podía ser que en más de una cierta parte lo mereciera. Una idea llego a mi cabeza, una sonrisa gigante apareció en mis labios. Cabo su propia tumba. Coloque una pequeña cámara detrás de una pata de una mesa de centro que daba a la cocina, con ella sería más complicado, no tenía cuadros ni nada parecido, solo un par de plantas y una vida aburrida. Salí de su casa subiendo al auto, para conducir con tranquilidad al café, había colocado las cosas que me pidió en la cajuela, mientras que cientos de pensamientos navegaban por mi cabeza. Apenas llegue al café la enfoque, con una peluca rubia y unos lentes de armazón gruesos. Se miraba más que ridícula. Me acerqué al mostrador pidiendo un café n***o, junto con un pastel de queso, ella rápidamente me entrego mi orden. —Le agradecemos su estadía—, mencionó con una ligera sonrisa—, Que lo disfrute. Le entregué una sonrisa fingida, para después caminar en dirección de la chica que me estaba esperando con su vestimenta tan ridícula como fuera posible. Me senté frente a ella, examinando como frente de sí, se encontraba un plato de porcelana con una pequeña galleta en el centro, no la había comido, solo la miraba. —Tu vestimenta es ridícula—, acusé con las cejas ligeramente fruncidas, dejando el café sobre la mesa—, Te dije que tenían que ser cosas discretas, no que parecieras sacada de una película de espías para niños. Ella rodó ligeramente los ojos, para tomar entre su mano que portaba un guante tejido cubriendo su mano, ¡Dios! —Fue lo único que encontré—, mencionó bajamente, para después enderezarse, jugando con el plato, pasando este de lado a lado—, ¿En dónde estabas? —Por ahí—, me encogí de hombros, ella me miró con el entrecejo fruncido—, ¿Qué? —¿Por qué yo tengo que decir y reportarme todo el tiempo contigo? ¿Pero tu conmigo no? —, preguntó con una ligera molestia. —Porque podrías hablar sin pensarlo—, le recordé, ella rodó ligeramente los ojos—, Te recuerdo, que Grace es parte de a quienes decidimos torturar, si haces algo mal ella podría verlo. —Al igual que Guillermo—, siguió a lo que asentí—, Bien, lo entiendo… En realidad, era porque ella era un peón. Simplemente la necesitaba para poder elaborar perfectas coartadas, que no demostrasen que era yo quien estaba detrás de todo esto. Era sencillo, un títere. —¿Por qué me llamaste? —, pregunté, recordando su llamada. Enterré mi tenedor en el pastel para introducirle en mi boca—, Dijiste que podía ser importante. —Lo es—, afirmo asintiendo ligeramente—, Es sobre… Audrey. Ahí entendí todo antes de que lo dijera, a la chica le salían las cosas de mal en peor, como si en realidad fuera posible. Así era como funcionaban este tipo de cosas, creabas un plan, dañabas a las personas. Pero ella siempre se arrepentía cuando lo hacía. —Me llamo Lily, ¿Sabías que sus padres ya no hablan con Audrey? —cuestionó, a lo que asentí ligeramente—, ¿Es verdad? —Hace meses que la sacaron de su vida, un año y pico—, me encogí de hombros, introduciendo más pastel en mi boca, estaba delicioso. —¿Por qué no me lo dijiste? —, cuestionó sorprendida. —Qué yo recuerde, tú fuiste quien quería lastimar a todos los que estaban en ese círculo. Yo no la metí en esto, tú la metiste a ella y un par más—detuve su mano que movía el plato, el sonido comenzaba a cansarme—, Tu decidiste que ella fuera parte del juego, ¿Lo olvidaste? —También vivía con Katherine, perdió su casa y su empleo... No buscaba... —Kiki, el daño hecho esta—alce las cejas rodando mis ojos con desdén—No hay nada que se pueda hacer. —Solo... Me preguntaba, ¿Crees que estemos haciendo lo correcto? —, rasco su nuca y me miro con una mueca—, ¿En realidad sin tan malas personas para merecer esto? —Tss—chiste levantando mi mano en su dirección, haciendo que el silencio llegara—No quiero escuchar nada de esto, cállate. —Yo... —Yo tengo algo que querías escuchar, presta atención. En las calles de California existió una historia hace años atrás... Se dice que cada una de las familias tiene un integrante diferente a los demás, con un rasgo más fuerte, capaz de sobresalir más de lo normal. Está vez, no fue la excepción. Hace muchos años, nacieron dos gemelas... Una gemela era inteligente, fuerte, noble y alegre, mientras que la otra gemela nació con el corazón podrido, estaba llena de odio, rencor, coraje y envidia. Después, nacieron dos hermanas más, las cuatro tenían en común a su padre, pero una de las hermanas tenía una madre diferente, no todas las historias eran perfectas, esta no era parte de ellas. No se trataba de un mundo de rosas, no trataba de un mundo perfecto, ni la vida era lo suficientemente buena. Cada una de las hermanas tenía dones excepcionales, talentos extraordinarios, se habían llenado la vida en sobresalir entre sí, intentando ser lo suficientemente buenos, tal como lo habían sido sus madres en algún momento, la perfección la llevaban en la sangre—junto con demasiada presión en ser las mejores—, cada una de ellas encontraron la forma en la cual poder sobre llevar la vida, eran perfectas para aquella familia en la cual les tocó nacer, sin embargo... A cada una de las hermanas se les otorgó las mismas oportunidades, tal como sonaba, acudían a las mismas clases y las mismas actividades extracurriculares, al principio parecía ser la idea perfecta, hasta que esta terminó siendo el detonante en la bomba en la envidia dentro del corazón de una de las gemelas... Sus padres deseaban que ellas fueran las mejores, grandes personas, personas maravillosas que tuvieran la oportunidad de hacer la empresa la más exitosa. Eran la familia perfecta... Fuera que una no fue reconocida por el padre jamás, Paulina. Paulina nació a base de una aventura, una infidelidad... La traición de su padre con una trabajadora de la empresa de la familia Morgan, a pesar de ello, jamás se le quito ninguna de las oportunidades, tuvo las mismas oportunidades que las tres hermanas... a pesar de que ella se preguntaba, ¿Por qué él siempre nos apoya? Las cuatro hermanas comenzaron a crecer, con las oportunidades en las manos, las mismas oportunidades, cosa que terminaba por parecer un problema con el tiempo, ellas desbordaban perfección, una que en aquella familia se daba como pan caliente cualquier mañana, fue de ese modo, en aquella historia, que dos de las hermanas, Anna y Laura comenzaron a introducirse poco a poco en el mundo de sus padres, la empresa. Una de ellas en el mundo del modelaje mientras que la otra en el diseño de ropa, no conforme con ello en aquella historia perfecta, dos alumnas ejemplares que con el paso del tiempo sólo hacían más que brillar cuáles diamantes, logrando atraer y acaparar la atención, tanto en casa como en la escuela. Por su parte, las otras dos hermanas eran diferentes a ellas, con problemas de confianza al ver como sus hermanas obtenían todo por mérito propio, los corazones de estas, Claudia y Paulina, comenzaron a pudrirse, comenzaron a ser llenados de odio mientras solo podían admirar por lo lejos las vidas de sus hermanas. Dicen un par de historias que intentas ser lo que las personas puedan admirar, ellas se esforzaban, se inscribían en cada una de las clases curriculares solo para poder demostrar que serían buenas, lo suficiente como sus hermanas, quienes terminaban siendo inscritas en las mismas clases que sus hermanas y siendo mejores que estas. Oportunidades iguales fue lo que termino de romper los corazones de ellas. Con el paso del tiempo las cosas comenzaron a empeorar aún más, las buenas oportunidades, la tristeza y el enojo se convirtió en rebeldía, rebeldía que las llevo a una ciudad un poco más lejana de lo que ellas solían ir, de California, todas y cada una iban a pasar un par de semanas en Nueva Jersey, donde un par de chicos terminaron por robarse el corazón de ellas. —¡Los veremos de nuevo! —chilló con emoción Paulina, pasando sus brazos delgados por los hombros de Claudia—¡Esto es brillante! —¡Después de tanto tiempo! —le regresa emocionada—¡Nuestros chicos! No todas las hermanas tenían la misma emoción, algo que nunca se contó, fue aquellas noches en que las hermanas acudían a Nueva Jersey, antes de que Anna fuera encerrada después de las bromas pesadas que constantemente recibía debido a los celos de Claudia, quien envenenaba la mente de Laura, tres de las hermanas no consiguieron el verdadero amor que ellas creían que podrían obtener, el padre de las gemelas, misma persona que Claudia le amo con todo el corazón, conquisto a dos de las hermanas, Paulina y Anna, mientras que en el día acudía a citas románticas con Claudia, en las noches se encerraba en habitaciones a pasar el rato con las hermanas, enamorado del peligro prosiguió así durante años, esperando que nadie notará la jugada perfecta donde el recibía el premio más grande, sin embargo las mentiras se pudren con el paso del tiempo y cuando menos te lo esperas el destino puede llegar a venir a cambiar más de una cosa, y las cosas se dieron como debía de ser, Claudia se casó con un chico guapo, uno que podía ser inteligente y brillante, mientras que por las noches seguía visitando a aquel chico malo que le había robado el corazón, Claudia lo descubrió en los registros de visita de su hermana Anna, en aquel psiquiátrico por locuras que ella no había cometido. La venganza en la sangre es buena, la venganza en las Morgan podía darte pesadillas en las noches. Claudia intento asesinar a sangre fría al padre de los hijos de su hermana, Anna, mientras que ella había tenido hijos con quien ahora vivía Anna, su mejor amigo. Padre de Logan y Fernanda. El par de hermanas, Claudia y Paulina, con el paso del tiempo habían aprendido a hacer las cosas con venganzas perfectas, donde fue que todo comenzó, los asesinatos comenzaron, primeramente, a los chicos que reinaban el bando contrario, donde Laura habitaba, fueron asesinando de a poco a poco cada uno de los integrantes de aquel bando hasta que los únicos sobrevivientes fueron Laura y su esposo, padres de Katherine. —Inventaste la historia—mencionó, su mirada cansada miró hacia arriba, mientras que sus dedos jugaban con sus vasos—Además, es absurdo, ¿Todo fue por un chico? —El chico es lo de menos—, Tome su mano acercándome a ella—, Estaban cansadas. —Es estúpido. Me comparan con cientos de personas a diario y no por ello las mato—, señalo. —No entiendes nada—Gire mis ojos con molestia—¿Por qué Grace estuvo en el hospital? —Y-yo... —No eres tan diferente a ellas—Encogí mis hombros, levantándome de mi asiento, tomando su muñeca—Ella quedó ahí por días, ¿No es así? —Son casos diferentes. —Sin casa, sin familia, sin un lugar seguro—, enumeré con mis dedos y alce la ceja—, Que recuerde, fue tu idea expandir el rumor de que Uriel había embarazado a Delia porque Audrey no merecía tener personas que le apoyaran, fue tu idea dispararle a Grace… Fue tu idea… —¡Para! ¡Se tu punto! —, pidió nerviosa. Salimos de la cafetería, yo arrastrando su cuerpo tomando su muñeca. —Para—Pide pellizcando el puente de su nariz—No soy perfecta. —Eres inmoral e hipócrita, ¿Esta mal si lo hago yo, pero si lo haces tú no? —Lo siento. Ellas lo hicieron... —Todo fue, porque Laura y Anna recibían más atención que Paulina y Claudia—repetí acelerando en dirección de la casa que habían mencionado—Anna solo confirmo que ella quería todo lo que Claudia le gustaba, tuvo sus hijos con el amor de la vida de Claudia. —Creía que estabas a favor de Anna—alarga ella, mientras recarga su cabeza en el cristal del coche—Yo… —Anna tuvo hijos con el novio de Claudia, al igual que Paulina, las cosas son demasiado turbias, por la cercanía que llegaron a tener Grace y Logan—me burle—Sus madres son medias hermanas, mientras que su papá casi es el mismo, no sabes lo asqueroso que era mirarlos. —Pero no son medios hermanos, a tu mala suerte—se encoge de hombros—Claudia se casó con el mejor amigo de Anna. —Pudo haber sido mejor la historia. —La historia, le falta un pedazo—me señalo, a lo que asentí—Nunca me la terminas de contar. —Lo sé, es mi historia favorita, solo Paulina, Claudia y yo la sabemos y ahora que Paulina murió, solo seremos nosotras, morirá Claudia y seguirá siendo un secreto—celebré, mientras encendía la radio—Un secreto está a salvo… —Se la canción, cállate. —Te seguiré contando la historia, si lo que encontramos es lo suficientemente bueno. Anna, ella era lo suficientemente mala como para poder decir, que querría seguir la venganza de Claudia, pero en realidad no era solo por ello, las cosas tienen tantas perspectivas que cuando menos te lo esperas, todo comienza a tener un orden, todo comienza a ser lo suficientemente bueno, Anna... ¿Cómo es que podría empezar a describir a Anna Morgan? Las Morgan... Tienen las mejores venganzas, por ello, las cosas son así. Mis planes estaban por terminar, todo estaba por terminar y las cosas serían tal y como las planee. “¿Sabes lo que es perder todo lentamente? Audrey lo sabía. Perdió su familia, dado que esta la sacó al no ser cómo Lily, su hermana, sin darse cuenta que ella sería la mentirosa más grande del mundo. Su padre y su madre, la sacaron de su vida. “Olvida que eres una hija para nosotros”. Perdió su casa, al no seguir las reglas del juego de su hermana, no dañaría, perdió su trabajo y perdió las ganas de seguir adelante. A pesar de todo, le intentaba con fuerza. El día que ella estuvo en el hospital perdida completamente, la única persona que creía que le daría seguridad después de haberla traicionado tantas veces, le hizo recordad el cómo ella se sentía, una carga. Vivía económicamente al día, en ocasiones su nevera se encontraba vacía, pero nunca lo mencionaba. Nunca mencionaba que los días se habían vuelto difíciles para ella, no le mencionaba a nadie que su familia la había dejado, a la única persona que se creía capaz de contárselo, poco a poco se había alejado de ella, quizá aun tenían el título, pero la única que se preocupaba por la otra, nuevamente era Drey, Juls tenía sus problemas con los cuales lidiar, no había muchos lugares a donde correr. Finalmente, Caleb la terminó de arruinar, la hacía sentir que no podría sola, le hacía sentir que al final del día ella había comenzado a creerlo, siendo emocionalmente dependiente de él chico que la lastimaba. Drey no lo decía, pero en realidad habían sido días pesados. No conforme con ello, tenía al anónimo que le hacía sentir peor, recordándole que todo esto, todo era porque ella nunca sería suficiente. Y después de un tiempo, esas palabras no salieron más de la cabeza de Audrey, se lo terminó por creer” Audrey Marin: Si el dolor aumentaba, creía que existiría la posibilidad de morir, me deje caer en mi cama mientras limpiaba con el dorso de mi mano las lágrimas que salían de mis ojos sin control alguno, una parte de mí suponía con todas mis fuerzas que él lo haría nuevamente, sí sucedía, yo sería la idiota. Me mintió una vez, lo perdoné, la segunda, lo perdoné, la tercera, yo era la idiota que no dejaba de pensar y seguir creyendo que yo podría tener una especie de historia lo suficientemente buena, pero no fue así, nunca es así. Ya lo entendí. Escuché el sonido de la puerta, una y otra vez, un golpe tras otro, me levanté, hasta que escuché su voz. —¡Drey! ¡Drey déjame explicarte! —, pidió Caleb a través de la puerta, su voz estaba rota, lastimada, hijo de puta—, ¡Se que si me escuchas…! —¡Se que estás ahí! ¡Por favor! —, su voz sonaba mientras un golpe tras otro llegaba a la puerta—, Te amo Audrey… Escuchar, no quería escuchar nuevamente si quiera su voz, me había causado tanto daño en los últimos meses que no podía hacer nada más que sentirme insegura de todas mis decisiones, había estado siempre a la sombra de demás personas, porque… A pesar de que pudiera tener el título, a pesar de que frente a todos yo era la novia, en realidad… nunca había sido lo suficientemente importante. No abrí la puerta, solo me recosté hasta que me quedé dormida, sin embargo, fue el timbre nuevamente el que me hizo levantarme, me sentía cansada, apenas me levanté, caminando arrastrando mis pies por el suelo, cansada. Apenas llegué a junto a la puerta pude enfocar en la puerta a Danik, quien tenía una bolsa de papel con comida dentro, recién había leído el nombre, mi comida favorita, en sus manos tenía un par de conos de helado. Escuché mi celular vibrar dentro de mi bolsillo, lo saqué notando que tenía un mensaje de un número desconocido. Desconocido: Han sido amigas desde hace años, ¿Vaya traición no? Te la envió a casa, en bandeja de plata. Al final del día, ¿Qué traición más grande que tu amiga siendo quien es parte de quien te pone el cuerno? Hice una ligera mueca, para terminar por abrir la puerta, ahí estaba ella con una mueca marcada en sus labios. —Me enteré de que terminaste con Caleb—, menciona adentrándose antes de que yo pudiera decir algo—, Creí que no querrías estar sola, así que vine a apoyarte. Le di una ligera sonrisa, apoyándome en el marco de la puerta. Mis ojos pesaban, había estado llorando los últimos minutos, hasta que me quedé dormida, no podría describir la pesadez que estos tenían. Ella me entregó uno de los conos de helado, para sonreírme ligeramente. —Caleb puede ser un imbécil—, me dio la razón sentándose en el sofá—, ¿Qué tal te sientes? —Sí, es un imbécil… Miré hacía otra parte, ¿Cómo era posible que pudiera tener el completo descaró de venir a mi casa? ¿Cómo podía tener el descaró de hacer este tipo de cosas y fingir? Miré el cono de helado para después soltar un suspiro pesado, ella se levantó caminando hacia mí, confundida. —¿Es tan grave? No sueles ser tan callada—, mencionó posándose frente a mí—, Se que podrás encontrar alguien mejor—, mira hacía mi mano para fruncir ligeramente las cejas—, Tu helado, se derrite. Lo miré para después comerle un poco—, Vaya, esta rico—, mencioné sonriendo ligeramente, ella imitó mi acción. Misma sonrisa que desapareció de su rostro cuando con impulso estrellé este en su rostro, estaba enojada, furiosa. —¡¿Qué te sucede Drey!? —, me grita sorprendida, el cono cayó al suelo, pero su rostro estaba embarrado—, ¿Por qué fue eso? —¿Valió la pena? —, pregunté con los ojos llorosos, no me dolía del mismo modo la traición, me dolía más la de Danik—, ¿Valió la pena tirar nuestra amistad a la basura por un chico? —Drey, y-yo no sé de qué estás hablando—, menciona con la voz temblorosa—, Quién te hizo esto fue Caleb… Yo no. —Si me hubieras dicho, que él había sido tu novio, yo hubiera respetado—, mencioné con la voz rota empujándola con fuerza—, ¡Habría respetado que aún sentías algo por él! —Drey, se salió de mis manos—, confesó mientras su pecho subía y bajaba con rapidez—, Esto se salió de las manos de ambos… —Todos sabían a mis espaldas—, susurré con los ojos llenos de lágrimas—, ¡Fingías escucharme! ¡Fingías apoyarme! ¡¿Qué clase de amiga eres!? —Siempre, siempre que te escuchaba era real—, mencionó intentando tranquilizarme—, Siempre quise apoyarte, pero eso era más grande que yo, más fuerte. —Está bien—, susurré mirando hacia ella—, Siempre tenemos que tener las prioridades claras. —Drey… Siempre serás mi amiga. —No, no te confundas—, susurré negando, con mi labio inferior temblando—, Tu y yo ya no somos, ni seremos amigas nunca. Quizá nunca lo fuimos. —¡Cometí un error! ¡Pero eres importante para mí! —Vete—, susurré señalando la puerta—, Llévate tus cosas, llévate todo. No quiero volver a saber de ti en mi puta vida. —Drey… Dame una oportunidad—, pidió—, Dame la oportunidad de explicarte lo que paso... —¡Qué te largues! —, le grité furiosa—, ¡Ya no hay nada que puedas hacer aquí! ¡Nada que te detenga! ¡Para mí tú ya no existes!
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