Inicio de bandos

5000 Palabras
¿Conoces el verdadero amor? Muchas personas suelen verlo de un modo romántico, una persona que llega a tu vida y te cambia, pura basura. A veces ruegas por haber conocido experiencias que otros han vivido—a veces quisieras haber sido tu—, quien escucho una canción de cuna por parte de un padre, un vitoreo después de un logro, amistades sinceras que se alegren por la persona en que te convertiste, una pizca de amor, algo… Sin embargo, nadie sabe qué camino nos deparara el destino, sin embargo… Deseas con todo el corazón que sean cosas mejores de las que puedes llegar a esperar, ver o tener. Narrador desconocido: Centro psiquiátrico: Crees ser una persona llena de locura, ¿Qué es en realidad la locura? Una palabra despectiva donde se adentra a las personas que padecen síntomas, enfermedades y demás diferente al resto, ¿Me equivoco? Lo que en realidad terminaba siendo una locura, era lo que sucedía con las personas que usaban ese terminó. Había más personas locas en las calles fingiendo ser normales, que las personas que se encontraban aquí, así es la vida, ¿No es así? Las personas eran demasiado hipócritas. Podía mirar hacía mi alrededor, las personas que se encontraban aquí, expandidas en lo que fuera su mundo, adentradas en sus propias historias, por mera curiosidad cuando leí el expediente de Claudia, me pase también por el de algunos pacientes, aquella chica castaña con el cabello demasiado corto, padecía esquizofrenia, había salido un par de veces de aquí cuando el medicamento le hacía el efecto necesario, sin embargo era creyente de que las pastillas eran dadas por el gobierno para controlar su mente, su amiga, Suhey padecía cambios de personalidad, se llevaban bastante bien a decir verdad. Las personas de aquí lucían normales, no como aquellas que solían describir en los libros, las películas o como pensaban las personas de aquí afuera que en realidad eran—como Paulina, jamás hubiera imaginado que ella estuvo aquí, solo porque conocí su historia—, miré hacía las enfermeras, como aquella que nombraba los nombres de la lista con la suficiente fuerza para que ingirieran sus medicamentos, o quienes vigilaban a los que veían la misma película des siempre. Eran personas normales, en un mundo diferente quizá, son mejores, son reales. Seguí caminando con pasos completamente seguros en dirección de la habitación de Claudia, mis zapatos de tacón alto chocaban con el suelo resonando en todo el lugar, un paso tras otro, mientras que en mis manos sujetaba con la suficiente fuerza unos archivos contra mi pecho, un expediente de Claudia, otro de Paulina, los venía a dejar después de haberlos sacado para que se los entregaran en vista a Grace, no era tan mala a final de cuentas, ¿O sí? Una parte mía se había sentido mal por como había terminado ella llorando, mientras se daba cuenta que era una Morgan, creo que estas ultimas semanas en quien más me había enfocado era Grace, podía sentir con solo verla como cada vez más se hacía más y más pequeña como una inofensiva y asquerosa cucaracha, quería verla aplastada. No sabía si la seguridad de aquí era poca, o si podía pasar desapercibida en todos los lugares, tal como en casa. Solo tenía colocado un gafete modificado para poder adentrarme a las habitaciones y a los archivos, sin embargo, ni si quiera miraron eso. Cada quien se enfrascaba en su propio mundo, tanto vigilantes, enfermeros, doctores, cada persona se encontraba lejana en un mundo adverso que no era capaz de conocer, ni vivir. —¿Puedes llevar esto a la habitación 123? —me dice una enfermera entregando unos archivos, los tome para asentir—Gracias. —De nada. Camine con dirección de esa habitación, para después dejarlo en el pie de cama, salí de esa habitación para llegar al elevador, apenas me adentre, puse mi gafete en el sensor haciendo que las puertas se cerraran por completo. Las cosas eran más sencillas si prestas un poco de atención, iban por un desconocido, sabía que su primer blanco fue pensar que Grace había regresado al juego, nadie confiaba lo suficiente en una persona que había ocasionado el daño que ella causo, ¿Por qué deberían? Al final, aun si resultase ser una Morgan, tenía esas pequeñas partículas de sangre malvadas, como un virus que la haría ser aquel mal, ¿Cambiaría en realidad? Ellos no lo sabían, yo podía ver detrás de todo esto que se encontraba una parte mala dentro de ella esperando salir con brusquedad, sabía que ella era eso, solo que intentaba cambiar. Mi celular sonó, sin pensarlo mucho lo saqué, encontrando el nombre de la susodicha en la pantalla, contesté, mi señal rebotaba en las antenas así que era difícil de rastrear. —Hola preciosa—salude con tranquilidad, escuchaba su respiración por la línea—¿Qué tal? —Todo en orden…. Solo necesitaba saber, irías a California, ¿Crees poder pasar a mi casa a traerme un par de cosas? Si no es mucha molestia. —¡Por supuesto! — exclame mirando el expediente—¿Las llaves…? —Tiene un código… No necesitas llaves, es 3-4-2-2-5. Te mando por mensaje lo que necesito, ¡De verdad muchas gracias! —Si, no te preocupes, nos vemos preciosa. Nunca había estado en mis planes precisos dañar a Grace, veía mucho de ella en mí, las mismas acciones, mismas decisiones y la misma falta de amor, Grace había aprendido demasiado en estos últimos años, teníamos un instinto parecido en las ganas de impulsarnos y salir del hoyo que alguien cruelmente nos había introducido, ella se encontraba aquí, por querer llamar la atención de su padre, se esforzaba por llamar su atención, yo me esforzaba porque carecía de los talentos que las demás tenían, cada una llena de virtudes, mientras que yo era suficiente, ellas eran más que eso, Grace y yo leímos libros parecidos, con dolores parecidos. Veía algo de mi en ella. Apenas colgué una sonrisa de oreja a oreja se instalo en mis labios, justo en el momento en que las puertas del elevador se abrieron de par en par, su casa era la situación perfecta en la cuál encontrar cosas que usar en su contra, guarde mi celular en uno de los bolsillos del uniforme para terminar saliendo del elevador con pasos decididos a la habitación de Claudia, miré con atención los números que se encontraban colocados en lo alto de las puertas, hasta que di justo con el suyo, ¡Bingo! Me terminé deteniendo frente de esa puerta, mientras mil y una emociones comenzaban a transitar dentro de mi interior, esperaba con ansias aquellos días que la miraba, me encantaba escuchar de sus labios la historia que hizo que su vida fuera condenada, no había sido una persona demasiado inteligente, ¿Quién hace una venganza sin planearla? Era más que ridículo, absurdo. Tanto Paulina y Claudia terminaron por condenar su vida a su falta de ingenio, a su falta de inteligencia, ingrese el gafete en el sensor, para terminar abriendo aquella puerta, con un ¡Bip!, lo primero que mis ojos enfocaron fue a Claudia, sentada en el borde de la cama, con sus manos apoyadas en cada costado de ella mientras miraba hacía el frente, su mirada se había oscurecido, perdida por completo, era humillante para ella, he de pensar, que aquella mirada llena de vida y venganza con el paso del tiempo se había convertido en una mirada completamente cansada y perdida—sólo por un juego parecido al que llevaba yo—, ella no sabía hacía donde ir. Era una lástima. Me adentre a la habitación con pasos lentos, pero decididos, mis tacones comenzaron a resonar por aquella silenciosa habitación, mientras que en mis pensamientos disfrutaba como con cada paso, el cuerpo de Claudia se encogía cada vez más y más. La Claudia que conocí había muerto, de algún modo solo se encontraba su cuerpo con la capacidad de moverse, pero sus pensamientos se habían esfumado por completo, ella se había perdido, ilusamente en un juego que ella misma tuvo que crear. Su plan no era malo, no si lo escuchabas con atención, solo fue mal planeado. Confío en las personas equivocadas una y otra vez, sonreí apenas pensé eso, creyó que porque Paulina se encontraba en un odio hacía su padre las cosas no cambiarían con el tiempo. Después, asesinaron a ambos y Paulina entrego a Claudia, nadie le creyó, hasta un tiempo después en que Anna confesó eso, “Ella asesino a mi hermana, a mi sobrino, su esposo y mis padres… Temía por su destino, porque ella pagará en la cárcel, ahora temó por ella”. Anna, fue demasiado astuta, sabía que Claudia, haría lo posible por salir ilesa—sin importarle cual fuera el costo—, pero, confiaba en Anna, siempre lo hizo, sabía que había causado daño, solo quería apoyo y lo buscó en su hermana gemela, misma que esa misma noche, le traiciono. —¿Me extrañaste? —camine hacía ella con mis pasos resonando por el lugar, mis labios se encontraban llenos de diversión, con mi pie cerré la puerta y me posé frente a ella—Hola Claudia. Sus ojos se volvieron un manojo de nervios, su cuerpo se encogió tanto, parecía llena de miedo, atemorizada de cualquier movimiento que pudiera llegar a hacer, no mentiría, todo esto me hacía sentir tan, pero tan poderosa, apoye mi cuerpo en la fría pared blanca y alcé ambas cejas con diversión. —¿Qué sucede? ¿Te comió la lengua el gato? —me burle divertida, ella retrocedió un poco en la cama. Parecía una niña asustada, ni todo el tiempo del mundo le había podido venir a curar si quiera alguna herida, estaba devastada y eso me generaba tanta satisfacción, más de lo que podría llegar a admitir. —¡Yo lo hice! ¡Hice todo lo que me dijiste! —alarga con un toque de miedo, junto con un toque de pesadez, la había arruinado, tal como lo predijo. Retrocedió en la cama hasta que llego a la pared, sus manos temblaron mientras que su rostro lo escondió con desespero entre sus rodillas, se había vuelto una persona tan cobarde, que lo notabas a kilómetros—¡No me hagas daño! ¡Lo prometiste! —No vengo a hacerte daño—espete con tranquilidad sentándome en el borde de la cama—Para eso, estás tú. Vengo por algo mucho mejor. Su rostro no me miro, podía escuchar hasta acá las bocanadas de aire que tomaba esperando tranquilizarse, claro que, en un intento en vano, mire sus manos que aun temblaban, ella se había vuelto un desastre. Amaba el desastre. —Claudia, tranquilízate. No te mataré—me detuve por un par de segundos, pensativa, sin embargo, una sonrisa salió de mis labios—No ahora. Vengo con buenas noticias para ti. Su rostro salió de entre sus rodillas, esperando que mis palabras siguieran fluyendo, esperanzada, la primera vez que vine—aun siendo débil—, ella me daba un poco de pena, había sufrido para terminar con el paso del tiempo perdida en un psiquiátrico, ahora una parte de mi lo disfrutaba, aquel plan absurdo que no fue capaz de finalizar, ¿Sentía pena? No, la primera vez que vine, me dijo. “Eres cómo yo, por eso estás aquí, destruirás con el paso del tiempo todo lo que tocas. Eres un desastre, por eso no eres lo suficiente para ellos, la última opción”. ¿Ahora quien es la última opción? Pensé. Ella se quedaría aquí, los últimos y penosos días de su vida, ni si quiera era visitada ya por Fernanda, quien venía a verla con constancia con un nombre diferente, ahora ni si quiera eso. Alguna vez llegó a venir Logan, pero solo con fines de obtener algo, no porque en realidad le importará. Nadie quería a Claudia. —Quiero tener familia… —Tenías a Fernanda—comenté, para después hacer una mueca—¡Claro! Tenías, no fue lo suficiente buena para ti, ¿Cierto? Siempre existían favoritos, cada padre tenía a sus favoritos, y mientras tanto yo me encontraba en las que eran menos queridas, tal como Grace, Fernanda, demás. Habíamos sido todas nosotras menos de lo que ellos querían, no llenamos el hueco, fuimos desplazados. Éramos la sombra de nuestros hermanos. Kilian era un caso especial. A pesar de que había sido separado de su familia biológica, encontró una familia que lo quiso, con cada uno de sus defectos y virtudes, encontró una hermana que era igual de querida, Cassie. Una parte de mí no quería dañar a Grace, del modo en que había decidido adentrar a Fernanda en mi equipo, porque éramos parecidas, Fernanda si quiera era nombrada en su familia biológica, Logan supo que era su hermana y si quiera se detuvo por un segundo a conocerle, no era parte de su visión. Anna amo a Logan, como si hubiera salido de su vientre, lo amo, con cada uno de sus defectos. —Fernanda es como tú, como yo, como Paulina—susurro con voz amarga—La fruta podrida del árbol, no quiero más de ello, quiero cosas buenas, como mi Logan—sus manos tomaron las mías, esperando que "recapacitara"—Por ello deje de aceptar visitas de Paulina, yo quiero ser buena... —Participaste en muertes, ni volviendo a nacer lo serias—me burle, presionando sus manos entre las mías para después acercarla aún más a mi—Tu siempre serás mala… —No quiero que me hagas esas preguntas—me pidió con los ojos llorosos—No quiero hacerte enojar… Sonreí, era curioso, pero poderosa la sensación que ella me hacía sentir, el temor que me tenía era tan grande que podía llenar mi ego, de aquí a la luna si fuera posible, me hacía sentir demasiado dichosa, a decir verdad. Era algo genial. —Bien. ¿De qué quieres hablar? —¿Cuáles son esas buenas noticias? —pregunto esperanzada, sonreí—¿Logan? ¿Vendrá a verme? —Noup. No estás ni cerca—me burle—Prueba de nuevo, seguro está vez lo haces mejor. —¡Dijiste que Logan me querría de vuelta! —sollozó—Quiero tener familia, ¡Merezco una familia! ¡Paulina la tiene! ¡Anna la tiene! ¡Tiene a mi bebé! —Pues—hice una mueca, alargando la palabra—Paulina, ya no tiene una familia, ¡Sorpresa! Su rostro se contrajo en un tono de sorpresa, para después abrir sus ojos a par, su mirada se lleno de confusión, para después acercarse a mi con un poco de miedo. —¿Mataste a sus hijas? —pregunto, mientras que en sus ojos se podían ver un par de lagrimas pidiendo salir, quizá fue por ello que no terminó el plan, era débil—¿¡Mataste a sus hijas!? —¡Claro que no! —chiste mientras rodaba los ojos, me levanté de la cama y le entregué una sonrisa de oreja a oreja—La maté a ella. O en términos demasiado específicos, le orille a la muerte. Al saber que Grace iba hacía allá. Pensé. Las cosas siempre eran demasiado simples, tenías que ser una persona inteligente para tener los mejores planes, miré como sus ojos se hacían cada vez más y más pequeñas, se había roto por mí, porque era inteligente. Yol jamás sería como ella, como Paulina, porque mis planes eran buenos, porque yo era mejor que Grace, mi corazón no se veía interferido por mis sentimientos. —¡No juegues conmigo! ¡¿Estas jugando!? —grita, antes de poder terminar la oración le tome del rostro, sus lágrimas salían sin control de sus ojos, mientras se notaba como le había terminado por romper, lo disfrutaba—Ella era mí… —Ella era una traidora—le recordé inclinándome hacía ella—Aun te esfuerces, te esfuerzas todos te traicionan, ¡Es una pena! —¡Ella era mi hermana! —lloriquea, sus manos sujetaron su cabello jalándolo—¡Ella era mi hermana! ¡¿Cómo pudiste?! —Claudia, Claudia, Claudia—canté con tranquilidad, pasando mis dedos por su cabello—Cállate. Aún mis planes no terminan, no me arruines el día con tus pensamientos. —Ella… —Quiero que me cuentes la historia—mencione, sin dejar de pasar mis dedos por su cabello—Cuenta. Ella se intento apartar de mí en un intento en vano, a pesar de intentarlo, tome entre mis puños con fuerza su cabello, impidiendo que se separara si quiera un solo segundo de mí. —No la recuerdo—mintió, el miedo recorrió su voz mientras intentaba alejarse de mí, jale con aun más fuerza, logrando que un chillido saliera de sus labios—Por favor... —Maté a Paulina—siseo. Sus ojos se notaron como se rompía algo—Quiero la historia, si no quieres el mismo destino. —Pero... Ella estaba m-mejorando—tartamudea, lo hacían, las dos parecían ser buenas después del desastre, intentando ser buenas por el amor de sus hijos. No lo merecían. Ya no—Ella quería ser buena madre para la pequeña Grace... Era tarde para curar las heridas de Grace, quien pasó toda su vida intentando llamar la atención de cualquiera de los dos, no merecían si quiera un poco de su cariño, ni comprensión. Grace, era brillante, inteligente y podía ser villana perfecta, si no tuviera aquel corazón bondadoso que la impulsaba a cambiar. Mis uñas comenzaron a incrustarse en la piel de Claudia, dejando de a poco grandes y rojizas marcas que la llevarían a tener un tratamiento más que hiciera su cuerpo más pesado, no tarde demasiado en resignarse, confirmando que haría exactamente lo que yo quería. —¿Por qué haces esto? —me pregunto entre lamentos, su mirada era esperanzada a que yo le diera una respuesta. —Anna me contó como la hiciste sufrir, a ella, a Laura, tu otra hermana, Paulina—mencione con tranquilidad—Tu mataste a dos de tus tres hermanas, a tus padres—alargue levantándome—Eres una asesina Claudia. —Te contaré la historia—solloza, se enderezó y miro mis ojos—Eran cuatro hermanas, hermanas que sólo compartían un solo nombre y un ADN similar, dos hermanas brillaban con fuerza, mientras dos querían encajar, llenas de ilusión comenzaron a idear un plan, uno cercano que las llevará a la misma realidad, el poder subió a sus manos e incrustó gramos de su piel, ellas sin talento pero con inteligencia se sobra, llevaron al borde de ideas, dejaron mal, a sus hermanas comenzaron a atacar. —Para—espete con molestia y la nariz arrugada—Vendré en un par de días, con la historia tal y como me gusta. ¡La arruinas! —Quiero que pares—me rogó, con la mueca marcada—Por favor... Son mis hijos. —Paulina amaba a Grace, dio su vida por ella—comenté, mientras coloqué mis lentes—Tu nunca amaste a Fernanda. Por ello está conmigo, seré su Paulina, sabes cómo termina eso, tienes tus días contados... —Hay una caja fuerte, en la casa de mis padres, no acude nadie a ella, solo se cuida y da mantenimiento, hay una caja, las trampas todos las hicimos. Papá oculto mucho, papá mandó a matar a la hermana de tu amigo, desde bebés, hay una historia completa, el inicio de los bandos, ahí está. Apenas las palabras salieron de sus labios, salí con la misma tranquilidad con la que entre de aquella habitación, si algo podía describir el lugar era el aroma a blanqueador y farmacia, las personas aquí eran descuidadas, podía asesinar a cualquiera que quisiera en está habitación, fue por ello que Paulina, “Lisa M” había salido con facilidad de aquí, asesinando a todas aquellas personas que si asesino, no sentía pena por haber matado a Paulina, lo merecía. Salí del hospital psiquiátrico mirando hacía el frente, sin mirar un segundo atrás o algún lugar que no fuera el futuro, siempre antepuse demasiadas cosas en mi vida, ahora estaba más que decidida a generar un cambio demasiado grande en mi vida, subí a mi coche, para después mirar el celular, aquella dirección que me había entregado Grace de su casa, apenas lo leí, sonreí con malicia, para después comenzar a conducir hacía allá, estos últimos meses, venía constantemente a California, “Por razones importantes”. Igual, había estado allá por razones de apoyo cuando Grace recibió la herida de bala, misma que, le ordené a Claudia que le diera. Apenas llegué afuera de su casa, miré con diversión tal escena, las paredes eran completamente blancas, mientras que un enorme portón cubría la mayor parte de la casa, rejas, paredes amplias y un encierro, podías notar a kilómetros de distancia el miedo que le creaba a Grace el exterior, ahora se encontraba a miles de kilómetros de distancia de su casa, mientras que no podía poner un techo lo suficientemente grande para cubrirla, me acerque a la puerta, para ingresar aquel código que me había dado Grace. La puerta se abrió al instante abriéndome paso a aquella casa, que si bien tenía más finta de cárcel, el aroma a vainilla se incrusto a mis fosas nasales, comencé a mirar hacía mi alrededor, no había si quiera un solo cuadro en la pared, nada que abriera paso a recuerdos o vista de la realidad, conocía perfectamente su historia, esto solo lograba causarme más pena hacía ella, todo estaba perfectamente alineado, no parecía que una chica de 17 años fuera la que viviera aquí, si no una señora fanática del control. Comencé a hacer un pequeño recorrido, para después comenzar a subir a su habitación, las cosas que ella me había pedido eran ubicadas ahí, me adentré a su alcoba, sin fotografías, ni posters, blanca, inclusive las sabanas, su tocador estaba completamente limpió y el aroma a vainilla era aún más fuerte. Suponía que sus intenciones mayores eran desaparecer sus emociones, sabía que simplemente con el paso del tiempo las cosas en su interior se habían hecho una jodida mierda. Comencé a tomar sus cosas con lentitud mientras con mis ojos examinaba las cosas que se encontraban aquí, hasta que encontré una libreta, se me encogió el estomago con solo imaginar lo que pudiera llegar a encontrarse dentro de él, lo abrí, para después leer lo inicial. Paulina, sabía de su existencia las noches que papá tomaba hasta casi perder el control, los primeros años fueron los más difíciles, cuando mamá se fue, diciendo que las cosas le habían cansado, porque el nombre de Paulina, no importaran los años que pasaran, sería lo único que pensara, después a ese nombre se añadieron tres más, nombres con K, intentando averiguar su paradero, las cosas no cambiaban, solo eran peores. Limpie el vomito de mi padre semanas enteras, noche tras noche era lo mismo, tomaba una cantidad excedente a la que un cuerpo humano podría llegar a soportar, para terminar perdiendo el conocimiento, no en su habitación, o sobre el sillón, si no a mitad del pasillo, un par de metros cercanas al baño o su habitación, esas mismas semanas, arrastraba su cuerpo pesado con todas mis fuerzas hasta su cama, el terminaba por cooperar cuando llegábamos al pie de esta, comenzaba a gritarme “Inútil, eso fue lo que obtuve, una hija que jamás llenará el vacío de ellas”. Comenzó a ir a doble A, Alcohólicos Anónimos, su madre, mi abuela, le termino por convencerle que debía de salir de ello si es que querría traerla de vuelta, aún si fuera solo a una… Cuando completo sus sesiones creí que las cosas serían diferentes, que mi padre se fijaría en mí, sin embargo, nunca llame completamente su atención. Me inscribí a actividades curriculares y mis calificaciones eran las mejores, a pesar de ser menor, jamás fue a mis competencias, ni a mi graduación de la secundaría, nunca recordó mi cumpleaños. Hice una ligera mueca, muchas veces escuché sobre ella, sin haberla visto, después comencé a hacer los choques y las muertes, pero ella, tenía algo que me llamaba la atención, algo dentro de ella me hacía sentir demasiado atraída—no románticamente—, si no, solo había algo dentro de ella que hacía que quisiera conocer más. Recibí un mensaje, parte de Nueva Jersey, supongo que era enviado por Paulina, o si quiera algo parecido, las chicas de mi escuela, son mis hermanas, había encontrado información de ellas, sin embargo, no podía corroborarlo, trillizas, ¿Qué tenían ellas mejor que yo? Olivia solo era buena en arte, porque era un desastre, Kyara tiene rumores asquerosos, Gia, una ególatra que controla a una escuela entera, ¿Por qué ellas terminaban siendo mejor que yo? Era inteligente, era buena en arte, no tenía rumores y mi habitación esta lleno de trofeos de cualquier tipo de deporte o danza, fui buena, me esforcé, no era una perdedora, era una triunfadora, ¿Por qué ellas tenían que ser mejor que yo? Hoy es mi cumpleaños, quince, le había recordado a papá toda la semana pasada que sería, estaba esperanzada que después de tantos años, el podría pasar tiempo conmigo, prometió que haría tiempo. Deje una nota en el refrigerador, otra en su cartera recordándole que era mi cumpleaños… Dejo una tarjeta de crédito en la mesa, para decir que fuera a comer a donde quisiera, comprara mi regalo…. Había obtenido una pista nueva sobre Paulina, donde podría encontrar a sus amigas, amigas que formaban parte de su pasado, donde posiblemente podrían estar sus hijas. No sería yo hoy el centro de su atención, no era novedad, sin embargo, aún dolía. ­­­­­Papá confesó que desearía tener a sus trillizas, no a mí. Creo que las cosas no cambiaran, no quiero vengarme­, solo… ¿Por qué yo no? Ellas se hicieron amigas, unidas, tenían el cariño entre sí y el de mi padre… ¿Por qué yo no entraba en sus planos? Era así, como podía recordar que las cosas para mi habían comenzado, quizá Grace tenía un poco más de dolor, quizá Grace se había lastimado demasiado, podía decir que era el tipo de dolor que causaba la familia sin si quiera darse cuenta, la familia tenía un poder que no notaba, rompía los corazones de cientos de personas. La familia… Era cruel en ocasiones, pero nadie hablaba de ello, demasiadas personas tenían demasiado romantizado el hecho de las familias, no por el simple hecho de ser el mismo laso de sangre. Mire de nuevo el diario o lo que fuera este cuaderno, Grace tenía un problema bastante grande y no sabía si ella lo había notado, era una controladora de la perfección y había perdido todo, su letra parecía haber sido impresa y su habitación no parecía ser de una adolescente, las sabanas estaban perfectamente metidas, las cortinas en la misma altura, todo estaba derecho, su ropa se había organizado por colores. Mire el escrito que seguía en la libreta con una ligera mueca. Las personas suelen decir que no tenemos un chip, estamos expuestos a los cambios constantemente, yo no era mala persona, solo… Me rompí y de un modo las cosas se salieron de control, yo perdí el control. Estaba cansada, ahora lo estoy, quisiera irme lejos, pero quisiera hacerlo ya. Todos los días parecen ser un domingo y todo parece ir hacia abajo. Conocía a Grace, por estos últimos meses, años, por haber mirado de cerca sus movimientos sin que ella lo notará, la quería llevar al mismo límite, porque sabía lo que habitaba dentro de su corazón, sabía cómo era ella, esto solo me daba una llave perfecta a hacer lo que tenía planeado hace un par de días, Grace sería parte de mi equipo, así fuera lo último que hiciera, yo conocía su mirada cuando empezó con sus hermanas, la sensación que tenía en su interior, el destruir, el dañar, había hecho una grieta en su corazón. Creo que, al finalizar el tiempo, ellas creen en mí, en un lazo de sangre que hasta hace un par de años si quiera tenían en conocimiento, temó decepcionarlas, ¿Qué tal si el lado oscuro de mi corazón jamás se va? ¿Qué tal si al final del día termino siendo de nuevo el remolino que arruino su vida? Ellas confiaban en mi, por alguna razón lo hacía, sin embargo, era estúpido... Deje a Olivia en el hospital, arruine la vida de las tres, atraje a las personas que las odiaban con cada latido de su corazón para que ellos pudieran ayudarme, tomé el dolor de cada una de ellas para llevar al límite cada una, ahora, era una persona rota que había lastimado a más personas rotas... Lo peor de todo es que yo disfrute con cada uno de los latidos de mi corazón todo el daño que cause a cada una de ellas disfrute demasiado haberlas roto y una parte de mi siente, que aun pase el tiempo que pase las cosas no hubieran cambiado si quiera un poco, yo lo disfrute, una parte de mi había hecho esto con demasiada alegría, intentaba cambiar por ellas, sabía que una parte de mi se había enamorado de el desastre, se había enamorado de los ojos rotos y la falta de esperanza, quería ser buena, pero que tal... ¿Y si una parte de mi nunca lograba ser una chica buena? Un demonio lleno de mal se había reinado en mi interior, y sabía que tarde o temprano regresaría, ¿Qué tal si al final terminaba decepcionando a todos de nuevo? No quería estar sola, le temía demasiado a la soledad. Lo serías preciosa, no tengo si quiera la menor duda de ello.
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