Las personas causan dolor. La vida es difícil y los chicos malos... Mienten nadie intenta arreglar los cachos rotos, solo... Los pegan.
Si algo noté en el cumpleaños de Grace, fue en cómo no importaba lo mucho que ella se esforzará o intentará salir del marco, del tiro al blanco, siempre habría un dardo que sin pensarlo mucho daría con su paradero, era el blanco, porque ella se equivocó una vez, tenía razones por las cuales llegar a ese punto… Pero a los ojos de algunos ella era una villana, no importaba si ella usaba ropa diferente, si cambiará su aspecto…
Ella siempre sería la villana con risa malvada, Grace Hastings, ¿Ella era en realidad la persona que los demás miraban? Lo dudaba…
Las personas culpan a los demás, porque pueden hacerlo, porque tienen la oportunidad, porque es más fácil hacer eso que tener la culpa.
GRACE HASTINGS:
Cuando descubrí este tipo de cosas me puse a pensar, ¿A los ojos de ellos yo podía ser la villana? ¿Cómo era posible que yo lo fuera? ¡Por favor! Ellos habían hecho demasiadas cosas que sin duda alguna podrían introducirles en la prisión y no tendría nada que ver conmigo, ni mucho menos con cosas que yo habría hecho, así funcionaba todo esto.
No mentiré, todo esto me causaba demasiadas emociones, emociones fuertes, no diré que esto no fuera malo para mí, lo era. Sentía como la sangre se helaba dentro de mi cuerpo, mientras que sus dedos presionaban con tanta fuerza que dolía.
El viento chocaba con mi rostro, mientras que movía mi cabello, haciendo que esté chocará en mi rostro. Sus ojos oscuros me miraban con furia, frustración—demasiada, a decir verdad—, como si lo que yo habría descubierto hubiera causado sus hechos, no era así. Yo descubrí las acciones que él ya había hecho, ¿Por qué la culpa tendría que caer en mí? ¿Por qué todo tendría que caer sobre mí?
Si ahora yo no era la villana.
Sus cejas se fruncieron un poco más, con una de sus manos me empujó hacía la puerta, logrando que mi cuerpo sintiera aquel impacto, me sobresalte. El ruido de mi cuerpo chocando con este resonó por el lugar, tomé una bocanada de aire apenas sentí como el aire salía de mi pecho salía de este, me asfixiaba, en realidad había sido demasiado extraño... Intenté no mostrar alguna reacción, no demostré nada. Intenté hacer que la seguridad se notará en mis ojos, pero mentía. El miedo invadía mi cuerpo, el miedo me jodia de un millar de formas mientras un nudo en mi garganta crecía.
—Ella se enterará aún no sea por mí—, chiste entre dientes. Fruncí mis cejas un poco más—, La verdad te perseguirá y te recordará eso siempre—, intente soltarle, pero no funciono—, Te seguirá.
—Tu eres libre de ella, ¿No? —, se bufa tomando mi mentón, presionando sus dedos en mi rostro. El dolor crecía ante su toque, pero era fuerte—quería fingirlo, en realidad lo quería pensar—, Yo fui infiel, tu lastimaste personas, ¿Qué nos difiere?
Su mano libre había colocado mis manos sobre mi cabeza, mi respiración se agitó, estaba nerviosa.
Yo ya no quería ser mala... Yo no le había hecho nada, ¿Por qué tenía que ser yo?
—¡Vaya! ¿Estás asustada Grace? —, se burló con demasiada diversión—, ¡Estas asustada!
Negué, pero. Era obvio, lo estaba haciendo notar sin querer...
—Eres un imbécil—, le solté enojada. Le miré desafiante a los ojos mientras que el presionaba con más fuerza—, Jódete.
—Tu jódete. Tú y tu moral de mierda—, espeto con furia—, ¿Solo es perdonable si tu mientes?
—No mentí, no estoy mintiendo—, solté mis manos lastimando estas, apenas lo hice tomé la suya intentando que me soltará. No sucedió—, Tu le mientes a diario.
—Tu nunca serás buena. Eres un jodido demonio.
—Si generas un daño, sabes que puede no tener reparo—le dije frunciendo mis cejas, mirando desafiante sus ojos mientras presionaba aun con más fuerza—, No te conviene tenerme de enemiga que no sabes de lo que puedo ser capaz—, siseé. Mis palabras generaron más presión en mi cuerpo—, No me detengo.
—Tú no sabes de lo que soy capaz—me amenaza, tomando mi mentón con rudeza—Eres solo una...
—Una chica que con menos edad que tú ha logrado más, tu solo eres un fornicador, infiel y seguidor de Uriel—quite su mano de mi mentón para mirar su rostro con molestia—Los cinco son fuertes solos... Tú eres quien hace encargos... Irrumpí en un psiquiátrico, ¿Tú?
—¡Caleb! ¿Qué mierda haces? —exclama sorprendido a un costado de mi Gael, tomando mi mano—¡Es Grace!
—Ella es una... —comienza, pero se quedó callado por un par de segundos. Me soltó para después solo mirar a él—Solo, no creo que podamos confiar en alguien como ella, que paso tiempo en prisión...
—Caleb... —le advirtió Gael, levante mi mano en su altura.
—No me hables de actitudes benéficas—señale con ambas cejas fruncidas—De hacerlo, le hubiera contado a Drey ya. Si tu enojo conmigo radica en que se tus infidelidades, el enojo debería ser tuyo.
Camine en dirección contraria a él, dispuesta a irme a casa, había venido acá con intenciones de ayudar, eso me habían pedido, sin embargo, tenía poca paciencia, era un tipo de persona que no le gustaba eso—misma razón habían sido las que me llevaron a ser villana—, no podría ni querría tolerarlo.
Sentí una mano rodear mi muñeca, deteniendo mis pasos, me giré encarando a Gael, quien parecía confundido por mi reacción, en realidad una parte de mi se había sentido completamente molesta, él era un infiel, ¿Y yo tenía la culpa? Vaya cinismo.
—¿Qué sucede Grace? —pregunta. Su mano aún rodeaba mi muñeca y sus ojos miraban atentamente los míos—¿Te iras?
—No le agrado, no creo que sea... No creo que sea lo mejor—, admití encogiendo mis hombros—, Ustedes son los amigos… Yo, no le agrado.
—Me agradas a mí—confiesa, mira hacia Caleb quien parecía molesto, rodeo el lugar para después salir de mi vista—Así que, sabes los secretos de todos—señala a lo que asentí—Eso significa...
—Solo, olvida eso—finalice, sus manos me acercaron un poco y sonrió—¿Qué?
—Eres muy enojona—se burla, para pasar después su brazo por encima de mis hombros—Ven, tenemos un par de cosas que resolver antes de que se haga de noche.
El modo en el que había cambiado el tema de conversación me sorprendió, lo hizo demasiado.
—Creo que lo mejor será que me vaya—, confesé. No estaba segura de quererme quedar más tiempo—, Y-yo puedo ayudar cualquier otro día.
Me solté de su agarré caminando hacía donde había llegado.
“Las personas dejaron de confiar en ti, pero aún tu confías en todos, ¿Por qué?”
—Grace, ¿Qué sucede? —, cuestiona mirando hacía mi confuso, tomando mi muñeca—, ¿Dejaste de confiar?
—No, no. No lo hice—, mencioné—, Yo confió en ti.
—Hay historias que no terminan, ¿Cierto?
Miré al chico, recién le había acompañado a hacerse el tatuaje del brazo, un avión cerca de la palma de su mano. En realidad, el chico me gustaba. Yo recién había cumplido dieciséis, el tenía dieciocho y próximamente cumpliría los diecinueve. Sabía que si el se enteraba de que estábamos juntos mientras que yo era menor de edad seguro sería demasiado mal que procesar, pero en realidad él… Me gustaba.
—Juegas terrible al billar—, espeté golpeando con el taco la bola negra, la última que necesitaba para ganar—, Eres terrible en este juego.
La bola entro en el agujero, logrando mi tercera victoria de la noche, me acerqué a él coqueteándole, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Hoy cumplo diecinueve, ¿No hay algún regalo por ello?
El se acercó a mí, tomándome de la cintura alzándome logrando que me sentará sobre la mesa de billar, se coló entre mis piernas para tomar mi rostro entre sus manos, por lo cuál comenzó a besarme lentamente, mientras que sus manos me acercaban aún más si eso fuera posible.
Era nuestro lugar, era nuestro mundo fuera de todo lo demás, nos habíamos conocido aquí hacía un par de tiempo atrás…
Es la única persona que no me había lastimado hasta el día de hoy.
—¿Crees que puedas acompañarme a hacerme un tatuaje? —, pregunta a lo que le miré—, Quizá en el pecho.
—Porque tus brazos están llenos—, mencioné con una ligera sonrisa—, ¿Qué te tatuaras?
—Si me acompañas, lo verás.
Le miré por un par de segundos, no era tarde, era lejos de serlo, sabía que sus intenciones se debían a que quería que olvidará lo que Caleb había mencionado, no me interesaba lo que el mencionara, o lo que pensara—mucho mucho no ha de pensar si le es infiel a Audrey—, di pasos tranquilos al frente de la casa en donde me habían traído, examinando con cautela esta.
Es muy grande. Pensé.
Miré en dirección de Gael, esperando que me dijera el porqué de estar aquí, me mandó la dirección y me pidió venir, terminé accediendo por su grande insistencia sobre lo que debíamos de hacer, "—Es importante", comentó más de siete veces, por lo que no puede negarme.
—Es la casa de los cinco. Aquí tenemos las armas y equipos inteligentes que maneja Guillermo—me explica señalando la casa con la mirada. Le entregué una pequeña mirada para asentir.
El lugar podía haber sido más pequeño y con ello quizá pasar desapercibido, pero era gigante, con paredes blancas y árboles grandes en el alrededor de aquí, era una casa alta, con una torre que parecía ser sacado de una historia de princesas. Las plantas podían cubrir la mayor parte de la casa, con estas creciendo por las paredes cubriendo estas.
—¿Cuál es el plan? —, pregunté. Entre más rápido me fuera de este lugar, sería mejor para mí.
—¿Plan? —, pregunta con las cejas alzadas—Sí, el plan... Tenemos que entrar.
La desconfianza en general me la daba Caleb, sin embargo, en este momento si quiera parecía estar en sus cinco sentidos Gael, su mirada estaba confundida mientras iba de adentro hacia afuera, como si algo fuera a pasar, no podía dejar que me hicieran un plan debido a que sabía sus secretos, no estaba en mis planes pelear con los cinco.
—Yo creo que primero me debes decir el plan—espeté intentando que si quiera pudiera decirme que era lo que quería o cual era la razón por la que me quería adentro, era miedosa y por más de una ocasión terminaba por parecerme una mala idea.
—¿No confías en mí? —pregunto con sorpresa—, Yo creía que...
—Confío en ti—aseguré—Es solo que...
Sus dedos se entrelazaron en los míos tomando mi mano, seguramente intentando calmar cada una de las expresiones que mi rostro soltaba sin control alguno, con pasos pequeños camino conmigo tomada de la mano a la casa, introdujo una llave en el picaporte para girar esta. La oscuridad y el silencio reinaban en la habitación, con pasos pequeños terminamos por entrar, justo en el momento exacto en que un ruido cercano a mi sonó, salieron todos de sus escondites con gorros de fiesta y una enorme sonrisa, mientras que gritaban "—Sorpresa".
Sinceramente me sorprendió demasiado, un nudo creció en mi garganta para después sentir las lágrimas que habían nacido en mis ojos, de niña la única que me daba atención en el día era mi abuela y muy pocas veces en estos últimos años ella ha podido recordarlo. La edad le había alcanzado y comenzado a cobrar cada una de las cosas que hizo.
Unos brazos lograron cubrir mi cuerpo, un abrazo cálido que logró sacarme de mis pensamientos, enfoque a Liv quien me entregaba una sonrisa de oreja a oreja mientras que me felicitaba con palabras que no era capaz de procesar, sus ojos verdosos me miraron con felicidad.
—Por fin los dieciocho—me dice con una sonrisa.
Le agradecí al igual que todos, mi voz se había convertido en un nudo, tan difícil de digerir y tan difícil de entender. Miré como Gael me miraba con una ligera sonrisa, acercándome con la muñeca a él, para terminar, dándome un abrazo.
—Feliz cumpleaños Grace—, me felicitó. Su abrazó era dulce al igual que su mirada—, Felices dieciocho años Grace Hastings.
Sus palabras salían en un canturreo mientras que sus manos aún envolvían mi cuerpo, su aroma se infiltraba por mis fosas nasales mientras que sentía demasiadas emociones juntas dentro de mi vientre. El hecho de que quizá lo recordará del bar, de aquel día que le mencioné que era mi cumpleaños o que simplemente se hubiera tomado la atención de venir, era mucho para mí. Eran del tipo de cosas que las personas no hacían por mí.
—De verdad muchas felicidades.
“Tic, tac, tic tac”.
—Lamento no quedarme tanto tiempo, hay novedades en el trabajo. ¿No te molesta? —, pregunta papá levantándose de la silla apenas entré a la cocina—No podré llegar hasta tarde, quizá medianoche.
—¿Hay alguna novedad si las cosas son así? —, pregunté tomando una manzana de el frutero—, Los papás de mis amigas les hacen fiestas de quince años, con un vestido ampón, y un vals padre e hija,
En realidad, no era el hecho de que no tuviera la fiesta, no me interesaba. Si quiera tenía amigas, Lily y Amanda, fui a sus fiestas de quince años y me resultaba demasiado cursi.
—¿Quieres una fiesta? Claro, mira las cosas que quieras… Cuando cumplas quince años, podremos hacerte una fiesta fabulosa—, accede guardando sus documentos—, Tú pide, sabes que la tarjeta…
—Hoy cumplo quince años, papá—, espeté al sacar una botella de agua. Apenas lo cerré enfoqué su rostro—, Ese es el problema, el padre de mis amigas recuerdan que tienen hijas.
Le regresé el abrazo con el corazón latiendo con frenesí, sonriendo apenas lo hice. Su aroma se introducía por mi nariz, era demasiado entender en cómo es que ellos lo sabían, o cómo es que habían hecho esto por mí todo esto, podía sentir mi corazón acelerado. Esto era lo único bueno que me había sucedido después de un tiempo. Intenté regular mi respiración, intentando evitar que aquellas lágrimas que calaban mis ojos salieran. No era tristeza, era sensibilidad, demasiada, a decir verdad. Sus brazos me acercaron aún más a él, quedando su cabeza junto a mí oído, podía sentir su respiración chocando en mi oído.
—Mereces mucho, porque eres mucho—me susurra, como si hubiera notado la reacción que tuve—Mereces mucho más de lo que crees...
Una parte de mi revoloteaba de mucha emoción, se sentía completamente llena de alegría, por cosas que nadie había hecho por mí, en realidad nuestro abrazo duró más de lo que quizá debería, él no me soltaba y en realidad yo no tenía muchas intenciones de hacerlo.
—¿Mucho? Quizá si lo dices de ese modo lo crea en realidad—, le susurré en el oído a lo que escuché como reía levemente.
—Deberías creerlo, podría hacértelo creer a diario—, prometió.
—¿En verdad sigues sorprendiéndote? Pasan tantos años, además él siempre lo olvidaba—, Me adentré a la casa con ella pisándome los talones—, Mira, te dejo algo sobre la mesa.
Me acerqué a la mesa, notando como se encontraba un pastelito, con una vela y una nota.
“Lamento olvidarlo, intentaré salir antes. Aquí esta la tarjeta, compra lo que quieras, feliz cumpleaños”.
Miré hacía el pastelito que se encontraba en la mesa, arándanos.
Lo tomé entre mis manos, para dejarlo caer en el cesto de basura, soy alérgica a ellos, bravo papá.
—¡Se van a quedar pegados! —grito Logan. Sentí mis mejillas calientes debido a su comentario. Me aparte de él para mirar hacia sus ojos.
—Te ves preciosa.
Apenas lo dijo salió de mi campo de visión, me siguieron abrazando y felicitando, me sentía demasiado feliz, sentía que todo lo que me decían ahorita me hacía se tiene demasiado feliz. Ya debía de haber terminado la preparatoria, de no ser porque me atrase un año al estar encerrada en prisión, no me querían de regreso debido al historial, pero terminaron aceptándome de vuelta.
Caleb me seguía mirando con un cierto toque de enojo, no podía entender cuál era su molestia conmigo si yo no había sido nada de lo que le molestaba, ni menos había causado sus acciones, Audrey se levantó y camino en dirección de mí, mirando hacia Caleb, su vaso terminó por reventar en su mano, generando la atención de todos los que se encontraban aquí, Drey se sobresaltó.
—Preciosa, ven—le llamo Caleb, intentando que no se acercara a mí.
Sin embargo Drey no miro atrás, no retrocedió ni camino en su dirección, se acercó a mí, tomando mi muñeca para caminar conmigo fuera del lugar, un remordimiento creció en mi estómago debido a eso, yo le había ocultado durante todo este tiempo, la culpa si creció más y más habiéndome hecho sentir de lo peor, me hubiera gustado decirlo antes pero ellos solo querían que les diera información sobre ellos, podía fingir sobre ello, habían chicos malos, sobre el tema de las drogas y los bandos, y otros chicos que habían hecho que las personas sufrieran de modo peculiar.
—Algo sabes que Caleb no quiere que me entere—comenta, se gira en mi dirección y alza una de sus cejas—, ¿No es así?
Sí. Pensé, podía decir sobre esto, sin embargo, no entendía cómo decirlo, miré en dirección de Caleb, quien venía en pasos apresurados en mi dirección, sentí una especie de miedo creciente, no sabía porque, solo había sentido mi corazón latir con rapidez, me freno tomando mi muñeca.
—Grace—me advierte, sus dedos presionaban mi muñeca—No debes de...
—¡Por dios Caleb cállate! —grito enojada Audrey, poniendo su cuerpo frente al mío—Solo quiero que me confirme algo que ya se—le dice con enojo—Tú sabes lo que hiciste, no deberías de querer culpar a los demás de tus errores.
Su rostro cambió de semblante, parecía haber llegado la sorpresa a sus ojos, me soltó. Sin embargo, lo siguiente que hizo me llegó tan por sorpresa como a Drey, un golpe rápido se acercó a mi rostro con fuerza, haciendo que me destantee y me vaya hacia atrás, escuché voces y pasos en mi dirección.
—¡Que mierda te pasa Caleb! —chilló Audrey, Gael llego a un costado mientras tomaba mi rostro, una fina línea sabor metálico salía de mi labio—Joder...
Gael tomo de la camisa de Caleb, sin embargo, tome su mano esperando que con ello le soltará, una molestia había crecido en mi vientre sin embargo ellos eran amigos y no serían quien interfiriera en eso.
—Debí decirle, pero yo no lo hice—mencioné en tono bajo—Quien envía los mensajes lo hizo antes de que yo lo supiera—Admití a lo que él me miró con una mueca—Tus acciones no son decisiones de los demás, solo tuyas.
La mano de Gael tomó la mía, entrelazando nuestros dedos, camino con paso lento hacia la cocina.
—Te rompió el labio—dice, pasando su dedo en el labio quitando la sangre—¿Te duele?
—Quizás necesite un hospital—exagere con una mueca—¿Se mira muy grave?
—Me preocupa que necesites suturas—me dice mirando mis labios—Yo...
—Me recuerdas del bar, ¿No es así? –, pregunte con una ligera mueca—Del...
—Desde el día uno—, me dice cortando un pedazo de papel de frente de él—, Si las cosas hubieran llegado más lejos, fuera un criminal—, dice pasando el papel por mi labio.
—Eres uno, sin que llegáramos muy lejos—, me carcajeo con una sonrisa divertida—, Uno guapo.
Me quedé callada por un par de segundos, lo había dicho en voz alta sin pensarlo demasiado, su sonrisa tiro hacia arriba con diversión.
—Así que guapo, ¿Fue lo que dijiste? —, pregunto divertido dejando el papel a un lado de mi—, Soy un criminal guapo.
La risa que me intentaba aguantar era demasiado, si no lo había pensado, pero fue gracioso.
—¿Por qué no mencionaste antes lo del bar? —, pregunté sentándome en la encimera—Pensé que lo habías olvidado.
Cuando nuestras miradas se cruzaron después de tanto tiempo, sentí como mi corazón latía con rapidez, podía pensar en todo lo que habíamos vivido ese día que nos conocimos, mismo modo de lo que en realidad las cosas se habían ido cuesta abajo cuando dejo de verme.
El negó pasando sus manos detrás de mí cabeza para después dejar un beso en mi frente.
—No podría haberte olvidado jamás. No a ti—, me dice recargando su frente en la mía—, Eres muy linda, con un carisma precioso. Jamás te pude olvidar, regresé a buscarte, pero ya no te encontré.
Ni lo hubiera hecho, dejé de acudir a ese bar cuando entré a prisión, estaba decidida a poder cambiar la vida que estaba llevando, decidida a que lo que había hecho no me marcará la vida.
—No podía seguir acudiendo, podrían arrestarme—, confesé—, Yo quiero ser buena persona.
—Lo eres—, me dice dejando un beso en mi mano—, Se que siempre piensas acerca del pasado. Es algo que no debe definirte.
—Ahora solo pienso en que mi boca me palpita—confesé con una sonrisa, para después recargar mi cuerpo en la pared—¿Por qué eres tan lindo conmigo?
Note como mi pregunta me había tomado por sorpresa, entrelaza sus dedos con los míos para después sonreír levemente, podía decir que era algo calmante pero no lo sentía de ese modo, mi vientre cosquilleaba mientras mis pensamientos se transportaban a todas aquellas veces en las últimas semanas que me había protegido. Siempre dije, no necesito que un hombre me proteja—y no lo necesito—solo que, en un momento, una parte de mi se enterneció al saberlo. Porque era conmigo de un modo diferente.
—Hay algo dentro de ti que amo—admitió apartando la mirada—Una parte que es más honesto contigo y aquel que quiere saber de ti. Por ello te busqué tantas veces en el bar, siempre quise saber más de ti, pero no pude verte ya.
Me sentía hecha un lío de emociones con ello, es decir, como podía ser tan lindo conmigo después de tanto tiempo, recordaba todas nuestras conversaciones que tuvimos aquellas tardes, recordaba haber pasado horas enteras pensando en cosas que podíamos hacer, nosotros funcionábamos juntos, sin esperar demasiado tiempo.
Él me había buscado durante tanto tiempo y apenas me encontró no dijo nada sobre la mentira que dije aquella noche, noche tras noche de mi edad. No paso días haciéndome sentir culpable sobre aquella mentira que repetí tantas veces que estuve por creerla
—Todo este tiempo, no me dijiste nada de la mentira—mencioné en tono bajo—¿Por qué no lo hiciste?
—Porque conocí tu historia, aprendí a no juzgarte, me gustó tu historia desde el minuto uno... —, asintió con una ligera sonrisa—, Sabía quien eras, sabía como eras y en realidad… No podía sacarte de mi cabeza.
Le sonreí un poco para después abrazarle por los hombros recargando mi cabeza en su hombro, podía detenerme a pensar en que las cosas eran de un modo más bueno, el me comprendía, o me escuchaba sin juzgarme.
Sin pensar mucho me aparté y miré sus labios, recordaba todas las veces que estuvimos juntos y lo que llegábamos a sentir, éramos...
Sus manos se detuvieron en mi rostro, poniendo sus manos en un modo que la aprisiono haciendo que le mirará, aquellos ojos castaños que me llenaban de emociones en aquel bar. Sus manos me acercaron en un beso, uno que empezó de modo dulce, atrayendo los recuerdos del pasado que nos habían vuelto tan cercanos en aquel entonces, podía pensar en todos los buenos momentos y en como de un tiempo para acá solo se limitaba a cuidarme siempre era así, una persona demasiado dulce conmigo. Nos conocimos por mera casualidad cuando aún no podíamos estar juntos y ahora no podía pensar en que de casualidad se convirtió en destino, uniendo nuevamente nuestras almas de aquella vez que terminamos separados. Podía imaginar que nada de lo que pasaba era real, pero no podía.
Éramos un vaivén lento de emociones, un beso le ti que se convertía en emociones buenas, pase mis brazos por detrás de su cuello atrayendo de nuevo más su cuerpo al mío, se separó de mi para terminar por entregarme una sonrisa de oreja a oreja.
—Sigues besando muy bien—, me alaga divertido, me dejo un beso más para después poner sus manos en mi cadera—, Bastante bien, a decir verdad.
Me reí con diversión, estaba por bajar de la encimera, sin embargo, sus manos se posaron en mis piernas para mirar mis labios nuevamente, pasaron alrededor de menos de dos años cuando nos dejamos de mirar, dos años en los cuales muchas emociones estaban presentes, emociones que terminaron por frenarse.
—Te defiendes—bromeo para después enderezarme—Un poco.
—Siempre tan linda—rueda los ojos para después pasar sus manos en los bolsillos—¿no?
Me encogí de hombros y me di una vuelta, sin embargo, recordé acerca de lo que estábamos aquí.
—¿Por qué supieron que era mi cumpleaños? —pregunte curiosa esperando que me diera una respuesta.
—No olvido lo que chicas lindas me dicen en el bar—me codea con una sonrisa de oreja a oreja—Le dije a Olivia sobre una fiesta para ti... Pero ella me dijo que odiabas las fiestas, por lo cual es una pequeña reunión privada.
Me reí para después mirar hacia afuera—¿Entonces fue tu idea? —curioseo en tono bajo a lo que asiente con la misma sonrisa—Tu de chico malo no tienes nada—le codeo divertida—Olivia sería más mala que tú.
—Tengo mis momentos.
Después de ello salimos de la cocí a con las manos entrelazadas, era curioso, pero había conocido otra realidad en la mía de ese modo me sentía, como si las cosas por primera vez me estuvieran funcionando del modo que quería. Apenas salí de ahí me di cuenta que no estaba Caleb, se había marchado suponía que se había ido sin que si quiera se lo mencionaran, aun el golpe me dolía de un modo completamente fuerte. Sentí su enojo estrellarse en mi rostro de un modo brutal.
Me acerqué a la comida para tomar una rebanada de pizza, sentí la presencia de Logan quien se colocó aún lado de mí.
—¿Ustedes salen? —me pregunto con curiosidad—Tu y Gael.
Mire en su dirección, como hablaba con Uriel alegremente, él era un caso diferente, podía decirse que conocía a profundidad los secretos de cada uno, conocía el tipo de personas que eran, podía decir que era de un modo diferente, él era para mí diferente.
—¿Por qué lo preguntas? —curioseo a lo que la mira en dirección del hasta regresar de nuevo a mí, terminando por encogerse de hombros.
—Se miran cercanos.
Podía decirse que lo era. Pensé. Nos habíamos mantenido cerca en más de una ocasión, pero no salíamos, yo era menor de edad y sabía en los líos que podía llegar a meterlo con hacerlo de ese modo.
—¿Te cortaste el pelo? —pregunte confundida acercándome a el—Te miras diferente.
Su rostro se miró confundido por un par de segundos, se quedó pasmado hasta que terminó por negar.
—Creí, te miras bien.
Apenas dije eso caminé lejos de él esperando no tener que dar un tema de conversación, quizá no teníamos nada de ello, pero.... Si terminaba por ser un poco complicado.
Somos un caso no ideal, pero lo quiero.
Y lo quería mucho y de un modo honesto, uno que era tan difícil de entender y de explicar, le quería en más de lo que podría explicar, no sabía si se trataba de un modo romántico... Pero éramos juntos, algo que no podía saber bien, pero éramos...
Mire nuevamente a él.
Gael... Él no era un chico malo.