Tres sensaciones, placer, recelo y furia, tres sensaciones que habían recorrido el día de hoy.
Una acción nuestra tiene consecuencias, quizá que yo lo hiciera en la cocina de Saith, en su habitación, ahora me llenaba de emociones buenas, pero, ¿Algo podría cambiar en el futuro?
¿Algo podría cambiar en el futuro de quien fingía mantener todo el control y no titubeaba cuando el desastre aumentaba?
Una sola acción, es todo lo que se necesita para generar un desastre.
Siempre ha sido así.
KATHERINE:
Sus manos se aferraron a mi cintura, mientras que su respiración se encontraba agitada, al igual que la mía, su pecho subía y bajaba una y otra vez, su piel sudaba ligeramente pegando cabellos sobre su frente. Esto me causaba demasiadas emociones juntas.
—¡Joder! —, jadeo. Sus manos me atrajeron más a él, como si fuera posible.
Recargué mi frente en la suya, mientras intentaba regular mi respiración, miré sus ojos, aquellos ojos cafés que en más de una ocasión me habían tenido completamente embobada, ahora me miraban atentos, en una situación tan íntima, en una situación tan nuestra…
No era un momento adecuado para pensar—en absolutamente nada—, pero lo hacía, seguía repasando porque esto había sucedido, lo que en realidad quieres sucede, sin importar cuando… Una fuerza más grande que nosotros es la que termina por hacer esto, porque lo necesitamos. Yo seguía sintiendo una electricidad recorriendo mi vientre, en mi espina dorsal, cada uno de los pequeños rincones dentro de mí, estaba sintiendo.
Y a pesar de que no quería pensar más, a pesar de que hubiera dudado todo en estos momentos y tirado la toalla en el momento adecuado, no lo hice. Miré sus ojos, “los amigos no hacen esto, los amigos no se conocen la piel”, pensé.
Pero todo esto… La situación, la atracción y toda la fuerza me sobrepasaba, podía sentirla demasiado arriba de mí, esto era demasiado para mí.
Pero, era inevitable, muchas situaciones se volvían inevitables con el paso del tiempo, muchas situaciones… Pase mis manos detrás de su cuello, mirando aún sus ojos.
—Katherine—comenzó, juró que iba a escuchar… Pero no lo hice.
Lo atraje a mí, sellando mis labios con los suyos en un beso hambriento, un beso profundo que demostraba todo lo que sentíamos, seguía teniendo una sed insaciable, demasiado, a decir verdad.
Nos separamos un poco, por la falta de aire, miré aquellos ojos castaños que me habían tenido durante tantos años más embriagada que el vino que recién bebí, sin pensarlo más, regresó el a nuestro beso, este era brusco, intenso, buscando conocer cada uno de los pequeños rincones de nuestro ser. Ambos lo necesitábamos, lo queríamos. Me había tomado de la cadera nuevamente, esperando que nada de nosotros estuviera separado, podía comprenderlo, yo tampoco lo quería, quería que estuviéramos tan pegados, que esto no se detuviera.
Éramos como una especie de huracán lleno de hormonas y el desastre saliendo lo más a flote posible, una calentura demasiado grande deseosa de ser quien tomará las decisiones, así estaba sucediendo, a decir verdad.
Pase mis manos por el borde de su pantalón, para deshacerme de este, logrando que este cayera hasta sus tobillos, dejándome verle un poco más.
Hice a un lado su ropa interior, para tomar entre mi mano su m*****o, mi mano comenzó a hacer movimientos, de arriba abajo obteniendo jadeos por parte de él, su mano comenzó a subir a mi pecho, mientras que la otra estaba tan aferrada a mi cintura como fuera posible, podía sentir el como esta editado en mis dedos, sus movimientos en mi pecho y el cómo mi vientre solo se acumulaba el placer, aquella electricidad recorriendo mi espina dorsal.
Baje de la encimera, sorprendiéndolo. Me deje caer sobre mis rodillas, mirando hacía arriba sus ojos, sus ojos que se habían oscurecido en los últimos pares de minutos debido de lo que estaba sucediendo. Lo introduje en mi boca, logrando que él soltara un jadeo bastante fuerte, todo esto… Todo esto era demasiado fuerte.
Había comenzado a moverme, arriba y abajo, introduciendo lo más que podía, mis labios succionaban ligeramente, mientras que no me detenía, todo esto era demasiado caliente para mí. Lo estaba disfrutando.
No podía explicar como se sentía esto, el como todo se había reprimido dentro de mi vientre para salir a la luz en cuestión de segundos, era demasiado que sentir y tan difícil de entender. Comencé a acelerar mis movimientos, logrando que de a poco en poco este se introdujera un poco más dentro de mí, él con una de sus manos tomo mi cabello en una coleta, mientras que sin usar fuerza impulsaba un poco más y más mis movimientos. Noté como sus piernas flaqueaban mientras que los movimientos eran más y más rápidos. Entre mis labios pude sentir como él se endurecía un poco más, estaba por terminar, eso creía yo.
Miré hacía arriba, sin dejar de moverme, notando cómo el rostro de él estaba lleno de placer, lleno de tanta calentura como él mío.
Comenzó a mover sus caderas un poco brusco en dirección de mí, introduciendo más su m*****o a mi boca, como si eso fuera posible.
Y fue ahí, donde él termino. Apenas lo hiso comencé a regular mi respiración, se encontraba demasiado agitada, mi pecho desnudo subía y bajaba rápidamente.
Me levanté del suelo, mirando sus ojos, los mismos que me miraban con demasiado deseo, con tantas ganas como si lo que acabará de pasar solo hubiera puesto un poco de leña sobre el fuego, quizá fue así, quizá había sido de ese modo.
Y a pesar de todo esto, yo aún tenía demasiada sed y hambre de él, necesitaba que esta situación no diera por terminada.
El me aprisionó entre la encimera y su cuerpo, logrando que nuestros cuerpos chocaran, miró hacia abajo, quizá estábamos en el mismo canal, la misma sintonía, solo había una sola cosa que haría falta para unir nuestros cuerpos y en verdad lo necesitaba dentro, su mano comenzó a bajar un poco hasta llegar a mi centro, queriendo confirmar que aún estaba demasiado caliente y mojada para él, así lo era. Estaba completamente mojada.
Quería gritar que lo necesitaba dentro, abrir mis piernas y que así sucediera, sus dedos comenzaron a vagar de nuevo, mojándome más, tocándome, calentándome un poco más y más.
—Tu… ¿Quieres hacerlo? — pregunto. Sus movimientos habían sido detenidos—¿Quieres hacerlo?
Asentí, sin poder dar una respuesta completamente, el tomo mi mano entrelazando esta con la suya caminando en dirección de su cuarto, con pasos un poro rápido…
Apneas nos adentramos a su habitación, salió por un par de segundos, regresando con un empaque plateado brilloso entre sus dedos, tiro de las esquinas de este para después abrirle, con un movimiento comenzó a poner el condón en su m*****o, apenas lo hizo me dio una leve mirada, para después pasar este por fuera por cada rincón de mí, llegando a mi centro, estaba demasiado sensible y expuesto, un leve jadeo salió de mis labios, para después en un movimiento brusco introducirse en mí, jadee fuertemente, sus manos me atrajeron un poco más, no se movía, había quedado dentro de mí, miro mis ojos, esperando algún movimiento o respuesta de mi parte, sus embestidas comenzaron con rudeza y rapidez, cada una de ellas, mis pechos se movían junto con estas, su mano se acercó a mí, poniendo su mano en mi seno para bajarla a mi centro, tocando y moviendo, generando gemidos míos por toda la habitación.
NARRADOR DESCONOCIDO:
Partía a base de recuerdos el modo en él que las cosas podían suceder, tomaba los puntos buenos, los suficientes para hacerme pensar que todo esto se podía ir en un desastre bien dado. Me senté frente a Grace, sonriéndole levemente a lo que ella me regresó la sonrisa del mismo modo, amable.
Era curioso, extraño, pero esta chica en realidad intentaba cambiar, a pesar de que yo dijera que podía hacer que regresará al mismo desastre que antes.
—¿Qué tal es esto de amar a un amor prohibido? — le pregunté con diversión—, Pasaste noches enteras en casa de Gael, sigues siendo menor de edad, ¿No?
Acusé entre frases, en realidad no podía entender como era posible que las cosas le resultaran de ese modo, que durante intento tras intento ella no perdiera, sino, que encontró a una persona que se preocupaba por ella, sin importar qué.
—La edad no me preocupa, seré mayor de edad antes de lo que crees—, soltó mirando la bebida que le había pedido—, ¿De qué es?
Arándano, su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina y quería que ella luciera como una papa, algo amorfo sin forma, le sonreí levemente mirando la carta.
—Creo que de fresa—, me encogí de hombros—, El nombre era raro, pero es bastante peculiar.
Ella asintió, pero la olió antes de tomarla, frunciendo su nariz. Lo había notado. Ella llamó a un mesero, el le confirmó sus sospechas, arruinando mi plan.
Grace era bonita, era preciosa y por ello había engatusado a Gael, era ridículo, ¿Por qué todas las cosas le tenían que salir bien? ¡Por dios! ¡Es absurdo!
—Entonces, ¿El día de mañana querrás hacer algo? —, pregunte con una ligera sonrisa, pero se limitó a negar—, ¿Por qué no?
—No quiero hacer nada, solo estar en casa—, se limitó a decir—, Así que no, no hay nada particular que quiera hacer.
—¡Vamos Grace! —, insistí, vamos, sabía perfectamente que si la mantenía ocupada las cosas saldrían en mi control—, No seas aguafiestas.
—¿Has hablado con Gia? —, preguntó a lo que asentí—, ¿Te contesta las llamadas?
—Siempre lo hace—, me encogí de hombros—, ¿Por qué lo preguntas?
Ella negó para después sonreír levemente, mirando hacía a un lado.
—Quizá sí me guste un poco Gael—, confesó, perra.
GRACE:
Después de largas insistencias de Gael sobre que fuera a una dirección con intenciones de investigar un par de cosas, accedí, en realidad no quería salir de casa hoy, quería estar recostada hablando con Gia, pero esta no respondía mis llamadas hace días, solo recibía mensajes de ella diciendo que la universidad la tenía demasiado atareada. Recibí un mensaje de papá, después de diecisiete años de olvidarlo, lo recordó cuando ya no estaba cerca, era deprimente.
Recordaba que le había dicho a Gael, que el día de hoy no tenía intenciones de salir, que no quería estar con nadie, sola, quería estar sola, era lo único que de verdad pedía.
Después llamo está mañana diciendo que era demasiado importante como para dejarlo pasar, éramos parte de un equipo y teníamos que apoyarnos en cosas como estas.
El miedo pesa, si no puedes con este, te lleva al fondo del mar.
—¿Esta es la dirección? —, preguntó tragando en seco el conductor, asentí a lo que él hizo una mueca—, Bien, suba…
Cuando recién llegué aquí no podía entender porque los cinco podían haber generado tanto miedo sobre las personas, es decir… Cuando recién comenzaron en su mayoría cuantos años tendrían, ¿Un par de adolescentes podían haber causado tanto daño? ¿Cómo era posible?
—¿Puedo preguntarle algo? —, empecé a lo que él me miró por el espejo retrovisor, asintiendo—, Los bandos… ¿Cómo comenzaron?
El me miró con un toque de confusión, resopló para después mirar hacia mí.
—Tenían la oportunidad, los gemelos Sprouse y Malls—, comenzó sin apartar la vista del frente—, Sus padres tenían esta ciudad controlada cuando yo tenía aproximadamente tu edad.
Alcé levemente las cejas, entonces, en realidad ellos habían podido crear una especie de miedo debido a lo que sus padres ya habían generado, un par de historias conocidas fueron lo único que ellos necesitaron para poder hacer esto, era… Extraño.
—Comenzaron con cosas pequeñas, solo eran ellos tres—, me informó. Asentí ligeramente—, Después, llegaron de la nada dos chicos más, fortaleciendo su bando y creando la misma imagen que sus padres.
—¿Y el clan D? —, cuestioné con cautela—, ¿Él también tenía un padre que hiciera eso?
—No, su madre es dentista y su padre trabaja en la radio—, informa con una ligera sonrisa—, Nada aterrador, ¿Cierto?
—Una persona común—, asentí ligeramente—, ¿Cómo llego hasta ahí arriba?
—Protección. Su hermana casi muere, Cassie si no me equivocó es su nombre—, mencionó, giró en una calle para después encoger sus hombros—, Ella se encontraba con una amiga, la amiga recibió un disparo en la pierna, ella en el brazo… Cassie era una niña, pero fue lo único que necesito él para querer protegerla.
Darwin… Tenía sentido para mí, el modo en el que siempre se preocupaba por las personas de su alrededor, mordí el interior de mi mejilla, recargándome en el respaldo del taxi, me habían pasado tantas emociones dentro, era extraño.
—¿Y nunca intentaron detenerlos? —, cuestioné a lo que ellos negaron.
El miedo pesaba, podías enfrentarle, o dejar que este creciera a una magnitud que todo se fuera más y más abajo. Yo ya no pregunté nada y el no me contó nada más, le agradecí para mirar por la ventana, pensando si en realidad todo esto eran las razones equivocadas o quien estaba detrás de todo esto ella en realidad se habría equivocado. Es decir, si bien habían hecho tantas cosas malas, habían intentado hacer buenas también.
Solté un suspiro, presionando con mis dedos mis palmas, mientras que no apartaba la mirada de afuera, sintiendo mi corazón latiendo a una velocidad impresionante, muchas veces llegué a preguntarme si la vida sería así de pesada siempre, o si no todos habíamos nacido con la habilidad de poder vivirla a la misma velocidad que los demás, no lo sabía.
“—¿Por qué un avión? —, pregunté divertida, recargándome en el asiento, mientras que él miraba hacía acá fingiendo que no le dolían las agujas clavándose en su piel.
—Libertad—, se limita a decir, para después sonreírme de lado—, ¿Tu no quieres tatuarte? Podría ser mi regalo de cumpleaños para ti.
—¿Qué me tatuaría? —, pregunté con una ligera sonrisa. No, no quería que mi cuerpo de recién dieciséis se tatuará—, Además, es tu momento.
—¡Vamos Grace! Traes tu identificación, eres rebelde—, señala con una ligera sonrisa—, ¿Qué es lo que te impide?
—Quizá después—, me limité a decir—, ¿No te da miedo el saber que cuando te tatuarás un par de agujas entran… Y salen.
—Miedo, no. El miedo te hunde Grace—, Giro su cabeza hacía mí para después sonreír de lado—, Si le das poder a este, frenas. No avanzas con la misma velocidad que antes”.
Él siempre me sermoneaba sobre lo que en realidad debía hacer, decía que constantemente yo me frenaba por situaciones que eran obvias que no podían estar en mi control, quizá me decía las palabras que él necesitaba, quizá él había esperado en más de una ocasión alguien le dijera las palabras que él me repetía, quizá cuando murió su novia, él quiso que alguien le pudiera decir eso…
“—¿Por qué me miras así Grace? —, pregunta papá con una ligera mueca. Incómodo de mi enojo—, ¿Tuviste alguna competencia hoy?
—No, no hubo nada importante el día de hoy—, suspiré levantándome—, Nunca hay nada importante en esta jodida casa.
Su mano se aferró en mi muñeca, mientras que su semblante estaba enojado, enojado por mis palabras, por el desplante, pero yo estaba más que furiosa.
—Grace, estás…—, comienza, sonreí con diversión.
—¿Qué? ¿Ahora eres un padre? —, mencioné con ambas cejas fruncidas—, ¡Yo estoy aquí! ¡Yo me quedé!
—Grace—, comienza, su mano aún no me soltaba, solo me aferraba más y más a él, suponía que el esperaba poder tener el control de lo que sucedía—, Sabes que ese no es un tema de conversación.
—No, nada en esta casa lo es—, escupí molesta, me solté de su agarre y solté un insulto entre dientes—, ¡Desearía estar muerta! ¡Desearía morir!
—¿Qué es lo que dices niña?
—¡Quizá muerta te importé si quiera un poco!”.
En más de una sola ocasión me pregunté si yo había sido un blanco fácil, o quizá demasiado lenta. Lenta para este mundo o si… Sí en realidad yo era la única persona que a pesar de que intentará con tanta fuerza, nunca sería lo suficiente, nunca podría encajar en los planes que las personas hacían cerca de mí, los planes creados para esta vida.
“Los villanos no viven felices, nunca lo harán”.
Los villanos no tienen un felices para siempre…. Pero los corazones de estos van hacía abajo, en picada, con una fuerza impresionante, con las más tristes notas, con el más triste uso de la razón.
Miré hacía afuera, el viento chocaba con mi rostro y mi nariz se había puesto levemente fría, podía notar los colores verdosos de los arboles avanzando en la misma velocidad que el auto, sólo que de el lado contrario. No podía salir de esto, seguía en los mismos pensamientos, en los recuerdos del pasado que me hacían recordar que en realidad yo había sido demasiado débil durante tanto tiempo.
“Quizá sea algo que mereces”.
Honestamente, solo quería ser feliz, durante todo este tiempo lo único que había intentado era ser feliz, pero… Aún mi corazón se encontraba herido, hecho pedazos.
Aún podía recordar el sonido de la bala, y la muerte paseando frente a mis ojos, el como habían pasado frente de mi Paulina y la muerte, tomadas de las manos, esperando salir así cómo viejas amigas, esperando prontamente por fin dejar este plano. Duele.
“—Creo que necesito ir a un psicólogo—, solté abruptamente notando como los ojos de papá me miraban sorprendidos—, Es decir…
—No, tu no necesitas un psicólogo—, soltó rápidamente. Cerrando su computadora con un poco de brusquedad—, Quiero que saques ese pensamiento de tu cabeza.
Sólo necesitaba que alguien tuviera fe en mí, que me dijera que era lo suficientemente buena para no caer en esto, ¿En realidad yo era mala? Es decir, podía no hacer esto, podía ser la excepción.
—Es solo… En realidad, no me he sentido bien últimamente—, espeté mirando a sus ojos—, Quiero dormir en paz, ¿Puedo ir?
—No, no irás. Esa es mi última palabra. “
Quizá, en ese momento yo no lo sabía, pero podía existir la posibilidad de que el haber decidido eso, recordará a Paulina, ¿Podía ser posible? ¿Podía ser posible que el no quisiera que yo fuera para que no tuviera un poco de cerca acciones como las de Paulina? Aferré un poco mis manos en un puño, sobre mi chaqueta esperando poder salir de estos pensamientos.
“—¡¿Tú ultima palabra!? —, grite mirando con enojo en su dirección—, ¿¡No has visto lo mal que lo paso!?
—¿Lo mal que lo pasas tu? —, me recrimina con un toque molesto—, ¿Por qué no puedes ser más empática? ¡Estoy buscando a tus hermanas!
—¿¡Más empática!? —, grité furiosa mirando en su dirección—, ¡Tu podrías ser un padre!
—¡Te doy una casa, comida, te lleno de las cosas que tu quieres! —, me grita, yo le miré furiosa, acercándome a él.
—¿Notas si quiera que no compro nada con tu tarjeta? —, le pregunté, presionando mis puños—, ¿Notas que hay noches que no llego a dormir? ¿¡Qué la he pasado mal?!”
—¿Señorita? —, me llama el señor, le miré y el señaló con la mirada afuera—, Hemos llegado.
Agradecí, sacando dinero de mis bolsillos entregándoselo al señor, apenas bajé del auto sentí mi corazón achicarse lleno de miedo, por ello el rostro de el quizá se había contraído de ese modo. Era una casa, enorme y escalofriante entre tantos arboles y la poca civilización cercana. Pasé mis manos por mi cabello tomando una bocanada de aire, me giré hacía el taxi esperando regresar, pero este arranco repentinamente.
Miré hacía mi alrededor lentamente, con una mueca ligeramente marcada en mis labios, alguna vez escuché que la vida era una aventura que con el paso del tiempo ibas comprendiendo, no lo hacía. Y quizá lo era, pero no lo podía notar.
Sentí una mano aferrarse a mi muñeca, girándome repentinamente, chocando con los ojos del chico al que menos le agradaba, Caleb.
El sentimiento es mutuo.
Miré como su semblante estaba serio, mientras que parecía querer asesinarme con la mirada. Su mano había comenzado a presionar más y más sobre mí. Le di una leve y ligera sonrisa—que era más una mueca—, para caminar un poco, soltándome de su agarré, pero este regreso apenas pasé por una barda, con más fuerza, con más enojo.
—Grace—me saluda Caleb. Alce las cejas y le di una sonrisa, que si bien podía pasar por una mueca.
Caleb Collins, el mayor infiel de todos. Él había sido eso con Audrey, un sinfín de veces, sin si quiera tener un toque ligero de culpa dentro de su cuerpo, quizá le llenaba de satisfacción él saber como había jugado con ella, a mi me daba nauseas. Danik no era familiar de él, sino… De serlo, en realidad habría sido algo bastante asqueroso.
—Miraste los celulares de todos—menciona, sí. Asentí a lo que una mueca salió de sus labios—, ¿Por eso me miras así?
Quizá, por mucho que intentará fingir desdén ante lo que sucedía no podía, estaba asqueada y a pesar de que intentaba no mirarle de ese modo, lo hacía, un poco. En realidad, me causaba demasiado… Demasiada cólera.
—No me incumbe—, admití encogiendo mis hombros—, Además, son los cinco, ¿No?
Había rumores que escuché apenas llegué aquí, los cinco podían jugar a diestra y siniestra con las personas. Ninguna chica duraba más de una noche en la cama de ellos, llegó una excepción, Juls.
Los cinco chicos malos de la ciudad de Nueva Jersey, hacían daño a diestra y siniestra a las personas que se lograran poner enfrente con tal de buscar su bien propio, él había hecho algo asqueroso, era una persona asquerosa.
—Lo que miraste—, menciona, sabía que iba a intentar arreglarlo—, En realidad no creo que signifique nada, ¿Verdad?
Su mano presionaba con aún más fuerza mi muñeca, mientras que su mirada pesada me recorría cada centímetro del cuerpo. Una infidelidad, no puede arreglarse, no cómo el lo hacía. Escuché alguna vez por los labios de Juls, una historia, una historia peculiar.
Cuando Caleb recibió una herida que fue profunda, logrando que el quedará en coma, Audrey se quedó ahí, día y noche. Ella no se apartaba de su lado, no porque no quisiera, si no porque en realidad, necesitaba saber que él se encontraba bien. Ella se quedó ahí esperando a que él despertará, bajo de peso y bajo sus ojos había grandes marcas de cansancio que podían ser notadas hasta Francia. Audrey se rompió por amar del modo en el que amaba a Caleb y él se revolcaba con su “prima”.
—Solo buscaba acerca de los mensajes, no me interesa su vida privada—, espete
Antes de obtener si quiera tener una respuesta de su parte me di la vuelta, sin embargo, su mano tomó mi antebrazo frenándome, miré hacia su rostro notando como sus cejas se habían fruncido, mientras me miraba con una ligera mirada llena de enojo.
“—¿Caleb y Drey salen desde hace mucho tiempo? —, pregunté mirando hacía Juls, mientras tecleaba un par de cosas en la computadora.
—Hace un tiempo, sí—, asiente picando los dulces de cereza que tenía en frente—, Gracias por darme de tus dulces, en realidad… Están ricos.
—Sí, sí. No es nada—, mencioné, Danik, su nombre se repetía en los mensajes de él, era raro—, ¿Danik es la mejor amiga de Gisela no es así?
—Sí, desde hacía un par de años—, confirma introduciendo un dulce a su boca—, ¿Por qué lo preguntas?
—Sólo, revisó los mensajes. Buscando algo y en uno de ellos salió sobre la historia de Caleb y Audrey—, mentí a medias.
Sí, ahí se encontraba la información, de eso no había duda, pero también sobre tres infidelidades, entre uno el nombre de Danik resonaba con fuerza, un mensaje tras otro generando demasiada curiosidad.
—Sí, ellos comenzaron a salir casi al mismo tiempo que Uriel y yo, ellos un poco antes—, se encogió de hombros mirando hacía mí—, Caleb se acercó a mí, quería estar con ella y yo le dije que le ayudaría, a Drey le gustaba un poco.
—Vaya, una historia con un poco de cliché—, mencioné levemente, sonriendo de lado. Esta historia comenzaba a no gustarme.
—Sí, incluso, en una ocasión. Las cosas salieron mal y Caleb cayó en coma—, comienza mirando hacía arriba, parecía estar recordando—, Drey le amaba, así que se quedó ahí, día y noche hasta que él salió de coma, ella bajo de peso, mientras estaba demacrada.
Hijo de puta.
—Vaya, en realidad debió de amarle demasiado—, mencioné bajamente.
—Sí, en realidad le amaba, ella se quedó ahí, hasta que salió del coma—, asintió con una ligera sonrisa—, Después de ello ya no se separaron”.
Después de eso, comencé a revisar más cada teléfono, cada mensaje, buscando con detenimiento todo lo que tuviera que ver con ello, quería tener las pruebas suficientes para entregarle eso a Audrey y no saliera afectada, pero algo me detuvo, un mensaje que sin duda podía afectarle aún más.
Luke, el no había sido quien terminó a Drey, sino Caleb, a él le había gustado ella desde hacía más tiempo del que podía mencionar, pero sabía que era amiga de Danik, así que no hizo nada hasta que las cosas se tranquilizaran un poco, cuando notó que las cosas podían salir del modo en el que él las quería, comenzó a frecuentar a Luke, dando mil y un razones por las cuales él terminaría con ella.
Luke no accedía, el amor que él sentía por ella, era grande, real y honesto, cada una de las historias malas y amargas debajo de su piel, no habían sido reales, sino… Un producto de palabras por parte de Caleb, para que él se alejara de ella.
No lo logró, no los primeros tres meses, hasta que dio con dos cosas que en realidad eran importantes para él, Drey y su madre.
“¿Vale la pena no acceder a esto? ¿Tanto para mirar a tu madre y a Audrey muertas?”.
Caleb lo había filmado, puesto que seguro le había traído una satisfacción tan grande esa acción. Golpeo hasta el cansancio a Luke, para el terminar siendo quien enviará el mensaje de aquel celular. Él salió de la ciudad por un año completo, puesto que quería pasarlo con su madre y asegurarse que estaría a salvo.
Su madre murió y él regresó, regresó por Drey, porque después de todo, él la había amado con todo su ser, con cada latido de su corazón. El merecía la nobleza de Drey, el imbécil de Caleb no.
Era algo que no era capaz de comprender, si él había luchado con todo su ser para tener en su vida a Drey, para poder estar con la persona que decía “amar completamente”, y de modo meramente incondicional, ¿Por qué apenas estuvo con ella lo arruino? Había sido un idiota, lastimando su vida, frenándola y manejándola indirectamente a su antojo. No había encontrado yo un modo de decirle eso a Audrey, ¿Cómo podía mencionarle que todo en lo que había creído siempre fue mentira? Que, en realidad, él parecía quererla en su vida más como un trofeo, que como lo que en realidad era.
—Más te vale que no le digas nada—, amenazó enojado—, ¿Esta claro?
—¿Nada de qué? —, comencé a lo que una sonrisa salió de sus labios, misma que se borró apenas proseguí—, ¿Sobre el tema de Luke? ¿O que eres un infiel de mierda?
—Te lo advierto Grace—, amenazó con furia—, Hablas… Y toda tu vida se ira a la jodida mierda.
—Yo hablaré lo que quiera.
La valentía y la forma en admitir el dolor era increíble... Dolía de muchas formas, pero te esforzabas en que el miedo no fuera visto.