Si no miras la razón, quizá no sientas el dolor.
Creía eso, evité por un tiempo las situaciones que me recordaran mis verdaderas emociones, las mismas que habían hecho un caos, yo quizá… Siempre supe que era lo que sentía, más me costaba demasiado admitirlo, ¿Qué sí el día de hoy me encontraba segura de lo que en realidad quería?
Esa tarde, en la cocina de él, mirando sus ojos me di cuenta de una cosa…
Esquive el pasado, esquive mis sentimientos, los intenté enterrar en lo profundo del patio trasero, pero… Había llegado una tormenta, una fuerte que movió la tierra, dejando ver entre medio de esta todo lo que se escondió, lo que en realidad sucedió.
La vida era difícil, el fingir que la entendías, era aún más difícil.
KATHERINE:
Día dos dentro del hospital, Nueva Jersey.
Las personas cuando se preocupan suelen ser curiosas… Demasiado, a decir verdad, después de todo… Guillermo no fue el único que pensó que en que el mantenerme en observación hasta que todo estuviera perfectamente alineado, lo hicieron todos. Hasta que yo decidiera a hablar, hasta que yo dijera porque decidí dar mi vida, porque decidí dar mi vida, porque recibí a la muerte con las manos abiertas.
—No saldrás de aquí—, espetó Uriel recargado en la puerta. Mientras que Darwin movía su pierna de arriba abajo—, ¿Pensamos lo mismo?
—Lo hacemos, sí—, asintió él. Se sentó a un costado de mí para después suspirar—, En que momento creíste… ¿Por qué en tu cabeza parecía buena idea morir?
—Julieta—, mencioné sentándome. Miré hacía Uriel quien frunció las cejas—, Un jugador se salva, otro debía de ser eliminado.
Ellos se miraron entre sí, para después ser Uriel quien se acercará acá, sentándose a mi otro lado, estaba en medio de los líderes de ambos bandos de la ciudad, esa era la razón principal por la cuál no me dejarían salir de aquí.
—Se que querías salvarla, Gael lo mencionó… Anoche—, confesó pasando sus manos hacía su cabello. Parecía estar sintiendo demasiado por esto—, Katherine, amo a Julieta, cómo no tienes una idea, la pusiste a salvo y siempre estaré agradecido contigo por eso.
A pesar de ello no parecía sentirse demasiado emocionado en lo que había sucedido, es decir, le había hecho esto, le había intentado proteger.
—Pero…—, sigue, mirando mis ojos con una ligera mueca—, No, no. No debiste haber hecho estas cosas, Katherine, ¿Qué podríamos hacer sin ti? ¿Si tú mueres?
Terminar con una Morgan, acercarse más al final de la historia de todo lo que podían ser la familia de “locos”, que arrastraba a todos hacía el infierno. Pensé.
Día tres.
Día tres, después de mirar hacía el techo del hospital, con Saith sentado a un lado de mí, mientras me contaba cómo las cosas podían mejorar, después de todo, el no se había apartado de mí por si quiera un minuto en los que yo estaba despierta, solo iba a ducharse y regresaba al hospital. Hoy, después de todo, por fin sería dada de alta del hospital.
Recapitulamos a la verdad. Grace sufrió una crisis emocional, se había vuelto inestable, Paulina había muerto, muerto frente a sus ojos, después de que ella miró mi celular para poder saber que era lo que había sucedido.
Un suceso atrae otro, una secuencia interminable de hechos, desencadenándose entre sí.
La morgue, después de prometer que ninguno haría estas cosas, terminé accediendo, bajando directamente a la morgue sin culpa alguna, buscando un sobre perfectamente amoldado como una masa colorida ante los deseos interminables que tenía acerca de lo que sucedió con Gilberto y conmigo. Así había sucedido.
Mis acciones desencadenaron eso, ahora Grace… Ella había sufrido de un modo particular, todo por acciones provocadas por mí.
Fui hospitalizada por tres días, tres largos días. Órdenes del Clan D y el de los cinco malos, los doctores habían aceptado, no querían problemas y ellos podían generarlo sin dudarlo.
Miedo. Esta ciudad estaba incrustada en miedo por cada centímetro que pasara dentro de ellos, nadie ponía objeciones en los cinco, ni en el clan D, fue así... Que a pesar de mis objeciones y peticiones terminé tres días aquí, teniendo estudios que seguramente nunca podría llegar a necesitar, era ridículo.
Quien me llevo a casa fue Darwin, se quedó un par de minutos mientras esperaba que yo me sintiera mejor, no podía suceder de esa facilidad, la vida era complicada y al ser de ese modo. Él y yo habíamos estado intentando encajar nuevamente. Prometió presentarme a Delia prontamente, cuando esto terminará. Ella había salido del mapa, al igual que Juls—ambas estaban embarazadas—, jugué con mis manos, mientras que esperaba poder sentir la paz llegar a mi cuerpo. Sólo fue cuestión de tiempo, en realidad para que nosotros encajáramos, que nos sintiéramos en una cierta paz, después de todo. Darwin salió de mi casa, pero lo que sucedió con Grace, no.
“Las personas sienten culpa, las personas… Después de todo, cuando arruinas a las demás personas, te preguntas si en realidad, valió la pena el haber llegado a ese punto, ¿Lo hacía?”
Cuando llegué a casa noté que Olivia había mantenido en completo orden este, logrando una preocupación menos dentro de mí. Grace; poco sabia de ella, poco podía ser nada en realidad. Solo dejaba nota tras nota en el refrigerador, llegaba a dormir hasta tarde lograba preocuparme, logrando un nudo creciente dentro de mi vientre, eran pocas las noticias que se tenían sobre ella. Era un desastre.
La preocupación no sólo había llegado a mí, sino también a Olivia quien se preguntaba, ¿En que se había metido Grace? Mientras susurraba "No lo harías de nuevo"
Me preguntaba demasiado que era lo que sucedía, lo que había llevado a que las circunstancias fueran así, recibí la muerte con ambos brazos abiertos, para terminar, dándome cuenta que los planes saldrían siempre como esperaba, metí la cuchara a mi taza, introduciendo el café y oliendo el aroma que este emanaba, me quedé mirando el humo salir de esta, escuché unos pasos a un par de metros de mí, alce la mirada encontrándome a Olivia.
—¿Llegó ya? —, preguntó sentándose frente a mí, tomé entre mis manos aquella taza, para dar un trago de esta.
—No—exclame, miré hacia ella quien se miraba preocupada—Supongo que...
—Hable con Gael, vio morir a Paulina. Entró en crisis—, me interrumpe con un suspiro pesado—, Ella quizá...
Ella quizá entro en crisis, porque al no hablar las cosas que te arrastran al sufrimiento les das más poder de poder arruinarte, le das demasiada fuerza a el dolor para matarte.
—Quizá solo necesita hablar con alguien de eso—, le señalé pasando de largo lo que recién había pensado—, Creo que lo que ella vio… Le pudo haber marcado la vida eternamente.
Días largos, noches aún más largas. Eran del tipo de cosas que lograban hacer los segundos minutos, los minutos horas. Eran las cosas de esta magnitud que te hacían preguntarte si en realidad valía la pena luchar por olvidar. Olvidar era algo difícil, la vida lo era.
Una mueca reino en su rostro, mientras que sus ojos se llenaron de lágrimas, tantas como fuera posible, así había sucedido la mera realidad, el dolor te mataba el alma, el dolor te hacía preguntarte si luchabas lo suficiente, o te dejabas caer hasta lo más fondo.
Siempre querías caer en lo más fondo.
Una pequeña mueca reino su rostro, no podía decir al respecto, había visto morir a la mujer que le dio la vida, seguro algo le había llegado al alma, fueron un poco más de seis minutos cuando la puerta se abrió dando a ver a Grace quien tenía la mirada cansada, en sus dedos colgaban unas botas que se encontraban llenas de lodo, su rostro marcaba en un morado rojizo debajo de sus ojos, mientras que parecía molesta.
“No tener respuestas puede llevarte a la locura, el no saber hacía donde iba el rumbo… molestaba”.
—Debemos hablar—, comentó Olivia directamente. Sus brazos se cruzaron a la altura de su pecho mientras que parecía fulminar le con la mirada, ella negó caminando aún más, hasta que la voz de Olivia resonó nuevamente—, ¡Grace!¡Te estoy hablando!
Ella se frenó, pude notar como sus ojos se giraban molestos mientras que miraba hacía ella con una sonrisa forzada—, No, no. En realidad, creo que no hay nada de que hablar—, soltó un poco borde—, Tu quieres hacerlo, pero yo no.
Corrección, no había nada, nada que ella quisiera que habláramos. Suponía… Pensaba que esto era demasiado difícil, de hablar, de sentir, de ver. Era difícil caminar en un mundo desconocido, ella no querría hablar de lo que sucedió, lo que miró en casa de Paulina y el cómo una bala atravesó su sien, nadie quiere tocar temas delicados, terminan doliendo más que nada. No sabíamos si lo que había sucedido esa noche, la noche que ella murió, un aleteo más de aquella mariposa causo algo más, un desastre en el comportamiento de Grace, ella se desmoronó.
Había un comportamiento dentro de ella que me alertaba dentro de mil modos posibles, sus ojos se cerraron para después soltar un suspiro pesado.
—Iré a dormir—, soltó. Camino hacía la mesa de centro dejando mi correspondencia, para después salir por completo de mi campo de visión.
No hubo tiempo para poder darle una respuesta, ella simplemente desapareció de mi campo de visión, subió las escaleras de dos en dos, uno tras otro hasta que por completo ella desapareció.
Noté como Olivia se tallaba el rostro, recargándose en la pared con demasiado cansancio, se miraba tan agotada, cansada de todo lo que había sucedido. Ella se encontraba desesperada, podía entenderle. Grace siempre había hecho las cosas por si misma, sola, debía ser difícil para ella, ir por ahí teniendo que cuidar a alguien que… Trabajaba sola.
Apenas escuché la puerta cerrarse, mis ojos vagaron a la mesa en donde Grace había dejado las cosas hacía un par de segundos, desplace mi mirada hacía donde ella había desaparecido, esto era demasiado confuso a decir verdad… Di un par de pasos pequeños y lentos hacía donde Grace había dejado las cosas, miré sobre la mesa, varios sobres y papeles se encontraban ahí; lo que logró llamar mi atención en particular fue la nota que estaba sobresaliendo entre dos sobres, reconocía perfectamente la letra, como aquella que estaba detrás de las fotografías que había encontrado en la morgue, una mueca llegó a mis labios y la bilis recorrió mi garganta, esto debía de ser un puto chiste.
"Siguiente en la lista Gilberto"
No pensé demasiado, mis cejas se fruncieron con rapidez, para arrugar la nota entre mis manos, debía de ser un maldito chiste, caminé en dirección de donde Grace había ido, con los pasos molestos y la respiración pesada, ¿Era posible que hiciera algo como eso?, subí las escaleras de dos en dos, mientras que cientos de ideas y pensamientos transitaban por mi cabeza, no toqué, abrí la puerta con brusquedad, notando a Grace a punto de llorar frente al espejo, su respiración era pesada y su labio temblaba, le tomé del brazo jalándola con impulso logrando que su cuerpo se girará.
—¡¿Cómo es que te lo dio?!—, le grite, enojada, muy enojada. Mis cejas se lograron fruncir más de lo normal—¡¿Cómo es que te lo dieron?!
“La razón sale de tu cuerpo con emociones fuertes, si la irá te sobrepasa, tu mirada se nubla, al igual que la razón”.
La sangre me hervía de un modo particular, no debía de enojarme, no con ella—no ahora—, pero lo hacía, estaba furiosa, era tan extraño y difícil de explicar todas y cada unas de las emociones que radicaban dentro de mi cuerpo.
Gilberto. Él y yo podíamos ser todo un desastre marcado en rojo, personas completamente diferentes, pero le quería, le había llegado a tomar demasiado cariño, quizá… No era de un modo romántico, pero si me preocupaba por el y en más de una forma posible.
—¿¡Por qué tenías esto!? —, insistí furiosa, le tomé con un poco de más fuerza, logrando que ella se encogiera un poco—, ¡Habla Grace!
—Cálmate Katherine—, me pide intentando regular su respiración—, Estaba en la entrada, es tu correspondencia, no la leí... Solo la levante.
Le solté el brazo, recordando que tenía demasiadas cartas sobre su mano cuando llegó. Idiota, mi semblante se relajo mientras que no podía hacer más que mirarle con culpa. Cambié las facciones que recorrían mi rostro inmediatamente, di un paso hacía atrás y una ligera mueca cayó en mi rostro, esto era demasiado… Sin embargo, una mueca nación en los suyos, se giro apartando su rostro de mi campo de visión.
Soltó un suspiro tan pesado, mientras que simplemente cambió por completo su semblante, me sentía culpable.
—¿Crees que regresaría a esto de nuevo? —, preguntó bajamente, mientras que sus ojos se fruncían levemente—, Creí que confiabas en mí.
Lo hacía… Creo que había reaccionado demasiado mal ante esta situación.
—Lo siento—, me disculpé mirando con una ligera mueca—, En realidad lo siento…
—En realidad, creo que ya no importa—, soltó encogiéndose de hombros levemente—, Se que es así, no me molesta, puedo entenderlo.
No, en realidad confiaba en ella, simplemente, una parte de mi había sentido demasiada culpa ante ello, podía sentirme como la peor persona del mundo, en realidad quizá lo era, eso me hacía sentir peor, mucho peor. Más… Porque ella parecía fingir desinterés ante esto, como si no fuera nada, como si en realidad a ella le importará poco menos que nada.
—No debí reaccionar así—, confesé sentándome al borde de la cama—No sé qué paso...
—Es normal que reacciones así, creo que al final, en los ojos de todos seguiré siendo la villana—, confesó imitando mi acción, tomó la nota de mi mano para hacer una ligera mueca—, Deberías de advertirle, por si acaso…
—No, yo no te veo como la villana—, aseguré, ella se limitó a sonreír ligeramente, más como una mueca. Sonreía falsamente—, Es enserio Grace, es solo que…
—Podría ser que todos estemos paranoicos—, se encoge de hombros, de verdad parecía intentar que le quitáramos todo el interés de esto—, Tranquila, en realidad no me afecta.
—No puedes fingir toda la vida—, le comenté, su cuerpo se tensó—, ¿Dije algo malo?
—No, creo que debería dormir un rato, en realidad tengo sueño—, confesó con una ligera mueca.
—Tengo otra cosa en mente, ¿Por qué has llegado tan tarde? —, pregunte girándome en su dirección—, Has estado por decirlo de un modo...
—¿Desaparecida? —pregunta mirando mis ojos. Sus manos se pasean por su cabello y una mueca nace de su rostro, asentí y ella aparto la mirada—, Estoy arreglando un par de cosas...
—Hay algo que te está lastimando…
—No, estoy bien—, prometió.
—Se que él te contacto—, mencione mirando sus ojos a lo que hizo una ligera mueca—¿Aceptaste?
—¿Tu lo hiciste? —me pregunto a lo que negué. Se levanto de la cama para caminar hacía el tocador, recargando sus manos en este—, Y-yo...
—¿Por eso has estado llegando tan tarde? —interrogue levantándome para después mirar a sus ojos—, ¿Tuvo algo que querías?
—Estaba por enterrar una navaja en Gael—confesó tomando la nota, su voz tembló ligeramente—, Entras al juego, el no muere...
—Gael...
—Lo conocí hace tres años, en un bar—, confesó con una mueca, para terminar sentado junto a mi— Se que él no me recuerda, pero yo lo hago, nos besamos en más de una ocasión, yo tenía una identificación que me sumaba años, mentía...
—¿Te enamoraste de él? —pregunté. Ella paso su mirada al frente, para después negar.
—Pero, puede que le tomara algo de cariño. No entre a su equipo, me negué y prometió asesinar a Gia, Olivia y Kyara. No llego de noche, intento mantenerlas a salvo.
Lo comprendía, sus manos se pasaron por su cabello para terminar mirando hacia mí, sus ojos se habían cristalizado, me miró con tristeza para después hacer que su labio tiemble.
—Estoy cansada Katherine—, solloza con la voz rota—, Yo no soy lo suficientemente buena para ayudar, ella tenía razón... Yo no voy a cambiar y sí.
—No. Ella nunca va a tener la razón—, consolé, pasé mis manos por su cabello para después ver aquellos ojos inyectados en sangre e inundados de lágrimas—, No eres una mala persona.
—¡Hago todo lo que puedo! —asegura, sus lágrimas se derramaron y sus manos viajaron a su cabello—, ¡No puedo! ¡Seguiré siendo Grace! Quien mandaba notas de odio y hacía...
—Basta Grace—, pedí posando mis manos a cada costado de su cara—No accediste.
—Porque ustedes me importan... —, confesó con una ligera mueca—, Pero…
—¿Lo ves? —, Limpie sus mejillas llenas de lágrimas—, Nuestro pasado no nos define, cambias. No me importa como eras hace dos años, hace tres o cinco—, enderecé mi cuerpo y miré directamente hacia sus ojos—, Me interesa quién eres ahora, quien serás en una semana...
Ella me abrazo por los hombros para después sollozar—Se que cambio, no soy mala pero no creo poder ser nunca como ustedes...
—No necesitas ser como nosotros—alegue. Sabía que esto era más fuerte que ella, siempre lo era—, Tienes que ser tú, solamente tú.
Ella se quedó callada, para después mirar hacia mi—Siempre di más de mí, ahora... Solo quiero saber quién soy.
Le di un abrazo más, para después levantarme de la cama, caminé hacia la puerta y di una mirada más hacía ella—Se que hay una gran persona dentro de ti, solo necesitas encontrarla.
Apenas salí, cerré la puerta y caminé en dirección de las escaleras, tomé las llaves del auto saliendo de la casa, debía pensar con claridad. En realidad, sentía mi corazón demasiado rápido, sentía todo el peso dentro de mí y una especie de culpa creciente debido a la reacción que había tenido con ella, había sido como si una parte de mí no hubiera pensado si quiera un poco en lo que hice.
Subí al auto, sin esperar si quiera un poco, subí al auto para terminar recargando mi frente en el volante esperando con un poco de suerte que los pensamientos salieran de mí, esperaba no seguir intentando si quiera un poco en continuar todo esto, una parte de mi esperaba con suerte que ese hubiera sido mi final. Encendí el auto, el carro empezó a dar marcha, conduje en una velocidad bastante rápida, esperaba llegar rápido con él y con un poco de suerte que las cosas no fueran de este modo, esperaba si quiera que Juls tuviera un mejor destino que el mío, quizás si no hubiera decidido ir a Nueva Jersey, mi destino por lo menos sería diferente.
Apenas llegue a afuera de su casa pude notar como su auto se encontraba ahí, estacionado, me estacione a un costado del suyo para terminar bajando del coche, camine hacia su casa, pasando mis dedos por su auto, apenas me acerque, note como se encontraba mirando por la ventana, sus ojos miraban hacia mi mientras que una sonrisa de oreja a oreja caía en su rostro con diversión, la cortina se cierra y en cuestión de segundos la puerta es abierta mostrándome a Saith, luciendo aquella sonrisa que le caracterizaba, paso sus manos a su bolsillo para alzar ambas cejas divertido.
—¿Qué te ha traído aquí? —, canturrea con una sonrisa divertida—, La gran Katherine Morgan ha llegado mi morada.
—Deberías de sentirte bendecido—, alardeo con tono bromista—Debería pensar seriamente en cobrarte mi llegada.
Sus manos se posaron entre mi brazo para terminar atrayéndome a él en un pequeño abrazo, no duro mas de quince segundos, pero era algo que en realidad necesitaba, su cercanía.
—Pasa.
Apenas lo dijo me soltó, entre a su casa sintiendo el frío chocar en mi piel, pasé a la casa notando principalmente una fotografía de nosotros dos ahí, era de cuando nos graduados en la escuela, sonreí inconsistente a lo que él me regreso la sonrisa de inmediato.
—¿Recuerdas la graduación?
—Y nuestras promesas, seríamos eternos—admito tomando la fotografía mirando como nuestras sonrisas irradiaban felicidad—Creíamos que seríamos eternos.
—Yo aún lo hago—, admite con una ligera sonrisa—, Siempre creeré que el destino nos unirá, pase lo que pase.
Dejé la fotografía y le miré con una pequeña sonrisa, esperaba lo mismo, di un par de pasos hacia la sala, donde se encontraba sus muebles recargados en las paredes.
—¿Qué hacías? —, curioseo mientras deje caer mi peso en el sofá, el me miró para terminar caminando en dirección mía.
—Ejercicio. ¿Qué pensaste? —, sonrió burlón. Me encogí de hombros mirando su casa—, Vamos Kath, lo puedes hacer mejor.
—Podría, ¿Pero qué caso tendría?
—Tenías razón—, admití con una ligera mueca—, La busco.
—Quizá su plan se está rompiendo, buscándote a ti y a Grace—, su peso cayó a un costado de mí, para después tomar mi mano—, Quizá podamos terminar con esto antes de que pase a más.
Esperaba que sí, de niños siempre habíamos pensado y planeado la vida juntos, si un obstáculo llegaba a nosotros podríamos encontrar el modo de haber que las cosas no fueran tan malos, recordaba que nosotros de niños habíamos creado las aventuras, nosotros Solíamos crear los villanos de nuestras historias, sin embargo, éramos aquel equipo que podría con ello, con todo...
—¿Aún te gusta el vino? —, me pregunta con una sonrisa—, Hace un par de días compre un vino, deberías probarlo.
Se levantó para caminar a la cocina, me levante para ir detrás de él con pasos lentos, ambos llegamos a la cocina, en una de las alacenas oscuras le abrió, estirando su mano y tomando aquel elixir que podría brindarte felicidad. Sacó con su mano vacía un par copas entre sus dedos dejando estas en la encimera.
Sacó un sacacorchos de uno de los cajones, lo introdujo y en lo que fueron un par de segundos el sonido estrepitoso que hace este al salir se hizo presente. Inclinó la botella llenando las copas con aquel elixir embriagante, aquel elixir que podría hacer que la felicidad creciera dentro de los demás.
—Salud—, dice elevando la copa a lo que hago lo mismo.
—Salud.
Algo que las personas no suelen decirte, es que el querer a un amor prohibido puede ser en realidad un desastre que terminará arrancándote muchas emociones, pero atrayéndote a nuevas. Lo que habíamos pasado el y yo durante el tiempo trascurrido me di cueca que, en realidad, el destino siempre te atrae a lo que cree que deberías tener.
La química que se crea entre las personas correctas, yo creía que él y yo jamás podríamos llegar a ninguna parte, porque… Al final del día, si una situación parece ser imposible te alejas, durante años yo me había estado alejando de todo lo que se acercaba a mí.
Él y yo éramos un vaivén de emociones, mientras que en ocasiones podían ser demasiado fuertes, sencillas y felices, en otras nos recordaban que era lo que nos había traído aquí, a aquella experiencia negativa que logró que nuestra amistad estuviera por desaparecer. Él era para mí las galletas acompañadas en mi café favorito, en realidad…
El era para mi el complemento perfecto para mí, no una media naranja, no la mitad del chocolate que se quebró por error, si no en realidad, un complemento, si, podríamos vivir sin el otro, pero… La vida era mejor cuando colocabas tu salsa favorita, o encontrabas el punto perfecto entre un café y un paquete de galletas. Saith… Él y yo nunca habíamos sido tan similares, si no todo lo contrario, el hecho de cosas que a uno podía gustarle, el otro podía odiarlo.
Pero de eso trata, encontrar una persona que te enseñe a amar un par de cosas nuevas, algo que… No llené tu vida, si no, que la complete y te recuerde la razón por la cuál todo había llegado a ese punto. Eso fue cuando conocí a Saith, así iba todo esto.
Miré hacía Saith, el como bebía de la copa, mientras que una sonrisa se escondía entre sus labios y aquella copa, ¿Por qué el destino se habría burlado de nosotros tanto tiempo? ¿Por qué simplemente no podía decirnos si en realidad debíamos estar juntos… O todo terminaría para siempre.
Podía hacerlo, quizá lo haría…
Después de un par de copas, podía sentir aquellos sentimientos que me habían abarcado cuando tenía quince, el cosquilleo de mi estómago habiendo presencia con sus ojos cafés y aquella sonrisa brillante, hice una pequeña mueca al pensar en el nuevamente de ese modo, mi corazón saltó en un brinco apenas su mano tomó la mía.
—¿Está todo bien? —, pregunta, no, no lo estaba, tomé el líquido restante de mi copa, sentí como aquel elixir del que tanto hablaba me había golpeado en la realidad.
Recordé. Recordé aquella vez que hablé con Zayn, solo me había enamorado una vez, de aquel chico que se encontraba frente a mí, podía pensar en mil formas de sacarlo de mi cabeza, pero terminaba siendo inútil. Creía querer a Gilberto, me sentía de un modo diferente con él, podía decir que le quería y más de una vez nos llegue a imaginar juntos, pero... Saith, joder. Seguramente el alcohol me había confundido, seguro estaba confundida.
—¿Katherine? —me llama nuevamente, miré en su dirección y asentí. Mis ojos se pasearon a sus labios.
Había dejado de buscar demonios, buscaba morir o mi vida.
—Esta todo en orden—mentí.
Sus manos encerraron mi rostro, sus dedos acomodaron mi cabello para después mirar a mis labios, podía ser que ambos estábamos envueltos en la sed del desastre, sin pensar mucho miré los suyos, para después una de sus manos viajar detrás de mi cuello, atrayendo nuestros labios en un beso lleno de sed.
Éramos un vaivén perfecto de movimientos desesperados esperando saciarse de lo que sucedía, sus manos pasaron a mi cintura y con un impulso de ambos yo terminar sobre la encimera.
Sus manos bajaron a mi cadera para después atraerme a él, nuestros cuerpos quedaron pegados mientas seguimos besándonos, jadeos salían de ambos con la fricción de nuestros cuerpos, sus manos pasaron a mis piernas, abriéndolas un poco más, sus manos fueron subiendo poco a poco hasta llegar al borde de mi short, apenas llegó a los botones comenzó a desbotonarlos, incline mis piernas un poco dando la posibilidad de que este pudiera salir, apenas sucedió, sus manos regresaron a mi ropa interior para después introducirse bajo de ella, un jadeo inmediatamente salió de mis labios cuando sus dedos comenzaron a moverse frenéticamente en mí, sus labios regresaron a los míos, mientras que sus dedos se introdujeron en mí, su otra mano subió sacando mi blusa, dejándome completamente expuesta ante él, sus manos viajaron a mi sostén, para después dejar estos completamente libres.
Tome el borde de su camisa sacando esta rápidamente, sin embargo, me era complicado con los movimientos que sentía dentro de mí.
Sus manos subieron a mis senos, estimulándolos, mientras sus dedos entraban y salían uno de sus dedos hacia movimientos circulares sobre mí clítoris, yo gemía y jadeaba sin control, me sentía en las jodidas nubes con sus movimientos y agregando el detonante, su rostro bajo, su lengua comenzó a recorrer cada uno de los rincones, no podía con la sensación, me sentía tan jodidamente caliente, pose mi mano en su cabello ondulado, tomando entre mi puño y dedos este acercando más a mí, mientras que mis caderas se impulsaba hacia adelante.
Mis gemidos podían ser escuchados por todo el lugar, mientras que sentía como todo se iba acumulando en mi interior, sus momentos aumentan al igual que el sonido de mis labios, no podía parar, sentí como todo se acumuló dentro de mí, hasta que, en el jadeo más grande, todo salió dentro de mí, llegué al clímax.
Fue ahí, con las respiraciones agitadas y mis pensamientos nublados ante lo que estaba sintiendo ahora, que me pregunté, ¿En realidad esto era posible? Que yo me encontrará tan confundida o quizá... Quizá después de este tiempo, las noches largas y las lágrimas derramadas después de preguntarme si aún valía la pena luchar, yo me preguntaba...
¿podía ser posible que aún me encontrará enamorada de mi mejor amigo?