Juego a favor

5000 Palabras
El modo en que el peso cae, sobre tus hombros… Sobre ti, te hace preguntarte si en realidad todo lo que ha sucedido a valido la pena. Entregando tu vida a un mero desconocido que a creído tener el poder sobre ti. Yo… Quizá fueron las drogas dentro de mi cuerpo, lo poco que entendía lo que en realidad estaba pasando… Mi corazón latiendo lento. No sabía con claridad las cosas, a excepción de una… lo que hice, lo que me trajo aquí en primer lugar, había sido una decisión tomada repentinamente, había dado mi vida—o intentando dar—¸ a cambio de mantener a salvo a Juls, como cuando nos encontrábamos mirando la ventana, que la hice saltar y afortunadamente salió todo en orden… Creo que siempre daría mi vida por ella, por quien escuchó cada uno de mis lamentos. Y fue ahí, en el hospital, con el corazón latiendo en mis orejas… Que no recordaba con claridad aquella caída, salió de la casa… ¿Pero si lo hizo por la ventana? ¿En realidad salió por la ventana? G A E L : N a r r a c i ó n en cursiva d e s c o n o c i d o : Cuando las cosas salen mal, buscamos un modo de tener a una persona quien culpar, es mas fácil hacerlo que tener que afrontar el hecho que bajo tus acciones algo malo llego a suceder, recordaba que cuando murió ella solo esperaba tener a una persona que culpar, pero eso nunca sucedió, si quiera ayudo por un segundo, la culpa no salió nunca salió de mi cuerpo, ni el remordimiento de no poder haber hecho algo al respecto, esperaba que Grace no tuviera culpa, o que esta no le carcomiera la cabeza, tarde o temprano esta te consume y a veces... A veces esta puede llegar a hundirte de manera eterna y yo no quería eso para ella. Fueron alrededor de horas largas en las cuáles hablamos Uriel y yo, yo no podía mantener el silencio, no podía dejar de pensar en la chica que se encontraba perdida, en mi habitación, con los pensamientos arruinando su cabeza. No podía dejar de pensar en ella y en lo mal que se encontraba, me sentía culpable y no creía que la culpa se fuera pronto. Por algunos pares de minutos Uriel se quedo dormido, yo miraba hacía afuera, la ventana notando como el sol salía, a pesar de ello la casa se seguía sintiendo fría, el desastre aún era un iceberg que no se derretía ni con el más fuerte rayo de sol. Me levanté del sofá para caminar en dirección de la cocina, por una bebida energética, había dormido tan poco que mis ojos se sentían pesados, pero… No me sentía capaz de dormir, no si Grace se encontraba en la habitación de arriba con el corazón roto y la cabeza atormentándole de más de una forma posible. Le di un trago grande recargándome en la encimera, pensando en lo que debía ser correcto y lo que terminaríamos por hacer. En muchas ocasiones pensé que estar en un bando podría ser interesante, creía que podría crear una historia perfecta que me sacará de lo que en realidad sucedía en mi vida. Creía que podría olvidar que ella murió en las manos equivocadas, por un momento erróneo. No había persona más dulce que ella, era del tipo Juls, pero incluso podía ser más dulce, podía estar ahí para cualquier hora del día, me había cautivado, ella veía el lado bueno en mí a pesar de que yo creía que no lo tenía. Empujaba con fuerza hacía las cosas que salían mal, empujaba más y más fuerte, porque no quería saber que destino podría terminar esto, porque no estaba seguro de poder encontrar una salida perfecta a los errores que salían de mi punto de control. Tiré la lata vacía de bebida energética en el sesto de basura, para terminar, sacando el aire comprimido en mi pecho, ¿Así funcionaba esto? ¿Fingiendo que nada de esto era lo que no nos habíamos buscado? Sabía que mi padre había sido parte de un bando, un bando poderoso aquí en Nueva Jersey, recordaba cómo mamá me pedía que me alejará de esto, porque podría terminar así. Mi padre murió en manos de Paulina y Claudia años atrás, en las mismas fechas en las que murió el padre de Katherine, meses antes o meses después. Ambos eran parte del mismo bando, bando contrario a la de ellas, muchas personas murieron, entre ellos mi padre, mamá era amiga de Claudia, de Anna, pero era más apegada a Laura, debido a que eran tan iguales, y apenas me tuvo a mí, un año o dos después Laura tuvo a Katherine, recordaba como mamá decía que ellas decían que seríamos mejores amigos, habían planeado una vida entera sin saber que todo salió de un control diferente. Cuando ella murió, recordaba como mamá me insistió que no dejará que eso tomará un curso en mi vida una decisión que seguramente tarde o temprano terminaría por llevarse a las personas que quería. Hoy estaba seguro, que lo que yo debía hacer era salir del bando, ya no quería ser parte de todo esto, no quería ir corriendo persiguiendo un camino que nunca tendría fin, un camino eterno… una especie de laberinto. Caminé de nuevo a la sala, pasando mi mano por las paredes pensando en que sería el siguiente movimiento que podría dar, había sacado a tres de las chicas de golpe, Julieta, Katherine y Grace, las había puesto a un lado, dejando solo a nosotros por decir de algún modo “dentro del juego”. Y sinceramente, cuando las cosas salían de control. Era difícil encontrar una muy buena razón por la cuál querer salir adelante. Me senté en el sillón dejando salir todo el aire que se encontraba en mis pulmones, esto cada vez en mi mirar era peor, no podríamos salir adelante si este tipo de cosas nos seguía alcanzando, persiguiéndonos como si fuera divertido ver a las personas romperse. El sonido del reloj sonaba por toda la habitación, tic, tac, cada sonido de las manecillas recordando que el tiempo pasaría lento, siempre terminaba por hacerlo, siempre nos recordaba lo mucho que se saldría de control. Aclaré mi garganta, para mirar hacía el reloj 7:34 a:m, Grace no bajaba, no emitía ruido, no hacía más que respirar, ningún sonido salía de la habitación logrando que me sintiera peor, mucho, mucho peor. Sus lamentos y sollozos habían finalizado en el minuto que salimos de la casa de Paulina. Ella no emitía ruido alguno y la histeria entraba a mi cuerpo con brusquedad, necesitaba escuchar de sus labios que se encontraba bien, necesitaba noticias de ella. Esperaba que hubiera dormido si quiera un rato. Cerré los ojos por lo que fueron un par de minutos, esperaba poder sacar los pensamientos de la noche anterior de mi cabeza, un intento en vano porque nada cambio, las cosas aún seguían siendo iguales, yo estaba en la histeria y ella en el silencio y vacío absoluto. Esto era jodido, era la jodida mierda en vivo y a todo color. No podía dejar de pensar si quiera un solo minuto sobre lo que había sucedido, sobre lo que ocurrió la noche anterior, debió ser duro—más que eso—, ver a su madre morir frente a sus ojos, no podía si quiera imaginarlo—no quería hacerlo—,la culpa estaba dentro de mi cuerpo como la sangre circulando, debí insistir en que no fuéramos, debí mantenerme firme en la decisión de ir a casa, y quizá Paulina se encontraría con vida y Grace se encontraría aquí, en realidad aquí, sus ojos no hubieran visto lo que vieron, todo pudo evitarse. Me sentía mal, me sentía peor que mal y no había nada que pudiera cambiarlo, miré hacía Uriel quien seguía dormido, había insistido en quedarse aquí ahora que Grace estaba así, para poder estar ahí si ella nos necesitaba. Mientras que Gilberto y Guillermo estaban con Saith cuidando a Kathy. Era algo que ellos no admitían, pero en realidad su lado sensible era más grande que ellos, podían fingir que todo esto no sucedía, pero lo hacía en verdad. Ellos tampoco eran aquellos “chicos malos”, que solían decir, en realidad ninguno de nosotros lo era. Fingíamos a la perfección la poca importancia que le poníamos a las cosas y que en realidad nada de lo que pasaba afectaba, pero ellos no eran así. Yo tampoco. —Gael—, me llamó Uriel con la voz adormilada. Sus ojos estaban ligeramente rojos—, Ayer, ¿Grace comió? Asentí. En repetidas ocasiones del día debido a la ansiedad que pasaba con insistencia en su cuerpo. Solía fingir que en realidad no le importaba, pero sus ojos iban de un lado a otro, y si no era comida, sus uñas se incrustaban en la palma de su mano hasta que de esta salía sangre. Lo noté y compré un par de dulces, guardándolos en la guantera del auto. —Sí, comió—, complete. Inclusive cuando nos encontramos a Kathy, le había llevado a cenar mientras que ella me contaba lo que había estado mirando. Una memoria USB que le entrego Katherine. —Entonces, ella te gusta, ¿No es así? —, curiosea colocándose sus tenis. Una sonrisa divertida salía de sus labios—, Cualquiera lo puede notar. La proteges demasiado. —Tu te quedaste, buscando protegerla—, señalé encendiendo mi cigarro—, Además, ¿Por qué no lo haría? —, pregunté sin mirarle, ella merecía más de lo que se le había dado—, Es… —Es bonita, inteligente, valiente y tiene unos ojos encantadores—, canturrea en tono de burla, parpadeando con coquetería. Se levanto encogiéndose de hombros—, ¿Qué tendría de malo que te guste? —Ella es menor de edad—, le solté. En realidad, ayer que me acerqué demasiado me sentí de lo peor. Ella era menor de edad—, Es sólo… —Solo un par de años—, me echó en cara. Para después mirar hacía acá—, Ella en un par de semanas no lo será. Esta por cumplir los dieciocho. Lo sabía también. Pero a pesar de que yo quisiera algo con ella, sabía que las cosas no podían ser así de sencillas, nada en nuestro alrededor podía ser lo suficientemente sencillo para que alguno de nosotros tuviera la suerte que tuvo Caleb, o Uriel… Claro que Caleb lo arruinó. —No tenemos tiempo para eso—, le solté intentando dar por finalizada la conversación, pero no sucedió de ese modo. Sus ojos me miraron con aquella mirada—, Uriel… —Te has encerrado en tu propio mundo para no encontrar a una persona. Ahora que llegó una que podría ser la indicada, ¿Por qué quieres alejarla? —, me cuestiona frunciendo las cejas—, Ella quería que siguieras adelante. —Sí, lo hice. —Pero no en este aspecto, puedes vivir—, me reprocha. Inconscientemente pude notar como una parte de Julieta estaba aquí, dentro de él—, Puedes seguir con tu vida. —Cuando todo esto terminé seguiré con mi vida—, confesé. Por ello saldría de los bandos. Me iría a Seattle, donde actualmente vivía mi familia, comenzaría mi vida de nuevo y no tendría que seguir preocupándome por todo lo que sucediera aquí, porque ya no formaría parte de los bandos. Los chicos eran como familia para mí, no mentiré diciendo que no son importantes en mi vida, porque estos últimos años ellos han sido mi sustento, lo que ha estado para mí, como el día que mi novia partió, pero no estaba preparado para ver a otra persona que quería morir del modo trágico en el que lo hizo ella. No podía quedarme aquí a esperar que esto no fuera un desastre y no quería mirar como pasaba de nuevo… Como aquella vez que Caleb cayó en coma. Eran emociones demasiado fuertes que no estaba preparado para vivir. —Puedes deberías retomar tu vida, pero con ella. El modo en que brillan tus ojos cuando están cerca—, me confiesa—, Ella es especial para ti. Lo era, lo sabía. Grace me había hecho sentir de un modo diferente en muchas ocasiones, pero aquella vez, lo logró aún más… Había visto en realidad los ojos de Grace anteriormente, lo recordaba a la perfección, esperando que aquello podría traer algo bueno, sin embargo… no la había visto de nuevo, hasta que llegó de California a Nueva Jersey, con el cabello pegado al rostro debido al sudor y el pecho subiendo y bajando con brusquedad. Quería ayudar, quería encontrar a Katherine con nosotros… En el minuto uno que la volví a ver sentí de nuevo lo que había sentido cuando la conocí, pero ahora conocía la realidad. Ella no tenía diecinueve años como había mencionado, si no… Que en ese entonces tendría alrededor de dieciséis. La conocí en un bar a las afueras de donde vivía mi abuela California, yo iba en constantes ocasiones cuando ella enfermó, y cuando las cosas me sobresaltaban yo salía a beber a ese bar, a ella le miré en más de una ocasión, platicamos un par de veces… y un par de veces nos besamos. En ese bar, ella bebía cerveza artesanal y jugaba al billar retando a las personas, ganaba siempre, incluso me ganaba a mí. Seguro ella no me recordaba, pero yo nunca había podido olvidarle. —Dentro de ti, hay más Juls que nunca—, bromeo sabiendo que tiene razón. Con aquellas palabras que seguramente me daría Juls. —Sí, sí… Ella ha influido demasiado en la persona que soy actualmente—, confesó a lo que sonreí levemente—, Se lo agradezco a diario, a decir verdad. Lo hacíamos todos, ella nos había recordado el porque habíamos hecho esto desde un inició, cuando comenzamos a hablar con ella, intentando poder arreglar las cosas y hacer que todo funcionará a la perfección. Nos recordó que lo que nos había traído aquí habían sido razones de arreglar lo que nos atrapo en el pasado, nos salimos de control y los bandos también. —Debo irme Gael—, exclamo levantándose de el sofá—, Deberías pensarlo. Si ella llego a tu vida, debe de haber una buena razón. Una razón buena… Una que esperará que por fin encontrará a las personas que necesitaba, el tipo de personas que te hacen bien sin darse cuenta. Sabía que quizá el destino podía haber traído a mi vida a Grace de nuevo… por el hecho de conocer lo que sería nuevamente la felicidad. Las pocas veces que hablaba con ella en aquel bar, una parte de mi cuerpo había sentido como la tensión salía, aquellas personas que dicen que tienen la paz en sus ojos, no lo sé. Me sentía seguro con ella, por una parte, el dolor y el peso del pasado desaparecía, se iba sin dudarlo. Era divertido, solo sus ojos, las palabras que decían los amigos me hacían sentir paz. No quería pensar en otra cosa, que quizá era una especie de traición hacía ella, que yo encontrará otra persona con la cuál ser feliz, pero en realidad fui feliz, creía que podía dejar de sufrir. Que quizá la persona indicada era ella. No lo sabía. Sin embargo, una parte de mí no podía pensar en que seguir adelante fuera bueno, si dejaría de mirar el pasado, mirando por sobre mi hombro, hacía atrás… Preguntándome si sería lo correcto, poder dejar de pensar en la muerte, que esta se llevaría a las personas que quería, un juego eterno. Uriel salió de mi casa, a lo que me recargué en la puerta soltando todo el aire de mis pulmones, ¿Cómo podía entender si lo que hacía era lo correcto? No quería equivocarme y que ella sufriera nuevamente, ambos ya habíamos pasado por cosas que no podíamos sacar de nuestra cabeza, la noche lluviosa, el cielo grisáceo y el dolor en el pecho. No era especial la sensación, era un desastre pensar que el dolor era parte de la vida, un deja vú lleno de dolor. Caminé directo a mi habitación en donde se encontraba Grace, mis pasos eran pesados tenía demasiado sueño, creía que en alguna parte del día me quedaría dormido ante el cansancio que mi cuerpo sentía. Apenas entré a mi habitación solté un suspiro caminando a mi closet. Quería que todo saliera de mi cabeza, los pensamientos, el dolor y el pensar en qué si debía dejar el peso en el suelo, bajarlo de mis hombros. Sus ojos cerrándose, mientras que de su boca salía mezclada la sangre con su último te amo que me dio. Era demasiado que pensar. Dentro de la habitación el aroma de su perfume se introdujo en mis fosas nasales, mientras que el corazón me atormentaba la cabeza, no podía pensar en una situación diferente. Porque esto no era una realidad buena, solo era una realidad en la cual todos sufríamos. Tomé ropa de mi closet, mientras que pensaba en que esto podría mejorar quizá si logramos encontrar el final. Miré de reojo hacía ella notando que sí, estaba completamente dormida, agradecía eso, mínimo uno de los dos había dormido. Podía notar incluso a esta distancia que sus ojos estaban hinchados y sus labios se habían partido, no había más que ver. Se había roto. Saqué mi ropa, apenas le tomé camine con pasos pesados en dirección del baño, esperaba que el bañarme me sacará de todos los pensamientos que tenía, junto con que el sueño desaparecería un poco de mi cuerpo. En realidad, debía confesar que lo cansado que estaba superaba mis límites, esto tenía más poder que todos nosotros, no había un sueño de amor, sólo pedazos de cristal rotos regados por el suelo incrustándose en la piel, mostrándome que seríamos débiles, era brutal estar aquí. Apenas me adentré al baño, saqué mi celular marcando el número de Saith, un par de tonos después el me atendió la llamada. —Hey—saluda en tono bajo—¿Grace Se encuentra mejor? No, no lo sabía, pero creía que no. Se encontraba rota sobre mi cama. Sin hablar ni emitir si quiera algún sollozo, quizá se quedo dormida después de pasar tanto tiempo llorando. —No ha despertado, esta perdida en la nada—, comenté mirando hacía el espejo, notando como mis ojos estaban rojos, mientras que las ojeras debajo de estos eran marcadas—, ¿Katherine? ¿Qué tal esta ella? ¿Desperto? —Le inyectaron Ronhypol y escopolamina—, espeto con un suspiro—,Ella se encontrará bien, necesita descanso, al igual que Grace. —Cuidala, recibí un mensaje después de salir de ahí, de la casa de Paulina—mencioné en tono bajo—Hubo algo que le dijeron a Paulina, quiso ayudar a sus hijas, pero eso tenía pena de muerte. —Yo n-no... —"Los pilares más fuertes están cercanos al fracaso, con ellos fuera. Lo peor viene llegando"—cité con una ligera mueca—Siempre las cosas serán planeadas, le comente todo a Uriel, ellos investigarán tu cuidarás a Katherine, yo cuidaré a Grace—Mire mi reflejo ante el espejo—No podemos dejar que se acerquen a ellas, menos en su momento tan frágil. Hizo un sonido de afirmación para después mencionar que tenía que irse, cosa por la cual colgó, deje mi celular en el mueble del baño para después mirar mi reflejo, Grace, Grace, ¿Cómo podría salvarte? Sabía que ella era fuerte, podía salir adelante y de todo esto sin si quiera tomar un poco de ayuda, pero yo... No quería verla perdida. No quería que esto sobrepasará la realidad de nuevo, perdiendo a las personas cercanas… —Una dosis más grande pudo hacer daños mortales en Katherine—acusa la rubia con una mueca—Deberías escuchar a Fernanda, quizás las cosas podrían... —Yo no las forcé a entrar, ustedes decidieron ir tras ellos, decidieron jugar—puse las fotos sobre la mesa—"Drey, la perra de Drey"—canturreo—Les gusta este juego, por ello están dentro, ustedes querían esto. —Quiero salir. —Nada te detiene—mencione con una sonrisa de oreja a oreja, mirando las fotografías que se encontraban en la mesa, el siguiente movimiento, la reina había salido del juego tras una crisis emocional, mientras que Katherine estaba en observación para asegurar que no tendría efectos adversos—Lo sabes. Se miraron entre sí, esperando que siguiera mi platica, tome la fotografía de Julieta, poniendo esta fuera del juego. —¿Caleb o Logan?—, pregunte tomando las piezas entre mis dedos con una sonrisa. —No te atreverías—espeta tomando la fotografía mirando de un modo completamente pesado, quite mi mano de la suya para después dejar ambas en el juego de ajedrez. —No me tientes—canturreo apoyando mi cabeza entre mis manos—Si no estas de mi lado, juegas en mi contra. GISELA MORGAN: —¿Por qué tengo que estar aquí? —, pregunté mirando hacía el techo, notando como Guillermo estaba en su computadora—, Si quiera me prestas atención. Estoy perdiendo mi tiempo. —No lo pierdes, estamos haciendo algo importante—, me espeta a lo que rodé los ojos nuevamente—, Deja de hacer eso, quedarás bizca. —Estoy sentada frente a ti, como niña bonita mientras que tus haces dios sabe que—, acusé con tono de molestia—, ¿Por qué no me dices que es lo que hago aquí? Llamaste y me pediste que tenía que quedarme aquí. Lo hice, pero es tan aburrido. —¿Hay algo mejor que podrías hacer? —, me cuestiona. Me encogí de hombros rodando los ojos, inmediatamente un golpe llegó a mi brazo, me tiró una liga—¡Que te pasa tarado! —Dijiste que estabas aburrida—, se burla. Para después cerrar su computador—, Estaba investigando un par de cosas, Katherine esta hospitalizada y Grace sufrió una crisis. —Sí, lo sé y yo quería estar o en el hospital con una o en casa con otra—, le recordé con un toque molesto—, Pero no, me tienen aquí bajo llave, contigo. Neandertal. —Uno, soy mucho más listo que tu guapa—, enumera a lo que solté un bufido—, Dos, es peligroso. —Por esto terminamos, porque haces lo que te da tu gana—, le solté con enojo—, Me tienes aquí encerrada y si quiera me das comida. —No, terminamos porque besaste a mi hermano. —¡El me beso a mí! ¡Y son gemelos! —, le recriminé girando los ojos nuevamente—, Cuando me di cuenta, fue cuando nos separamos. Por tu lunar en el cuello, él no lo tenía. —Bien, quieres comida—, alarga con un suspiro levantándose de la mesa—, ¿Quesadillas esta bien? ¿O sopa instantánea? —Sorpréndeme. El salió de mi campo de visión, caminando hacía la cocina, me recosté en el suelo, mirando hacía el techo, Juls no me había llamado en un par de días, mientras que ellos decían que no debía de preocuparme porque estaba en un lugar a salvo. Les había confiado a ellos su paradero mientras que a mí si quiera me había llamado. Fruncí las cejas, mirando hacía el techo, recordaba que de niñas mamá decía que yo era todo lo que la compañía necesitaba. Podía llegar lejos. Recordaba que Juls era la hermana perfecta, siempre se había alegrado por cada una de las cosas que yo había hecho, estaba ahí apoyándome en todo, levantándome cuando caía, escuchándome. Arruinaba las cosas y ella aún me hacía sentir especial, yo solía identificarnos como un ángel y un demonio, ella podría ser el ángel, actuando de ese modo con cada uno de nosotros, cuando nos separaron de Logan por un par de tiempo, cuando le ingresaron en el hospital psiquiátrico, no había día que ella no escuchará todo de nosotros. Nos había hecho creer que Kilian Darwin, no era real. Ella era quien nos hacía pensar esas cosas, nos insistía en tener que recordar esas cosas para que nada saliera mal. Todo lo que encontrábamos con las iniciales de K. D, ella miraba antes de hablar, miraba en su dirección para sonreír levemente diciendo que era nada más ni nada menos que Katherine. La sonrisa de su rostro fingiendo que todo estaba bien cuando las cosas se salían de control, fingiendo que estaba bien que no había nada por lo que preocuparse, podríamos estar bien. No creía que las cosas fueran perfectas para ella, se esforzaba por cada uno de los que vivíamos en esa casa, escuchaba nuestras palabras y fingía que todo estaría bien. Se esforzaba, estiraba y rompía, pero en silencio pegaba los cachos que caían al suelo. Nunca entendí cual fue la necesidad que ella tuvo para pensar que era lo que debía hacer, comportándose como una madre, como si nosotros no la tuviéramos, dejo toda su vida cuando notó que yo no era feliz con como me veían los demás, cambiamos los roles, ella se encerró en la biblioteca y fingía que no había nada malo en quedarse sola. Siempre me pregunté porque ella querría protegernos a todo de este modo, pero cuando a ella le sucedía algo, nunca lo mencionaba, nunca nos dejaba estar cerca cuando las cosas se salían de control, vino a Nueva Jersey intentando escapar de aquella realidad, para después fingir que todo esto era algo normal, no lo era. Todo era un desastre. —¿En que piensas Gisela? —, espetó Guillermo dejando las cosas sobre la mesa en la que estaba hacía un minuto—, ¿Ésta todo en orden? —Quizá sí—, mencioné levantándome del suelo. Miré en su dirección frunciendo las cejas—, ¿Juls aquí antes de que nosotros llegáramos como era? —Cómo lo es ahora, solo que menos sobreprotectora—, se encogió de hombros—, Bueno… Era sobreprotectora siempre. Podía creer que aquí no había dejado de serlo, si arriesgo a su familia por los cinco… Debió ser grande el cariño que les tomó para querer protegerles también, solo que aún no podía entender porque ella querría tener ese tipo de control, de poder cuidar a las personas cercanas. —Es que no entiendo—, comencé sentándome frente a él—, Nos intenta alejar cuando las cosas salen mal, las cosas le duelen… Pero nos aleja, pero cuando algo nos pasa… —Es la primera en llegar—, completó a lo que asentí—, Es porque los quiere, los quiere a salvo. Cuando murió Sussy, mi hermana. Yo sentía que el mundo se me venía encima, lo sentí así… Pero después miré hacía Gilberto, estaba destrozado. No hablaba, no comía, apenas y estaba presente. Podía recordar un ligero comportamiento parecido de Kathy cuando llegó a casa, cuando sus padres murieron y mamá decidió hacerse cargo de ella, como una hija más, el trauma podía mirarse en sus ojos sin mucho empeño, lucía lastimada. —Yo la estaba pasando mal, pero quien lloraba sobre mi hombro era él, quien siempre venía acá a conmigo a esperar que le escuchará era él—, mencionó bajamente, frunciendo la nariz—, Yo entré al bando, no porque me resultará una buena idea, no porque quisiera ser parte de ello… —Querías proteger a Gilberto—, solté a lo que asintió. —Hay muchas veces en las que en realidad lo que más he deseado es tirar la toalla, porque no puedo con las cosas que suceden…. Pero se que hay personas que necesitan de mí cuando las cosas salen mal—, comentó pasándome un plato de sopa—, Se que Gael viene conmigo cuando los recuerdos le aplastan el alma, se que Gilberto se sienta junto a mí, tomando una cerveza mientras que en sus ojos veo el dolor… No podía decir nada, las palabras se quedaron atoradas en mi garganta, lo suficiente para poder evitarme pensar con claridad y un nudo comenzará a crecer dentro de mi garganta, así funcionaba esta realidad. De este modo era el desastre tocando la muerta y burlándose de la verdadera realidad. —Julieta y yo no somos tan diferentes—, comentó con una ligera sonrisa—, Haría todo por las personas que quiere, con tal de que se encuentren a salvo, ella freno su vida para dedicárselas a ustedes, yo arruiné la mía, en un bando estúpido con tal de mantenerlos a salvo. —No creí que las cosas fueran así—, susurré mientras que mis ojos hacían lo posible por mirarle, no podía. Sentía culpa—, Yo… —Yo jamás me arrepentiré de haber estado aquí para las personas que me necesitan. Julieta te llamará, cuando sienta que se encuentra mejor, dale tiempo… Fue ahí, ahí sentada sobre la silla mirando los ojos de Guillermo que me di cuenta, que lo que sucedía nos sobrepasaría siempre. Julieta, siempre había guardado sus lágrimas que seguro soltaba cuando nadie más le miraba, tenía el peso por ser perfecta, la hija perfecta, la hermana perfecta… Al igual que Katherine… Ambas poco a poco se habían encerrado en su propio mundo, escuchando cuando te encontrabas mal, sin equivocarse. Poniendo el peso de todos sobre sus hombros… Julieta en casa había frenado su vida… Katherine, había entregado su vida… Yo era demasiado egoísta…
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