Lo que sucedió... Nos quedamos sentados en el andén y... El tren se fue.
Sensaciones, vivimos dentro de ellas, paseando y merodeando por cosas que no somos si quiera capaces de reconocer, ¿Vives por ellas? O simplemente intentas escapar antes de que estas te sumerjan hasta el fondo, no es tan difícil vivir ¿O sí?
¿Ves el vaso medio lleno?
Grace:
Tic, tac. El reloj resonaba sobre lo alto de la pared, el teléfono recibiendo llamadas y las personas cambiando de un lado a otro, buscando salvar a las personas. Escuchaba cada uno de los segundos torturando mi cabeza, las llantas de carritos rechinando por el suelo, puertas cerrarse.
Mire hacía el frente, la pared blanca del hospital, moví mi pierna de arriba abajo con desesperación, logrando que aquel sonido también se adentrará en mis oídos, escuchaba todo, atormentando mi cabeza con furia, seguro era divertido para quien creo esto. Vernos sufrir, arrancarnos los ojos, luchando con fantasmas.
Presioné mis manos sobre la silla metálica, mientras mordí con demasiada fuerza mi labio, necesitaba respuestas o salir de aquí.
Mire hacía la habitación donde se encontraba Katherine, ¿Cómo era que todos nosotros habíamos llegado aquí? ¿Cómo es que seguíamos vivos?
Aplane mis labios con fuerza, sintiendo un leve dolor en ellos, había estado mordiendo estos durante las últimas horas, se había salido de control, causaba estragos en nosotros. Era una mierda.
Quería retirar mi oferta de quedarme. Constantemente me quería ir, en realidad en ningún momento la idea de que darme había sido lo mejor que tenía, fingir que podría con esto, intentando parecer relajada, perfecta.
¿Perfecto? ¡Nada de aquí llegaría a serlo jamás! ¿Cómo es que si quiera yo había ideado un plan parecido a este? Seguro ellas le habían pasado mal...
—¿Ahora sientes pena por ellas? —me pregunto Amada. Sus ojos viajaron a los papeles que tenía en frente—Cuando nos reclutaste creí que era para causar daño—señaló, cerrando la carpeta beige—¡Han tenido todo! ¿No crees que merecen sufrir?
—¿Pena por ellas? —solté una carcajada, poniendo ambas manos sobre la mesa—Es más que obvio que merecen sufrir.
Fruncí las cejas levemente para después comenzar a tamborilear con los dedos en aquellas sillas de espera, ya debió de haber salido alguien a darnos cualquier información sobre Katherine. El doctor que la había recibido entraba y salía, más no nos decía nada al respecto de ella, solo un silencio era lo que obteníamos, me sentía insegura creyendo que esto se iría cada vez más abajo.
La vida era un fiasco, vivíamos por sensaciones que eran capaces de romper lo que creemos, ¿las creencias cambian a la gente? En su totalidad; podríamos esperar un cambio, pasear entre pasillos esperando con un toque elevado de esperanza para después darnos cuenta lo difícil que era salir de ello.
Pocas veces en la vida las cosas eran sencillas, fiascos, la vida se había llenado de ellos. Quería esconderme y sabía que era más sencillo hacerlo que seguir, mi vida era mejor hace un par de semanas quizá, meses atrás, donde yo no era parte de esto y se me había entregado la oportunidad de iniciar de cero, pero esta se me arrebato de las manos, podría esconderme y ser buena en ello, sin embargo, mi cuerpo se inundaba de orgullo que me impedía salir del juego—a pesar de desearlo—, seguía aquí a pesar de todo eso.
La valentía con el paso del tiempo parecía ser más grande—o eso fingía—, cerré los ojos para apoyarme en el respaldo de aquella fría silla, esperando que las cosas cambiaran solas, nunca sucedía.
En la posición que me encontraba busqué la mirada de Gael, en sus labios se posaba una pequeña mueca y sus ojos miraban los míos, eso bajo un poco mis esperanzas, sus ojos gritaban con fuerza ¡Todo empeorará! ¿Lo peor del caso? Una parte dentro de mi cuerpo sentía que había ese rumbo iban las cosas, no podrían mejorar si un villano enmascarado arruinada las cosas.
—Necesitas calmarte— me pide sin dejar de mirarme—,Por favor.
Trague saliva sintiendo mi corazón atorado en la garganta, mientras que mi cerebro se había estancado, no podía pensar con claridad, no podía pensar sin sentir el dolor cruzando mis venas, respirar me costaba, los nervios me impedían haberlo por mi cuenta, añoraba respuestas, ¿Cómo las obtenía? Nadie decía nada, el silencio solo aumentaba y el dolor quemaba cada segundo con más fuerza. Estábamos perdidos.
Salí de mis pensamientos cuando sentí como la mano de Gael comenzó a buscar la mía con lentitud para terminar entrelazando nuestros dedos, sabía perfectamente lo que intentaba—tranquilizarme—, era tan obvio, tan notable, sin embargo, si lo necesitaba. Aun así, había una parte traicionera dentro de mí, aquella que me repetía que sólo lo había hecho por amabilidad. Quizá sí.
Nadie se queda contigo, si no es por amabilidad. No eres buena persona. Pensé, inmediatamente me sentí estúpida por hacerlo, dando el gusto que las cosas sucedieran una y otra vez así, no podía vivir tranquila sin recordar el mal que causé, lo poco que merecía. Yo no era buena persona, no merecía cosas buenas, no yo.
—Está bien no saber las respuestas todo el tiempo—, me recuerda. Aplane los labios, evitando su mirada—, Eres valiente.
—No soy valiente—, confesé. Me enfrentaba a las cosas, sí. Les temía, sí—, No puedo ser valiente.
No con el miedo constante que vivía sintiendo, mordí mi labio inferior, presionando con tanta fuerza como me fuera posible.
—Me sorprende, que seas tan lista y creas que no—, confiesa apartando la mirada—, Ser valiente no es no tener miedo... Lo sabes, ¿No?
—Lo sé—, exclame mirando sus ojos castaños—Ya paso demasiado tiempo desde que llegamos, deberían de haber salido ya, ¿No?
—Haces eso, muchas veces—, me señala mirando con una ceja enarcada—, ¿Por qué lo haces?
—¿Hacer qué? —, pregunte confundida a lo que él rodo los ojos.
—¿Crees que deberíamos llamar a Olivia? Quizá deba saber esto.
No, mis planes se mirarían afectados, había estado creando todo un mapa mental en mi cabeza con mis movimientos, ella creía que yo era de cristal y que debía de quedarme sin movimientos, ni preocupaciones.
Me encogí de hombros para mirar hacía adelante—, Entonces, ¿Tienes un restaurante?
—Eso, justamente eso—, me señaló con una sonrisa de lado—, Evades cosas con preguntas.
—No lo hago—, solté repentinamente. Fruncí mi entrecejo y solté un suspiro ante su enorme mirada llena de “puedo notarlo” —, Quizá lo haga un poco.
—Sí, sí. Solamente un poco—, alarga con una mueca—, ¿Sigues preocupada?
—Demasiado, sí. Aun no hemos tenido nada de noticias de ella.
—Debes tener paciencia.
—Debo saber cómo esta ella—, corregí, su sonrisa decayó un poco—, Lo siento. Solo quisiera saber si se encuentra bien.
No mentía, en realidad necesitaba saber que ella se encontraba bien, había visto como sus ojos se cerraron con lentitud y su cuerpo comenzó a tambalearse. Se me hizo un mundo en la garganta y me sentí fatal.
—Es fuerte. Seguro que sí.
Sabía que era fuerte, era Katherine Morgan. Sin embargo, habían pasado ya alrededor de tres horas, tres jodidas horas en que no habíamos tenido noticias de ella, me llenaba de nervios y tristeza, ¿Por qué no recibíamos noticias? Mi pierna comenzó a sacudirse de arriba abajo, con desesperación, duda. Mire hacia la habitación donde se encontraba ella, solté la mano de Gael y con pasos lentos camine hacia allá, esperando mirar a través de las persianas. La noche había caído hace un par de horas, eran alrededor de las doce de la madrugada, el sueño dentro de mi cuerpo era mayúsculo junto con el nerviosismo e inconformidad de no saber nada de ella, solo me mantenía siendo ya un jodido manojo de nervios.
Gael se levantó detrás de mí, impidiendo que abriera aquellas persianas mirando hacia adentro.
—Si, ya paso un poco de tiempo, pero se le suministro una droga que no sabemos—, me tranquiliza pasando su mano por mi cabello, atrayéndome a su cuerpo—, Además de que se le tienen que hacer estudios, no saben si la aguja era nueva, puede atraer una ETS.
Lo sabía. Sin embargo, no podía parar de pensar en ello, ella parecía haber llegado a ese lugar esperando que eso le sucediera, había mirado como se quedó parada, sin luchar, con los ojos cerrados recibiendo eso como si fuera lo que le correspondiera.
Saqué mi celular para después comenzar a navegar, sintiendo como a mi lado la respiración de Gael se alentaba, estaba cansado... Pero luchaba por no quedarse dormido.
Después de un par de minutos logré mi cometido, me ingresé al celular de Katherine. Mire de reojo a Gael, quien tenía los ojos cerrados.
Entendí, cuando miré el mensaje que yo tenía razón. Un par de mensajes... Fruncí mis cejas, sintiendo como la bilis recorría mi interior repentinamente, las náuseas llegaron a mi cuerpo bruscamente y me sentí estúpida, era más que obvio, debí saber que el que ella se encontrara ahí, tan... Tranquila, tendría algo que ver.
Sabía que ella era buena persona, sin embargo, no dejaría de sorprenderme este tipo de acciones que ella tenía. Ella se había sacrificado para no lastimar a nadie más. Había dado su vida con intenciones de dejar a alguien fuera del juego, fuera del daño, a Julieta.
Sabía que su corazón era demasiado grande, pero siempre parecía crecer más... Mire había Gael, sin poder si quiera decir una sola palabra de lo que acaba de mirar, bloquee el celular y mire hacía el frente. Esto era más de lo que podría procesar. Siempre parecía ser más de lo cual poder procesar.
—¿Qué sucedió? —escuché, miré hacia arriba encontrándome con Saith quien tenía su rostro lleno de preocupación, sus facciones comprimidas y sus ojos llenos de miedo, a mi lado Gael se sobresaltó—¿Por qué esta Katherine aquí?
Porque dio su vida por nosotros. Pensé.
Me enderece, mirando hacia la sala donde ella se encontraba y buscando las palabras correctas las cuales decir. Ella era perfecta, buena, amable, valiente, inteligente...
Gael comenzó a explicar la situación, yo me levante caminando en dirección a aquella habitación, escuchando de modo bajo la voz de ambos, esperaba poder verla, poder ver aquella máquina que marcaba sus signos vitales y poder asegurarme que ella se encontraba bien. Di un paso tras otro hasta que di por completo a su habitación, mirando por un pequeño huevo a ella, su piel pálida, sus ojos cerrados y el sonido de aquella máquina resonando. Ya no había doctores con ella, abrí la puerta con cautela esperando que nadie notará que me estaba adentrando a su habitación, apenas lo hice sentí como mi corazón latía con fuerza. Cerré la puerta detrás de mí, me acerqué a ella, para terminar, tomando su mano, esta se encontraba un poco fría, miré sus ojos cerrados y su cabello cayendo como cascada a un costado.
—Dios Katherine—espeté sintiendo mis ojos aguarse, me senté a un costado de ella sin soltar su mano—Eres más de lo que este mundo merece.
Ella era, lo contrario a mí, podíamos compartir similitudes físicas, pero ella era la del corazón brillante, de la vida buena, quien daba hasta su pequeño cacho de vida con tal de no dejar caer a nadie, nunca había conocido a alguien que fuera como ella, nunca había conocido a alguien que tuviera el corazón tan puro.
—No debías arriesgarte por los demás—susurré.
Sabía que los demás no harían lo mismo por ella, cada uno de ellos era egoísta a un nivel extremo, me levanté de ahí para después con pasos pequeños salir de la habitación evitando a los chicos, Saith y Gael, iría con mi madre y las respuestas las obtendría ahora, estaba cansada de ver a las personas romperse, no estaba dispuesta a mirar como todo se destrozaba por un juego que si quiera podría llenar el vacío de quien lo había comenzado, yo lo viví, fui la chica que destruyo a sus familiares por envidia, por querer la vida que ellas tenía, envidie el amor y esperaba que con ese tipo de juegos podría solucionar el vació que había crecido en mi interior, mi corazón en ese entonces se había podrido por completo por querer si quiera recibir un poco de lo que ellas tenían, con pasos cautelosos salí del hospital, sin toparme a los chicos, apenas estuve afuera del hospital comencé a correr con todas las fuerzas que mis piernas pudieron otorgarme, sentía como mi respiración comenzaba a agitarse debido a esto, mientras intentaba regularla, sentí como mis piernas comenzaban a quemar, sin embargo no me detuve, continué corriendo como si mi vida dependiera de la rapidez con la cual me encontraba corriendo en este momento, miré las calles vacías debido a la hora que era y esperé con todo el corazón que pudiera encontrarla, fue un camino un poco largo, demasiado a decir verdad, donde mis pensamientos atormentaban mi ser.
Las personas que se llenan de inseguridades, intentan arreglar la vida de los demás, porque no creen tener el poder de arreglar la propia.
Podía admitir que Grace… Era inteligente académicamente. Pero emocionalmente, estaba hecha mierda.
No miré hacía atrás si quiera por un momento, no quería hacerlo.
No intenté detenerme, ni bajar un poco los pensamientos que atormentaban como cuchillas dentro de mi cabeza. Corrí, llena de esperanza de poder saber las respuestas, mismas que hace unos días no quería saber.
No intenté pensar mucho en que terminaría rota de nuevo, al obtener sus miradas de desdén. Sentía mis brazos fríos, el viento helado chocando con mi rostro, podía jurar que no era lo suficientemente valiente.
No podía pasar desapercibido en esos pensamientos, recibiría las miradas de desdén de mamá y obtendría poco menos que nada que un par de palabras llenas de odio en mi dirección.
No lloraría. Me lo prometí mientras corría sintiendo como el aire faltaba en mi cuerpo y mi pecho se comprimía, una arcada había llegado a mi cuerpo debido a el movimiento. Los arboles me atemorizaban, me atemorizaba lo que pudiera encontrar detrás de ellos, me atemorizaba no saber con claridad. Me atemorizaba que un par de demonios salieran detrás de los arboles y me recordaran lo débil que siempre había sido.
Unas luces iluminaron el camino frente a mí, sin girarme pude suponer que era él, escuchaba en coche en el asfalto en una velocidad impresionante hasta que me alcanzo.
No quise frenarme, no inmediatamente, más sabía que nuevos problemas se avecinarían detrás de toda la tormenta que podría llegar… No habría calma, ella no existía.
—Por dios Grace—escuché a Gael—Sube, por favor.
No mentiré que me sobresalte, por lo que detuve mis pasos, miré en su dirección notando que se encontraba solo, mientras que sus ojos examinaban con detenimiento en mi dirección.
—Tengo cosas que hacer—le informé, caminando sin embargo noté como su auto se detuvo, mientras que con un par de pasos terminó por alcanzarme—Gael, tengo cosas que hacer.
—Es la una de la mañana Grace—recrimina con las cejas fruncidas—No puedes estar sola a esta hora en la calle.
Sus manos tomaron mis muñecas, para después acercarme a él con una leve sonrisa, sin embargo, aparte mis ojos de su mirada intentando escapar de lo que serían mis pensamientos nuevamente, era de mente débil traicionada por las pequeñas cosas que a mi parecer sonaban brillantes, intente soltarme de su agarre en un intento en vano.
—Anocheció Grace, quizá en estas horas el chico malo salga.
—Sí, seguramente con la jodida luna llena—espeté rodando los ojos, sin embargo, pude notar en una fracción de segundos como una sonrisa crecía en sus labios—Ya, suelta.
—Quizá sí, y ahora hay una—espeta recargándome en el coche.
Por un pequeño fragmento de segundo mis pensamientos quedaron detenidos en lo que sucedía, la rudeza de él había salido a flote.
—Sube al jodido coche Grace—, me ordeno. No admitiré que el modo duro con el cual me hablo no me sobresalto. Lo hizo—, Sube.
—No lo haré. Ahora chico bonito, suéltame que tengo cosas que hacer—, espeté soltándome de su agarré.
Sin pensarlo mucho, en una fracción de segundos con un movimiento ágil me encerró entre la pared de su coche y su cuerpo, mientras que me miraba serio, sus cejas estaban entre fruncidas y su sonrisa había desaparecido.
—No te dejaré a esta hora sola en la calle. Es peligroso. Su-be.
—Suéltame—, espeté entre dientes—, Ya.
Pero, como era de esperarse, él se negó. me enfoque en sus labios nuevamente perdida en lo que sería el chico malo que se encontraba frente a mí, estaba perdiendo mi fuerza de voluntad, no podía entenderlo, nunca me sentí así con absolutamente nadie, JAMÄS y ahora en una fracción de minutos me encontraba perdiendo mi mirada en el chico menos malo de la pandilla de los cinco, sus ojos se perdieron en mis labios también, como si los mismos pensamientos que atormentaban mi cabeza hubieran llegado a los suyos, aparte la mirada para después quitarme yo.
—Es algo que necesito hacer sola—finalice, esperando que pudiera entenderlo, sin embargo, su mano tomo nuevamente mi muñeca deteniendo mi andar, sus manos llegaron ahora a cada lado de mis mejillas mientras que sus ojos viajaban nuevamente a mis labios.
Me atrajo a él, para después mirar a mis ojos, los cuales se apartaron de mí y terminó por soltarme.
—Lo siento Grace—se disculpa rápidamente, para después mirar hacia el lado contrario de mi—Yo lo siento, de verdad lo siento mucho.
—Deberías, si me hubiera negado a que te acercarás a mi—, musite bajamente,
—Deja llevarte a casa—, me pide con una ligera mueca—Los estudios de Katherine no los darán por la mañana y Saith se quedará con ella toda la noche.
—Debo hacer algo antes—repetí, a lo que el negó—Gael…
—Es tarde, puede esperar al día de mañana—me pide a lo que negué—Grace, es tarde… Además…
—Gael, no tienes que cuidarme—, mencioné con una sonrisa pequeña—Puedo hacerlo yo.
—Se que no—, me dice con un suspiro—Anda, ven te llevo yo entonces.
Negué a lo que él me dio una mueca—¿Qué?
—Te llevo a casa o a donde tienes que ir, no irás sola—, me dice señalando el auto con la mirada.
Rendida, dándome cuenta que las cosas tendrían que ser de ese modo, terminé por caminar a su auto, con pasos pesados, de igual manera iría con Paulina, sabía que ella había omitido demasiadas cosas por el simple hecho de que no quería hacer una imagen negativa a una de sus hijas favoritas, no podía negar que entendía a la perfección eso, ella conmigo era honesta, dando la realidad cruda, con ellas intentaba hasta lo posible por no demostrar las cosas que sucedían, pase mis manos por mi cabello para después hacer una ligera mueca, el subió un par de segundos después conduciendo a donde le había indicado, podía pensar en cómo nuestros labios se habían quedado a cuestión de centímetros de separación, quizá era la culpa de que aún no cumplía los dieciocho para poder besarme, sin embargo una parte de mí también lo quería, eran pocos días para que cumpliera la mayoría de edad, ¿Tendría que esperar hasta ello para poder hacerlo? Apenas me di cuenta que estaba pensando en besar a la persona que se encontraba a un par de centímetros de mí, mi rostro se calentó por completo. No hable en todo el camino y el no hizo nada por hacerlo también, un par de minutos después llegamos a la casa de Paulina, había espiado su expediente, para saber que el día de hoy se encontraría aquí.
Baje del auto, pidiendo a Gael que se quedará en él, esperándome cinco minutos, termino por acceder a lo que camine con la espalda erguida y la seguridad en mis pasos, a pesar de no sentirme de ese modo, tenía que encontrar una buena manera de hacer que lo que sentía no fuera más allá de dentro de mí, sin demostrar un fragmento de emociones y solo encontrarme aquí intentando ser lo mejor posible.
Toqué la puerta, tres veces picando aquel timbre, escuché los pasos a través de la puerta para después encontrarme con Paulina, con la cara llena de sueño, ojeras debajo de sus ojos y una cara de pocos amigos, 1:23 de la madrugada, seguro hasta hace un par de minutos se encontraba dormida.
—Grace—espeta despectivamente, recargándose en el marco de la puerta—¿A qué se debe tu visita?
—Por lo que sientes por Olivia, Kyara y Grace, Kyara, Kenia y Keyla…—espeté, recordaba, o eso creía yo que esos eran sus nombres cuando aún ella tenía la custodia—Dame la verdad, Katherine fue internada, la drogaron en la calle, elimina a de uno por uno, ingreso a Olivia al juego y Kyara… Es una Morgan…
—Morgan—, menciona lentamente.
—Al igual que tu—susurré—Tenías razón, somos parecidas tu y yo, tu ayudaste a que tu padre y su esposa muriera, junto con tu media hermana—intentaba ir de a poco con las palabras que decía, esperando no hacer un efecto contrario, tal como lo que sucedió en el café—Se que el juego ya no es tuyo, ni de Claudia…
—No sabes nada—, soltó cerrando los ojos—, El juego no fue nuestro…
—¿De que estas hablando? —, pregunté con confusión—, Es decir…
—Hace un par de años atrás lo fue—, admitió para después apartar la mirada—, Los mensajes, las llamadas… Nada de eso hemos sido nosotras.
—La muerte de la novia de Gael… Las hermanas de los gemelos—, señalé a lo que ella negó—, Yo creí…
—Nos han robado el juego—, espetó apartando la mirada levemente—, Ella la visitaba constantemente, intrigada de la historia de nosotros—su mirada quedo vacía mientras que las palabras salían de sus labios—Intrigada por unos documentos que encontró en el despacho de Claudia, Anna—corrige—Ella sabe la historia de inicio a final, porque Claudia y yo se las contamos.
Parecía, después de todas las veces que habíamos hablado, todas aquellas veces que habíamos cruzado palabras, que esta vez lo hacía de forma sincera, no era por ayudarme a mí, era por sus hijas, las trillizas que amaba con todo su corazón, miré sus ojos para después sentir como mi corazón latía fuertemente.
—Ella… Tomo la historia, para comenzar con el juego, los despista—su voz salió lenta, parecía procesar todo—Ella quería una cosa de vuelta, con los secretos fue más sencillo comenzar con los mensajes, ella es igual a ti.
Su mirada se separó de mí, para después con pasos lentos acercarse a dentro de la casa, me adentré notando que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Ella es lista, paso toda su infancia libro tras otro, son tal para cual—susurra, fruncí las cejas levemente, pensando—Ella, solo quiere a un par de personas muertas, quienes la separaron de su familia, Gilberto, Uriel, Drey, Saith, a ti, Danik, a m-mí y a Anna y Claudia—su voz se volvió un hilo apenas lo dijo—Fui mala madre, no hay nada que me até a la vida, pero ellas, son buenas personas…
Noté como sacaba un arma, mientras que la cargaba—Paulina, bájala por favor—pedí con miedo mientras daba un paso hacia atrás.
—Ahora sabes la verdad—susurro mientras miraba hacía mí—Ella te quiere muerta, porque dañaste a su familia—alzó el arma en mi dirección para después mirar hacía un costado—Es cercana a ti, la has mirado en más de una ocasión—di otro paso hacia atrás mientras que un vacío recorría mi estomago—Diles a mis niñas que las amo, hice esto para protegerlas.
Apenas noté el sentido de sus palabras con pasos rápidos camine hacía ella, sin embargo, me apunto nuevamente—Hice esto, porque cuando tuve la oportunidad de estar cerca, su plan comenzó, las quería proteger de mí, ahora tienen que protegerse de ella…
—Paulina, por favor—dije en un hilo de voz—Podemos arreglarlo.
—Te quiero, Grace—me dijo con los ojos llorosos—Las quiero a todas, ahora que sabes la verdad, confió que las mantendrás a salvo, eres la más fuerte de todas.
Apenas dijo eso alzó el arma, apuntando su sien, un disparo resonó por toda la habitación mientras que un grito desgarrador salió de mi garganta, lastimando está, corrí hacía ella, para después hincarme a su lado, un disparo en la cabeza, era seguro que murió ya, le tomé hincándome frente a ella, mientras que mi respiración comenzaba a fallarme.
Podía notar como sus ojos se apagaron, las lágrimas habían nacido dentro de mis ojos, el corazón me dolía y el pecho me pedía piedad.
Me encantaría poder darle piedad…
—¡Por favor no! —grité llorando, mientras intentaba cubrir la herida de su cabeza—¡Despierta, por favor despierta! —lloré, escuché unos pasos a mi costado, sin alzar la mirada pude saber que se trataba de Gael.
Me aferré a Paulina, recordando sus palabras antes del disparo, sentí un nudo en mi garganta calarme con fuerza mientras que la tristeza me inundaba aún más que hace apenas unos minutos atrás.
—Grace—, me llama con cautela Gael, no le miré.
Miraba como Paulina, mi madre, se desangraba en el suelo, miraba como la había perdido sin siquiera conocerla, pase mis manos por su cabello, cubriendo mi ropa de sangre, la misma que salía de su cabeza, no podía apartarme de ella, ni la mirada, ni mi cuerpo, sentía como todo se me iba bajando con cada segundo.
—Grace, ven—susurró Gael sentándose a un costado de mí.
Las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos sin control alguno, lagrimas amargas saliendo de mí, pase mis manos por su cabello mirando como su piel pálida perdía el poco color que tenía. Ella se suicidó porque quería yo la verdad, si yo no hubiera llegado, ella seguiría viva…
Las acciones duelen… las palabras un poco más. Fue cuestión de segundos para que ella se desmoronara en el suelo y perdiera el control, parecía que todo se había ido cuesta abajo.
Grace… No era débil, era valiente. Pero inclusive las personas más valientes se rompen cuando el peso sobre sus hombros es demasiado que cargar.
Ella miraba su cuerpo, que estaba recostado en el suelo perdiendo poco a poco la sangre, ella perdía la cordura, puesto que la razón había dejado esto.
Me aferré a su cuerpo, negándome que Gael me apartara de ella, no podía de igual modo, mis ojos solo enfocaban a la persona que me dio la vida morir en el suelo por una bala en la sien, mis ojos enfocaban la sangre saliendo de su cuerpo y su piel apagarse, mis ojos se habían perdido sin siquiera poder observar con claridad, pasé mis dedos por su rostro, mientras que aún me mantenía en un mar de llanto, no podía creer que ella dijera que había hecho todo esto por protegerme.
Durante tanto tiempo, todos esos años que hice todo eso para tener si quiera un poco de atención por parte de ella. Siempre me miró, siempre estuvo aquí…
Ella me quería, era lo que habían dicho sus labios, ese trío de palabras…
“Te quiero Grace”, resonaban por mi cabeza, me atormentaban.
La odie por todo el tiempo que supe de ella, odie el hecho de su existencia y la falta de amor que tuve, ahora no sabía si esto era real.
No parecía serlo. Le odie por tanto tiempo, y no entendía si en realidad yo era el problema o simplemente debía dejar de intentar abrirme paso en una puerta que desde hace tiempo se había cerrado.
Y fue ahí, donde Grace se encontraba en el suelo, mirando la sangre salir de su cuerpo y el labio inferior temblándole como nunca, que se preguntó, si en realidad ella era el problema… Las personas que estaban cerca de ella, siempre se iban…
No importaba el modo, “No eres una persona, eres solo un problema”, se decía así misma… ¿Lo era?
Siempre me pregunté porque ella no me quería, yo comencé todo esto por su falta de amor, ella me quería…
Mi cuerpo se tensó mientras que las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos, los brazos de Gael me atrajeron a su cuerpo, mientras que sus manos pasaban por mi cabello, intentando calmarme.
Lo jodí. Todo lo que tocó termina jodido…