Recordaba ver su rostro lastimado, más no recordaba el como le dolió, recordaba escuchar sus sollozos detrás de la habitación, mientras intentaba tranquilizarla. Mas no recordaba cuanto duró.
K a t h e r i n e:
Era creyente que el fuego no tocaría mi piel, no estaría cerca de peligros tan grandes. Quería tener una casa en una cabaña, en lo más recóndito de un bosque poco conocido, quería alejarme de la sociedad, le temía al fuego que se disipaba con las cosas peligrosas, hacía mí vida conforme a lo que una chica debía hacer, pero las cosas como está me comenzaron a alcanzar, pisándome los talones esperando lograr romperme, lo lograban. Lo hacían de un modo duro.
Los murmullos a mi alrededor se disiparon como fuegos artificiales, sentía como aún estaba mareada y los pensamientos caían a mi cabeza como agua helada. No quería abrir los ojos, quería alejarme de la sociedad cada vez más, con pasos más grandes a un punto de poder decir que logré no ser vista nuevamente. Logré salir del juego.
—¡Ésta despertando! —, escuché. El aroma del alcohol comenzaba a alertar mis sentidos, no por completo. Espero que le hubiera funcionado a la perfección el tiempo a Grace—, ¡Hagan espacio! ¡Déjenla respirar!
Respirar. ¿Cómo podía haber sido esto real? ¿Cómo había dejado mi conocimiento apagarse con una simple presión? ¿Era así de inteligente? Abrí un poco los ojos, cerrando estos de inmediato ante la luz potente.
—Debió de ser el shock del robo—, escuché a Olivia, demasiado preocupada, a decir verdad—, ¿Es posible oficial?
Entre abrí nuevamente los ojos, con cuidado y un poco de esperanza de que la luz no fuera tan cegadora, me equivoqué. Mi vista estaba un poco borrosa, hasta que esta logró enfocar con claridad a un oficial de policía demasiado preocupado, con una Olivia que parecía haber recibido la peor noticia de su vida. Ella debería de ser actriz. Sentí como todo a mi alrededor comenzaba a dar tantas vueltas, mientras que me estabilizaba, seguramente no había sido de las mejores ideas que había tenido, pero creía que, en su momento, cuando comenzó, lo sería.
Los pasos apresurados de la chica, junto con estos haciendo un sonido molesto debido a el agua que le había entrado debido a la lluvia, lograron alertar al chico, que bajo con rapidez y un poco de molestia imaginando lo peor de lo que serían las acciones de su compañera de cama.
—Saliste esta noche—, recriminó. Ellos tenían un trato, ella se quedaría en casa en lo que daba a luz, después podía hacer con su vida lo que más le placiera—, ¿Hablaremos de que rompiste el acuerdo?
—Era una noche importante, noche de brujas—, espetó, adentrándose por completo a la cocina, notando al desastre que era la chica embarazada.
—La sangre no es tuya, ¿Cierto? —preguntó exasperado tomando su puente de la nariz—, ¿Qué mierda hiciste esta noche Paulina?
—Salí de paseo—, alargó con una sonrisa inocente—, Sabes lo mucho que me gusta la noche de Halloween.
Como también sabía como era ella buscada constantemente, si bien. Su nombre no era ingresado a la base de datos de la policía con su nombre real, podían comenzar a unir cabos y ser un poco más inteligentes. Ella había sido retenida docenas de veces por crímenes que en ocasiones si quiera podían ser procesados, falta de pruebas.
Si bien, la única preocupación del chico era la bebé que se encontraba en su vientre, había comprendido que Paulina jamás cambiaría, a pesar de lo mucho que parecía desearlo. No sucedía. Creyó que con un bebé más y las palabras apropiadas podía convencer a Paulina de tener una familia feliz, pero como muchas cosas en la vida, se equivocó.
El conocía la falta de cordura de Paulina, al derecho y al revés, más a pesar de todo eso nunca dejaba de intentar lograr algo con ella, estaba tan aferrado a poder ser lo que ella necesitaba y quería, que había olvidado el modo en que la conoció. A base de mentiras.
Había olvidado que él si había sido procesado por maltrato intrafamiliar por una pequeña mentira de Paulina que salió de sus manos. Pero aún así a pesar de todo ello le amaba, a pesar de saber perfectamente que no debía de hacerlo.
—No fuiste a pedir dulces, ¿Qué es lo que traes? Acaso son…—sus manos tomaron las carpetas de las manos de la pelinegra, para después sentir una arcada, ella no cambiaría, abrió la carpeta confirmando sus dudas—, Expedientes médicos. Paulina, estas embarazada, no podías meterte en problemas… Si quiera debiste irte.
La sonrisa alegre de oreja a oreja de Paulina fue cambiada a una mueca notoria, la molestia le recorrió como un auto en una carrera, mientras que su furia crecía un poco más. Odiaba que le dijeran que era lo que debía de hacer.
—Ibas a apoyarme, ¿Lo recuerdas? —le culpabilizó golpeando con las palmas de sus manos la mesa—, ¡Pero solo te interesan las trillizas! —le quita los papeles de las manos para rodar los ojos, estaba abrumada, era notorio—, Me iré a otra ciudad, otro estado, continente, no puedo quedarme más tiempo aquí.
—Puedo darte el dinero que necesites para que te largues—, Ofreció. Mientras que sus ojos se fruncían y le miraban con cierto toque de enojo—, Pero… El dinero a cambio de que este bebé se quede conmigo, esperarás a que nazca, así podrás irte después.
—Eres patético—, espetó sacando una caja de cigarrillos del cajón, misma que él le quito—, ¿Quieres tener la consciencia limpia? —se burló acercándose amenazante a él—, Pero sigues teniendo sexo conmigo.
Me senté con cuidado enfocando el lugar, las vueltas habían parado, junto con las nauseas que habían comenzado a recorrer mi cuerpo de un modo espantoso.
—¿Se encuentra mejor?
—Sí, me encuentro mejor—, espeté apretando levemente mis puños—, Gracias—, me ayudaron a levantarme con cuidado para después mirarme atentos—, De verdad, muchas gracias… no se que fue lo que me paso.
—Sí, puedo dejarla—, aceptó ella mirándole desafiante, apretando sus puños dejando que sus nudillos estuvieran blancos ante la presión que estaba ejerciendo—, Pero…
—Ya suéltalo.
Alcé la mirada buscando a Olivia, quien se encontraba firmando unas cosas, abracé mi cuerpo por el frío mientras que una ola de nervios se disipaba en mi interior, esto era demasiado. Esperaba que la persona que ella describiera no entrará en los estándares de alguien de aquí, si no una vida inocente llevará una culpa errónea.
—Ella no tiene que saber que soy su madre—, espetó frunciendo sus cejas, con una mueca—, Le dirás que no soy su madre, no necesito a cuatro niñas chifladas buscando atención maternal—, espetó con asco—, Si consigues una pareja, perfecto. Sí no… Morí en un accidente, de trenes quizá.
—¿Por qué asumes que ella estará loca? —Él le miró, para después suspirar—, Ella será diferente.
—¿Notaste donde estuve un par de meses? ¿Lo que hago? —, comentó con tono obvio—, ella no será la excepción.
Fueron un poco más de los minutos que tenía planeado, mientras que Olivia estaba haciendo el papeleo y yo tomaba agua sentada junto a ella esperando poder irnos, aún sentía un poco más pesado mi cuerpo, pero esperaba que en cualquier minuto esto desapareciera. Me había golpeado la cabeza al caer, tampoco había pensado en ello y en realidad, dolió.
—¿Necesita que llamemos a un familiar? —preguntó el oficial—, ¿Algún número?
—No, estaremos bien. Muchas gracias—, espeté con una ligera sonrisa—, Ella manejará, no necesitamos llenar más papeles, ¿O sí?
El policía comenzó a revisar los papeles que habíamos llenado, para después sacudir su cabeza de lado a lado.
—No, pueden irse—, espeta el policía con una ligera sonrisa—, Tengan buena noche.
Después de lo que fueron un par de minutos un poco intensos entre las platicas de ellos, él se sentó frente a ella con una taza en mano, mientras que parecía asimilar lo que había sucedido esa noche, aún parecía irreal que ella hubiera atacado a personas afuera del hospital psiquiátrico teniendo el camino libre.
A sinceridad, habían sido del tipo de cosas que habían llamado la atención de él, la valentía junto con la falta de uso de razón aparentemente, le gustaba lo impulsiva que podía llegar a ser, lo arriesgada…
Pero, terminó sus años dorados y aquella actitud terminó por ser más un problema que nada, no había mes del año en que ella no ocasionará este tipo de cosas, daños permanentes.
—Deberías dejar de frecuentar a Anna—, señala el—, Había mejorado, salió del hospital y tuvo un par de días libres.
—Somos un equipo—, le dice con tranquilidad—, Yo estaba ayudando a que fuera mejor persona... Además, por ella nos conocimos.
Comenzamos a caminar hacía la salida, mientras que aún una ligera mueca estaba plasmada en mis labios, seguramente podía haber encontrado un mejor modo que ese para causar una distracción, ahora me encontraba mareada, con un dolor descomunal en la cabeza y el cuerpo. El impacto había sido fuerte, debía de escoger eso.
—No puedo creer que te desmayaras en realidad—, espetó asombrada, mientras que entrelazaba su brazo con el mío—, Creí que lo fingirías, no que en realidad te caerías.
Ahí entendí algo. Era una imbécil, ¿Por qué no lo fingí?
—Sí… No quería arriesgarlo—, mentí, intentando omitir la mueca creciente de mis labios—, Más seguro, ya sabes…
—Sí, claro. Grace ya esta en el auto—, informó, mirando hacía su celular, para después mirarme a mí—, ¿Tú te encuentras bien?
—Estoy mareada—, confesé mirando hacía ella—, No debí de levantarme tan pronto, ahora tengo un dolor infernal en la cabeza…
Ella asintió. Hasta que algo pareció llegar a su cabeza, de modo rápido logrando que su rostro se comprimiera en una enorme mueca.
—Pero podrás conducir, ¿Verdad? —, pregunta poniendo su cuerpo frente al mío, mirando preocupada—¿Verdad?
No lo creía, en realidad no estaba tan mal, pero la cabeza en realidad me estaba doliendo demasiado, el golpe había ocasionado eso. Negué levemente logrando que un insultó saliera de sus labios en un susurro casi inaudible.
—No lo creo, ¿Puedes hacerlo tú? —pregunte apenas llegamos frente al coche, donde ya nos estaba esperando Grace—, ¿Por qué me estas mirando así?
—No se conducir…
—¡Eso señala a que yo conduciré! —, se mofa Grace—, Suban, que iremos por helado.
—No vas a conducir el auto de Juls—, mencione a lo que ella agitó a las llaves—, Baja.
—Tengo licencia. Además, tú no sabes conducir y tu... Te ves fatal.
—Pero que alago...
En la historia se encontraba entrecruzada a una chica que logró marcar el Halloween del 2004, en Los Ángeles, California. Señalaban a una chica de ojos castaños y pelo oscuro, debajo de una máscara de látex que no dejaba a revelar por completo su identidad. Su cuerpo estaba manchado al igual que su ropa por la sangre de los cuerpos fallecidos frente aquel hospital.
Se dice que no se hizo mucho por detenerla, se sentía su presencia como sí la del mismo diablo se tratase, no dudo al dispararle a una embarazada, ni menos a un niño, logró su cometido sin dudar si quiera un poco. En el hospital la conocían como Lisa Porter, fuera de ellos… Nunca se dio con su paradero.
No se sabe que sucedió con ella, se miró como escapaba por una calle vacía y el eco de una risa bufona resonando por todo el lugar. Rebotando entre pared y pared, solían decir que aquella chica estaba embarazada, la única razón por las cuales a los policías no les dio el corazón para dispararles. Sin embargo, los rumores decían que aquella maldad se expandiría al bebe creciente dentro de su vientre, un par de años tendrían que pasar, para que su llegada viniera a aterrorizar la ciudad.
Aquella madre y su hijo, entre una noche de Halloween querrían volver, y a todos matarían esta vez.
Emocionada, y con una sonrisa de oreja a oreja se encontraba conduciendo Grace, había ganado por lo cual tenía los motivos suficientes para sonreír de ese modo, ella tarareaba, una pequeña melodía que no lograba reconocer.
No se sabe con claridad, si de un chico o una chica se a de tratar, sin embargo… Podemos saber que el terror volverá a reinar la ciudad, puesto que se espera, que el demonio encarnado dentro de su vientre a luz a dado, este vendrá, con un cuchillo en la mano tendrá.
—¿Pudiste encontrar algo? —, pregunta Liv a lo que Grace le miro.
—¿Encontrar algo?
Dicen que podrá tener la misma maldad en la sangre, las mentiras crecientes en los labios, y los secretos en la piel, se dice que será perfecta para el desgaste.
—Casi nada.
Gilberto Sprouse:
Me detuve frente a la casa de Saith, miré por unos cuantos segundos como el salía de su casa, para sentarse en las escaleras que estaban afuera de su casa. Recordaba el odio que le tenía, a pesar de no hacer lo suficiente, Morgan le quería con mucha fuerza, a pesar de que él se equivocara, le perdonaba. Ella nunca lo quiso admitir, pero yo siempre lo supe.
Ella no podía salir de una historia como ella, porque el cariño que había tomado hacía el chico que le reencontró con su hermano, había sido quien la había apoyado en cada uno de los momentos malos que ella había tenido. No podía juzgarla, ni decir que no entendía si quiera un poco el porque esto era así. Era un poco más de lo que podía entender o procesar.
Pero siempre me pregunté hasta donde ellos serían capaces de llegar, hacían todo lo posible por crear una historia entre ellos. Recuerdo una vez… que entré a casa de Katherine a dejar un poco desordenada su casa con la intención de generarle un poco de miedo, me encontré con una memoria que tenía un video de ellos, uno demasiado largo, sobre toda la historia que habían tenido. Ella parecía querer convencerse con ese video de que las cosas debían de terminar, pero a pesar de que miré ese video por más de una docena de veces, no entendía como algo así podría terminar.
El cariño que se miraba que le tenía era impresionante, el modo en que se apoyaban entre sí. Quizá eran amigos que habían confundido las señales, o amigos de hace tiempo que sabían que algo pasaba entre ellos. Pero era notorio, comenzó un video, lo terminó, escribió una carta con las razones por las cuales ella se alejaría de su lado, y escribió una carta porque debería de quedarse y seguir intentando. Era triste, porque podía ver como ella parecía ser quien quería convencerse de que esa amistad valdría la pena siempre. Ella era la única que parecía querer pensar que nada malo sucedía, pero lo hacía.
En realidad, Katherine había soportado tantas cosas por decir poco sobre esa amistad, daba todo, se esforzaba con todas sus fuerzas, pero era la única también que sabía… Que el no podría cambiar, que al final del día las mentiras eran lo que la llevarían a la locura. Así fue.
Nunca pudo dejarle por completo, por ello estableció tres strikes, teniendo la esperanza de que el notará que ella podía irse, pero no lo haría. Katherine era el tipo de chica que jamás se iba, el tipo de chica que se quedaba hasta el final esperando encontrar un modo—sin importar cual fuera—, para hacer que las cosas funcionaran. Luchaba, con todos. A pesar de que debía de rendirse.
A pesar de que ella sabía que debía rendirse.
Baje de mi coche, cerrando la puerta de un portazo para caminar en dirección de Saith, la idea era mala, pero no me importaba. Yo sentía demasiado por ella, al igual que él, y si algo teníamos en común era que queríamos su bienestar, por encima del de nosotros. Noté la cara de pocos amigos que hizo apenas me miró, no me detuve, no detendría mis pasos a pesar de que esto fuera malo. Podría ser peor.
—Gilberto—, saludo con desdén, mirando hacía el frente—, ¿Ocurrió algo con Katherine?
—Nos ocurrió Katherine—, Introduje mis manos en los bolsillos, esto cada vez resultaba ser una peor idea—, ¿Puedo?
El se corrió hacía la izquierda dejando un lugar para que yo pudiera sentarme, así lo hice, deje caer mi peso a un costado de él mientras esperaba encontrar las palabras adecuadas que decir. Carraspeó para después mirar en su dirección. Le examiné, no éramos tan diferentes, diferente estilo sí, diferentes acciones… No del todo.
—Amabas a Katherine, ¿No es así? —pregunté dejando caer mi cabeza entre mis manos. Sabía lo complicado que sería esta conversación.
—Aun la amo—, admitió mirando hacía él frente—, Al igual que tú. Es Kathy, es perfecta a su manera, se rompe, crece y aprende—, menciona sacando su celular, su fondo de pantalla eran ambos—, Es perfecta, pero no lo es.
—Es perfecta—, repetí a lo que el bloqueo su celular y se giró a mi dirección.
—¿Era lo que querías decirme? ¿Qué estamos enamorados de una chica perfecta? —cuestiono a lo que negué—, ¿Entonces?
—Cumpliré veinticuatro el próximo año, Katherine irá por los veinte—, mencioné y le miré—Y creo que le arruinaría la vida si sigue conmigo—, baje la mirada—, Cómo amigo, como… Lo que sea que fuimos aquella semana en casa de sus tíos.
—Temes lastimarla—, me dice apartando la mirada—¸Ya la lastimamos, ambos.
Sí. Ambos habíamos hecho que la vida de Katherine tuviera más estragos para romperla que para darle un motivo por el cuál salir adelante. Le habíamos lastimado en diversas ocasiones.
—¿Cómo puedes saber que le haces bien? —pregunté—, Cómo amiga, algo más… Solo no quisiera perderla de mi vida, pero…
—No quieres lastimarla—, completo a lo que asentí—, Es una jodida mierda. ¿Quieres una cerveza? Quizá no seas tan idiota como creía.
Solté una leve risa, para después asentir. Se levanto caminando en dirección a su puerta para después mirarme—, Puedes pasar, no tengo demonios ni brujas, es segura.
Podía entender porque le agradaba a Katherine, era gracioso, además que escuchaba, a pesar de que no tenía porque hacerlo conmigo, me levante caminando detrás de él, ingresando a su casa. Lo primero que podía ver eran fotografías de ella, Katherine estaba incrustado desde lo más fondo en la historia de Saith, de inició a fin. Se miraba feliz, sus ojos brillaban, con intensidad mientras que sonreía de manera efusiva. Al igual como las fotografías que había encontrado en su cuarto de California, ¿Habría sido yo quien le arrebato su brillo?
—Se mira feliz—, comenté en voz alta sin pensar. Mierda—Se miran felices.
—Hemos sido amigos desde niños—, me espeta con tono alto caminando a su cocina—, Desde antes de que sus padres murieran, conozco todas sus facetas.
—¿Por ello te enamoraste de ella? —pregunté enfocando sus fotos.
Era preciosa, siempre lo fue. Parecía ser divertida, con la personalidad explosiva con la que la conocí, no con la que tenía últimamente, aquello que apenas hablaba, parecía que Saith había llegado a tiempo para poder conocer la verdadera Katherine.
—Me enamoré de ella, cuando conocí su lado sensible—, mencionó entregándome una cerveza—, Pocas veces ella llora, a pesar de que este al borde… Se deja consumir.
Lo sabía. Cuando lloraba eran rachas largas, la tristeza la tomaba y la introducía en un frasco sacudiendo este hasta que sacará cada pequeño cacho de ello. Yo a ciencia cierta, no conocía su lado sensible, la única vez que vi que tenía lágrimas en sus ojos me cerró la puerta en la cara. Pase a un lado de él para después recargarme en la pared.
Yo había esperado que aquella chica de cabello largo y castaño, con sonrisa perfecta e ideas diferentes se quedará y me mostrará que no podría estar solo jamás. Que sus ojos ligeramente claros, con toques verdosos y castaños me mostrará a su verdadero yo, el que escribía un blog en internet, el que esperaba alcanzar sus sueños y no dejaba nada pasar se presentará. Había leído su blog, semana tras semana, conocía una fibra sensible de sí misma, pero… No porque ella lo confiará a mí, sino porque me enteré.
— Así que amas a Katherine—, Le di un trago a mi cerveza y el resoplo levemente con una sonrisa.
—Sí, así que… Tú amas a Katherine—, me imitó a lo que asentí—, ¿La amarás siempre?
—Creo que es del tipo de chica que a pesar que el tiempo pase, te marca la vida—, confesé a lo que asintió—, Pero… creo que no seré yo quien siga tocando esa puerta.
Sus cejas se fruncieron levemente, a lo que le di otro trago, uno más largo esperando que el alcohol sacará los pensamientos dentro de mí. Pero no podía, no importaba la acción que hiciera en el día, ella se encontraba ahí, recordándome el porque me había enamorado de ella en primer lugar.
—¿Te rendirás? —me pregunta confundido. A lo que asentí—, ¿No lo vale para ti?
—Lo vale para mí. Por eso me alejaré—, confesé tomando nuevamente mi cerveza—La lastimo, le hago daño. Sería más sencillo para ella que me alejará.
—Eres un cobarde—, me soltó de golpe a lo que le miré con enojo—, Un cobarde, es lo único que eres.
—¿Cobarde? ¡Estoy haciéndome a un lado para que sean felices!
—No te confundas—Dejo su cerveza en la encimera para acercarse con pasos seguros a mí—, Te alejas porque eres un cobarde, que prefiere las cosas sencillas antes que luchar por lo que ama.
—¡No me vengas con esas cursilerías! Le hago daño y lo sabes perfectamente—, espete tomando su camisa, una sonrisa de burla llegó a sus labios—¿¡Qué!?
—Quieres el camino sencillo—, Me suelta brusco, apartando mis manos de su cuerpo—¿Quieres golpearme? ¡Hazlo! Pero eso no te quita lo cobarde, prefieres hacerte a un lado antes de dejar de lastimarla.
Mis hombros se encogieron y le miré con atención, parecía tan seguro de cada una de las palabras que estaba diciendo, como si en realidad supiera que estaba diciendo cada una de las palabras correctas. Acertando.
—Creí que sería lo que querías—, espeté frunciendo las cejas—El camino libre para estar con ella…
—Sí, quiero estar con ella—, me dio la razón—, Quiero estar con ella, como mejor amigo o algo más—, se encogió de hombros para ir por su cerveza—, Pero se que quiero que sea feliz.
—¿Por qué la lastimaste? —pregunté mirando hacía él. Soltó un suspiro y con pasos pesadez camino en dirección contraría a mí—Es decir, ella se fue de California por querer alejarse de ti.
—Así que todo el mundo lo sabe—, Le dio otro trago a su cerveza para después caminar hacía la sala—, Dame un minuto.
Mire como se agachaba buscando unas cosas en su mueble, hasta que tomo un álbum viniendo hacía acá. Abrió el álbum para terminar por sacar una nota, entregándomela.
—¿Qué es esto? —pregunté desdoblando la hoja amarillenta, arrugada y poco cuidada.
—Léela.
Le miré, para después regresar a aquel pedazo de papel arrugado, lo comencé a desdoblar notando un escrito en máquina de escribir.
“El destino para las personas que se enamoran es la muerte. Katherine se enamora de ti… Y le daré el mismo paradero que sus padres”.
Me paso otro pedazo de papel para después terminarse de un trago su cerveza, para caminar en dirección de la cocina nuevamente, miré hacía él por un par de segundos, con un poco de incredulidad, para después desdoblar la hoja.
“Lastima sus sentimientos, así se alejará de ti. El tiempo corre y ella se enamora más.
Suenan las campanas, el tiempo te alcanza. ¿Quieres perderlo todo? A veces cuando amas en realidad a una persona, haces sacrificios. “
—Creí que hacía lo correcto—, se encogió de hombros. Me extendió otra cerveza y dejo caer su peso en el sofá, imité su acción—Creí que estaba haciendo un acto de amor. Pero peor la trataba…
—Mas se enamoraba de ti—, mencioné bajamente. Recordaba haber escuchado a Katherine hablando con su primo Zayn, sobre lo que sería la única persona de la cuál se había enamorado, Saith—, Ella se enamoraba más de ti, con todo lo que hacías.
—La quería. La amaba y lo sigo haciendo—, mencionó mirando hacía el álbum de entre sus manos—, Fui cobarde, me comenzó a amenazar… Sufrí un accidente gracias a ello, no lo enfrente.
—La amabas y querías cuidarla—, acepte.
El en realidad la amaba, de un modo completamente puro. Uno que yo no podría alcanzar si quiera por un segundo, Saith había hecho cosas por mantenerla a salvo, feliz. Mientras que yo hacía las cosas a mi beneficio propio. Éramos los cinco malos, los cinco chicos que no se tentaban el corazón.
Del tipo de chicos que las chicas dudaban que tuvieran corazón.
—Ella se quedará contigo—, mencionó mirando hacía mí—, No lo dice. Lo guarda y miente que odia el cliché y que no espera nada parecido a ello. Finge no querer una historia como los libros más populares de romance.
—Ella en realidad…
—Ella en realidad tiene demasiado blando el corazón, el flechaste tú—, Dejo el álbum sobre la mesa del centro para después encoger sus hombros—, Tiene un caparazón con el cual quiere fingir, pero espera esa historia de los cuentos y se que tú se la darás.
No creía mucho en el destino, ni que nosotros llegaríamos a alguna parte. No era especial, yo no y no me arrepentía del todo de las cosas que había hecho, intentar destruir a los demás. Era lo que yo hacía.
El pasado me había llevado a la sangre negra, corazón podrido y querer vengarme todo el tiempo de cualquier persona si dudar por un segundo. No había nada que cambiará eso. Yo seguiría siendo así.
No cambiaría por una chica, no podría esforzarme lo suficiente porque la verdad la tendríamos en el rostro, recordando todas aquellas veces que le mentí, podría perdonarme, pero son cosas que no se esfumaran. Deje que la secuestraran, deje que supieran el paradero de Juls, deje que todo se saliera de control. En realidad, no sería nada sano para aquella chica, yo había disfrutado haber encontrado una manera de encerrarla en una burbuja creándole miedos a la realidad, había encontrado un modo en que ella no confiará en las personas que estaban cruzando la puerta.
No me arrepentía de ello, podría seguir haciendo ese tipo de cosas, esperando que ella temiera del mar para no ir a explorar, Saith la ayudaría y acompañaría para mostrarle que no era del todo malo y podría encontrar un modo de ver los colores que solo ella entendía.
Yo seguiría con los bandos, con la vida que llevó, porque lo llevó en la sangre, porque los bandos fueron creados en esta ciudad por mi apellido con tiempos pasados y lo reviviría nuevamente para que este tipo de historias nunca dejarán de ser resonadas en las calles de N.J, me levanté logrando tener la atención de Saith.
—¿Querías saber que camino debías tomar? —preguntó. Mirando con una curiosidad—, ¿No es así?
—Los caminos siempre han sido claros—, aclaré mi garganta, caminando a uno de los cuadros, donde Katherine se veía dulce, con su falda rosa—, Alargo lo inevitable, se la decisión que debería tomar. Se cuando esto debió acabar pero lo alargo.
—Ella te quiere Gilberto. Se que no debería decirte eso, porque tienes más oportunidades con ella—, me informa—Te quiere.
—¿Por qué te importa tanto?
—Porque la amo. Quiero verla feliz, sea contigo o con alguien más—, pausó por unos segundos—, Sólo quiero que ella sea feliz.