Las historias son un caótico remedio de vida a la muerte, rompes barreras de creencias y terminas en un borde... Un jodido borde.
Hay personas que intentan escapar del dolor, ¿Pero si el dolor te sigue hasta a tu casa? ¿Qué tal si el dolor es un infiltrado en casa que no podrá dejarte jamás? Dolor y odio, amor y tristeza; ¿Cómo pueden cambiar ese tipo de cosas en un futuro cercano? Quizá nunca, Quizá ahora.
Uriel había cambiado, a pesar de que seguía insistiendo que él seguía siendo del tipo de chicos malos que se sienten hasta los huesos Uriel ya no era así.
Las personas adecuadas cambian a las personas, las personas adecuadas tienen el poder de cambiar a los demás… Cómo una medicina, Julieta era la medicina que Uriel necesitaba para ser mejor persona…
Pero, ¿Quién curaba a Julieta?
J U L I E T A M O R G A N
Yo me había enamorado de cientos de historias, creía que podría ser aquella chica que se mantenía viva gracias al cliché, ¿Qué si quería una historia parecida? Claro que sí, creía que había encontrado esa historia, conocí a aquellos cinco malos, me enamoré de uno de ellos, me enamoré de aquel chico hasta la raíz, había comenzado a sentir el amor en la piel, y cada latido me generaba una paz insaciable, después… Me embaracé, dos gemelos creciendo en mi vientre, ¿No podría salir mal? ¿Verdad? Ellos no serían Mamá y Claudia, y yo sería una buena madre, estaba segura de ello.
Me levante de la cama, para caminar con pasos muy lentos a la ventana, mientras que los pensamientos aún solían transitar por mi cabeza, uno tras uno atornillando mi cabeza con una fuerza completamente irracional. Cuando supe que estaba embarazada sabía que con el paso del tiempo muchas cosas cambiarían, no tomaba riesgos, no miraba demasiado hacía algo que no fueran las vidas crecientes en mi vientre, quería que ser mamá fuera especial, quería no defraudarles y tratarles por igual, para que las cosas no pasaran como con la tía Laura, que había muerto en manos de Claudia por celos, las cosas esta vez quería que finalizaran. No más villanos, no más historias rotas, ni hilos sueltos.
Podría jurar que las cosas comenzaban a cambiar sus tonalidades cada minuto, había comenzado a ser una persona temerosa que no podía mirar más allá de los dolores que algo que salga mal, terminará por doler, me mantenía alejada de todo, siempre escuchaba las palabras de Katherine, las cosas podrían ser de dos tonalidades, las tonalidades—las que ella solía mencionar—, una de ellas, eran las tonalidades vivas, aquellas que podían ser las que te llenaran de alegría, transportándote a los mejores momentos que pudieras encontrar en tu vida, ella solía decir que era una suerte tener esas tonalidades, porque al final de día,
No podías reconocer el lugar, pero eras feliz.
Después se encontraba la otra tonalidad, aquella que ella mencionaba no debías tomar a costumbre—quizá te llegué, pero no te acostumbres. Cuando te acostumbras a la tristeza y al dolor es demasiado difícil salir de ahí—, se trataba nada más ni nada menos que aquellas tonalidades muertas, los colores grisáceos que podían causar más de un millar de emociones sin si quiera pedirlo, pero todas terminaban por ser negativas, sin embargo, los colores grises se habían adueñado de nuestra historia una y otra vez, quizá era ahora cuando nosotros nos habíamos acostumbrado a los colores muertos, nos habíamos hecho viejos amigos de la tristeza, ¿Qué si sabíamos si podríamos salir de aquí? No, no lo sabíamos.
Recargué mi frente en el cristal de la ventana, para sentir una ola de frío recorrer mi cuerpo, ¿Por qué parecía que toda la vida seguía su rumbo? Es decir… La de nosotros parecía haber quedado en el olvido, sin poder avanzar, teniendo la gran duda si al final del día esto terminaría, ¿si podríamos seguir?
¿Podríamos?
Constantemente me preguntaba, ¿Aún vale la pena seguir luchando por todo esto? No lo sabía
Había entregado los gramos más amargos de mi vida, había intentado que todo funcionará de un modo en que los demás se sintieran mejor, me cansé y vine a Nueva Jersey, después los cinco malos se posaron frente a mis ojos, sin decir nada sabía que esto empezaría de nuevo.
Mamá solía decir que yo tenía una especie de don, una especie de personalidad que no todas las personas podían tener.
Eres como medicina para enfermedades fuertes, haces sentir mejor a las personas sin darte cuenta, pero tienes que tener cuidado… Tú vas absorbiendo todo eso, de seguir haciendo esto terminarás rota.
Sabía que los nudos constantes en mi garganta o las noches eternas en las que yo quería detenerme a llorar eran más poderosas que yo. Sólo quería poder hacer feliz a mis niños ahora, pero esto siempre era más fuerte que yo.
Estaba en un punto, que no sabía que era por lo que en realidad debía de luchar, era duro saber que por lo que yo creía, terminaba en un desastre...
» La ley de Murphy me atacó el día del restaurante y ya jamás me soltó «.
Solté un resoplido. Yo no esperaba que Uriel cambiará por mí, no esperaba ser su punto de apoyo para que dejara de ser un chico malo. En realidad, si quiera era algo que yo quería. Amaba al chico malo que conocí, al que fingió ser mi novio y del que terminé profundamente enamorada.
Sentí mi celular vibrar, una parte de mi deseaba y anhelaba que no fuera de aquel número desconocido que podía hacer que mi vida dependiera en malos modos, podía notar que las cosas habían comenzado de este modo desde que vine hacía acá, podía entender que las cosas podían ir de la mano, no quería ser yo quien
tuviera el máximo tono de peligro para la vida de los demás.
Pero tenían razón, me puse a pensar en todo lo que sucedió, en las palabras que dijeron. Las cosas parecían haber comenzado desde el momento en que yo llegué aquí. En que cruce la puerta.
—Princesita—, me llama Uriel, toque mi estómago estos gemelos me volverían loca, necesitaba que ya nazcan—¿Sucede algo?
Recargue mi cabeza en su pecho, para mirar hacia arriba dando una pequeña sonrisa.
—Han sido meses largos—, musité aferrándome a su ropa—, Meses muy largos, ¿No lo ves de ese modo?
—Se que ha pasado tiempo, pero podremos salir de esto en algún momento—, prometió. No estaba tan segura.
Esas palabras habían sido repetidas como discos rallados esperando que yo terminará por creerlo, más no lo hacía. Solo creía que esto nos arruinaría la vida en cualquier minuto y deseaba que eso no fuera el destino de mis niños.
—Han sido meses muy largos—, repetí mirando sus ojos oscuros—, ¿No crees que hemos sufrido lo suficiente?
—A pesar de que busquemos una solución, esto regresa—, confesó.
Lo sabía, seguiría regresando y siendo así porque tenía el poder sobre nosotros, tenía más poder del que podríamos imaginar, me quería a mí, pero era demasiado cobarde para entregar mi vida, sabía que eso daría fin y pondría a demasiadas personas a salvo… Pero no a mis niños, era a quienes yo quería a salvo.
—Me quiere a mí—, le dije. Sentí como un nudo en mi garganta crecía y las ganas de llorar aumentaban—, Quiere que me entregué y así todo esto tendrá un final.
—No dejaremos que hagas esto. Princesita eres todo lo que tenemos—, Sus manos tomaron mi rostro, haciendo que le enfocará—, Eres todo lo que tendremos siempre. Quien nos llevé a la luz en los días oscuros.
—Y quien les esta apagando el sol porque nunca se rindió, ni los puso a salvo—, Me quebré. Mi voz era un sonido tembloroso. Le di una ligera sonrisa para después suspirar—, De haberlo hecho antes… Quizá si quiera estaría embarazada. Mi vida sería diferente…
—¿Estás arrepentida?
—Nunca lo estaría. Conocí personas magnificas y tengo dos creciendo en mi vientre—, le dije a lo que él me sonrió de lado—, Tuve el poder de ponerlos a salvo y solo me salvé a mí.
Me fui a California. Con el rumor de que Uriel me había puesto los cuernos… Quizá si fue un impulso para irme, pero yo buscaba excusas para no quedarme, una parte de mi sentía que no pertenecía a este mundo—al de los bandos y los corazones que terminaban por romperse—, una parte de mí sentía que no encajaría a pesar de lo mucho que me esforzara.
Buscaba un pretexto para irme, inconscientemente. Porque quedarme a luchar significaba demasiado para mí. Ahora solo podía decir que esto sobrellevaba mis fuerzas. Siempre lo haría.
Ahora no sabía claramente que sería mi camino, si luchar lo suficientemente duro me llevaría a un lugar o su esta vez debía dejar de intentar ser valiente, eso no me había llevado a ninguna parte, solamente nos hacía hundirnos un poco más en la miseria, no quería eso para mis niños. Los quería a salvo.
A pesar si era de cobardes querer irme. Quería más a mis niños.
—¿Qué es lo que piensas princesita? —, me dijo con cautela y tristeza, como su una parte de él ya supiera lo que diría—, ¿Sucede algo?
—No—, negué. Me gire para encararle, entrelace nuestras manos y sonreí levemente—, Creo que debemos mudarnos.
—¿Mudarnos? —pregunta con incredulidad a lo que asiento—¿Estás hablando enserio?
Sí. Mudarnos lo más lejos posible, donde un anónimo no pudiera tener ni el más ligero control en mi vida, lejos, lo más lejos para que esto no terminará de un modo en el cual yo dejará de tener control. Mudarnos sería la mejor opción.
—No estamos a salvo, nunca lo estaremos…
—Entonces, hablas enserio.
—Lo hago—afirmé, mientras me giraba sobre mis talones hacia la ventana nuevamente—Solo que... Necesitamos en verdad hacerlo—bajé la mirada. Esto no le vendría nada bien—¿Notas que vamos a ser papás? Tenemos que tomar una responsabilidad.
Una responsabilidad más allá de lo que a nosotros nos gustaba, yo amaba que el fuera perteneciente de los bandos, amaba ser novia de un chico malo y que esto nos generara historias tan… Interesantes.
En realidad, estaba encantada con él, con su personalidad, pero no podíamos seguir aplazando lo inevitable. Esto tendría que ser tarde o temprano.
Seríamos padres de dos bebes, dos niños que seguirían nuestros pasos, dos niños que intentarían dar lo mejor… No quería que ellos pasarán por cosas que habíamos estado pasando nosotros. Historias que nos estaban desgarrando, no quería que ellos estuvieran mínimo tres veces al mes en el hospital porque algo salió mal. Amaba nuestra vida, el rumbo que tenía—a excepción de los últimos meses en donde el desconocido se nos infiltro—, pero… Sabía que la hora había llegado.
—Tenemos que tomar responsabilidad—, repetí más para mí que para él—, Seremos buenos padres… Espero que así sea. Por ello tenemos que hacerlo.
—Tomo responsabilidad. Solo, ¿Por qué mudarnos? —indaga, sus cejas se fruncen levemente, para después acercarse un poco hacía mí—¿Qué acaso no te gusta el departamento?
—El departamento es lindo—me encogí de hombros para después alzar las cejas—Es la ciudad. ¿Te has dado cuenta que eres parte de un bando? ¿Qué la ciudad te obedece, pero hay personas que te quieren muerto?
—Princesita…
—Quiero que mis hijos se encuentren a salvo—sollozo mientras el intenta tranquilizarme—Quiero estar a salvo...
—Julieta…
—Se que amas lo que haces. Pero yo amo a estos niños que vienen dentro de mí. No los pondré en peligro, ¡Solo porque te niegas desechar tus años dorados!
Eso no salió como esperaba...
—No se trata de mis años dorados, si no…—se mantiene callado para después hacer una mueca demasiado pequeña—Olvídalo… Sólo… Tienes tu cafetería, ¿La venderás?
—Solo en lo que doy a luz—, Cerré la cortina para después hacer una ligera mueca—No quiero más peligro en mi vida.
—¿Pero si quieres seguir conmigo?
—Obviamente Uriel.
Le di una leve sonrisa para después caminar en dirección del baño, sabía que las cosas que transitaban en las cosas de nuestra familia se habían expandido, saqué mi celular, buscando aquel mensaje que había recibido.
» Desconocido: Tic tac, nuevamente. Mueren los cinco y después tus bebés... Quizá te salven, tienes una nueva oportunidad… «
Fruncí las cejas un poco confundida, ¿Por qué no podía ser directa? No había entendido con claridad lo que querían decir.
Lo más sorpréndete del día de hoy habían sido los sobres, podía notar como ella les abría frente a mí, mientras sonreía un poco de oreja a oreja, misma sonrisa que decayó cuando miro que en el sobre de salvado había colocado el nombre de la chica embarazada.
—Katherine puso a Julieta en salvación por sus bebés—, le dice mientras deja los sobres en su margen de visión—, A pesar de saber que fue por ella que le encontramos, que estuvo ahí y que por ello le sucedió todo eso...
Es decir, sonaba más que sorprendente, no era noticia nueva de que muchas cosas hubieran sido evitadas si Julieta hubiera soltado a Uriel en el tiempo que debió, los cinco eran la fase final del primer plan, pero… Juls simplemente se negó a soltar algo que apenas y conocía, introduciendo a toda su familia en ello por un poco de amor de alguien externo. Sonaba ridículo. Lo era en realidad.
Otra cosa que resultaba más que sorprendente era que no se encontraba ahí el nombre de Katherine, ¿Cómo es que había desaprovechado la oportunidad de salir en libertad ante ese juego? Seguramente si le hubiera enviado los sobres a alguien más, las cosas serían diferentes. Era asqueante saber que ella no podía ponerse nunca en primer lugar ¡Debía ver por su bien alguna vez!
A ambas les parecía sorprendente que quien se encontraba en el sobre del jugador salvado no fuera Katherine, es decir... Después de todo lo que habían pasado, lo que le habían hecho. Se esperaba que fuera así.
—Aún si quisiera negarlo, Katherine es dulce, era obvio que haría algo como eso—, toma los sobres—, ¿Has mirado ya a quien quiso eliminar?
Saco la fotografía, mirando con sorpresa mostrándosela a ella.
Esto fue la gota que derramo el vaso, en cierta parte sentían que habían hecho sufrir a la menor de las Morgan ya demasiado. Creían que era momento de darle una oportunidad de salir… Es decir, después del secuestro que se salió de control, los golpes, sus padres muertos…
A ambas les parecía algo bueno, creían que estaban haciendo la buena acción del día, pero… Katherine hizo algo que ellas no esperaban. Lo arruino.
—Lo hizo...
Me quedé callada mientras que una mueca se hizo presente en mis labios, comencé a golpear el celular levemente en el lavabo para después sentir como vibraba nuevamente mi celular, con un poco de miedo desbloqueo el celular encontrando otro mensaje del querido desconocido. Sin embargo, he de admitir que este si me sorprendió.
Desconocido: ¡En hora buena! Has sido salvada por Katherine, habrá un par de boletos de avión para Rosewood, pueblo pequeño. Seguro. Es tu única oportunidad para escapar del juego.
Katherine, eres más buena que el pan… ¿Cómo era que ella me había seleccionado para que yo fuera libre?
Por un par de segundos me quede imaginando si lo mejor sería irme de aquí, hace un par de minutos me parecía la mejor idea, no quería que las cosas fueran porque ellos querían, las cosas eran por mi decisión, no a base de ellos.
Sin embargo, tenía en mente una cosa, a quien debía de tener a salvo eran a mis niños. Salí del baño en dirección de Uriel para después hacer una nueva,
Rosewood, ahí vivía una prima, podía hacerlo.
—Tenemos que hablar—, espete con una pequeña mueca—, Me iré un par de días a pensar, antes de dar a luz.
—¿Cuánto tiempo?
—De aquí a lo que doy a luz, te llamo en la semana que tengo anotado mi parto—, pedí a lo que el paso sus manos en mi rostro—, Por seguridad de los bebés, no quiero que les pase nada.
—¿Crees que sea lo mejor? —, pregunta, podía notar que su esperanza iba a que respondiera que no.
—No lo sé, quizá para mí no—, exclame con una mueca—, Pero para los niños si, Uriel no podemos pensar en lo que es mejor para nosotros, no somos ya solo tú y yo, tenemos bebés.
—Tienes razón... Me iré contigo.
—Puedes quedarte, son familia para ti los chicos...
—Princesita...
—Saldremos adelante, lo prometo.
Asentí para después mirar hacia Uriel, sus ojos castaños y la mirada cansada, todos habíamos tenido un par de pequeños—pero muy notorios—, cambió entre nosotros,
parecíamos ser personas diferentes, aquellas que habían dejado que el dolor corriera por la piel.
—Princesita—, me llama tomando mi rostro entre sus manos—, Quiero decirte algo.
Le miré a sus ojos sintiendo como mi corazón latía con fuerza, solía lograr que me
sintiera como una adolescente aún pasara el tiempo, me sentía así, llena de hormonas. Llena de sentimientos cursis.
—He hecho muchas cosas de las cuales no estaré orgulloso, pero desde que empezamos a estar juntos he cambiado las cosas, yo creía que era mala persona o que estaba destinado a serlo, pero te conocí y se... Que las cosas serán diferentes con los niños, seré buen padre. No planeaba hacerlo ahora...
Veo como se arrodilla mientras que saca una caja de su chaqueta la abre y veo un anillo de compromiso. ¡Ay dios mío!
Dicen que te enamoras de los opuestos, ellos eran opuestos la bondad y la maldad plasmada entre líneas, ellos podían ser el plan perfecto del amor de cuento, como la historia perdida de un barco en deriva. Julieta y Uriel, ¿Quién no quisiera una relación así?
—Antes de ti no imaginaba mi vida así. No creía que encontraría a alguien que me mostrará lo bonito de la vida—me dice, sus ojos parecían sinceros. Pero más que nada... Felices—, Princesita. Eres lo mejor que me ha pasado, sé que la vida es complicada, pero contigo eso se va. Se que contigo no necesitaré más, quiero hacer mi vida a tu lado—, Pausa unos segundos, para darme una delicada y pequeña sonrisa, sentí como mi corazón latía con rapidez, tal cual la primera vez que estuvimos juntos—Quiero despertar a tu lado siempre, preciosa ¿Te quieres casar conmigo?
Sentí mi corazón latiendo con fuerza y mis ojos llenarse de pequeñas lágrimas, esto era muy grande para mí.
Y aún podía recordar lo que nos trajo aquí, lo que comenzó todo.
Flashback:
Después de intentar convencerlo—por lo que fue un gran tiempo—, logre vendar sus ojos y subirlo al coche. Habían pasado unos meses, meses largos en los que yo me había podido dar cuenta que uno de los sentimientos más bonitos que puedes llegar a tener, es en este lugar, con las personas adecuadas en el momento justo. Era hermoso saber que después de tanto luchar, de tanto insistir, y de tanto pedir, por fin habías logrado conseguir toda esa felicidad que creías merecer.
Conoces el cliché y dices que es una estupidez que no tiene sentido, pero llega, en mi caso después de burlas de
Cam, Drey, Danik, Gisela, Kathy y los cuatro de cinco chicos encontré el cliché y la vida perfecta que dicen que tienen las chicas de los libros.
Aunque yo no fuera una de ellas.
Me estacionó y lo ayudó a bajar, sonrió y me detengo delante de él.
—¿Recuerdas que había ansiado desde que nos
conocimos? —alargue en una pregunta, balanceándome de adelante había atrás sobre mis pies.
—¿Ser mamá? —Se burla y sonrío haciendo un sonido negativo—Uh, ¿Una cafetería no?
—Así es queridísimo Uriel—, Reí—Que listo.
—Te puedo ayudar—, Insiste. — Es algo que quieres.
—¿Hoy de quién es cumpleaños? —, Indague haciéndome la desentendida.
Podía ver cómo se había instalado automáticamente una sonrisa en su rostro y me tomó de la mano—, No sé, hay muchas personas en el mundo que cumplen años hoy.
Asiento riendo y le miró, aunque no me ve.
—¡Acertaste listillo!
Suelta una carcajada y hace una mueca. —No entiendo qué hago con los ojos vendados.
—Ven—, Susurré aun tomada de su mano—, Resulta que como es tu cumpleaños te preparé unos cuantos dulces.
—Tan linda princesita—, Sonríe—, Deja me quito la venda...
—¡Espera! —, Murmuró abriendo la puerta de mi
nueva cafetería—, Camina junto conmigo.
Él asiente y caminamos al compás, apenas entramos siento la emoción correr por mis venas. Había tanto esfuerzo detrás de esto que me sentía plenamente feliz.
—Huele rico—, Ríe—Te esmeraste princesita.
—Algo—, Murmuré por lo bajo—, Te lo quitas a la de tres.
Lo digo y lo suelto poniéndome junto a todos los postres que hice.
—Una... Dos... Tres.
Se quita la venda y mira a su alrededor y me mira con una enorme sonrisa, antes de que reaccione me tomó de la cintura y me alza con una enorme sonrisa aún en su rostro, sus labios hacen contacto con los míos me sentía tan malditamente feliz que parecía irreal.
—Hay otra sorpresita—, Reí nerviosa. —Solo
que esta no sé si dársela hoy o mañana.
—Tal cual quieras princesa—, Ríe.
—Ya no eres niño malo—, Me burle.
Me besa en la sien y me abraza con fuerza,
parecía estar tan mas malditamente cómodo como yo, me sentía en la punta de la cima.
—Qué te parece si me la das en la noche
cariño—Ríe.
— Bien—, Sonreí.
***
—Ya le dijiste, ¿Verdad? —, Indaga Drey y niego poniendo frituras en el bol.
—Le diré en un rato cuando esté abriendo los regalos.
—¿Soy la única que sabe? —, Pregunta y asiento. —Oh sí bebés.
Ruedo los ojos y pongo las frituras en la mesa.
Se escucha el timbre y miro a Drew para después ir a abrir la puerta donde se encuentran cuatro de cinco chicos malos.
—¡Llegamos! —, Gritó Caleb.
—Si no lo gritas no nos damos cuenta—Rueda
los ojos Drey —Gracias genio.
—¿Y Kathy? —, Pregunte al no verla con ellos.
—Con Gilberto procreando—Juro que apenas
salieron las palabras de la boca de Gael pude sentir como me ahogaba junto con Gisela y Guillermo.
—Mi prima es menor de edad—Amenace.
—No es algo que ella no quiera—Le siguió
Caleb—Es juego, vienen subiendo.
Bien podría decir que sus juegos son demasiado pesados y en veces me preocupaba que Kathy se llevará tan bien con los cinco malos, ya que eran más grandes que ella como por cinco años, sin embargo, ella parece feliz.
—Qué bonita bolsa—Sonríe Caleb. —Apuesto
cien a que es...—
—Shhh.—Le dice Drey lanzándose a él. —Es de
mala educación adivinar.
Y mentir.
—Hoy todos hablan mucho, ¿No creen? — Se queja
Uriel.
—Perdón por la demora, me persiguió un
perro durante una cuadra. —farfulla Kathy entrando. —Y este idiota en vez de ayudar se burló.
Me río y veo la mueca de Kathy, sabía
perfectamente el miedo que le causaban los perros.
—¿Podrías abrir los regalos de ya? —Pregunta
Kathy sorprendiéndome. — Lo que tengo aquí no durará más de media hora.
Siento mis piernas helarse, ¿Ya?
—Bien. —asiente Uriel. —¿Qué opinas
princesita?
—Por mí está bien—mentí.
Sentía mil nervios en el estómago, ella le
da la caja con sumo cuidado advirtiéndole que no es demasiado frágil.
Le quita la tapa y puedo ver como una
cabecita se asoma viendo a un Golden, era apenas un cachorro, pude ver como Uriel comenzaba a jugar con él con una sonrisa.
—¿Se dieron cuenta que ya no es un chico
malo? —Se burló Caleb, reí junto con las chicas y los chicos.
—Cállate. —Amenaza y mira a Kathy. —Gracias enana.
Ella sonríe y asiente, a ella le había
hecho tanto bien estar aquí, donde tenía a estos idiotas que la trataban como hermana.
—¡Vas Juls! —grita feliz Drey, la miró queriéndola matar y Uriel sonríe.
—Son tres cajas, tú decides cual primero.
La mira lo que le pongo enfrente y asiente.
Toma primero la más grande que es una botella de su bebida favorita, la segunda era un reloj, (estaba en mi época pobre) y el último apenas lo abre me mira confundido.
—No creó que le quede—, Dice Gael confundido
al ver la ropita de bebé.
—¿¡Estás embarazada!?—Gritan al unísono Gilberto, Guillermo, Gisela y Kathy.
Uriel me mira aun en estado de shock y luego a la ropita, me ponía más nerviosa a cada segundo. Se levanta y grita feliz.
—¡Seré papá!
Su emoción junto con los gritos felices de
todos reinaron el lugar y si, era sumamente feliz.
***
Las salas de un hospital no eran bonitas, no tenían nada que las hiciera especiales. Apestaban a medicina y los doctores te miraban sin una pizca de amabilidad.
Lo único que hacía a este lugar menos
horrible era Julieta, quien estaba recostada en la camilla tocando su vientre
con una sonrisa. Ella tenía tres meses y ambos queríamos saber si era niño o
niña.
—¿Su primer bebé? — pregunta el doctor
agitando una botella, Juls asiente y sonríe.
—Sí, el primero.
— Fantástico—, murmura para después colocar
el líquido en su abdomen, acerca un aparato y lo pone sobre él, lo mueve en ella hasta que parece encontrar lo que quiere, frunce las cejas cuando comienza a escucharse el latido del corazón, latía demasiado rápido.
La cara de Juls fue todo un desastre, comenzaba a atenerse a malas noticias.
—No será...— Susurra y comienza a mover lo más—, Felicidades, son gemelos.
Ahí sentí mil emociones correr dentro de
mí, no tendría un hijo si no dos.
Juls tenía los ojos abiertos a par y
recargó su cabeza en la almohada.
—Dos. —susurró—, Tendremos dos.
—Bien...— dice el doctor y continúa pasando el aparato. —Sólo podemos ver que una es niña, quizás ambas lo sean.
—Te dije mil veces que estabas enamorado
de ella—me regaña Gilberto a través del teléfono.
—Di algo que no sepa. —murmuró molesto.
—Destruyeron su departamento una vez más,
su gato está en mi casa y Gael y Guillermo están arreglando todo.
Frunzo las cejas y me tallo las sienes, miró hacia ella quien está sentada en el balcón leyendo.
—Nos involucrarnos de más.
Jamás en toda mi vida había sentido que la
tenía y en ratos no, que podía destruirla como una figura de legos y reconstruirla a mi antojo. Y no me gustaba.
Me adentro en el departamento y la miró
viendo el techo con los ojos llorosos. Me acerco a ella quien apenas me mira se limpia el rostro.
— ¿Que tienes princesita? —susurré arrodillándose frente a ella.
— Yo...
—Princesita.
—Me da pánico, no me sentía preparada para uno y ahora son dos, ¿Y si soy mala madre?
—Serás la mejor mamá y la más bonita.
Ella ríe y niega para después abrazarme—Te
quiero.
La abrazó también y le dejó un beso en la
mejilla. —Te amo.
Fin del flashback:
Asentí emocionada, mientras le abracé con las emociones superando mi cuerpo, esto era demasiado feliz, la segunda buena noticia que tenía en un año, las emociones recorrían mi cuerpo con frenesí, con demasiado que decir, me aferré a él mientras que una sonrisa gigante se plantaba en mis labios, estaba más que emocionada, extasiada de que las cosas fueran así.
—¡Claro que quiero! ¡Sí!¡Sí!¡Sí!
—Princesita, eres la persona más especial que exista, te amo demasiado... Y se que lo haré para toda la vida.
Le besé, con emociones fuertes dentro de mí, el me regreso el beso al instante, pasando sus manos por detrás de mi cabeza, se separó y me sonrió.
—Seré mejor. Por ustedes... Y me iré del bando cuanto esto termine.