» Cursiva, narración recuerdos de Grace«
Nada sale como esperamos. Debía de haber recordado esas palabras cuando llegue a la estación de policías y la idea más brillante era provocarme un desmayo, me había lastimado un poco, junto que la cabeza estaba por explotar debido al dolor que sentía al haber sido impactada en el suelo. Nada de lo que había hecho resultaba ser brillante, si no... Patético.
Movía la cuchara dentro de mi café en círculos, el humo salía ante este movimiento, mientras que esperaba que algo aquí fuera un poco... Diferente. Solo un poco.
—Kathy—, llamo Grace. Para después dejar las llaves sobre la mesa y pasarlas en mi dirección—, No podré conducir de regreso—,confesó mirando hacia su vaso de vidrio—, Lo intenté, pero de verdad, no puedo.
—Creí que te llenaba de alegría y adrenalina—se burlo Olivia, moviendo su mano de modo exagerado—, ¿Qué sucedió? ¿Se apago tu sed de aventura?
—Me gusta manejar... Pero, me duele la herida al conducir, quizá sea del modo en que me muevo, no se—, confesó jugando con su vaso—, En serio, lo siento.
—Debiste decirlo antes Grace. Tienes que mejorar, no empeorar—,le recriminó.
No importaba lo mucho que doliera. Había conducido hasta acá solo para esperar a que el dolor de mi cabeza disminuyera. Grace se miraba demasiado desesperada en hacer el bien. Que terminaba lastimando se a ella.
—Así que, tienes 19 años—, mencione mirando a Liv, ella asintió—Y no sabes conducir.
—No es la gran cosa Katherine—Menciona entre dientes, mirando hacia mi—Hay muchas chicas de esta edad que no saben conducir.
—Dilo hasta que tu te lo creas—Se burla Grace comiendo una cucharada de helado—, Seguro lo logras.
Quise ocultar la sonrisa burlona que llego a mis labios, más no lo logré, el sarcasmo de Grace me fascinaba. Su personalidad en general.
—¡Vamos Liv! ¡Tienes 19 años!—exclame tomando de mi café—, ¿Cómo es que no sabes conducir?—Apenas pregunte fruncí las cejas—, Es lo que todos los adolescentes esperan al cumplir 17.
—Sabía conducir, pero... No lo sé... Lo olvidé.
—Si lo necesitará—, interrumpe Grace—, Shawn o Kyara conducen por ella. Así que no necesita aprender—Da por finalizado. Juega con su cuchara hasta que su rostro se contrajo un poco—, Después de lo que encontré... Iremos ahora a casa de Paulina, ¿No es así?
No había pensado mucho en ello, era una idea buena para saber un poco más—de labios de alguien que conociera la historia desde el inicio-,pero también podía salir mal. Nada nos aseguraba que ella nos dijera la verdad o que podría no salir en un malentendido. Claudia era bastante inestable, ¿Qué aseguraba que Paulina no fuera así? Las cosas podían salirse de control, siempre se salían de control.
—No lo sé—, alargue mirándola. Al final a ellas era quienes les afectaría si no salían bien las cosas—, ¿Quieren hacerlo?
—Podría salir mal—, menciono Olivia. Sus manos tomaron su taza para después apartar la mirada de Grace—, Además. Es de noche, seguramente no nos abrirá.
Grace frunció la nariz, susurrando entre dientes algo que no logre escuchar. Parecía que no le parecía lo que habíamos dicho, apretó la cuchara con fuerza para después sonreír levemente.
—Quieren respuestas, ella nos las puede dar.
—Es arriesgado... En su arresto, ¿Tenía el nombre que te comenté?
—No, aquí está arrestada como Paulina Estrada. Esta cumpliendo su condena—aclaro jugando con sus manos—, Y se que no nos abrirá en este momento. Se encuentra trabajando.
Mire hacia ella, parecía estar tan segura de que era un buen plan, confiaba en ella. En que sus planes siempre salían bien, por ello llegó tan lejos. Mi mirada se pasó a Olivia, quien parecía estar meditando lo que sería correcto decir y lo que en realidad quería decir.
—Tenemos que ir—solté mirando a Liv, ella frunció las cejas. Parecía tener la misma opinión, más no querer decirla—¿Quieres hacerlo?
—No—, admitió tomando su chaqueta—Pero tenemos que hacerlo.
—Esta decidido.
—Creí...
—Yo, en realidad soy consiente de lo horrible que será—, interrumpió Grace—, Hay cosas que no se pueden evitar.
Las tres nos levantamos, con nuestras chaquetas. Deje un par de billetes en la mesa para después salir de ahí, las tres salimos del local, Grace delante de nosotros. Admiraba su valentía, tenía miedo, más siempre daba todo de ella a pesar de eso, no se rendía. A pesar de estar inundada en el miedo.
No mentiría que la curiosidad había llegado a mi, el poder obtener respuestas sobre todo, era algo que me había llenado estos últimos meses, en realidad añoraba algo como esto... Más sabia, que con todo esto, podría ser que ellas fueran las que salieran lastimadas, si esperaban demasiado, si esperaban si quiera un poco más, podrían salir lastimadas.
Subí al asiento del conductor, no podía anotar la dirección en el GPS, No quería levantar sospechas, así que... Grace y su computadora mágica nos estaban guiando a la casa de Paulina. No siempre eran las cosas claras, eso era lo único que tenía tan presente como fuera posible. Podía notarlo desde el momento en que sentí que las cosas no funcionaban para mí. Pero debía encontrar un modo para salir de ello, a pesar de no saber si quiera un poco.
El camino por un par de minutos fue demasiado callado, solo leves palabras de Grace diciendo en donde girar o donde no. De ahí en más el auto era un campo de silencio. Aplane mis labios, mientras que mi corazón latía con demasiada fuerza para ser verdad. Esto era mucho que asimilar para mi.
—No parece que sea un camino muy corto—, espete rompiendo el silencio. Note como ellas negaron. Sin embargo los ojos de Grace no se apartaban por un segundo ni de su laptop o del celular—¿Qué estás investigando Grace?
Aclaro su garganta, para después mirar hacía acá, parecía nerviosa, quizá... ¿Decepcionada?
—Nada importante—suelta. Para después carraspear—, Bueno, quizá si. Una historia que escuche alguna vez. Tenía el nombre que me dio Olivia—Deja su celular en el asiento para acercarse a mi—, Se que la he escuchado antes pero... No logro recordar de donde.
Lisa Porter. Pensé.
—Ya... —alargue, para después mirar por el espejo en su dirección—, Sobre una chica que escapo de una institución mental, ¿cierto? La noche de Halloween—pregunté. Sabía que hablaba de esa historia. Inclusive podría apostarle—Llegue a escucharle antes también. Sin embargo, no es solo una tonta historia del día de brujas, ¿Verdad?
—Una historia muy popular... Que cuentan las niñeras el día de Halloween—alargo en un susurro, para después mirar hacia mi nuevamente—Si, lo sé. Ella mato a varias personas con una máscara del día de brujas—Frunció un poco las cejas, confundida—, ¿Tu lo sabías?
¿Qué había una posibilidad de que quien estuviera detrás fuera Paulina? Si, Saith tenía demasiadas teorías locas acerca de todo lo que estaba pasando, teorías que al parecer estaban más que en lo cierto. Por un segundo quise no mirarle, no podía imaginar todo lo que ella estaba sintiendo, todo lo que podría pensar acerca de esto, el modo en que quizá le dolería.
—Todos conocen la historia Grace—, Olivia toma la mano de ella, mientras que le da una leve sonrisa—, Deberías tranquilizarte.
—Si, es una historia conocida en California...
—No tan conocida en realidad—, soltó más para ella que para nosotras—, Entonces, ¿Desde cuando la relacionaste con Paulina?
—No, no lo hice—, mentí antes de pensar. Mierda—, Debes relajarte Grace, no todo tiene que ser malo.
¿Qué sería lo que ella pensaría? ¿El modo en que las cosas sucedieran así? No quería mirarle, o no podría pensarlo por un par de segundos más, seguro para ella sería difícil pensar en todo esto, seguro el como de sentía era la mismísima y jodida mierda.
» No es de un día a otro que despiertas y te das cuenta que quieres ser un villano. Son días largos los que te llevan al desastre, son días largos de sufrimiento, días largos donde los pensamientos reinan en tu cabeza y días largos donde te preguntas cuando terminará el desastre.
Son cosas pequeñas, cosas con las que comienzas para tener que llegar al desastre, yo lo hice así...
Después todo empeoró, se convirtió en una especie de adicción y no sabía como detenerle, como saber que esto debía de parar, solo me asfixiaba tomándome del cuello, le di el poder, a la parte mala dentro de mi cuerpo que creía en ello, le di el poder y ahora estaba perdida, no sabía como dejar de sentirme así.
No sabía cómo hacer que se detuviera ni por un solo segundo.
"Grace Hastings ha ganado el concurso internacional de robótica. Sería un honor esperarla dos años en la Universidad, podríamos adelantarla a la Universidad, su conocimiento es todo lo que está institución busca".
Repetí la cinta, una y otra vez recostada en mi cama, escuchaba el sonido de la cinta atrasar y luego regresar. Una y otra vez.
Las universidades me querían, mis maestros estaban más que orgullosos de todo lo que yo había llegado a lograr. Fui recibía por la escuela con vitoreos y sonrisas, puesto que al yo ser parte de esa escuela ponía en alto la preparatoria Watson. No era difícil de entender, mucho del material nuevo, las oportunidades y el modo en que la escuela tenía más presupuesto era por parte de mi esfuerzo.
Había pancartas en lo alto, chiflidos y el director felicitando a mi por mi esfuerzo.
Tan poco era tan difícil de entender que todas las personas se alegraban por mi, por todo lo que yo había logrado, excepto él, y es algo que no podía entender... ¿Por qué él no podía alegrarse por mi?
Detuve la cinta, para tomar entre mis dedos esta, cerré los ojos soltando un suspiro pesado, escuché sus pasos bajando las escaleras, uno a uno, me levante de cama caminando a mi closet. Saqué la tabla floja del suelo para ingresar el dinero del premio en la maleta junto con la cinta.
Él no se había molestado en ir a la competencia, a pesar de que le deje una nota en el refrigerador, en su billetera y le pedí a la abuela que le recordará. A pesar de que sucedió, jamás llegó.
Tome una bocanada de aire para salir de mi habitación. Esto era un desastre«
—Creo que no sabía que era una historia tan popular—, solo por lo bajo sin dejar de mirar la computadora—, ¿Ambas la conocían?
—No le des importancia—. Le reste importancia para después mirar por el espejo—Es una historia de Halloween, seguro la mitad de lo que cuentan es inventado.
—Sí Grace. Dani la usaba conmigo para asustarme—Le sonrió Olivia—, Además sabemos que Paulina no era del todo sensata.
—Es un poco parecida a mí—, susurró más para ella—,Liv, ¿Has tenido noticias de Gia? Llamo su número más nunca contesta.
—Seguro esta estudiando, tranquila—, le solté—,Seguro te regresa la llamada un día de estos.
—Si Grace. Estará todo bien—Pauso por un par de segundos. Para después girarse hacia ella—¿Has llamado a tu papá? Me mandó un mensaje, parece preocupado.
—El nunca se preocupa por nada.
» En varias ocasiones intente que mis pensamientos no me ahogaran, es difícil cuando el agua es profunda.
Intentaba ser buena, con mis reconocimientos, mis medallas, mis diplomas, los trofeos yo era perfección ka ha a morir y con calificaciones impecables, podía impresionar a cualquier persona a excepción de mi papá.
Todo por querer impresionar a alguien que nunca estaba presente ni preocupada por mí.
Desde el segundo uno que entrabas a esta casa podías notar mis medallas, los trofeos y aquellos reconocimientos enmarcados en las paredes blancas. Brillaban y relucian. Eso me hacía sentir tan satisfecha, tan feliz conmigo misma. Primeros lugares en concursos internacionales, ofrecimientos de becas para la universidad que a mi se me antojará, espacios para estudiar cualquier materia curricular y extracurricular, todo lo que yo quisiera.
Tenía todo, menos atención, cariño, amor.
Fingía que no me interesaba.
Soy Grace Hastings, perfeccionista. No pierdo jamás.
Sabía todo, no había límite conmigo, cada tema comenzaba a investigar de cualquier tema, la tecnología, los celulares, quería irrumpir en los celulares de las personas que me rodeaban. Tenía que alguien hablara mal de mi, que me ocultaran algo. Tenía ser la burla de las personas. Ir siempre un paso adelante.
Me senté frente a mi papá, presionando mis uñas en las palmas de mis manos, incrustado estas con demasiada fuerza, el tenía su computadora frente a él en un correo que estaba leyendo con tranquilidad dios sabe que, no me prestaba atención, no hablaba ni me decía algo si quiera por estar frente a él. Así era él.
Seguí presionando con fuerza, mientras la bilis recorría mi garganta. Seguramente si quiera se había dado cuenta que había perforado mi oreja, ni que en su tarjeta había un gasto de un tatuaje.
Amanda quería tatuarse, le dije que me diera el dinero y yo pagaría con mi tarjeta. Quería que me regañara, que me reprendiera por ser rebelde, pero no importaba lo mucho que me esforzará si quiera parecía tomarle ni un poco de interés.
Solo quería que fuera un padre para mí, ¿Era tan difícil?
Solo intentaba llamar su atención.
—Papá—mencioné con cautela, más no me miró—Papá.
—Grace—Habló con desdén. Sin mirarme—¿Sucede algo?
—Te estuve esperando—mencioné frunciendo las cejas. Mientras que presionaba con más fuerza mi palma, el dolor recorría más no me importaba.
—¿Esperando? ¿De que hablas Grace?—cerró su computadora, tomando su puente de la nariz con desesperación—Ve al gano hija. Estoy ocupado.
—Siempre lo estás—Aclaré mi garganta, presionando aún más fuerte—, ¿No leíste los mensajes? ¿La nota? Te llamo la abuela...
—No, no se de que hablas Grace.
—Yo gane el primer lugar en el concurso internacional de robótica—Le informe mirando sus ojos—, Prometiste ir...
—¿Cuál concurso Grace?—Se quita sus lentes. Para después dejarlo sobre la mesa—¿Competiste?
—Yo te invite a ir papá—, sentí mi voz quebrarse, la presión de mis uñas me lastima, más no me detenía—Te recordé tantas veces. Fui la mejor.
La había sido, había hecho las cosas con tanto esfuerzo, con tanta dedicación. Recordaba lo poco que había dormido con tal de poder poner orgulloso a mi padre, pero como todo lo demás era un intento en vano porque si quiera lo había notado.
Entre busco en su cartera, para sacar aquella tarjeta que me daba cuando le decía cosas parecidas, recordaba que al principio si gastaba, compraba cosas que parecieran importantes, libros y demás. Pero después de un tiempo le había perdido el interés. Había dejado de tener ánimos de recibir cualquier cosa por parte de él.
—Felicidades—, menciona. Pasando la tarjeta por la mesa en mi dirección—, Toma, compra lo que tu quieras.
Mire la tarjeta, para tomar una bocanada de aire, temía que me rechazara. Pero... En realidad lo quería.
—Crees... ¿Crees que podamos ir a comer?—, pregunté esperanzada—, Juntos... Hace un tiempo que no salimos.
Mis esperanzas crecieron cuando una leve sonrisa se poso en sus labios, misma sonrisa que se desvaneció cuando una notificación llegó a su celular y mi esperanza cayó al suelo en picada. Como nunca.
—¡Sí! ¡Tengo noticias en la policía Grace! ¡Sobre tus hermanas!—se levanta con emoción, para después guardar sus cosas—Lo siento cielo, será después.
Se fue con demasiada rapidez, como si estar conmigo fuera como estar en el infierno, sintiendo el fuego. Baje la mirada hacia mis palmas notando como un poco de sangre salía de ellas al haberme lastimado con las uñas.
Saqué del bolsillo de mi sudadera la medalla, aquella que enmarcaba el primer lugar en oro, la sujete con fuerza para con la misma tirarla hacia la ventana escuchando como los pedazos de vidrio caían por el suelo, uno a uno.
—Jódete«.
Mire hacia ella, por el espejo retrovisor esperando que su mirada fuera más tranquila, lo era pero sus manos estaban presionando con fuerza, dejando ver sus nudillos blancos marcados ante esta, tenía que se terminará por hacer daño, más no creía que hubiera mucho que hacer por ella. Así se sentiría después de demasiado tiempo, no importaba el como avanzará, el como intentará, seguramente para ella siempre sería el mismo desastre tocando a su puerta una y otra vez.
—Entonces, Grace—Llame mirando hacia ella—, ¿Cuándo será tu graduación?
Lo que intentaba era apaciguar todo, que el tema de Paulina por un par de segundos, ella causaba tantas cosas en un par de segundos, sin si quiera estar lo suficientemente cerca. Su presencia era tan notoria, tan fuerte. Causaba tanto sin estar aquí...
Ella me miró solo por cuestión de segundos, tan pocos que apenas se sintió o pude darme cuenta que lo estaba haciendo, ella se limito a encogerse de hombros. Cerró su computadora para después mirar su celular con demasiada atención. En realidad no podía imaginar que era lo que había vivido durante todo este tiempo, que era lo que había vivido para llegar a todo esto, para ser la villana de una historia mal contada.
Podía sentir la presión cayendo en sus manos y su mirada esquivar cualquier tema de conversación que tuviera que ver con Paulina o su pasado, no dejaba salir el tema por completo haciendo que ella solo fuera un fragmento de historia. Al darme cuenta que no hablaría, encendí la radio, el silencio me estaba consumiendo de un modo brutal.
» Tenía las esperanzas altas para el día de hoy, no mentiría que eran más que el año pasado puesto que escuché a la abuela llamarle, recordándole que hoy cumplía años. Que tenía que recordarlo porque era una fecha especial.
Tomé mi mochila, para bajar con pasos apresurados hacia la cocina, donde se encontraba papá leyendo el periódico en sumo silencio. Una sonrisa de oreja a oreja estaba en mi rostro mientras que me balanceaba hacía adelante y atrás sobre mis pies. Le sonreí con diversión al ver como bajaba su periódico y me miraba a detalle.
—Buenos días—, canturreo con emoción sentándome frente a él, espere un par de segundos, más solo me saludo—Uhm... Papá, ¿No hay nada que quieras decirme el día de hoy?
Mi pregunta había salido con demasiada emoción, más de la que tenía planeada a ser honesta. El solo negó, con una mueca. Como si mi emoción le causará una leve incomodidad.
—¿Tienes alguna competencia el día de hoy?—curiosea. Negué a lo que el hizo una mueca un poco más marcada—, Entonces... Creo que no, no hay nada que tenga que decirte. Espero tengas un buen día en la escuela cielo.
Mi sonrisa se esfumó, para asentir después. Me levante de la silla haciendo que el chirrido se escuchara por toda la habitación.
—¿No desayunaras?
Quería hacerlo en realidad, ansiaba que por fin un día pudiéramos desayunar juntos, tener un solo momento con el, porque no tenía nada de eso. Nada.
—En realidad... No tengo nada de hambre—solté—Ten un buen día.
Con la tristeza recorriendo mi cuerpo salí de casa.
Lo olvido «.
—¿Querrás ir a festejar tu cumpleaños?—pregunto Liv. Girando su cuerpo hacía ella—, Serás mayor de edad, podemos ir a un club.
—No lo creo. No es algo que yo quisiera hacer—, confesó a lo que arqueo las cejas—No es lo mío.
—Podrías intentarlo. Hay un restaurante muy lindo en las afueras, un poco de alcohol, música. ¿Suena mejor?
—No me gusta mi cumpleaños. Así que no quiero hacer nada—, soltó dejando su celular en el asiento—Y espero no le digan a nadie. De verdad quiero no hacer nada.
—¿Un pastel?
—Nada Kathy, no quiero festejarlo.
» Desde siempre recordaba que mis cumpleaños eran asquerosos, entre más avanzaba el tiempo las decepciones no eran tan fuertes, o quizá estaba acostumbrada a que tarde o temprano todos me fallarían. Había aprendido que la esperanza era de crédulos, yo me había cansado de creer y que al final terminará demasiado lastimada como para seguir intentando. Así que... Simplemente hoy me di cuenta que debía de alejarme de esto.
Dejar de tener esperanza, dejar de tener fé. La tuve hoy y no fue la excepción... Me lastimó.
El camino a la preparatoria era pesado, no tenía amigos ni alguien que se preocupara por mi bienestar o que todo esto saliera bien. Que mi cumpleaños fuera una fecha especial. Sabía... Que tarde o temprano esto fallaría. Como todo lo demás.
Así que caminé con frustración a la escuela, con un paso más pesado que el anterior, las personas transitaban a mis lados, como si hoy no fuera algo especial, lo era para mi, pero al final del día nadie estaba para mí, a nadie le importaba lo que sucedía fuera de su burbuja de perfección y popularidad.
Apenas entre a la escuela solo pude llegar a confirmarlo. Dentro, yo no existía, nadie me miraba. A excepción de cuando regresaba de los concursos, ahí todos sabían mi nombre—seguramente gracias a algún comentario del director—, de ahí en más. Mi vida popular se basaba en una pulsera con letras cursivas nerd, yo no existía en este campo, y era la misma sensación que me daba el estar en casa.
—¡Gia! ¡Hola! —escuche a mi lado. Mire por sobre mi hombro como Olivia abrazaba a Gia—, ¡Buenos días preciosa! ¿Qué tal tu fin de semana?
La ira recorrió mi cuerpo con frenesí, les mire con un poco de recelo para terminar azotando la puerta de mi casillero, estaba molesta ¡tenía el derecho! ¡Estaba en todo mi derecho! Ellas se tenían entre sí, a pesar de lo maldita que era Gia, ¿Por qué yo no? ¡Merecía tener el mismo cariño! Pero... A ninguna le parecía interesar que podrían tener una hermana más, nadie había algo para estar en su búsqueda.
—Jodido genio se cargan algunas personas—, escuche a Gia, miré en su dirección notando como me miraba con desprecio, rodé los ojos saliendo de su campo de visión—, Que desagradable.
—Ignorala. Ser la chic genio a de ser un martirio—dijo por lo bajo Olivia—A mi me pondría de mal genio tener tantas cosas en la cabeza.
—Para ese carácter... Que flojera.
No mentiré diciendo que no quería girarme y estrellar mi puño en su rostro con fuerza, más... Habían dos problemáticas al hacer eso, la primera sería el hecho de que ella era la reina roja, de haberlo hecho el mundo se me vendría encima, puesto que habría tocado a la persona a la cual todos idolatran... La segunda, estaba averiguando las cosas, metiéndome entre ellas causando los daños más fuertes como pudiera. Necesitaba tener un perfil bajo para poder arruinar la vida de ambas. Tal como por ella la mía se había arruinado.
La villana de una historia mal contada«.
Me estacione, mirando por el espejo a ambas, Grace miraba hacía la casa como si le hubieran puesto enfrente una casa de sustos a una niña de dos años, esa mirada no duró tanto tiempo, se enderezó para carraspear.
—Listo. Este es el lugar, hemos llegado—, espete apagando el auto. Grace me miró, para bajar sin decir alguna palabra al respecto—, ¿He dicho algo malo hoy? ¿Hice algo?
Pregunte demasiado cautelosa mirando hacia Liv, quien miró de reojo a Grace para regresar su mirada hacia mí, se limito a encogerse de hombros.
—¿Por qué lo preguntas?
—Parece estar molesta conmigo—, señale guardando mi celular en el bolsillo de mi pantalón—Como si le hubiera lastimado.
—Quizá... Quizá solo sea que conoces más historia que ella—, espeto con una mueca, subiendo el vidrio de la ventana—, Le gusta que esté todo en su control.
Es decir, podía entender eso, podía entender que ella quisiera tener todo el control acerca de lo que sucedía, al final del día la casa que estábamos por irrumpir era la de su madre, habíamos ido a la estación a buscar los archivos de su madre.
» Mire hacía Kyara, quien se sentaba amigablemente en la misma mesa que las dos chicas que había visto en el pasillo. Ellas se miraban alegres, como si por fin hubieran encontrado el complemento que durante tanto tiempo les había faltado. Lucían alegres y llenas de vida. Llenas de algo que yo no podría tener en un futuro cercano.
Sentía envida por ellas, sentía celos, celos de pensar en que no importaba lo mucho que me esforzara, lo mucho que intentará sobresalir.
Olivia era inteligente. Kyara era atlética, Gia... Era la reina roja, las tres de cierto modo jamás pasaban desapercibidas por el pasillo, recibían elogios y tenían citas para los bailes.
Recibían cartas el catorce de febrero, flores y dulces.
En sus cumpleaños siempre había algo especial...¿Y que era lo que yo tenía?
Me había esforzado demasiado, y aun así. Solo me encontraba en una mesa del fondo del comedor, sola. Sin una sola persona que se preocupara por mi, no había alguna persona que quiera estar conmigo.
Fueron ingresadas en familias que las amaban... Yo.
Yo me quedé en casa, mientras miraba como mi padre lo único que quería era a sus tres niñas, mientras que yo parecía solo estorbar en su búsqueda.
Yo era y lucia como un estorbo ante todas las cosas que estaban dentro de sus planes, nunca sería lo suficientemente especial para nadie. Nunca lo sería para ellos.
—Olvidó de nuevo tu cumpleaños—alargo Amanda, dejando un chocolate en la mesa—¿No es así?
—No soy ellas. Claro que lo olvido—solté intentando no llorar.
—Llegaras a casa, te dará su tarjeta porque tu abuela le llamará.
—Como todos los años—tomé el chocolate para sonreír de lado—, Gracias.
—Te lo dije. Esperas cosas de las personas.
—Y lo único que recibirás serán decepciones—complete a lo que asintió.
—Esta tarde podemos ir a aquel bar, al que entramos constantemente y donde está el chico con quien coqueteas—se burla—, Tu padre paga. Le sacaras canas verdes si nota que fuiste a un club a las afueras de la ciudad.
—Quizá tampoco este ahí él, vive en N.J.
—No lo olvidará, es del tipo de chicos atentos—, me consuela—, Tengo un nuevo plan para ti.
—Si quiera le toman la suficiente importancia Mandy, pierdo mi tiempo.
—Lo que estoy pensando cambiará todo«.
Termine por bajar del auto, mientras que mi corazón solo se limitaba a latir, menos de lo que quisiera. Hice una mueca, no quería herir a Grace, pero de un modo creía que estaba exagerando. Solo era una investigación que haríamos para intentar llegar al fondo de esto. Cerré la puerta para después caminar hacia el par de chicas, quienes miraban aquella casa.
Era una casa... Interesante, note como esta tenía ciertos toques de azules, parecía que habían pintado con tantas latas, como si esta fuera a propósito quizá... No lo sabía. Su jardín no daba mucho a que desear, tenía arbustos de rosas con más tallos que rosas, habían flores secas en la pared, era una casa un tanto... Curiosa.
—Así que es aquí—menciono Olivia, mientras que parecía debatirse si era una buena idea—¿Entonces entraremos?
Asentí. Era solo terminar con todo esto, dejar de darle largas al tema, porque de seguir habiendo eso nunca tendría un final.
—Si, super. Otro delito más a la lista de esta noche, ¡Genial! —espeta con sarcasmo, junto con sus cejas fruncidas—, Lamento bajar sus expectativas, pero no va a ser tan sencillo como creen.
—Haremos que funcione—, prometió Olivia.
Creía que lo sería, no era robar un dulce, era ingresar a la casa de una criminal, que tenía arresto domiciliario.
—Grace—, llame a lo que me miro—, Lo hiciste de maravilla en la estación.
» No importaba las medallas, los reconocimientos... Más allá de las medallas no tenía nada, ¿Estaba satisfecha y con una vida tan amarga y vacía?«