» ¿Por qué seguíamos insistiendo en una historia que no tenía inicio ni final? « .
Las situaciones que nos envolvían nos hacían ser quien éramos, quizá yo fingía ser una buena persona el noventa por ciento del tiempo, mientras que otra parte de mi tiempo, 6.7 por ciento fingía tener una moral perfecta, pero en realidad estaba más que equivocada en muchas cosas en realidad. Él, sabía perfectamente que había hecho. Sabía que era una persona que anteriormente se había equivocado y que había dañado a las personas.
Yo… Creía en las personas, ciegamente. Quizá era demasiado ingenua en esta vida, o quizá solo esperaba que las personas fueran buenas, pero creía que el en realidad quería cambiar.
Lo creía… Y esperaba que pasará.
Sus ojos verdosos me miraban atento, mientras que la decepción recorría mi mirada, ¿Él sabría todo esto? Sabría que esto era doloroso para ambos… Pase mis manos por mi rostro con desesperación, acercándome a él, con pasos lentos, tomé su sudadera, atrayendo su mirada a mí, esperando que la honestidad saliera de sus labios.
—¿Algún día podrás mirarme a los ojos sin mentirme? —, pregunté. Acercando más su cuerpo al mío, lo acerqué con fiereza—Me has mentido a diario, esperando que no me diera cuenta… Prometimos ser reales.
—Hablas como si…—tapó su rostro girándose, resoplando entre sus manos dejando un sonido ahogado—, Estas hablando como si…
Se giró hacía mí. Tomando mi rostro notando que sí, estaba hablando como si… Cómo si en realidad supiera lo que estaba sucediendo, porque en realidad, tenía una lista detrás de una fotografía, donde sus secretos y las cosas que había hecho hacía mí, me había dolido, pero lo sabía. Sabía sus secretos y eso era lo peor, porque al saberlos la bilis estaba inundando mi garganta.
—Sólo habla Gilberto—, pedí con enojo—, Ha sido una noche asquerosa para mí. Solo quiero escuchar de tus malditos labios la verdad—, jalé su camisa. Elevando el rostro con enojo—, ¿Puedes hacerlo?
—Lo sabes—, aseguró con tono bajo y mirada decepcionada, sujetando mis manos que tomaban su sudadera. Sí, sí, lo sabía—, Yo se que estás enojada Morgan. Pero todo tiene una explicación—, prometió sujetándome con firmeza, sin embargo, retrocedí—, ¿Te enviaron todo lo que me estás diciendo?
Aparte la mirada, sintiendo la fría brisa chocando en mi rostro, apreté mis puños, logrando que mis nudillos se pusieran blancos por la fuerza con la cuál lo estaba haciendo, mordí el interior de mi mejilla. El se giró soltando blasfemias entre dientes, insultos de aquello que estaba sucediendo. Caminé en dirección de Gilberto, noté como estaba teniendo una furia entre sí.
Yo me estaba haciendo daño, solo para intentar dejar de pensar. Era patética.
Se mantuvo callado por un mar de segundos los cuales se sintieron eternos, tallando su rostro mientras que parecía no sentirse bien, sólo quería que esto terminará de una vez por todas. El se acercó furioso hacía mí, tomándome entre las muñecas apoyándome en la pared, con toque de enojo en sus ojos, parecía querer controlarse, pero no podía hacerlo. Cerró los ojos, apenas los abrió lo único que podía ver era la decepción en sus ojos, el modo en que las cosas serían así para él. Apoyo su frente en la mía, tomando una bocanada de aire.
—Lo hiciste—, me dijo apoyando mis muñecas por encima de mi cabeza—, ¡Lo hiciste! ¡Les hiciste caso! ¡Pusiste atención en otra persona! ¿Cómo es que lograste hacernos esto Katherine?
¿Cómo es que lograste hacernos esto?, Como era que yo había tomado demasiada atención hacía lo que un desconocido me había dicho… Sabía que habíamos prometido que nadie haría caso acerca de lo que sucedía con los desconocidos, no prestaríamos atención acerca de los rumores ni secretos de los demás, solo nos teníamos a nosotros…
Pero era doloroso ver, que cuando solo conté con él, cuando sentí algo por él, cuando me gustaba…
Cuando yo creía que los momentos eran reales, jamás lo fueron.
—¡Por qué tu lograste hacerme esto! —grité. Forcejeando sintiendo como las lágrimas querían salir de mis ojos de golpe—, ¡Por que me lastimaste! ¿¡Por qué me hiciste eso tú a mí!? —Seguí forcejeando esperando que me soltará, un intento en vano. No me lastimaba, pero me sujetaba lo suficientemente fuerte para no dejar que lo hiciera—¡Suéltame Gilberto!
El negó, tomando mis muñecas con una sola mano, mientras que la otra tomaba mi rostro, ¿Qué si me sorprendió por un segundo lo que hizo? Sí.
Él intento calmarme, cantando aquella canción de Shawn Mendes, aquella canción que cantó el día del karaoke, cerré los ojos, intentando que las lágrimas no salieran de mis ojos, esperaba que la tranquilidad llegará. Comencé a relajar mi cuerpo, sintiendo como mi pecho subía y bajaba, pero los sentimientos aún estaban revoloteando sobre mi cabeza como mosquitos hambrientos, abrí los ojos, mirando sus ojos nuevamente, el parecía un poco más tranquilo, como si hacía un par de minutos no se hubiera enterado que había escuchado los rumores, los secretos.
Yo había mentido de nuevo, mentir podría convertirse en algo habitual.
—Solo dilo—, cerré los ojos, esperando que me soltará. Que al abrir los ojos el estuviera un par de pasos lejos de mí—Solo quiero que seas honesto conmigo… Sólo por una maldita vez, ¿puedes hacer eso?
Abrí los ojos, notando como el miraba hacía arriba. Debatiendo entre que era lo que debía decir, o lo que debía hacer. Así lo hizo, sentí como soltaba mis muñecas, logrando que sintiera como mi sangre comenzaba a circular dentro de mí, cubrí mi pecho abrazándome a mí misma, cubriendo mi cuerpo del frío y del modo en el que me sentía. Tanto tiempo esperando un día diferente, esperando que algo nuevo viniera. Estaba tan, pero tan equivocada.
—Morgan, debes respirar. Te estas perdiendo entre medio del desastre—, Se giró, pasando sus manos por su cabello levemente oscuro, para después bufar.
Todos parecían estar notando que el desastre llegaba a mi piel. Todos parecían estar notando que la vida se estaba yendo de mis manos, me estaba lastimando el corazón entre medio de esta vida, cerré mis ojos. Parecía ser que todos estaban notando que mi vida se estaba yendo por el desagüe, yo había perdido el control de mis emociones, de mi vida, de mis pensamientos. Yo había perdido el control de absolutamente todo, y todos parecían notarlo a excepción de mí.
—¡Yo estoy aquí! ¡Yo sigo aquí y no hay nada que me este haciendo daño! —grité. Sintiendo como las lágrimas salían de mis ojos, fruncí mis ojos levemente—¡No me estoy perdiendo! ¡No me he perdido!
—¡Qué estás aquí! —gritó tomando mi rostro—¡Se que tu estás aquí! ¡Pero donde esta tu mente Katherine! ¡Donde están tus pensamientos! —, su rostro parecía preocupado—Regresa Katherine…
Bajé la mirada sintiendo las lágrimas en mis ojos, las limpié con el dorso de mi mano, para cerrar los ojos nuevamente, porque seguían insistiéndome en eso, yo me encontraba aquí, sentía mi corazón latiendo, sintiendo lo que estaba pasando… ¿Qué era lo que querían de mí?
—Estoy aquí… ¿Por qué me mentiste? —insistí, secando las lagrimas de mis ojos—, Solo necesito que lo digas tú. ¿Puedes hacerlo?
—Yo creí, yo creía que habíamos dicho que no creerías los en lo que nos dijeran los demás—, me dijo. Secando las lágrimas de mis ojos—, No veríamos lo que nos mandamos.
Yo creía lo mismo, él tenía razón, mentí y lo hice. Miré como su mueca comenzaba a incrementarse con rapidez, la intención era no involucrarse hasta que fui yo—nuevamente—, quien terminaba siendo lastimada por los cinco malos, por mi familia, por mí misma.
—Gilberto, estoy perdida—, confesé con los ojos llenos de lagrimas y la bilis en la garganta—, Quizá la mayor parte de lo que leí lo sabía. Quizá no se que es lo que debo de creer, ni lo que no, no se si esto es real… Si en algún punto llegaré a ser importante para alguien—, mi voz se quebró. A lo que cerré los ojos—, No sé si en algún punto las personas dejaran de fallarme, de decepcionarme… O si algún día dejaré de sufrir.
El se acercó a mí, miró hacía mis ojos para después atraerme en un abrazo, recargué mi cabeza en su hombro, dejando caer las lagrimas nuevamente por mi rostro, había hecho esto, fingir tener una cubierta dura que no dejaba entrar a las personas que me lastimaran, fingía. Podía decir que llevaba más tiempo haciendo eso. Podía decir que había creado un mundo de caramelo en el cuál el dolor no podía ingresar en mi cuerpo, pero me equivoqué. Aquello que guardabas por tanto tiempo, te terminaba por ahogar en lo más profundo del agua, te tomaba de las piernas en un mar profundo intentando lastimarte, cuando dejabas que eso sucediera, te perdías.
Y yo lo hice.
Dejé que el mar me ahogará, dejé que el mar me tomará y yo me perdí, ahora, ¿Quién era en realidad?
La chica que estaba sufriendo en los brazos de la persona que le había hecho daño, ¿La chica que había leído que el chico con el cuál a compartido momentos el último año y medio o un poco más le había lastimado? ¿Eso era yo? ¿Una persona que se había perdido en la realidad?
Pasó su mano por detrás de mi nuca, jugando con mi cabello, intentando que aquellos movimientos lentos yo logrará tranquilizarme, sabía que eso había sido atrás, le daba la oportunidad a Grace de ser una nueva persona, le daba la oportunidad de ser una buena persona sin juzgarla, ¿Por qué con Gilberto no podía hacerlo?
—Morgan, se que todo esto se ve mal—, me dijo haciendo que le mirará. Recargó su frente en la mía—, No se por donde empezar, pero se qué entrarás en razón—, prometió.
—¿Por qué me llevaste al karaoke? —interrogue. Recordaba cómo me había divertido esa tarde, como había sido menos pesado los días malos, dolía pensar que cuando creí que alguien me apoyaba, solo me utilizaba—¿Fue casualidad?
—Y-yo solo quería—titubea con la voz cortada. Su ceño se frunció de sobremanera, se giró por unos segundos para después regresar a mirarme—¿Tenemos que hacerlo?
—Entonces es verdad—solté con decepción intentando ocultar mi tristeza—, Querías darle celos a la chica de la recepción, ¿No es así? —bajé la mirada avergonzada, había sido producto de un juego más, no importaba quien, no importaba donde, California o N.J, yo era un juego—Querías darle celos a Victoria.
Aquella chica que nos recibió de modo amable, sin dudar si quiera un solo segundo en mirar con una sonrisa llena de tranquilidad. No parecía haberse sentido si quiera por un segundo afectada, a ella no le importó. No tendría que haberlo hecho.
Yo no podría competir con Victoria. No podría competir con nadie en realidad, porque las personas en mi entorno vivían su vida, seguían su camino y no miraban sobre su hombro esperando cambiar a las personas. No esperaban cambiar, esperaban ser ellas mismas. Yo intentaba cambiar a diario, día con día, esperando despertar siendo otra persona.
Quizá con la valentía de Grace, su astucia y su inteligencia, quizá esperaba ser ella, o Juls, con un corazón tan noble que intentaba arreglar la vida de los demás, la paciencia, el amor por las cosas y la felicidad, libertad de Gisela, quien no se rendía hasta conseguir lo que quisiera, la fortaleza de Kyara para seguir adelante, a pesar de que los rumores le alcanzaban constantemente, a pesar de que estos parecían querer aplastarla como hormiga al asfalto.
Quizá esperaba ser otra persona, porque a mi familia, les admiraba, de un modo grande, y me era demasiado difícil saber que yo no sería como ninguno de ellos, y creo que esa era la parte que me decepcionaba.
Que quién miraba al espejo era yo, quien estaba aquí sería yo.
No mire hacia él, no eleve la mirada. Miraba hacia mis tenis con el corazón hecho trizas una vez más, siempre que me acercaba a un chico terminaba dañada, siempre que conocía a alguien, me mentían. No importaba absolutamente nada, siempre era yo quien salía lastimada, era triste. Porque aquella chica que fingía en casa ser sociable y en la escuela escondiéndose me alcanzaba, era un desastre que se hundía siempre, quizá la felicidad no era para mí, jale las mangas de mi suéter sintiéndome avergonzada.
Sus manos tomaron mi rostro obligando que le mirará, así fue. Solté un suspiro mientras que el examinaba mi rostro lentamente, cerró con fuerza sus ojos para después elaborar una ligera mueca.
—Morgan. Te voy a explicar todo—, prometió mirando mis ojos, mientras sus manos aún tomaban mi rostro—, Por favor, ven... Vamos a hablar, diré todo lo que he hecho en estos últimos años... Lo prometo que.
—¿Siempre fui un juego para ti? —, pregunte frunciendo las cejas.
—Tu no me amabas, dijiste que nunca estarías enamorada de alguien más, se lo dijiste a Zayn, ¿Qué cambio ahora?
—Tienes razón, pero nunca te lo dije a ti tampoco. Los sentimientos que te dije a ti, fueron reales siempre—, aseguré con las cejas fruncidas—, Los besos que te di, fueron reales, me gustabas, te quería. No te mentí en lo que sentía.
Sus ojos parecían enfocar todo menos a mí, en este momento cuando las palabras terminaron de salir de mis labios sabía que lo había arruinado, no iba a poder cambiar nada de lo que había dicho, esperando que no preguntara directamente porque lo sabía, no pensé antes de actuar, el enojo que tenía me sobrellevo—en más de una dirección—, miré sus ojos, aquellos verdosos, ¿Él siempre me mintió sobre lo que sentía por mí? Yo en este punto me sentía confundida de lo que sentía hacía el, pero cuando las cosas comenzaron, habían sido reales.
—Te diré la verdad, si me das el tiempo de hacerlo—, asegura a lo que sus manos toman mi rostro—, Lo que te dije había sido real, hace unos días. Me gustas, realmente me gustas Morgan y quisiera que las cosas fueran diferentes.
—¿Si me mientes? —, pregunté con mis cejas arqueadas, ingresando mis manos en mi chaqueta—, ¿Por qué ahora sería diferente?
—Morgan— da un par de pasos a mí, mientras que sus manos seguían tomando mi rostro, mirándome fijamente, con la mirada atormentante en mis ojos—, No hay razones por las cuales confíes en mí, es cierto. Pero sé que, si me das una oportunidad de hacerlo, lo podré arreglar.
Miré hacía el elevador mientras que sus manos terminaron por soltar mi rostro, la culpa invadía su cuerpo al igual que él mío, mordí con rudeza mi labio, aquel sabor metálico no se dio a esperar invadiéndome, había escuchado los cuentos de todos durante estos últimos meses, cada uno mentía de diferente forma y con más intensidad, eran mentirosos, un grupo de mentirosos, sabía que cada uno tenía cosas que había hecho dañando a alguien más, pero ellos mentían para salvarse, salvar sus secretos de no ser contados a los demás, no por querer hacer que aquel juego infernal que comenzó una vez, pudiera tener fin, me enderecé, para mirar sus ojos nuevamente, no tenía nada que perder, darle la oportunidad de ser honesto era mejor que seguir guardando en mi cabeza, las cosas que él había hecho.
—Bien. Quince minutos, tienes quince minutos para demostrarme que puedes ser honesto conmigo—, acepté retrocediendo un paso alejando la cercanía—, Siendo la última oportunidad.
El con una pequeña y casi invisible mueca termino por asentir, caminamos en dirección del auto de Juls para terminar esperando que las palabras salieran de sus labios, el viento golpeaba mi rostro con rudeza mientras que sentía como la punta de mi nariz se enfriaba, cruce mis brazos y mire directamente hacía el, no bajaría la guardia por nadie más. Había escuchado las palabras que salieron de Saith, podía ser alguien cercano quien llevará la información de los demás a quien había iniciado el juego, tenía que ser alguien cercano a nosotros, que los secretos que habíamos creado, fueran la misma razón por la cual todo hubiera comenzado.
—Te amo, sí. Pero no siempre fue así—, menciona con una mueca mirando hacia el cielo—, Me enamoré de ti antes de lo que crees. Se que estabas en alguna parte de la casa cuando fue Halloween, solo esperaba que no escucharás lo que había hecho, porque ahí estaba ya perdido por ti—, admite dando una mirada pequeña para después regresar al cielo—, Me enamoró tu forma de ser, tu forma de escribir, comencé a leer tu blog y quedé perdidamente enamorado de ti.
—¿Por qué mentiste quererme antes? —, pregunté, sacando un cigarro de mi chaqueta, encendiéndole—, ¿Parte de tu lista de chicas?
—No te quería de un modo romántico, pero te quería—, asegura señalando mi encendedor a lo que se lo paso, el saca un cigarro de sus pantalones para después encenderlo—, Juls me pidió que te cuidará, apenas ella se fue de regreso a California, porque conocía como era vivir aquí…—de su boca sale el humo extendiéndose por nosotros—, Julieta era y es mi amiga, siempre nos encontrábamos y platicábamos… y durante lo que fue un tiempo pequeño, ella me gusto.
Le miré sorprendida, yo había pedido su sinceridad, pero en estos momentos me preguntaba si era lo ideal, oculté mi mueca entre el cigarro mientras le daba una calada, miré sus ojos que se encontraban perdidos en el medio del mundo.
—Besé a Gisela—, espeta de repente a lo que le miré levemente, lo sé—, Cuando ella salía con mi hermano…—, parecía buscar una reacción mía, sin embargo, no pude darle ninguna, lo sabía—, ¿Lo sabías?
—Sí—, admití sacando el humo por la nariz mientras hablaba—, No sabía que fuera porque te gustará Julieta, eso no lo sabía…
—Joder, creo que vas un paso delante de mí—, menciona a lo que me encogí de hombros—, He mentido mucho, bien—, admite girando en mi dirección—, Pero no quise hacerte daño…
—¿De qué lado estás? —pregunté encarándole—, Les has ayudado más a ellos que a nosotros…
—¿De qué hablas? —, pregunta con una ligera mueca—Yo…
—Incendiaste mi mundo por mantener el tuyo a salvo—, le señalé con una mueca—, Todos se han puesto sobre los demás para salvarse.
—No quería perderte.
—Me perdí para encontrarlos a ustedes—, admití apagando mi cigarro con la suela de mi tenis—A todos, no hay nada que no haría por ustedes, pero ustedes no dudan ni un jodido minuto en entregarme.
—Se lo mal que se ve, pero no es así como funcionaron las cosas.
—¿No? ¡Sabías que iban a secuestrarme! ¡Sabías que iban a causar daño! —, grité furiosa—¡Te enojaste con Guillermo por algo así! ¡Tú lo hiciste peor! ¡Él quería salvar a Susy! ¡Él tenía una jodida razón sabiendo que podían odiarle! ¡Él no lo hizo por el mismo! ¡Tu sí! —grité reprochándole—¡No querías que supieran que todos estos jodidos años has estado de ambos lados!
Su rostro se volvió completamente pálido mientras que parecía perderse en sus pensamientos, di un paso hacia atrás.
—¿Tú me perdonarías? Ahora que lo sabes—, señala—, No, ¡Se me salió de las jodidas manos Katherine! ¡Quería saber porque mataron a mi hermana!
Me separé de él y fruncí las cejas junto con mis ojos—, Te perdonaría, se todo y vine aquí a hablarlo—, señale con ambas cejas alzadas—, Todos han sido parte del otro jodido lado, sin pensar que eso les hace más grande el juego…
—¿Tu no lo harías? ¿Si te dijeran que por ello sabrías porque te separaron de tu hermano y mataron a tus padres? —, pregunta—, Fuiste con Fernanda…
—Fui y no ocasione ningún daño a nadie—, aclaré—, Porque no pondría en peligro a las personas que me importan, por un pasado que nada lo podrá cambiar…
—No lo entiendes…
—Lo entiendo perfectamente, porque muchas veces he deseado vengarme de quien les hizo eso—, mencione abriendo la puerta del auto—, Pero no pondría la vida de otras personas sobre mi venganza…
—No he matado a nadie de las personas que me importan…
—Drey entró en coma—, le recordé—Y yo, duré días siendo torturada físicamente, sin alimentos… a menos que no entremos en esa categoría…
—Morgan, cambio constantemente para ser buena persona—, me señala—, Podría ser que me dieras la oportunidad…
—Siempre se las doy—, mencioné sobre el auto—Aun cuando no la merecen…
—¿Les dirás a los demás?
—Muchas cosas podrían quedar fuera si lo hiciera—, espeté a lo que su rostro se tensó—, Pero sé que has cambiado muchas cosas, esperó no equivocarme en esto…
—En realidad estoy enamorado de ti—, menciona—, Y en realidad… He cambiado.
—Lo sé.
Antes de que el pudiera decir algo, cerré la puerta del auto, bajando la mirada y colocando el seguro. Encendí el auto para después comenzar a conducir, sabía que habían cambiado demasiadas cosas a lo largo del tiempo, él, yo. Las personas cambian, ese es el secreto de la vida. Habían pasado dos años desde el día uno en que el dolor se incrustó en la vida de modo directo, aquel día en que yo esperaba ayudar a Juls a escapar del lugar en el cual estaba siendo cautiva, recordaba perfectamente como miraba hacía arriba esperando que ella saltará, había pasado demasiado desde el día uno. Había pasado demasiado tiempo desde que la historia entre todos nosotros, éramos una especie de grupo con sus propios problemas.
Noté como a lo lejos de mí, Gilberto estaba alejándose de mi campo de visión, hasta que este desapareció, recordaba los momentos, esta era yo.
Quién se había roto en días malos y en los días buenos, quien esperaba que las cosas no avanzaran a este ritmo.
Crecí con el dolor dándome la mano, crecí esperando que las cosas se salieran de control porque así era mi vida, crecí sin sueños y esperanzas lo suficientemente lejanas para terminar por lastimarme, si esperas algo te decepcionarás, pero al no hacerlo… Nada cambia.
Me estacioné en medio de la carretera, para salir del auto, recargándome encima de el auto, mirando hacía el cielo, mientras que mi corazón latía fuertemente dentro de mi pecho, sentía como este me dolía de una manera completamente fuerte. Alce las mangas de mu suéter mirando mis muñecas.
—Prométeme que no lo harás de nuevo Katherine—, pidió tomándome el rostro. Saith me miraba con preocupación mientras me acercaba a abrazarme—, No lo harás de nuevo, por favor.
—Es más fuerte que yo Saith—, sollocé cerrando los ojos, abrazándole—, No puedo seguir con esto. Estoy tan cansada…
—Se que lo estas, pero podrás salir adelante—, me prometió. Para después acomodar mi cabello—, Saldrás adelante porque así eres tú, eres fuerte.
Eso era algo que no entendía de él, ¿Por qué confiaba en mi? Porque él seguía teniendo esperanzas sobre mi destino cuando en realidad yo dejaba que este cayera por la ventana, o de lo alto de un edificio.
Dejé caer mi peso al suelo. Lentamente mientras que las lágrimas salían de mis ojos sin algún tipo de control alguno, apoyé mi cabeza entre mis rodillas para después soltar un suspiro lleno de tristeza, era así. Una persona que tenía miedo constantemente, tenía miedo día con día, porque al final del tiempo las cosas no eran como lo que yo quería.
Aquí estaba, lastimada, hecha pedazos porque el sufrimiento me había alcanzado día con día, yo no era diferente al resto, yo no era fuerte. Yo había sido esto.
¿Estaba equivocada al seguir sufriendo? ¿Estaba equivocada al no sentirme suficiente? ¿Estaba equivocada al creer que esto sería para mí? Que sufriría eternamente…
***
Nada de lo que se encontraba escrito era demasiado reciente, sabía que a todos les habían ofrecido cosas por las cuales darían la vida de los demás, por obtener lo que querían, porque así son las personas, Guillermo quería la vida de Susy, Juls no quería perder a Uriel, Saith y Darwin me querían
a salvo con los peligros de que regresará, sabía que ellos, cada uno de ellos tenían un punto débil por el cual darían todo. Gilberto quería respuestas de la muerte de su hermana, sin medir que podíamos morir. Grace quería a su padre de vuelta, por ello casi mueren Gia, Liv y Kyara…
Quien había iniciado el juego había encontrado el poder perfecto sobre cada uno de ellos, con tal de poner a salvo lo que más aman.
Esta vez conduje a casa, intentando sacar los pensamientos fuertes de mi cabeza, procurando solo pensar en el camino que debía tomar a casa, las lágrimas habían dejado de salir de mis ojos, el dolor seguía esparciéndose dentro de mí, pero lo ignoraba. Apenas llegué a casa, bajé y entré sin hacer una pizca de ruido, solo esperaba estar a solas, subir a mi habitación y dejar de pensar. Deje las llaves en mi mesa de centro, para después subir a mi habitación con lentitud, sin ruido. Subiendo de dos en dos las escaleras, apenas entré a mi habitación cerré la puerta con mi pie, dejando caer mi peso en la cama.
Lastimosamente, mi celular vibro, dejando que un suspiro pesado saliera de mis labios, busqué en mis bolsillos el celular, apenas lo saqué, miré el numero desconocido iluminando la pantalla. Era una pena.
desconocido: Lee con atención cada uno de las fotografías, esta noche, escogerás a el jugador eliminado, y salvarás a uno. En tu buzón hay dos sobres, uno lila y uno n***o, a quien quieras eliminar, en el n***o.
Fruncí levemente las cejas, recordando aquellas imágenes que había visto hacía un par de horas quizá, no podía volver a hacer eso, no podía leer los secretos de cada uno de ellos, para terminar, lastimándome por lo que leería. Gilberto tenía razón habíamos prometido no leer ni escuchar lo que nos dijera un estúpido numero desconocido, él tenía razón y yo había roto mi promesa. Saqué la fotografía de Gilberto otra vez, notando como sus ojos se miraban un poco apagados a pesar de que en ese día las cosas no estaban saliendo del todo mal, habíamos recibido una buena noticia, pero la guerra, el dolor y el sufrimiento aún se habían incrustado en nuestra piel. Nada cambiaba…
Es decir, me sentía lo suficientemente feliz y todo eso por que Juls fuera a ser mamá, estaba alegre de que a ella las personas le estaban funcionando las cosas—mejor que a nosotros de cierto punto de vista—, ella podía ser feliz, tenía la oportunidad de ser feliz.
Todos tenías posibilidades de ser felices, pero alguien nos arrebataba esa oportunidad.
En el suelo, con las rodillas pegadas a mi pecho, la mirada un poco pesada… con un poco de cansancio incrustado en mi piel, me preguntaba si en realidad algo podría cambiar.
Jugué con aquella fotografía entre mis dedos, mientras le miraba con atención, Gilberto Sprouse, tuvimos demasiada historia entre nosotros, pero a pesar de todo… Buena o mala…
Éramos un poco cercanos.
Me recosté en el suelo, mirando al techo con la fotografía aún en mi mano, jugando con esta un poco, de un lado a otro mientras que las mismas palabras resonaban en mi cabeza, era demasiado.
Yo podría tener el poder de salvar a alguien, alguien que se saliera de todo este juego, que pudiera llegar a ser libre de una vez por todas… Pero, no quería si quiera pensarlo, porque también tenía que sacar a alguien del juego, alguien que terminaría roto…
Me levanté del suelo, con el corazón latiendo en mis orejas, cerré mis ojos con demasiada presión, tomé una bocanada de aire esperando poder tranquilizarme, no funcionaba del todo, caminé con la fotografía de Gilberto en mi mano, para llegar a mi tocador, sacando un esmalte color azul brilloso, para cubrir la última línea que se encontraba ahí.
» Lastimará a los demás. Porque quiere ser parte de mi equipo «.
Si tenía que “eliminar” a alguien… Sabía a quién.