VILLANOS

5000 Palabras
Las personas lastimadas como tú, cómo yo… No llegan tan lejos si dejan la herida abierta, si dejan que el dolor se extienda por todo el cuerpo y no buscan un modo de frenarlo. Cuando conoces las cosas, cuando tienes los puntos de vista completamente claros, las cosas son mejores, entiendes un poco la situación y buscas un modo de que esto no te arrastré al fondo del mar. Sinceramente, hay ocasiones en las cuáles no vemos más allá, la herida se queda abierta, la presionas porque no sabes cómo lidiar con este, presionas y presionas esperando que de un modo terminé. Hay ocasiones en las cuales no nos damos cuenta que lo peor esta por suceder, y que en un momento de debilidad puedes tener una elección equivocada, invocas a la parte oscura dentro de ti y la invitas a quedarse, después de ello es difícil que este acceda a irse. Miré sobre mi cama, las fotografías de las personas que me habían dado, cada uno, esperando tomar la decisión correcta sobre quien debía salvarse, quien debía salir del juego de modo honorable y dejar de sufrir. Todos merecíamos tener la oportunidad de salir de esto, dejar de sufrir, porque el desgaste emocional que estamos viviendo era demasiado. Extendí las fotografías en mi cama mirando sus rostros, eran personas con las cuales había convivido y de cierto modo se habían ganado mi corazón. Salvar a una persona era lo suficientemente bueno, una persona se libraría de la persona con cuernos y cola roja que creía tener la razón. Pero… Otra persona no tendría la misma suerte, otra persona terminaría siendo arriesgada, terminando lejos de lo que en realidad podíamos decir que queríamos vivir. Nadie quería tener la elección de dar sentencia de muerte a otra. En mí mente ya tenía a la persona que quería que saliera del juego, me había protegido durante tanto tiempo, era mi turno de ponerla lejos del peligro, mi turno de hacer que su vida dejará de ser dolorosa, cómo me estaba doliendo a mí. Tome las fotografías en un montón, para dejarlas ahí sobre mi cama, caminando hacía mi tocador nuevamente, tenía fotografías con los cinco, con mi familia… Con Saith… Los cinco se habían vuelto personas importantes para mí, a pesar de las mentiras, ellos habían estado allí. A pesar de todo… Ellos eran mí familia Sequé las lagrimas que habían comenzado a salir de mis ojos nuevamente, como cascadas, el día de hoy había llorado demasiado sin tener los motivos suficientes, quizá el porque lloraba era diferente al porque lo hacía en realidad. Lo que sucedía era diferente a lo que sentía. Yo había dejado de ser realista, porque no entendía el mundo y solo era una mentirosa más. Escuché mi celular sonar, a lo que lo tomé, notando que el mensaje era nada prometedor, la decisión debía de ser tomada, quisiera o no. Así funcionaba esto. Desconocido; Puedes pasar la elección, pero dos personas podrían ser “eliminadas”, lo dejo en tus manos. Suerte. Dejé mi celular en mi bolsillo, después camine a mi casa tomando con frustración las cosas que se encontraban ahí, no importaría lo mucho que corriera, lo mucho que llorará el siempre me alcanzaría y me recordaría que la debilidad estaba en mis huesos, el juego era más de lo que nosotros pudiéramos pensar, el juego estaba en las manos de alguien más. Así era la realidad. Así era el mundo real. Guardé las cosas en mi cajón, cerrando este con aquella llave, para después salir de mi habitación, directo a mi buzón, sin embargo, antes de si quiera llegar a la puerta escuché un sonido en la cocina, caminé hacía allá encontrándome con Grace sentada en la cocina, con una caja de pizza a su lado izquierdo, mientras que enfrente de ella se encontraba su computadora. Estaba comiendo, se veía nerviosa, ansiosa quizá, y seguramente la bebida energética que se encontraba a su derecha no ayudaba lo suficiente. —Hola Grace—, saludé adentrándome a la cocina, sentándome frente a ella. —Kathy—, saluda haciendo a un lado levemente su computador. Se endereza y me sonríe levemente—, Encargué pizza—, antes de que si quiera pudiera pensar en tomar una rebanada ella señalo atrás de si misma—, Está en la encimera. Una sonrisa divertida salió de mis labios, para levantarme de la silla y caminar hacía allá. Había varias cajas, las conté, cinco, contando con la que ella tenía había pedido seis cajas. Éramos tres personas, ¿En donde se le había ocurrido que podríamos terminarnos eso? —¿Para toda la semana? —bromeó con tono divertido. Tomé una rebanada para regresar frente a ella. —Noup, para esta noche—, musitó dando una mordida a su pizza—Necesito investigar unas cosas, demasiadas. Estaré despierta toda la noche. Parecía encontrarse en su propio mundo, tenía demasiada energía recorriendo su cuerpo, pero aun así parecía encontrarse un poco—por no decir demasiado—, distraída, su pierna izquierda se movía de arriba abajo sin dejar de prestar atención a lo que leía o escribía, parecía una especie de maquina o algo parecido. —Grace—, llamé con cautela jalando la bebida energética a mi dirección—, Recién sales del hospital, no creo que sea… Como decirlo—pausé notando como una mueca nacía en su rostro. No quería invadir su vida—, Correcto, ¿Qué investigarás? —Me mantiene despierta—, se estiró sacando esté de mi mano para darle un trago—, Investigó un correo que me llegó, hacía un tiempo… Cuando comencé esto, con las chicas. Alcé las cejas, pocas veces lo mencionaba, pero no esperaba que me contará tan abiertamente, no la conocía de hacía mucho y sabía poco menos que nada—una parte de su pasado sí—, no podía esperar que ella confiará en mí, pero parecía hacerlo. —Cuando envié los mensajes a mis hermanas, Kyara, Olivia y Gia… Yo había recibido sus nombres antes de hacerlo, después comencé a investigar si se trataban de las mismas chicas que mi padre mencionaba… Tarde en darme cuenta. La pizza que recién había mordido se atoró en mi garganta, logrando que tosiera por un par de segundos hasta que logré reponerme. Él correo se lo había enviado Gilberto, yo lo sabía… No había mucho que investigar, ni ella debía de pasar toda su noche buscando algo que yo sabía la respuesta. —Sí encuentro el correó, podré encontrar quien lo mando—, insistió. Sacando otra rebanada de pizza de la caja—, Quizá podremos estar otro paso adelante. Aparté la mirada, buscando con que cambiar del tema, no quería ser yo quien le dijera que sabía a la perfección quien había sido o que yo de un modo u otro ahora le estaba cubriendo, ya que sabía la realidad. —¿Crees que podamos encontrar a Paulina? —, curioseo con cautela. Ella me mira por un par de segundos para regresar su vista a la computadora—, Se que trabaja en un restaurante o cafetería cerca de aquí… Ella no contesto instantáneamente, tardo un par de segundos en buscar una respuesta, quizá había sido el modo menos correcto en cambiar el tema de conversación, pareció que por un par de segundos la incomodidad había parado a descansar en su rostro. —No lo sé, quizás—, se limitó a decir. Con una ligera mueca—, No interesa mucho Paulina, ella no lograría cambiar absolutamente nada. No lo haría. Quizá podría darnos pistas de la historia, pero no habría muchas cosas que ella pudiera hacer por nosotros, era mentirosa como Claudia, quizá podría confundirnos un poco con lo poco que sabíamos. —¿Lo crees así? —En realidad lo sé. Ella solo miró a su bien propio, es lo único que hace—, ahí me di cuenta que fui bajo. Había logrado tocar una fibra sensible dentro de ella—, Por cierto… Fernanda no es mala, ni un poco. —Lo sé, quería el amor de su madre. Solamente… —Yo encendía la llama y ella le apagaba—, me contó con una mueca dando otro trago a su bebida azul—, Ella hacía que mis planes salieran mal, porque alguna vez fue amiga de Olivia y Gia, les tenía cariño. Le di una ligera sonrisa, recordando a Fernanda, la mirada llena de decepción al sentir y darse cuenta que no recibía el mismo interés por parte de Claudia, del cómo lo recibía Logan o inclusive las gemelas. Para Claudia… Fernanda había sido una especie de empleada y seguramente eso le ha de haber pesado de un modo demasiado deprimente. Se mantuvo en silencio, mirando levemente en mi dirección en repetidas ocasiones, como si esperará que alguna palabra saliera de mis labios, si esperará que yo confesará mis pecados y el porque estaba aquí. Cerré los ojos demasiado nerviosa, tomando una bocanada de aire lo suficientemente grande esperando que los nervios en mi vientre se fueran, no fue así. —¡Listo! ¡Encontré el correo! —celebró moviendo su cuerpo en un baile—¡Lo hice! Fuera de llegar a celebrar con ella sobre ese punto a su favor, aparte la mirada sintiendo como una arcada recorría mi garganta, esperando sacar el veneno de mi interior y las mentiras, estaba siendo exactamente igual que lo que odiaba, era patético, yo era demasiado patética. Recargué mi cuerpo en la mesa para después cerrar los ojos, debía hacerlo, ¡Debía hacer eso!, tarde o temprano terminaría por dar con su dirección, ella era bastante rápida con todo esto, seguramente no tardaría demasiado. —Demonios—, solté entre dientes. Presionando mis puños en mis muñecas sintiendo una descarga de dolor recorrerme por estos—, El correo te lo mando Gilberto—, espeté, mis palabras salieron velozmente tropezándose unas con otras—Fue Gilberto. Lejos de la reacción que esperé que tendría, se limito a arquear su ceja, apoyando su cabeza entre sus manos, parecía curiosa, como si estuviera esperando todo esto durante toda la noche, presioné aún más fuerte mis brazos mirando a ella con confusión. —Gilberto—, mencionó alzando las cejas, mientras que sus ojos me miraban de modo acusadores—, Tu lo sabías, ¿No es así? Asentí, culpable sintiendo la presión recorrer mi cabeza, era demasiado que procesar saber que le había traicionado de cierto modo a Gilberto al mencionar la acción que el había elaborado. —Quien esta detrás de esto tiene información de todos nosotros, quizá desde que usábamos pañales—mencioné sin mirar sus ojos—, información que queremos. Él quería saber por qué murió su hermana. Por qué decidieron que ella debía de morir y quien estaba detrás, esa era la oferta… La tomo. Ella asintió. Para después cerrar su computadora, no parecía molesta ni mucho menos, como si lo que acabará de decir yo en realidad no hubiera pasado, fruncí las cejas con confusión, ¿Cómo podía sentarse y lucir tan tranquila? Después lo entendí todo. El mundo no gira alrededor de nosotros, yo no era el centro de la tierra, ni él lo era. Yo no era la única que estaba descubriendo las verdades sola, ni siendo la única que sufría en voz baja. Todos estábamos viviendo una guerra. Una que no todos mencionábamos. Seguramente ella esperaba que fuera una persona dentro del círculo, al igual que Saith. —Así que, tú sabías y nunca lo mencionaste—. Alargó con ambas cejas arqueadas—¿Desde hace cuánto? Creí que no ocultarían nada, es curioso, ¿No lo crees? Yo fallaba constantemente. Esta era uno de los momentos en los cuáles lo hacía. —Me enteré hace como dos horas—, aclaré. Me levante evadiendo su mirada caminando hacía la cafetera—, Creo que todos han hecho cosas por respuestas, no podemos cambiar el pasado… Y tampoco creo que logremos confiar unos en otros. Ella se limitó a hacer un sonido de desinterés, para después levantarse, el sonido de la silla chirriando contra el suelo se introdujo en mis oídos, sus pasos lentos se acercaban, sin embargo, no me giré a buscar su mirada. La vergüenza estaba dentro de mi cuerpo. —Ya lo sabía—, Me rodeo por los hombros, acercándome un poco a ella—, Sabía que se trataba de Gilberto, quería saber si podía confiar en ti. Arqueó mis cejas con sorpresa girándome de golpe en su dirección, su sonrisa burlona estaba incrustada en su rostro de oreja a oreja, para después acercarse al refrigerador, sacando otra bebida energética. También estaba segura que no podía beber tantas de esas en un solo día. Se dejo caer en su asiento nuevamente, abriendo su computadora, mientras tanto yo seguía ahí, parada en medio de la cocina con una mueca de asombro, ¿Cómo era posible que ella lo supiera? Caminé en su dirección, poniéndome frente a ella, extendiendo los brazos hacía los lados—¿Cómo que lo sabías? ¿Desde cuándo? Ella miró por encima de la computadora, para terminar por encogerse de hombros con desdén, parecía despreocupada de lo que en realidad estaba sucediendo, como si saber un secreto de tal magnitud no significara absolutamente nada para ella. —Lo sabía desde hace un tiempo—, dijo con desdén abriendo la botella con contenido azul—, Desde que les pedí sus celulares. Conozco los secretos de cada uno de ustedes desde el momento que miré sus celulares buscando respuestas. Fue lo que me pidieron. En teoría sí. Pero jamás imagine que al ponerse a buscar si quiera un poco ella podría ponerse a mirar más allá que unos mensajes, o un pequeño error, de ser así conocería lo que yo acabó de leer por parte de Gilberto. Aclaré mi garganta intentando parecer tranquila, aunque no era el caso. Me senté frente a ella, jugando con mis manos sobre mis piernas, ella dejo de mirarme apenas notó la mirada que yo puse, intenté cambiarla, pero había sido demasiado tarde. Ella la había mirado. —No usaría sus secretos en su contra—, prometió. Bebió de su energizante, para encogerse de hombros—, Me contaron que llegaron a un acuerdo. No leerían los secretos sobre las personas. —¿Por qué querías saber lo de Gilberto entonces? —Porque estoy en un mundo diferente, Katherine. No estoy preparada para ser traicionada por las personas en que estoy confiando—, señaló con seriedad. Miró hacía las escaleras para después soltar un suspiro—, Ustedes están dándome una oportunidad… No quiero que sea falso. Le di una pequeña sonrisa forzada para después mirar hacía mi costado dejando de mirarla, una parte de mí no sentía que ella pudiera decir eso, es decir… Le estábamos dando una oportunidad de no mirar hacía atrás, no mirar hacía el daño que había ocasionado, no podía decir que era difícil confiar en nosotros… Quizá habíamos tenido equivocaciones, pero no habíamos hecho daños lo suficientemente grandes como los que hacía constantemente Grace. —Inclusive podrías ser tu—, bromeó a lo que ella me da una sonrisa incómoda. —¡Hombre, sí! Que podría ser yo…—, mencionó levemente, para después sonreírme un poco más—, Grace 2.0. —Sí, que te tengo más miedo a ti que a quien nos manda mensajes—, señalé bromeando a lo que asintió con una risa—, Por cierto… Quería preguntarte una cosa. —Sí, miedo… Por ello terminó la escuela en línea… En la escuela me tienen miedo—, susurró entre dientes mirando su computadora, alzó la mirada y me sonrió un poco—, Sí, dime… —Yo creía que estabas acudiendo, ¿Desde cuando ya no? —cuestioné asombrada. Ella se limitó a encogerse de hombros—, ¿No pierdes el año? Cuando crees que tomas el camino correcto, das un giro inesperado. De aquellos furos que pueden llegar a cambiar la perspectiva de las personas. Cada persona lucha con sus propios demonios, Grace luchaba con todo su ser salir del agujero, pero con poca suerte… No tenía muchos lugares a donde ir. —Deje de ir, es un poco difícil que te odie toda una escuela—, suspiro bebiendo de su energizante—, igual, era un poco aburrido. Es mejor así. Igual es el ultimo semestre, me mandaran mis papeles por correo, no acudiré a la graduación. Parecía estar tranquila con lo que estaba diciendo, como si en realidad no se tratará de nada, asentí dejando por hecho el tema, no quería incomodarla, no que sintiera que de cierto modo la estaba presionando para que hablará de cosas que claramente le resultaban un poco o un tanto incómodas. Escuché unos pasos para terminar encontrándome con Olivia, quien miraba con ambas cejas arqueadas a Grace, por la comida quizá, o porque tenía tanta comida chatarra rodeándole. Ambos podrían ser factores importantes, sí. Pensé. —Liv, que sorpresa—Grace cerró repentinamente la caja, para sonreír de modo angelical, sin embargo, la mirada molesta de Olivia solo aumento un poco más—Aquí viene. —Grace—, le advirtió, parecía un poco sería. Molesta en realidad—, Deja de comer tanta chatarra. Te enfermarás y recién saliste del hospital. Grace rodó los ojos con un toqué de molestia, podía entenderla, parecía que Olivia iba detrás de ella vigilando cada uno de sus movimientos, supongo que eso era lo que hacen los hermanos, pero… Se veía frustrante que Olivia no dejará tomar a Grace sus propias decisiones. —No es cochinada, es una pizza, Einstein—, rueda los ojos—, Tiene queso, es saludable, viene de una vaca y ellas comen pasto. Cómo tú. Inmediatamente solté una pequeña risa que intenté frenar, sin embargo, no lo pude hacer, este ultimo año Kyara me contó que Olivia se había vuelto vegetariana, esperando en algún momento ser vegana, por el momento dejar de consumir carne iba bien con ella. —Grace—, insistió. En realidad, parecía estar preocupada por ella—, El doctor dijo que tenías que cuidar tu alimentación. —Vamos Liv, ella puede cuidarse sola—, le codeo a lo que ella niega—, Solo es un poco de pizza. —Un poco, esta cocina esta llena de comida chatarra que Grace recién compró—, cuestionó con un toque de enfado—, Debes de ser más consciente Grace, ya no eres una niña. —Exacto. No soy una niña—, le retó con un toqué de enojó—, No tienes que ir detrás de mi cuidando cada pequeña acción que tengo. Liv se quedó callada por un par de segundos, es decir podía entender el toque de frustración por parte de Grace al no poder hacer las cosas que ella en realidad quería. Pero… Cuando Gisela enfermaba yo la cuidaba, a pesar de ser menor que ella. Y siempre me molestaba acciones un poco parecidas a esta, era preocupación por las personas que te importan… —Como cuando estoy en momentos de tensión—, admite—, ya, cálmate, solo es pizza. —Grace, ¿Te gusta Logan? —Logan… soy menor de edad—, se encoge de hombros—, Me guste o no, tengo que esperar a que sea mi cumpleaños, antes, no funciona. —Te gusta—, aseguré ahora yo. —En realidad. No—, interfirió encogiéndose de hombros abriendo su botella—Es guapo, sí. Pero recién lo conozco, no te puede gustar una persona tan rápido—, finaliza, Liv arrebata su botella para después tirarla en el bote—¡Hay! ¡Eso es mío! —Noup, no puedes tomar esto. —No eres mi madre—, le reta—¡Deja de intentar comportarte como tal! Enojó. Eso era lo que tenían sus palabras, estaban tan pero tan inundadas de enojo que podías sentir como te salpicaba encima. Estaba sobre ella todo el tiempo, podría terminar por alejarla en lugar de arreglar las cosas. —No hablemos de madres—, espeta rodando los ojos, hasta que estos se iluminaron, sacó una hoja arrugada de su bolsillo entregándola—¡Paulina! Estuve investigando en las páginas de Google, ella fue arrestada aquí, ahora cumple cadena sin salir del país, tiene un brazalete en la pierna, quizá si vamos a la policía, podamos tener información de su paradero. —¿Cómo piensas que lleguemos a ella? —, le pregunta Grace—, ¿Conoce a Paulina Estrada? —Noup, no solo Paulina Estrada, si no un nombre bastante bueno que resuena en una historia de Halloween—, le sonrió—, Tengo un plan, así que podemos ir ahora, o en la mañana, pero creo que sería más seguro ahora. Control. Era extraño que el control no estuviera en mis manos o que el plan no lo estuviera planeando yo. Parecía que estaba bastante segura de lo que quería hacer… Quizá tampoco sería ya yo lo suficientemente buena para mantener un controlo o un orden. Apenas pensé eso me sentí estúpida, ¿estaba pensando en tener el protagonismo todo el tiempo? Era patética, todos estábamos yendo detrás del mismo objetivo y era inútil querer ser yo la única que mantuviera el control. Teníamos que alcanzar el mismo objetivo, planear las cosas o ser lo suficientemente ingeniosos, solté un bufido. —Esta bien. Yo creo que ahora sería buena idea—, le dije con una sonrisa ligera—Ir ahora es muy buena Olivia. —Liv y yo tenemos algo en común—, toma sus manos sobre los hombros de su hermana—, Podemos ser intuitivas, suéltalo Katherine. —No se de que hablas Grace—, me encogí de hombros con una sonrisa—, Deberían ir por unas chaquetas, la noche es demasiado fría. Necesito hacer algo antes. —Kaths oculta algo—, canturreo Grace divertida—, Vamos Liv. —¿Kaths? —pregunté divertida—, Él único que me había dicho así fue… —Gael, lo sé. —¿Pasas tiempo con él? —cuestioné. Creía que le gustaba mi primo—, ¿Desde cuándo? —Tu eres la que oculta las cosas “Kaths” —alargo remarcando mi nombre—, No caigo en tus juegos. Apenas dijo eso, tomo el brazo de Liv entrelazando con el suyo para subir las escaleras con ella. Apenas vi que salieron ambas de mi campo de visión me levanté de mi asiento, caminando con pasos apresurados hacía mi entrada directamente hacía mi buzón, apenas lo abrí me di cuenta que sí, efectivamente se encontraban un par de sobres ahí esperando por aquella decisión que aún no era capaz de tomar. Eran más pequeños que el que encontré en la morgue, con unas fotos tamaño infantil, no tenía ningún escrito por la parte de atrás… a excepción de las fotos de los gemelos y las gemelas. Eran dos, en cada uno de ellos se encontraba escrito con letra hecha en maquina de escribir “jugador eliminado” “jugador salvado”, se tomaba completamente enserio su trabajo y este tipo de cosas. Saqué las fotografías, para después mirarlas. Sabía perfectamente quien debía ir en el sobre del jugador salvado, porque en realidad merecía salir del juego y tener tranquilidad, había vivido demasiado el desastre, era su tiempo de poder llegar a sanar. Después llegó el momento en colocar una de las fotografías en el jugador eliminado, no diré que no dude por un segundo tan siquiera, porque en realidad lo hice. Mirando cada una de las fotos, teniendo que decidir cual vida era la que tenía menor valor para mí. Apreté mis puños soltando una maldición entre dientes. Decía jugador eliminado, pero ello… ¿Qué significaba? ¿Sus secretos sería revelados? O acaso el sería… Asesinado. Miré la fotografía de Gilberto, por un par de segundos recordé aquello que leí, fue la única fotografía que en realidad me había tomado el tiempo para leerla. Solté un bufido, esperaba que mi decisión fuera la correcta. Apenas ambos sobres tuvieron una fotografía, les deje sobre el buzón. Tomé las fotografías sobrantes, para después caminar directamente a mi cocina, tiré las fotos a la basura—dentro de una bolsa negra—, justo a tiempo, cuando las chicas estaban bajando las escaleras con tranquilidad, Grace me examino por un par de segundos, para sonreír levemente de lado. —Sabía que ocultabas algo—, se mofó introduciendo sus manos dentro de su chaqueta. No dije nada al respecto, ellas no insistieron si quiera por un segundo en averiguar que era lo que acababa de hacer, lo cuál por mi parte me sentaba de maravilla, estaba agradecida con ello. Las tres subimos en el coche, Olivia y yo en la parte delantera, mientras que Grace se sentaba en la parte trasera del auto, con una mirada de pocos amigos. —Estás un poco sería. —Nerviosa quizá. Espero tu plan sea brillante—, mencionó Grace sin mirar en dirección de nosotras—Si algo sale mal, todo se irá a la… No pueden salir mal las cosas a partir de hoy. Lo sabía. Eran demasiadas las cosas que se encontraban en juego debido a esto y todo en realidad, no estábamos yendo a una dulcería a comprar dulces, o a hacer una simple travesura, estábamos yendo a la comisaria a hacer quien sabe que, no era algo que se hiciera cualquier día de la semana. Era peligroso. —Es brillante—, confirmo Olivia sin titubear, girándose en dirección de ella—Y tu serás quien lo llevé a cabo. —¿Disculpa? —Tu buscarás la información—, le señala encogiendo los hombros con tranquilidad—, Entrarás a la base de datos y buscarás la información que necesitamos. —Creo que estas chifladas, es lo único que entiendo—, sacudió su cabeza para mirarle con los ojos entrecerrados—Grace Hastings, ¿Te recuerdo? ¡Estoy a prueba maldita sea! —, le recordó alterada—, ¿Qué planeas? ¿Qué me ingrese a la oficina donde se tienen los ordenadores, pasando desapercibida, porque tengo un manto de invisibilidad, y busqué la información? —No podemos arriesgarla así Olivia, la niña esta aprueba—, dije en tono tranquilo a lo que Liv rodó los ojos. —Es justo lo que estoy planeando, Grace—, le confirma con una sonrisa—, Has hecho este tipo de cosas antes u no creo que pueda ser diferente el día de hoy. —En California, nunca invadí la estación de policías de Nueva Jersey Olivia, ¡¿Enloqueciste?! —Me ilumine, hay una parte adentro de ti que se muere por hacerlo Grace—, le retó escondiendo una ligera sonrisa entre sus labios—, Será como robar un dulce. —¡Un dulce de la reina Isabel seguramente! ¡Ya no soy quien entra en los archivos de los demás! —No, no lo eres, pero eres brillante—, le recordé—, Nosotras distraeremos al personal, cualquier computador de ahí puede arrojarte la información que necesitamos. Fuiste el mismo diablo en persona, puedes hacerlo. ¿No? —Bien, bien—, se queja entre dientes—, Fui una villana en casa, claro que puedo hacer esto—, menciona recargándose en el respaldo—, Si no funciona… —Funcionara. Podía mirar por el espejo a Grace, fingir que lo que estaba haciendo no le había afectado. Podía fingir que no escogí las palabras equivocadas para llamarla, ni que Olivia o yo habíamos cometido el error de recordarle constantemente que era un monstruo anteriormente Su mirada se había perdido y por un par de segundos creí que la vería llorar. Sí, fueron palabras equivocadas que habían tomado el rumbo que sabía que tomaría. La lastimamos. Las personas cambian, constantemente. Las cosas lo hacen. Ella esperaba tener la esperanza de cambiar el rumbo de su vida, dejar de ser la persona que había lastimado y comenzar a ser otra, una persona que podía tener el poder de tomar sus propias decisiones y elegir el camino correcto. Era cruel saber, que las palabras que decíamos, el rumbo que estas tomaban no podía lastimar. Quizá el mundo sería un poco diferente si tomáramos en cuenta el dolor de las palabras. Grace estaba ahí, mirando hacía su celular sin si quiera mirarnos por un solo segundo. Ahí estaba ella, lastimada. Por nosotras. Y eso era aún peor. El plan del modo en que ella lo decía sonaba sencillo, quizá algo que si podíamos llegar a hacer sin dudar de la capacidad de nosotros mismos, pero... Grace no parecía muy segura de este. Parecía como si una parte de ella esperará que le dijera que bromeaba, aunque no era el caso, nosotras no sabíamos mucho de este tipo de cosas, nosotras éramos quienes vivían el desastre, no quienes lo organizaban o rebuscaban debajo de este para encontrar así el más mínimo error de alguien más. Éramos diferentes, a nuestra buena o mala suerte, así éramos nosotros, lo hacía ver de un modo en que nada de lo que podría suceder haría que las cosas fueran cuesta abajo, la cosa sería sencilla para Grace quien en casa había hecho todo este tipo de cosas sola, ella conocía las cosas de pies a cabeza, no sería complicado, todo el camino estuvo investigando cosas, mientras que comía una paleta, parecía ir concentrada en las cosas que hacía, llegamos a la estación con el corazón de las tres latiendo de un modo completamente impresionante. —Si notan que algo está saliendo mal, llamen.
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