Patrones

5000 Palabras
A U D R E Y M A R I N: Había conseguido un departamento un poco lejos de los demás, estaba cansada de esta historia, de seguir lastimándome por no entender a las personas que me rodeaban, deje caer mi peso en mi cama, sin embargo, el sonido de la puerta llamó mi atención. ¡Carajo! Me levanté rodando los ojos para caminar arrastrando mis pies en el suelo, hasta llegar frente a la puerta, miré antes de abrir notando que se encontraba Caleb con una sonrisa pequeña, mirando hacía enfrente, con flores en su mano izquierda. Y una bolsa de papel en la mano de recha. Abrí la puerta con lentitud para notar como su sonrisa se ensanchó de oreja a oreja apenas me miro. —Mi chica remolino—, menciona abrazándome por la cintura atrayéndome a su cuerpo—, No sabes que falta me has hecho. Le di una sonrisa de lado, casi inexistente, para terminar, recargando mi cabeza en su pecho. Recordaba el primer día que lo miré, recordaba cuando los sentimientos hacían el habían comenzado a aflorar en mi interior. Aún con Luke una parte de mi seguía sintiendo por el chico malo con el cual compartí clases en la preparatoria, después de unos meses me aferré a la idea de que no seríamos el y yo una de las historias perfectas con las cuáles vivir. Después comenzamos a salir, comencé a aferrarme a él, hasta que terminé aferrada como un chicle pegado al asfalto. Cerré los ojos inhalando su aroma, para después sentir como mi corazón se achicaba. Nunca mis sentimientos fueron menores por él, nunca mis sentimientos habían bajado, solo estaba aferrando mi vida en la suya, estuve a un lado de él cuando cayo en coma, pidiendo a dios que me regresará al amor de mi vida, me lo otorgó, pero… Ahora solo me sentía lastimada por él en cierto modo. Porque no importaba lo mucho que hiciéramos uno por el otro, yo terminaba recibiendo menos que él, y no es que diera por querer recibir… Pero dolió que cuando estuve en el hospital el me miró con coraje culpándome de estar ahí. “—Me arriesgué por ti una vez, pero ahora tu te entregaste en bandeja de plata ante la situación”. Una parte de mí lastimosamente no dejaba de sentir por él, porque a pesar de que en algunas ocasiones era cruel conmigo, o simplemente no me daba un poco de atención, cuando lo hacía, cuando se mostraba dulce, o simplemente en momentos que no eran especiales y el los hacía de ese modo, me recordaba porque me enamoré de él. Lastimosamente, el quería ser malo. A pesar de que no era como los chicos, a pesar de que el se esforzaba lo suficiente—y un poco más en serlo—, sólo causaba daños entre nosotros, por querer ser algo que en realidad no era. —Has estado un poco lejana a mí—, me señala, a lo que negué sin decir si quiera una sola palabra—, sabes que siempre puedes confiar en mí… ¿No es así? Otro punto a tocar. Últimamente una presión dentro de mi pecho me lastimaba siempre que estaba cerca de él, como si sintiera que en cualquier punto podría lastimarme. Tomo mi mentón para hacer que le mirará, sentí como mi corazón se achicaba ante esa situación. Solté un suspiro pesado para después sonreír levemente. Dejo un beso en mis labios, un beso que se convirtió en un vaivén de movimientos, sentí mi corazón latir con fuerza nuevamente, me estaba convirtiendo en el mismo desastre en persona. Apenas nos separamos me hice a un lado logrando que pueda entrar, así lo hizo. Me apoyé en la pared mientras el cerraba la puerta. —¿Tienes algún florero? —, pregunta sacudiendo levemente el ramo—, ¿Mi niña? ¿Amor? ¿hola? Asentí señalando la cocina a lo que el agradeció, pasé mis dedos entre mi cabello enredando este en él, mientras que movía de un lado a otro mi pierna. Camine con pasos lentos hacía el sofá para dejar caer mi peso en el sofá, apenas regresó Caleb imitó mi acción con una leve sonrisa. —Luces muy linda hoy. “Debías ir a la feria, dejaste perder la oportunidad de ver con tus propios ojos la realidad”. Recordé, había recibido ese mensaje un par de meses atrás, sin embargo, me negaba a aceptar alguna orden de quien fuera el o ella. El paso su mano por mi cabello, para tomar este entre su mano y acercarme a él, dejando un beso en mis labios de modo intenso. Sus manos comenzaron a jugar con este, intensificando el beso cada vez más, esta vez era menos que un beso dulce, era un beso feroz, desesperado. Brusco. —No sabes cuanto te extrañe—, mencionó entre el beso, tiro mi cuerpo hacía atrás para terminar por subir arriba de mí. Sus manos apartaron mi short de pijama de golpe, intentando pasar de base, ¿Era posible? Seguramente. Era curioso, pero entre medio de la opción de parar, no quería hacerlo. Podría decir que esto era así, podía ser real que esta relación ya se basará en solo sexo, mis sentimientos me mantenían inmersa en otro mundo, no podía dejar de pensar en un mal presentimiento y mis sentimientos me alejaban, en un silencio que solo nos alejaba más. Respondí su beso con la misma fiereza que él, haciendo que el calor dentro de la habitación de mi casa solo aumentará más y más, fue esa la misma razón por la cual sus manos terminaron al borde de mi blusa, o la misma razón por las cuales estaba quitando yo la suya. Quizá era la misma razón el calor de la casa que me recordaba al frío que se hacía en la relación. Era así como funcionaban nuestras vidas. Sus manos bajaron mis shorts con rapidez y en un movimiento rápido me sacó la parte de arriba de la ropa interior. Se levanto sacando sus jeans, mientras que en un movimiento torpe se deshacía de sus zapatos. Quizá era un mal momento, o yo había dejado de tener la credibilidad completa hacía el chico con el cual estaba apunto de acostarme, pero esto no era lo que quería. Ya no estaba segura de que nosotros llegaríamos a alguna parte, quizá era aquella espina en el pecho que me insistía que algo estaba saliendo horriblemente mal, o la razón por la cual no contestaba los lunes en la tarde o los viernes en la noche. —Espera—, musité apartándome de él. Intentando que él se detuviera—Caleb, para. Apenas terminé la oración el se separó de mí. —¿Qué sucede amor? —, pregunto, se sentó para después mirarme a los ojos—¿Acaso no te gusto ya? Quizá era el hecho que en mi cabeza solo podía recordar las mismas cuatro palabras del mensaje que me mandaron hace un par de semanas, quizá había algo que iba más allá de mí. —No quiero hacer esto. Necesito que te vayas Caleb—, mencioné mirando sus ojos, aquellos ojos traicioneros—, Necesito que me des un poco de espacio… Esto es demasiado para mí. Su rostro se miraba confundido hasta que una idea pareció iluminar su rostro, creando una mueca de par en par en un punto bajo. —¿Has estado hablando con alguien? —interrogó subiendo sus jeans, tambaleándose un poco—¿Por qué actúas así? —¿Hay alguien con quien debería hablar? —interrogué. El simplemente negó mordiendo sus cutículas—, ¿Entonces que es lo que está sucediendo? —Audrey—, alargo tomando aire, a lo que yo me levante con un poco de aquella irá que recorría mi cuerpo—, Sólo tienes que confiar en mí. —¿¡Que no te das cuenta que lo hacía!? —alcé la voz con enojó—¡Te di mi confianza y nunca me pregunté si debía hacerlo! —¡Todo lo que hago es por ti Audrey! —, me grito haciendo su camisa una bola, presionada en su puño lleno de furia—¡Qué estoy aquí para que estés a salvo! —¡Estoy lastimada por tu jodida culpa! —grité ahora yo. Caminé con rabia hacía el enfocando sus ojos—¡Por que no puedes decirme mirándome a los ojos que hacías un jodido lunes o un estúpido viernes! —¡¿Quieres ser de ese tipo de chicas Audrey!? —, me gritó tomando tirando su camisa al sillón para acorralarme en la pared—¡¿Él tipo de chica que solo revisa el celular de su novio y busca un motivo para pelear!? —¡Es que yo no lo busco Caleb! ¡Tu eres quien día con día me hace dudar! —grité empujando su cuerpo con ambas manos—¡Quién me evita las llamadas! El se giró sobre sus talones tallando su rostro, parecía desesperado, como si todo esto no fuera lo que el esperará. Parecía estar furioso, pero más que nada lleno de miedo, sobre aquello que pudiera pasar en estos momentos. Yo no lo sabía. Sabía menos que nada… —No quieras que parezca mi culpa, cuando cambiaste de la noche a la mañana y lo único que te importaba era el jodido sexo Caleb—, solté con enojo—, Cuando lo único importante para ti es tener una chica trofeo, como los otros chicos… Pero ellos no mienten cuando hablan de amar. —Audrey, te amo, y lo haré siempre. .. —Pero nunca seré lo suficiente para que dejes de engañarme. De mentirme, ¡De no decirme la verdad en la jodida cara! ¡¿Tu crees que no he visto como te escusas cuando llega esta conversación!? —Es complicado, te prometo que un día te lo explicaré—, prometió. Dio un paso hacia atrás colocando su camisa—Pero ahora no, te prometo que en realidad… —Me prometes que, en realidad, ¿Esto no va a afectarnos? — cuestioné arqueando mis cejas—, ¿Qué lo que sea que me estas ocultando no me va a dañar? —Te prometo… que solo tienes que confiar en mi preciosa—, me dijo dejando un fugaz beso en mis labios—, Te amo de verdad, con el corazón… Le di una ligera sonrisa, una no del todo sincera… ¿Qué era lo que nos había traído a todo esto? Sabía poco menos que nada, pase mis manos por mis muslos desnudos sintiendo mi corazón latirme de modo rápido, doloroso y me lastimaba de manera espantosa. —Es real. Es sincero, sabes perfectamente que te amo—, comenzó a repartir besos en mi rostro—, Podemos ver Tres metros sobre el cielo, pedir comida italiana, tu favorita—, continúo dejando sus besos haciéndome sentir mas tranquila—, Y que sea una noche agradable para ti preciosa, solo para ti. Pero las mentiras son fuertes y el salir de ellas no era la cosa más sencilla… El creer en la persona equivocada era del tipo de cosas que te cambiaba la vida. Caleb no tardo en dormirse, simplemente fue cuestión de minutos en que su cabeza tocará algo suave, escuché el sonido de su celular… No quería ser del tipo de “chica”, pero antes de pensar ya estaba el celular de Caleb entre mis dedos y el mensaje en mi cabeza. D: ¿Te esperó esta noche? K A T H E R I N E : Mordí el interior de mi mejilla dejando salir el aire de mis pulmones, en el camino a casa en lo único que había pensado era en que esto era un caos. Sabía perfectamente que yo estaba haciendo el mal al no decirle las cosas a los demás, sabía que debía informarles que irrumpimos en la morgue para después encontrar un par de fotografías que podían cambiar absolutamente todo. Sabía que si fuera yo a la que no le dijeran las cosas me molestaría demasiado, era demasiado para mí. Es sólo que… Cuando Saith me contó acerca de los puntos y la forma en las cuales habían estado sucediendo las cosas, podía admitir que tenía lógica. A pesar de que no quisiera que fuera así. Alguien nos estaba traicionado constantemente para crear la historia con la cual nos destruirá. Lastimosamente, éramos un mal equipo, un equipo de mierda que mentía para salvarse y mantener su trasero a salvo, así eran ellos. Y yo… Mentía por no saber que decisiones tomar, sabía que haría daño desde el minuto uno, pero al final del día, era una mentira, estaba mintiendo, era igual a ellos, debíamos contar las cosas que sucedían, debíamos ser honestos… Pero no quería si quiera asimilarlo, no quería pensar en que aquellas fotografías tendrían a una persona que debía irse. —Si en algún punto decides que quieres que nos vayamos, no habrá problema, hay demasiados hoteles aquí—Olivia deja su mochila en el suelo para después mirarme—, No tienes que preocuparte, no herirías nuestros sentimientos. —No tenemos—, menciono en tono exagerado Grace moviendo sus manos—, Así que no te preocupes. —Claro, son insensibles con un corazón de piedra—, le seguí buscando un par de llaves de la casa, las que le había dado a Drey cuando se quedaba aquí—Si necesitan algo, no duden en decirme. Apenas encontré las llaves se las extendí a ambas, pero quien terminó por tomarlas Grace. —Eres un encanto. Uno lleno de azúcar—, soltó repentinamente bajando con cuidado las cosas que estaban en su mano—, ¡Eres azucarada hasta los tobillos! Negué para después pasar mis manos por mi cabello, era algo completamente diferente para mi ir pensando día con día en las respuestas perfectas que decir, yo estaba cansada… Quería ser como Grace, que decía lo que pensaba, que era honesta con todos los pensamientos que tenía, ella era real, sin importar el tiempo, el día o el lugar, ella era honesta. —Yo… No creo que sea bueno que ustedes estén afuera de aquí, sin protección o sin si quiera conocer a nadie—, balbuceo en tono bajo, presionando mis uñas en mis dedos. Esperando que ella no notará que era una mala idea el estar aquí—, Es una ciudad peculiar. —Sí, los mensajes—, rodó los ojos para después mirar hacia mí. —No—negó Grace, sacando una paleta de su mochila, abriendo esta he introduciendo este en su boca—, no lo dice por los mensajes. Si no por los bandos, esta es una ciudad de esas, como los libros locos—, se encogió de hombros mirando hacía su paleta con una mueca de asco—, Nada que ver con Shawn, ni Dan, mucho menos con Paul, quien si era considerado como un chico malo. ¿Paul era un chico malo? Es decir, compartí arte con el, pero… Era dulce. —No creo que sea tan malo—, exclamo con tranquilidad para después suspirar —, Vamos, no creo que nada superé a lo que paso hace dos años… Sentí el agua helada cubrir mi cuerpo, sentí como comenzaba a temblar de manera irracional. Intenté zafarme de las cuerdas que lastimaban mi piel. —¡Por favor! —lloré sintiendo como mi corazón se achicaba—, ¡Por favor suéltenme! Un golpe llego a mi rostro, uno tras otro, sintiendo como mi cuerpo se hacía pedazos y solo sentía como el dolor me hacía trizas, me estaba lastimando, me sentía nerviosa, solo quería irme a casa. —Hay cosas que no pueden cambiar… Ni con el tiempo, ni tus acciones. Morirás hoy, mañana. Pero no saldrás con vida de este juego. Me sobresalté al sentir la mano de Olivia sobre la mía mientras que ella pronunciaba mi nombre, entre abrí los labios intentando tomar una bocanada de aire, poder relajarme, poder sentir paz. —¿Esta todo bien? —preguntó Grace mirándome con confusión. Para después ponerse frente a mí—, Parece que hubieras visto un fantasma… —Estoy bien, estoy bien—, repetí apartando la mirada, para después tapar mi rostro y soltar el aire que oprimía mis pulmones. No dije nada, solo me mantuve en silencio, escuchando como ellas hablaban de lo que harían, Olivia estaba estudiando la universidad y Grace al igual que yo se había retrasado en sus estudios, sin embargo, en lugar de un año, solo un semestre. Intentaba escucharlas, pero era complicado. —¿Tienes un número de pizza Kathy? —pregunta con sus cejas alzadas. Recarga su cuerpo en la encimera y me sonríe divertida Grace—, ¿Sigues en este mundo Katherine? Te estamos perdiendo. —En marte quizá. Ella sabía perfectamente sobre las cosas que sucedían aquí, si, existían los bandos que podían hacer que una ciudad tan pequeña —Cálmate con la comida, que no estés ya en el hospital no significa que puedas comer de todo. —Liv, viví sola toda mi vida, puedo cuidarme perfectamente, relájate. Conocí su historia, la de ellas en particular, cuando comenzó aún estaba allá, las pulseras, la reina roja, eran todo un dilema y un poema de conocer, si alguien pudiera sobrevivir a esto quizá fuera Gia, la gran reina roja a la cual todos temían. —¿Qué tal está Gia? —, pregunte sentándome en el sofá—, Hace bastante que no se de ella. —Está bien, sabe llevar la vida a la perfección. —Lo sé, la reina roja—, enfatice—, En cierta parte, la escuela era divertida, no estaba debajo de los rangos, tenía aquella pulsera morada con letras blancas. —¿Nueva Jersey no fue lo que esperabas? —, pregunta a lo que negué. —Ciudad de bandos, metida en medio por ser prima de Juls, los cinco querían protegerme, creo que solo lo arruinaron, esparcieron rumores míos y nadie quería hablarme, a excepción de dos chicas, que ahora si quiera se encuentran aquí, están estudiando la universidad. —Sabes, Paulina… En realidad, no sé dónde se encuentre a pesar de que sea la madre biológica, nunca estuvo aquí… la busqué, buscamos… Queríamos más respuestas, pero no se obtienen de personas que no están. —Paulina es como Claudia, por ello eran mejores amigas—, solté sin pensar, aparte la mirada cruzando los brazos—, No hay mucho que se pueda hacer por personas que no quieren ser salvadas, no pueden cambiar ello. —Se que las personas cambian—, aclaró mirando a Grace—, Sin embargo, quien está haciendo esto, no es porque se parezca a Claudia, a Paulina ni a nadie parecido, es por rencor y no va a cambiar. —¿Por qué lo dices? —, pregunté. —Porque de querer que fuera así, la primera vez hubiera terminado, Grace recibió datos que la hizo ir tras de nosotras. —Como los bandos recibieron mensaje para ir contra sí—, completo Grace negando—Es rencor y a veces el rencor nunca se va. —Grace… —Cambie, lo hice porque lo note, tuve oportunidad de hacerlo y lo tome, yo no las conocía a ellas en ese aspecto, no tenía cariño por ellas, no tendría culpa—, completo tronando los dedos de sus manos—, Es más que claro que quien hace esto, sintió cariño por alguno de ustedes y por eso empezó, sin embargo, no está dispuesto a terminar el juego, el poder es un arma de doble filo. Le gusto y no se detendrá. No ahora. Apenas ella terminó eso, salió de mi campo de visión con una pequeña sonrisa de lado tan pequeña, por un par de minutos me quedé charlando en la cocina con Olivia, sobre que estaba pasando. Quería asegurarle que el estar aquí no sería tan malo como ella esperaba. Sin embargo, me encontraba ahí nuevamente mintiendo frente a las personas que se hacían en mi camino, supongo que así iría la historia siempre, día con día, seríamos del tipo de circulo que se llenaba de mentiras constantes. Las palabras de Grace resonaban dentro de mi cabeza, una y otra vez como disco rayado, era lista, si la persona que estaba detrás de todo esto sintiera un poco de cariño hacía nosotros… Si ella en realidad nos quiere del modo en que lo dice, del modo en el cual pudo llegar a involucrarse así… En realidad, no hubiera llegado tan lejos. —Katherine…—me llamo. Alcé la mirada a lo que ella aplanó los labios—, Finges bien. Una chica feliz, claro que sí. —No se de que estás hablando Olivia—, Crucé mis brazos sobre mi pecho alzando los hombros—, Tienes que hablar para que yo sepa que es lo que me dices. Ella tapo su rostro bebiendo de un vaso de agua. Apartando la mirada de mí—, No importa cuanto tires de tu suéter Katherine, lo que esta debajo de el no va a desaparecer. Baje la mirada, sintiendo como sus brazos me envolvían en un abrazo, no negaría lo avergonzada que me sentía en este momento, era como si una parte de mi se hubiera detenido. Me aparte de ella, sintiendo un nudo en mi garganta quemándome de modo horrible. —No lo digas a nadie—, pedí con los ojos un poco borrosos. Ella aparto el cabello de mi rostro y me miró con una sonrisa pequeña, una comprensiva sonrisa—, Por favor… —No lo diré. A nadie Katherine, será nuestro secreto—, prometió abrazándome antes de salir de la habitación. Deje caer mi peso en la pared, mirando hacía el frente sintiendo como mi corazón latía con una rapidez impresionante. Cuando esto había comenzado fue una vez, después se desató una crisis que si quiera con tiempo la había podido apartar de mí. Caminé con pasos lentos en dirección a la puerta que daba directamente al sótano, me quede recargada por un par de segundos en el marco de la puerta, para después con pasos nada seguros y completamente lentos baje al sótano, donde se encontraba las cosas que encontré el día que nos lastimaron, sentí mi celular vibrar en mi bolsillo, había vaciado este lugar. Todo lo de mamá estaba en mi closet, todo lo había llevado arriba para poder mirar y escuchar su voz siempre. Saqué mi celular de mi bolsillo para mirar el numero desconocido y un mensaje que hacía que mi piel se erizará de forma despiadada, ese era su poder. Desconocido: El pasado importa, cuando la verdad nunca se dijo. Te deje un regalo en la entrada de tu casa, tic tac… Bloqueo mi celular, girando sobre mis talones con un suspiro pesado, recién había entrado aquí, ¿Cómo era que había este tipo de cosas? Cerré la puerta para después dirigirme a la puerta de mi casa, con pasos pesados, no quería que fuera así, nuevamente hacía ese tipo de cosas. Abrí la puerta para encontrarme con una pequeña caja en el suelo de la entrada, no era grande, solo una pequeña caja que seguramente no tendría algo bueno. ¿Por qué debía ser yo quien recibiera este tipo de cosas? Éramos diez personas y no le deseaba el mal a nadie, pero… Quizá yo necesitaba un respiro de todo esto. Me estaba agobiando de manera brutal. Miré hacía los lados para buscar a alguien, sin embargo, mi entrada se encontraba vacía. Tomé la caja del suelo entre mis dedos notando lo liviana que era, caminé con esta en dirección de la cocina, jugando con esta entre mis manos para dejarla sobre la encimera, mientras iba por un cuchillo para cortar la cinta. Pase el filo por encima de la cinta, logrando abrir la caja, hice una mueca pequeña esperando que no sea una estupidez como el hecho de elegir a una persona por encima de las demás. Aun no miraba las fotografías esperando que lo que fuera a suceder no fuera la gran cosa, no quería seguir creándome historias en la cabeza o seguir buscando respuestas de un juego odioso. Lo que encontré en la caja fue una sorpresa para mí, se trataba de una cinta vieja, un poco sucia y empolvada, hice una mueca de asco, lo menos que tenía este personaje era sentido. Dejé el cuchillo en la encimera, para suspirar, miré nuevamente entre el casete. A.M, cita 34 cb. L.M, ca. Sonreí levemente al recordar que en mi habitación tenia con que reproducirla, caminé con esta entre mis dedos con pasos rápidos esperando poder encontrar por fin lo que estaba buscando. Subí las escaleras de dos en dos, hasta que entré a mi habitación, cerré la habitación detrás de mí, yendo directamente al tocador, busque entre mis cosas el reproductor, después de revolver mis cosas lo termine por encontrar. Introduciendo aquella cinta dentro, colocando los audífonos para que Grace no escuchará que estaba mintiendo en este juego. Solté un suspiro pesado, para reproducirla segundos después. Cita 34, Anna Morgan. —¿Usted cree que ella viene a molestarle? —, pregunta el doctor. —Creo que está molesta—, menciona con tristeza—Solo quiero estar libre para ver a mis bebitos… —Si usted mejora podemos hacer visitas de los niños, ¿No quería usted que sus hijos tuvieran la custodia completa de su hermana Claudia? —Ella se robó mi vida, solo quiero que Logan sea feliz… —¿Por qué crees que se robó su vida? —Yo soy Claudia Morgan, Anna está afuera, con mis niños corriendo peligro… —Recibirá visita, de sus hijas, Julieta y Gisela, podemos consultar con su hermana si deja que su hijo visité… —No es su hijo, es mi hijo—, dice con molestia—, Anna es quien está afuera… —¿Por qué mataste a tus padres Anna? —Anna los mató, porque perdería su vida, sería encerrada de nuevo—, espeta con enojo—, Mato a mis padres, pero ellos no sufrieron, no fue un accidente, tiene razón, fue asesinato y ella los mato… —Y a su hermana, ¿Por qué la mato? —¿Laura? —, pregunta con lentitud—, Laura tenía que morir. —¿Por qué crees que ella debía de morir? —Anna la mató, porque fue mala hermana—, menciona—, Ella sabía que el padre de los hijos de Anna, tuvo una aventura y nunca lo mencionó. Laura murió porque fue quien les dijo a mis padres que Anna era mala, quien la encerró por primera vez… —¿Por llamar a la policía? —Nueva Jersey. Los novios de nuestras amigas y los de nosotras eran un bando, uno poderoso. Conocían los pequeños detalles de las personas, sabíamos todas en que nos involucrábamos, inclusive el novio de ella era parte del bando. —¿Y porque llamo a la policía? —Porque un tiroteo salió mal, ellos se separaron y ahora luchaban entre sí. Laura temía, porque el novio de Anna estaba por matar al suyo, sin embargo, Laura nunca contó con que Anna había sido quien encabezaba el bando contrarió… —¿Anna? —Anna era perfecta para ser mala, villana. Decidió ser quien lo dirigía, Anna dio la orden de matar a cada uno de los bandos contrarios, inclusive a ella, Laura. A mis amigas, fue por ello que Laura llamo a la policía, no fue valiente. —Laura, ¿Los entrego a todos? —Sí, a todos los del bando contrario, contó una historia diferente, una que no era real sobre los chicos. Por ello es que se encuentran en la cárcel… —¿No crees que ella hizo bien en salvarse y salvar a tus amigas? —Entrego al chico que Anna amaba… —¿Por ello la mato? —Y por traidora, por no decir que su novio tenía una aventura. —¿Si Anna estuviera aquí? ¿Crees que si salé se vengaría de quienes aún siguen con vida? —Sí. Porque corroboraron la historia de ella, dejando sola a sus hijos… Ella no merecería salir. —¿Tu que parte del bando estabas? ¿Dónde se encontraba Laura? O donde se encontraba Anna… —Anna. Salíamos con unos chicos que se encontraban en ese bando, Laura nos traiciono enamorándose de la persona equivocada. —¿Laura te hizo daño a ti también? —, el silencio reina un par de segundos—¿Qué te hizo? —Lleno la cabeza de papá, de mamá, sobre ambas, diciendo que las dos teníamos problemas mentales… —Entonces aún le tienes rencor—menciono por lo bajo el doctor—¿Mucho rencor? —Un poco, es demasiado mala con los demás—suspiro por lo bajo—Ella robaba todo lo que los demás quería, le gusta la atención, por eso había hecho todo esto, le gustaba creer que todos eran malos menos ella. Me quedé callada, mientras que razonaba aquello que la cinta decía, me quedé esperando que esta siguiera reproduciendo la voz de ellos, poder encontrar una respuesta acerca de ello, pero parecía inclusive ser demasiado inútil, era del modo que se llegaba asentir, pase mis manos por mi cabello. —Tu hermana, ¿Ambas son malas personas? —Sí, son malas personas disfrazadas de buenas, no sé porque las personas llegan a confiar en ellas, pero no, son malas de pies a cabeza, deberían tener cuidado, porque cuando menos lo esperas, te manipula.
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