Capítulo 9

4979 Palabras
Salón de La Corte en el Castillo Dracul en Bran, Braşov, Transilvania, Rumania, un día después de la visita del mago oscuro Kerem. Después del terrible desenlace que tuvo la visita del mago oscuro Kerem de Anatolia, donde Lucian acabó con la larga vida del humano que por poder vendió su alma a Satanás y se convirtió en uno de sus títeres, el Príncipe Dracul se dirigió a lo alto de la torre donde se encontraban sus aposentos. Ahí había refugiado a Laura junto a Sasha, Paula y los tres pequeños hijos del brujo con la gemela licántropa de su compañera predestinada, los cuales resultaron ser ángeles encarnados. – Imagino que ya sabes lo que sucedió con nuestro visitante y lo que eso significa –soltó Lucian ni bien llegó a la puerta de la habitación en lo más alto de la torre. Ileana lo esperaba afuera de esos aposentos. – «Lucian, es mejor si no hablas. Laura y Paula pueden escucharte, y no es momento para preocupar a nuestros huéspedes» -decía Ileana por medio de la conexión telepática que había entablado con Lucian-. «Solo habla en tu mente, como si lo hicieras contigo mismo, que yo sabré que te estás comunicando conmigo». – «Ileana, tengo miedo» -aunque la hermana menor de Darius era muchas décadas más joven que Lucian, este siempre supo que Ileana era mucho más madura que ellos, por lo que siempre pudo confiar en soltar ante ella sus emociones. – «Lo sé. Yo también lo tengo. Por eso te he pedido que seamos cautos. Las dos licántropas que están aquí no son diestras guerreras, y los brujos no saben mucho del arte de la guerra, por lo que, si perciben nuestro temor, siendo seres que nacemos listos para la batalla, en sus corazones se albergará la desesperanza, y eso no es bueno» -las palabras de la joven vampira calmaron al Príncipe Dracul, a la par que le hicieron entrar en razón. – «¿Qué debemos hacer? Estamos solos contra el resto de los clanes y las huestes de Satanás» -preguntó Lucian al igual que señaló la situación desigual en la que se encontraban por el número de guerreros que ellos tenían y con los que contaban sus adversarios. – «Tendremos que buscar nuevos aliados» -dijo la joven vampira a la par que alzaba los hombros, como si lo que acababa de comentar era obvio. – «¿Y quién querrá aliarse con nosotros?» -preguntó Lucian perdiendo la paciencia porque eso de comunicarse telepáticamente no era lo suyo, y ya empezaba a cansarse. – «Creo que podemos pedirle ayuda a la familia de tu predestinada» -la idea que soltó Ileana, Lucian la había pensado mientras caminaba hacia la torre donde estaban sus aposentos, pero lo descartó al concluir que un licántropo no querría pelear en el mismo bando que un vampiro-. «Eso no es verdad. Catalin es la entrenadora de los guerreros Höller y peleó al lado del Alfa en la última incursión bélica fallida que encabezaste. Ahí está la prueba de que vampiros y licántropos podemos formar un solo ejército e ir en contra de aquellos que quieren que el mal persista entre los de nuestra especie» -Lucian miró asustado a Ileana por lo que acababa de hacer: responder a los pensamientos que el príncipe vampiro recordó. – ¡No hagas eso! –increpó molesto Lucian a viva voz. – Lo siento –dijo Ileana algo avergonzada-. Es que a veces se me olvida que no debo inmiscuirme en los pensamientos de los demás, que esa parte de la mente es muy íntima y que es una falta de respeto –dijo Ileana, quien lucía apenada como una muchachita humana de la edad que aparentaba estaría ante lo ocurrido. – ¿Lucian? –se escuchó la voz de Laura-. Mi príncipe vampiro, ya estás aquí –la licántropa abrazó a su predestinado con todo el amor que guardaba en su ser para él-. ¿Todo bien? –preguntó la licántropa mientras mantenía el abrazo que Lucian respondió con mucho gusto. – Sí –dijo él, pero la preocupación que brotaba de él la sintió Laura, por lo que la licántropa no le creyó. – ¿Estás seguro? –preguntó Laura soltando el abrazo y mirando a Lucian con sospecha. – A ti no te puedo mentir –dijo el vampiro reconociendo que Ileana ya no era la única a quien no podía esconderle la verdad de sus emociones y sentimientos. – Creo que será mejor que pasemos a la habitación para que Lucian explique la situación a la que nos enfrentamos, no solo a ti, querida Laura, sino también a Sasha y Paula –recomendó Ileana, a quien Laura hacía caso sin mostrar oposición, ya que la vampira le infundía mucha confianza desde ese primer instante que la conoció-. Yo me quedaré con los pequeños, para que ustedes puedan conversar tranquilamente. Tras narrar lo sucedido en el salón de La Corte con el mago oscuro Kerem, y lo que su asesinato a manos de Lucian significaba, Sasha rompió la promesa que se hizo a sí mismo de no encariñarse con ningún m*****o del Clan Dracul, y se acercó al príncipe vampiro para abrazarlo. Por simple instinto, Lucian rechazaba el gesto del brujo, pero a los pocos segundos supo que luchar contra ello no era posible porque el frío corazón que había en su pecho, y solo latía cuando se alimentaba de la cálida sangre de Laura, empezaba a entibiarse al ver a Sasha, Paula y los pequeños Boris, Bianca y Brunella como parte de su familia. – Gracias por proteger a mi familia –dijo Sasha tras soltar el abrazo-, pero eso ha condenado a tu clan –lo dicho por el brujo estaba claro para el vampiro. – Lo sé. En unas horas nos reuniremos los vampiros de nacimiento en el salón de La Corte para debatir sobre lo que haremos ante la necesidad que tendremos de enfrentarnos a quienes vengan a retarnos por la muerte de Kerem de Anatolia –el asco en la voz de Lucian al pronunciar el nombre del difunto mago oscuro era tan notoria que a Paula le nació preguntar por ello. – Se nota que ese mago oscuro no era de tu agrado. ¿Qué era lo que hacía que ese sujeto no sea bien visto por ti? –la consulta de Paula tomó por sorpresa a Lucian, pero al pensar rápido, pudo responder a su cuñada segundos después de quedarse callado al repasar en sus pensamientos. – Siempre he detestado a los humanos que por obtener un poder que no es para ellos, sino hubieran encarnado formando parte de alguna especie sobrenatural, entregan su alma a Satanás para que sea devorada por los demonios y Caídos, convirtiéndose en un ser vacío, donde el cascarón, que es su cuerpo, solo se mantiene bien por rituales aberrantes que implica tomar la vida de otros –soltó Lucian notoriamente asqueado por hablar sobre los seguidores de Satanás. – Pero eres un vampiro, y los vampiros también entregan su alma a Satanás para que se le conceda el poder de la vida eterna –señaló Paula sin miedo, ya que al pasar de los días empezaba a conocer a su cuñado, y entender que no le haría daño a ella ni a su familia. – No soy un vampiro que pactó con Satanás su conversión. Soy un vampiro de nacimiento, al que se le concedió encarnar con alma y un don que la Madre Luna entregó porque el Dios Supremo así lo permitió –Paula y Laura miraron estupefactas a Lucian, cosa distinta a la expresión que tenía Sasha, quien en los últimos días había estado estudiando junto al príncipe vampiro los manuscritos que había en la biblioteca del Castillo Dracul, por lo que empezaba a conocer sobre la evolución de los vampiros y la profecía que recibieron hace más de dos mil años-. Yo no estoy obligado a mantener un pacto con Satanás, ni siquiera mi ancestro humano, Vlad Tepes, está obligado, ya que Satanás no lo convirtió, sino uno de los trece primeros vampiros que bebieron la sangre de Caín. – ¿Cómo es eso de que tienes alma? –preguntó Laura mirando con sorpresa y amor a Lucian. – Todo ser que nace de la unión de macho y hembra posee alma. Los vampiros no somos la excepción –respondió el vampiro limpiando las lágrimas de alegría que los ojos de Laura empezaban a soltar. – ¿Y por qué has vivido todas estas décadas respetando un pacto que tu no hiciste? –volvió a preguntar Paula. – Por respeto a mi antepasado y porque uno crece siendo criado de una manera determinada, bajo creencias y principios que a veces no deberían continuarse de generación en generación. Sin embargo, que mi hermana y yo tengamos como predestinados licántropos, me ha entregado un mensaje muy claro: que el estilo de vida de Los Dracul debe cambiar –la determinación en Lucian alegraba al brujo y a las licántropas-. Ahora pueden estar completamente seguros de que ningún m*****o de mi clan les hará daño. Pueden ir a sus recámaras mientras yo y los demás nos reunimos en el salón de La Corte. Imagino que nos tomará el resto de la noche y el día siguiente determinar qué es lo que haremos, así que no me esperes despierta, amada mía –dijo Lucian dirigiéndose a Laura. – No te preocupes, mi príncipe vampiro. Dormiré durante la noche y por la mañana buscaré qué hacer para mantenerme ocupada mientras no estás a mi lado, aunque estaré pendiente, consultando a los guerreros si la reunión en el salón de La Corte ya terminó, para ir a tu encuentro. Al día siguiente, aburrida por estar sola en los aposentos que compartía con Lucian, Laura se dirigió a las habitaciones donde su hermana gemela Paula y su familia residían en el Castillo Dracul. Con ellos tomó los alimentos durante el desayuno, y le pidió a su gemela que le ayude a realizar un proyecto de costura, ya que quería embellecer el lecho que compartía con Lucian preparando un nuevo juego de sábanas y edredones. Entretenidas las gemelas licántropas en los aposentos del príncipe vampiro, el brujo se quedó con sus hijos haciendo hechizos básicos, ya que Lucian le había comentado que el demonio sabueso había confirmado que los pequeños también eran brujos. En el momento que Sasha se había retirado a preparar los alimentos que él junto a sus hijos comerían esa tarde, fue que llegó el Equipo Höller de rescate. El brujo estaba concentrado preparando los manjares cuando sintió la presencia de Killari. Al ir a la habitación donde sus hijos jugaban, se encontró con la bruja de los Andes Peruanos, así como al resto de participantes de la incursión que planearon para rescatarlo junto a su familia. Tras afirmar que Lucian lo protegía, así como a sus hijos y compañera, les pidió acompañarlo hacia el salón de La Corte, donde estaban reunidos desde la noche anterior los vampiros más importantes del clan para planificar cómo enfrentarán los ataques que recibirían por parte de Satanás y sus aliados. – Sasha, ¿estás seguro que hacemos bien en dejar la Torre de Lucian e ir hacia el salón de La Corte? –preguntaba Thomas siguiendo al brujo, quien bajaba apurado las escaleras junto a sus hijos. Detrás venía el resto del equipo. – Lo estoy, sino no me movería tan libremente por el castillo, menos teniendo a mis hijos y a Killari con nosotros. Ellos necesitan ayuda, y creo que ustedes son una señal de que la Madre Luna quiere proteger a Los Dracul, el primer clan que ha decidido romper el pacto con Satanás. Lo último dicho por Sasha sorprendió a todos, en especial a Catalin, a quien la noticia alegró mucho porque había una posibilidad de que pudiera mejorar el trato entre vampiros y licántropos, algo con lo que soñaba desde que supo que Thomas era su predestinado. Antes de llegar al salón de La Corte, apareció Ileana. Catalin amaba a esa muchachita eterna, pero conocía sobre su don de nacimiento, y que esa dulce apariencia difiere mucho con todo el daño que podría hacer a sus enemigos. Por ello, cuando apareció súbitamente enfrente de ellos, la vampira se apuró hasta quedar delante de Sasha, protegiendo a todos los que quedaron detrás de ella. Sin embargo, para sorpresa de la princesa vampira y los que la acompañaban, Ileana corrió hacia Catalin, y la abrazó. – ¡Catalin, querida hermana mayor! ¡Qué alegría verte! Te he extrañado mucho –la sinceridad con que saludaba la vampira era obvia-. Me alegro que hayas decidido seguir a Sasha y no huir sin antes enterarte de lo que está sucediendo con nosotros. – ¿Acaso sabías que estaba en el castillo? –Catalin preguntó sorprendida por el poder de Ileana. – Sí, pero no es por mi don de nacimiento que supe que llegarías acompañada de tu predestinado, dos licántropos, una bruja y la híbrida de licántropo con hada de fuego. Hay algo que nunca te conté, hermana mayor –empezó a decir la joven vampira con algo de vergüenza porque mantuvo oculto del conocimiento de Catalin lo que en ese momento revelaría-. Desde que tengo recuerdo, una voz se comunica conmigo. Con el paso de los años la conocí mejor, y entendí que se trata de la divinidad que guía a los pueblos sobrenaturales: la Madre Luna –todos los que escucharon lo que Ileana confesó, no podían creer lo dicho por la vampira, excepto Killari, que conocía más sobre los vampiros de nacimiento que el resto. – ¿La Madre Luna le habla a una vampira? Pensé que solo lo hacía con Amelia, que es su hija –comentó con mucho asombro Katha. – La Madre Luna puede comunicarse con cualquiera de sus hijos, según como vea necesario. Recuerda, querida Katha, que fue la Madre Luna quien le pidió a Catalin dejar la mansión a las afueras de Bonn y dirigirse a Lima para evitar que Laura Barone acabe con la vida de Amelia cuando aún era una humana –lo mencionado por Killari hizo ver a todos que sí era posible que la divinidad de los pueblos sobrenaturales elija a cualquiera, incluidos a los vampiros, para cumplir con sus propósitos. – Y conmigo se ha comunicado desde que era muy pequeña, para ayudarla a que sus planes se hagan realidad –lo señalado por Ileana llamó la atención de Catalin. – Explícate, Ileana –exigió con ternura la princesa vampiro. – ¿Cómo crees que los licántropos pudieron ingresar al castillo para rescatarte? Pues, yo les permití el ingreso. Sabía que tu destino era vivir al lado de tu compañero predestinado porque así me lo hizo saber la Madre Luna. Y del mismo modo han podido ingresar al castillo hoy. ¿O has olvidado que ocultando tu olor no basta para que yo sienta tu presencia cerca? –Ileana sonreía tiernamente a Catalin, quien siempre quiso a esa pequeña como si de su hermana se tratara, aunque en realidad no había ninguna relación sanguínea entre ellas, más la de pertenecer a la misma especie. – Entonces, a ti te debo mi felicidad al lado de mi princesa vampira –dijo Thomas mirando con agradecimiento a Ileana. – Se puede decir que sí –dijo la vampira de aspecto adolescente-. Si me permites llamarte “hermano lobo”, con eso me doy por bien recompensada al haber ayudado a los tuyos dos veces. – No me molesta ser llamado “hermano lobo” –dijo Thomas sonriendo feliz, ya que él también soñaba con que un día los vampiros lo acepten como el compañero predestinado de Catalin. Sin que se lo esperaran, Darius apareció. El segundo general Dracul tras la huida de Catalin ya iba a lanzarse al ataque al ver al Equipo Höller de rescate, pero Ileana lo detuvo con una sola palabra. – ¡Detente! –la orden lanzada por la joven vampira detuvo a Darius. – ¿Qué poder tiene ella para que el temible Darius no ataque? –preguntó Katha a Catalin tratando de no ser escuchada por los demás, algo que no fue posible. – Ser su hermana menor y una poderosa psíquica –respondió Ileana con una sonrisa llena de orgullo. – ¿Qué es esto, Ileana? –Darius apretaba las mandíbulas para no soltar las ganas de atacar que tenía. – La ayuda que requerimos ahora que ya no somos aliados de Satanás –soltó la hermana menor del poderoso vampiro-. La Madre Luna me advirtió que, si no aprovechamos la oportunidad de encontrar aliados en los otros pueblos sobrenaturales, nuestro clan desaparecerá, y eso es algo que voy a evitar de todas maneras. – Pero por qué Los Höller. ¡Ellos se llevaron a Catalin! –increpó Darius. – Darius, no debes sentir rencor contra Los Höller. Catalin no es tu alma gemela, ella nunca te hubiera hecho feliz y viceversa. Tu momento ya llegará, te lo aseguro –esas palabras calmaron al vampiro, quien después de más de ciento ochenta años seguía esperan a su compañera predestinada sin haber calmado su deseo por un cuerpo femenino con otra hembra. – Entonces, es mejor que pasen al salón. Hasta el momento no hemos encontrado consenso a ninguna de las propuestas, y ya están cayendo en la desesperación –Darius dio media vuelta, y empezó a caminar hacia el salón de La Corte. Los demás siguieron al general vampiro hacia el enorme salón en donde más de una centena de vampiros estaban alzando la voz y discutiendo airadamente entre ellos. La desesperación que mencionó Darius se sentía en el ambiente. Al sentir el aroma de Sasha y sus hijos, Lucian miró hacia la puerta. La cual se cerró detrás de que pasara el brujo. Darius iba a reclamar a Sasha por no dejar pasar a los demás, pero Ileana se conectó telepáticamente con su hermano para explicarle que, en ese momento, con los ánimos acalorados, no era el ideal para que Catalin y los demás se presentaran. «Sasha hablará y los calmará. Ahí será cuando ellos deban ingresar», con estas palabras Ileana terminó la comunicación con Darius. – ¿Qué haces aquí? –preguntó Lucian preocupado y molesto a Sasha-. Encima traes a los niños. Hay quienes están proponiendo ir ante Satanás llevando a tus hijos como muestra de nuestra buena voluntad. ¡Vete de inmediato! – No –Sasha sonó muy determinado-. Si hay quienes piensan en esa posibilidad, es porque no has hecho un buen trabajo convenciéndolos de que deben pedir ayuda a los demás pueblos sobrenaturales. – ¿Me estás culpando de este desastre? –Lucian empezaba a mostrarse más iracundo. – No. Disculpa si lo que dije pudo sonar a que te culpaba por algo. Simplemente no has tenido los recursos suficientes para convencerlos de lo que es correcto para salvar a los tuyos del exterminio. Por eso estoy aquí. Como hijo del pueblo de los brujos y m*****o de una manada por ser compañero predestinado de una licántropa, soy quien puede darles seguridad de que serán escuchados por los otros pueblos sobrenaturales –lo dicho por Sasha podría funcionar, pero era un riesgo muy alto que Lucian quería evitar. – Hazle caso al brujo. Entre tú y yo podemos protegerlo a él y sus hijos si alguno de los nuestros intenta, si quiera, acercárseles –el ofrecimiento de Darius tomó por sorpresa a Lucian, pero a la vez alegró al príncipe vampiro, ya que era necesario convencer a los vampiros reunidos de que debían buscar aliados entre los licántropos, brujos y hadas. Boris, Bianca y Brunella caminaban delante de Sasha, quien iba flanqueado por Lucian y Darius. Al notar la presencia del brujo, todos los vampiros callaron. Había quienes pensaron que la llegaba de esos ángeles encarnados era propicia para apresarlos y llevarlos como ofrenda ante Satanás, mientras que otros creyeron que podían hacer que Sasha hable por ellos ante los demás pueblos sobrenaturales. – Lucian, creo que no es el mejor momento para que el brujo y sus crías estén entre nosotros –soltó Morgan muy malhumorado porque llevaban horas sin llegar a ningún acuerdo. – Al contrario, padre. Sasha es parte de los brujos y de los licántropos, así que él es quien puede decirnos si nuestro pedido de ayuda sería o no escuchado por los otros pueblos sobrenaturales –lo dicho por Lucian acaparó la atención de todos los vampiros, hasta de aquellos que pensaban que era mejor regresar a estar en buenos términos con Satanás. – Gracias, Príncipe Lucian por permitirme participar en la reunión de los miembros de su clan –así empezó Sasha a hablar ante Los Dracul-. Rey Morgan, líder de Los Dracul; respetables miembros de La Corte y consejeros, gracias por permitirme hablarles. Por el Príncipe Lucian conozco los detalles de lo ocurrido con el mago oscuro Kerem de Anatolia y lo que ello significa. Ante esta situación, es cuestión de horas para que Los Dracul sean atacados por las huestes de Satanás y sus aliados, los otros clanes vampíricos, que siempre han envidiado a Los Dracul por tener magníficos guerreros y una organización superior a la de ellos. Es en este momento que se ve necesario dejar el pasado atrás y acercarse a los otros pueblos sobrenaturales con la intención de llevar un mensaje de paz y solicitar ayuda. Sé que puede ser difícil para ustedes querer establecer con los licántropos, brujos y hadas relaciones diplomáticas, ya que los vampiros, en especial los del Clan Dracul, son orgullosos, y lo entiendo, han sucedido varios hechos que los han enfrentado a las otras especies, en específico con los licántropos, pero que el orgullo no ponga en peligro a los suyos, llevándolos a la extinción. Estoy completamente seguro que, si se acercan a los licántropos, ellos les ayudarán sin dudarlo, y serán el mejor respaldo que puedan tener para que el pueblo de los brujos y de las hadas también los apoyen. Los vampiros empezaron a mirarse entre ellos, como si pudieran conectar telepáticamente uno con otros y así discutir lo que el brujo les recomendó hacer sin que este se entere por dónde iban las intenciones de cada m*****o de La Corte, consejeros y del propio Morgan Dracul. – ¿Por cuánto tiempo vamos a discutir lo que se debe hacer? Todos tenemos bien claro cómo debemos actuar –intervino Lucian al ver que nuevamente nadie se animaba a apoyar la propuesta que hizo Sasha. – Brujo, ¿serías capaz de ir ante los tuyos y hablar por nosotros? –preguntó uno de los miembros de La Corte. – Por supuesto que sí. En este corto tiempo que mi familia y yo hemos estado conviviendo con ustedes, he aprendido tanto sobre los vampiros que sé que son seres extraordinarios, honorables y leales –Sasha miró a Lucian y Darius cuando mencionó las cualidades que para él caracterizaban a los vampiros-. Claro que soy capaz de ir con los míos, con el Aquelarre Vasylev y la Manada Barone, pero creo que es mejor que tengan de su lado a los más fuertes entre los sobrenaturales: Los Höller –entre los vampiros empezaron a alzarse los murmullos. A muchos, incluido Morgan, no les gustaba la idea de tener como aliados a Los Höller, por toda la historia de guerras que han tenido contra esa manada. – Pero Los Barone podrían hablar por nosotros ante Los Höller, y así obtener el apoyo de ellos –comentó un consejero a viva voz, dirigiéndose a Sasha. – Claro que sí, pero ustedes tienen a alguien que es muy importante entre Los Höller que estaría dispuesta a hablar por ustedes –el salón quedó en silencio tras lo dicho por Sasha-. Por favor, no me digan que aún guardan resentimiento y rencor por lo ocurrido hace varias décadas. Si han aceptado que Lucian tenga como predestinada a una licántropa, qué diferencia puede haber que su princesa tenga como predestinado a uno de esa misma especie. – Hemos perdido a muchos tratando de recuperar a la Princesa Catalin, y el recuerdo de aquellos que no volvieron del campo de batalla es lo que nos hace rechazar esa opción –soltó Morgan luciendo serio. – Usted ha perdido más que guerreros en batallas, estimado Rey Morgan –dijo Sasha, y captó la atención del líder Dracul-. ¿Acaso no quiere que toda rencilla contra Los Höller acabe para volver a ver a su hija y recuperar a su compañera predestinada? –ante lo dicho por el brujo, la expresión de Morgan cambió a una de tristeza mezclada con dolor. Mantener todo ese tiempo dormida a Reyhan, su amada predestinada, porque la huida de Catalin causó que la madre no pudiera soportar el no volver a ver a su hija, fue la decisión más difícil que había tomado en toda su larga existencia. – ¿Y cómo podríamos hacer que Catalin hable por nosotros ante Los Höller? Ella no está aquí ni sabe lo que ha sucedido. Es mejor que sea feliz lejos de nosotros. Al menos una del clan podrá serlo –Morgan empezaba a caer en el pesimismo tras el recuerdo de su amada Reyhan durmiendo al haber sido secada como una momia y puesta en estado de hibernación gracias a la criogenia. – Gran Morgan, Catalin está entre nosotros –soltó Darius de improviso, causando que todos en el salón de La Corte expresaran sorpresa-. Ella y un grupo de miembros de la Manada Höller han llegado hace unos minutos al castillo. – ¿Cómo es posible que hayan podido burlar nuestro sistema de seguridad? –preguntó muy preocupado y molesto uno de los miembros de La Corte. – Porque Ileana así lo permitió –que Darius mencione a su pequeña hermana bastó para que todos los vampiros ahí reunidos hicieran silencio-. ¿Hago pasar a la Princesa Dracul y quienes la acompañan, o seguiremos perdiendo más tiempo? Ante la pregunta que hiciera Darius, todos los vampiros, incluido Morgan, hicieron una venia con la cabeza, señal de que podía hacerla pasar. Lucian se acercó a Darius y le preguntó si era verdad lo que acababa de decir. El segundo general Dracul entendió que la incredulidad del príncipe vampiro se debía a que muchas veces había soñado con ese momento: cuando volvería a ver a su hermana. «Sí lo es, no jugaría con algo así, menos en este momento. Quédate aquí, que traeré a Catalin y a quienes la acompañan», dijo Darius y salió del salón. Segundos después, que para Lucian y Morgan fueron años, la puerta se volvió a abrir y dejó ver a Catalin acompañada de Thomas, quien caminaba muy cerca de ella, con notoria actitud de estar en alerta, por si alguien intentaba atacar a su compañera predestinada. Detrás de la vampira y el licántropo, ingresaron Killari con Helmut y después Katha con Klaus. Ileana y Darius ingresaron al salón tras cerrar las puertas. Catalin apretaba la mano de Thomas buscando tranquilidad, ya que volver a estar entre los suyos después de tantas décadas de ausencia no era algo tan fácil, además que ocurrió de una manera inesperada. El exguardián de las piedras de luna empezó a frotar tiernamente la espalda de su compañera, algo que siempre hacía para calmarla. Helmut, Klaus y Katha seguían a la princesa vampira, pero sin perder de vista a los vampiros; se mantenían alerta por si se atrevían a atacar. En cambio, Killari caminaba tranquila. La bruja de los Andes Peruanos conocía muy bien el don de nacimiento de Ileana, y si la vampira de aspecto adolescente los protegía, ningún guerrero Dracul podría atacarlos. – Catalin –fue lo que se oyó cuando la vampira hizo contacto visual con Morgan y luego con Lucian. Ambos, padre e hijo, pronunciaron nuevamente el nombre de aquel m*****o de la familia que escapó para unirse a quien la divinidad había elegido como su alma gemela. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que la vieron, que por un instante creyeron que no era real la imagen que tenían enfrente. – Hola, papá, hermano –Catalin podía ser una fiera en la batalla, pero en ese momento, toda ella era un manojo de nervios. La vampira no sabía cómo confrontar a los varones que más quería en La Tierra, después de Thomas. No sabía si hacía bien en acercarse para abrazarlos, ya que temía ser rechazada. Su expresión facial y lenguaje corporal indicaban que estaba insegura de cómo comportarse, por lo que Lucian tomó la iniciativa. – ¡Hermana! –dijo Lucian con notoria emoción y corrió para abrazar a Catalin. El movimiento fue tan rápido que en menos de un segundo ella estaba en brazos de su hermano-. Te he extrañado mucho, mi hermana menor –la escena era conmovedora, haciendo que algunos de los presentes mostraran en sus rostros ternura o emitieran un suspiro. Al ver la respuesta de su hijo ante el saludo de Catalin, Morgan siguió los pasos de Lucian y se unió al abrazo. En ese momento, el líder Dracul entendió que todo lo que hizo para que su hija no se uniera al licántropo que le tocó como predestinado fue debido a un vil pacto que nunca debió mantener porque él no lo acordó; a miedos que no eran propios, sino de aquel embaucador que teme perder a tan poderosos aliados. – Bienvenida, Princesa Catalin. Llegas como por arte de magia –dijo uno de los miembros de La Corte recuperando las esperanzas. – Yo diría que ha llegado como enviada por la Madre Luna –agregó Ileana. Y Los Dracul entendieron que no estaban solos, que estaban siendo protegidos por la deidad de los pueblos sobrenaturales.
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