Después de ese maldito encuentro con mi madre, le marqué a Nath casi de inmediato y ella no tardó ni cinco minutos en venir a mi casa. Se quedó a mi lado mientras sacaba toda mi frustración con lágrimas y desesperados gemidos cargados de rabia ante la impotencia que sentía por esa noticia. Salió de la jodida cárcel y mi madre no hizo una mierda para evitarlo. Desde que tengo uso de razón, sabía que tenía un carácter explosivo y que no me dejaba de nadie, pero jamás creí que explotaría contra la mujer que me dio la vida. La verdadera molestia en este asunto es que ahora tendré que disculparme con ella y eso será un verdadero dolor en el culo. Solo le levantará el maldito orgullo y a mi me lo reducirá a cenizas. Agregándole más mierda a la situación, ayer prácticamente le escupí a Gabriel

