CAPÍTULO SEIS

4110 Palabras
ECLIPSE Sangre. Hay demasiada sangre a mi alrededor, el cuerpo me duele, no puedo cerrar las piernas, quiero hacerlo, quiero intentarlo, pero no puedo, ni siquiera respiro bien, es como si todo el oxígeno a mi alrededor, quemara. “Corre” Esa palabra se me quedó clavada en lo más profundo de mis pensamientos, la voz de Xander se desvanece y no sé qué hacer. Me siento perdida, antes tenía un propósito, una meta, una orden diaria, un castigo, uno que Manuel Carlton disfrutaba con cada embestida que me daba. Con cada violación, golpe, quemadura. “Nunca regreses” Unas nuevas palabras golpean las paredes de mi cráneo. Después vienen a mí imágenes inconexas, borrosas, irreales, no, nada está bien, me permití creerlo por unas horas, la realidad es que ellos no me han dejado de buscar, les mintieron a los noticieros, y la policía está coludida con ellos, no tiene caso luchar contra Manuel, mucho menos ahora que se decidió que yo fuera la prometida y futura esposa de Ash Carlton. Es pensamiento, ese recordatorio constante, es el que me permite abrir los ojos de golpe, despertando por completo todos y cada uno de mis sentidos. Remojo mis labios con parsimonia, estoy dentro de la misma habitación en la que he estado descansando, cuando debería estar corriendo por mi vida, buscar un sitio para esconderme bien, sin que ellos me puedan localizar. —Despertaste. Una suave voz femenina, hace que me incorpore de golpe, a mi izquierda, está el ángel; Caroll, viéndome como si de verdad estuviera preocupada por mí. Ella es tan hermosa, aun después de despertar, y sin maquillaje, ella es lo que yo nunca seré. Aún recuerdo todos los gemidos que escuché anoche, Marvin la folló, él la tuvo entre sus brazos, sus jadeos estaban llenos de un placer que yo nunca he experimentado y que no me interesa. Parecía feliz porque ese chico tomara su cuerpo, para que él lo usará a su beneficio. De pronto, una duda quema en la punta de la lengua, ¿ella permitió que la tocara? ¿La habrá obligado? ¿La violó? Marvin, como se llama él, no parece ser esa clase de chicos, él no la mira cómo me mira Manuel o su hijo, ahí hay otra cosa. —¿Te sientes mejor? —insiste. Coloca la palma de su mano sobre mi frente. —No tienes fiebre. —¿Qué hora es? —logro articular, aunque mi voz sale pastosa y apenas audible. —Mediodía, nos diste un susto de muerte, por cierto. Sus ojos azules como el cielo, brillan, ella está tan llena de vida, que me siento cada vez como la peor basura del mundo. —Perdón —susurro, apartando la mirada de ella. —No es tu culpa desmayarte, estás mal, sé que no quieres ir a un hospital, pero tranquila, el psicópata dice que en unos días más, estarás como nueva. Alzo la mirada. —¿Unos días más? No puedo… —¿Quedarte? No hay problema, mientras estés aquí, yo vendré seguido. Ahora soy yo la que no comprende lo que acaba de decir, ¿no piensa quedarse con su hombre? La puerta se abre de golpe y el chico de ojos azul tormenta, trae una bandeja con comida, me lanza una mirada fugaz, sin embargo, no soy yo quien tiene toda su atención, sino, Caroll. Ella se levanta y toma la charola entre sus manos, le dice que ella se encargará, se lo agradezco mentalmente, aunque sus palabras no son suficientes como para que no me de cuenta de que los ojos de Marvin, se anclan en su culo. Un escalofrío recorre mi cuerpo, casi me hago un ovillo en la cama, no me gusta que me miren los hombres, y mucho menos con lujuria. —Te hará bien probar alimento —me indica Caroll. Ella trata de darme un vaso de leche, sus ojos me hipnotizan, yo quisiera ser tan hermosa como lo es ella. Bebo el vaso sin descanso, lo que provoca una sonrisa en sus labios. Me da un emparedado y lo como sin apartar la vista de ella. —Solo espero que no se enamore de ti —susurra Marvin. —No digas tonterías —bufa Caroll, blanqueando los ojos. —Bromeo. —Aja. Marvin niega con la cabeza, se acerca hasta ella y levanta su mentón con fiereza, para después darle un beso en los labios. Yo me quedo atónita, nunca había visto esta clase de muestras de afecto, de dónde vengo, los hombres toman lo que quieren y ya, punto, no hay más. Si se les antoja una mujer, para ellos es tan fácil como violarlas, tomarlas y desecharlas igual que la basura, como siempre hizo conmigo Manuel, y los hombres a los que me entregaba de vez en cuando. Él la mira de un modo que me da escalofríos, y ella sonríe con más fuerza, sigo recordando los gemidos de placer, los sonidos sexuales que provenían desde la habitación en la que estaban, una ola de calor me recorre el cuerpo sin que lo pueda evitar. Me quedo tan anonadada viéndolos, hasta que los ojos azul zafiro de Marvin, se anclan por segundos en los míos, me pongo a la defensiva, no confío en los hombres, mucho menos en los desconocidos, el único en quien llegué a confiar un poco, es en Xander, y ahora él está muerto por intentar salvarme. Estas personas también lo estarán si no me voy de aquí. Espero encontrar en su mirada odio, repulsión, lujuria, algo que me indique sus emociones e intenciones, pero no encuentro nada, solo… paz, confusión, podría decir que incluso curiosidad. —Las dejaré a solas un momento —habla, caminado hacia la puerta—. Los demás vienen en camino. Se marcha por completo y me pongo de pie como resorte. —¿Qué quiere decir con, los demás? —pregunto sin tartamudear, sin dificultad, y por supuesto, con voz firme. —¡Vaya, sí que puedes hablar más! Guardo silencio. Hay un brillo extraño en sus ojos, contengo la respiración. —Los chicos y chicas a las que viste el primer día, a esos me refiero, el psicópata que te atendió, su esposa es mi prima, lo que lo convierte en mi primo político —arruga el gesto—. Es odioso, pero en el fondo, buena persona, tienen una hermosa niña que se llama Anabelle, creí que ya te lo había dicho antes y viene en camino su segundo hijo, es un varón. Memorizo los nombres y proceso los detalles de cada cosa, así me enseñaron desde que era una niña. Recuerdo que mencionó algo. —Después están Elaxi y Ozzian Carter, ellos tienen una niña que se llama Saga, y por último están Ian y Piper, ellos dos tuvieron quintillizos, cuatro niños y una niña; Deimos, Hazel, Kieran, Scandal y Belinda. La única pelirroja es la niña, ¿puedes creerlo? Los demás son rubios, de ojos azules, la pequeña es pelirroja, de ojos grises, igual que el papá. Es superloco, algo me dice que esa niña será la futura Rapunzel, porque dudo que su padre y hermanos, la dejen tener novio algún día. La mención de los niños no me hace gracia como a ella. —¿Cuántos años tienen esos niños? —Son unos bebés. Tenso el cuerpo. —Ahora háblame de ti —se emociona. —No hay mucho que decir. —Siempre hay todo que decir —hace un puchero. «Esta chica es un ángel, pero es rara» —¿Quién te hizo todo esto? —señala mi cuerpo. El dolor no desaparece, sin embargo, ha disminuido, gracias a las pastillas y a lo que hizo aquel al que llaman Kabil. —Alguien poderoso —me limito a responder. —Pero ¿quién? ¿Tu padre? ¿Tienes hermanos? —Mientras menos sepan, mejor, tengo que irme. Caroll abre la boca para decir algo, cuando la puerta se abre nuevamente y esta vez entra la castaña de ojos verdes, cargando a una hermosa bebe de cabello oscuro y ojos tan azules como los de su padre, Ozzian. —Me alegra que estés bien —se enfoca en mí, mientras su bebé balbucea y juega con sus aretes. Detrás de ella aparece la pelirroja de ojos azules. —Trajimos todo para la carne asada —le dice a Elaxi. Poco a poco voy memorizando sus nombres y localizándolos. —Muero de hambre —Caroll se aleja. El corazón me late con fuerza, no me gusta estar rodeada de gente, mucho menos de aquella que no conozco, por lo que antes de que se aleje, tiro de su falda y ella se detiene. —¿Sucede algo? —abre los ojos como platos. —No —respondo rápido. Caroll se gira hacia mí. —¿Quieres que me quede a tu lado? No respondo, esta vez solo asiento lento. —Parece que has hecho una nueva amiga —la rubia embarazada entra; Ana, la prima de Caroll, ambas se parecen demasiado, más que primas es como si fueran hermanas. —Bebé, estás más enorme que ayer. —Pues doy a luz en poco tiempo. —Genial, vas a darle otro hijo a Lucifer —dramatiza Caroll—. Lo peor es que va a ser niño, ¿tienes idea de lo que va a heredar de ese psicópata? Dios libre a las chicas de la tierra de ese bebé cuando crezca. —Caroll —sentencia Ana, pero con una sonrisa y un brillo de felicidad en los ojos. Estas personas son tan cálidas, tan inocentes, es decir, no se alteran, no están a la defensiva, ni siquiera han intentado lastimarme, sacarme información sobre mi vida, de dónde vengo o qué fue lo que me pasó, ellos respetan mi decisión de silencio, no presionan, no me miran como la basura que soy, como la cosa fea que está manchando su vida sin que se den cuenta. Estas chicas son muy bonitas, aunque nadie le gana a mi ángel. Unos pasos fuertes se acercan, son pisadas de hombre, me pongo en alerta, no me gusta que ellos se me acerquen, el chico de cabello oscuro y ojos azules, se asoma, su ceño se profundiza, parece molesto y aterrador al mismo tiempo, mira a todos hasta que vuelve su vista a Elaxi y a la bebé, Saga, el cambio en su actitud y aura es impresionante, su gesto se suaviza, e incluso una fugaz sonrisa se dibuja en sus labios. Su mundo se reduce a ellas dos. —Ela, andando —le indica que salga. —Vale, las esperamos afuera —habla en general y sale Elaxi. —Bueno, yo también tengo que irme —añade la pelirroja, me echa un vistazo, me sonríe sin esperar un gesto amable de vuelta, y se va también. Quedando solo en la habitación Caroll, Ana y yo, la prima del ángel se acerca, camina gracioso, es como si esa enorme panza le pesara, y sin previo aviso, coloca la palma de su mano sobre mi frente. —Ya no tienes fiebre, qué bueno —su voz es melódica. Me le quedo viendo sin poder creer que de verdad ella haya estado secuestrada, violada y que ahora esté casada y tenga dos hijos, agudizo mejor mi vista, no parece arrepentida de nada, ni obligada, no veo nada de tristeza en sus ojos, mucho menos dolor. ¿De verdad esta chica fue violada? Yo no me veo feliz al lado de un chico, mucho menos casada y teniendo hijos. —¿Cómo es posible? —En cuanto esa pregunta se desliza de mis labios, me arrepiento, las dos me miran fijo y yo solo quiero salir corriendo. —¿De qué hablas? —Ana estrecha sus ojos grises. Los latidos de mi corazón aumentan, cierro y abro los puños de mis manos, las palabras pican en mi garganta, siento el miedo en la punta de la lengua. —¿Cómo es que tú tienes una vida después de haber sido violada? —suelto sin más. Ambas se quedan en silencio, tenso demasiado la mandíbula, por el rostro que ambas ponen, creo que la pregunta que hice fue mala. —Pero que pregunta tan grosera —Caroll me observa con nítido enojo, poniendo las manos en jarras—. Eso no se pregunta, Eclipse. Retrocedo un paso, luego dos, me pongo a la defensiva y es Ana quien sonríe después de estar pensando algo, mirando un punto fijo en el piso. —Supongo que eso es porque Kabil me encontró y me eligió —los ojos de Ana se clavan en los míos y me evalúa—. Tú también encontrarás a alguien que te elija y que te ame. Frunzo el ceño. —¿Ame? —Sí. Quiero preguntarle qué es eso de lo que me habla, sin embargo, me quedo callada, porque enseguida viene Kabil, su marido, cargando a una hermosa niña rubia, de ojos tan dorados como el sol. —Todo está listo —le pasa a la niña y Ana la carga como si fuese la cosa más frágil del mundo. Kabil se acerca demasiado a mí, estoy a segundos de correr por mi supervivencia, cuando Caroll tira fuerte de mi brazo, tanto, que me quejo del dolor. —Te van a revisar —su tono de voz ha cambiado, su rostro ya no parece gentil, amable, ahora el enojo cruza sus facciones—. Coopera, si es que te quieres ir, es mejor que te recuperes pronto. Ana se le queda viendo a su prima, atónita, incluso el cambio de actitud le sorprende a ella, quien se da la vuelta y sale, todos lo hacen, menos Kabil. Estoy furiosa, ¿por qué me trata así? La miro mal, se da cuenta y me saca el dedo corazón. —Eso es por hacerle recordar cosas feas a mi bebé —sale de la habitación. Me abandona con este chico, ella me ha dejado sola y ahora la odio, me regaño mentalmente por haberme dejado guiar por su belleza, por su falsa sonrisa. —Por lo visto, hiciste enojar a la caprichosa hueca —expresa Kabil, con el rostro en blanco. Me muerdo la lengua, los odio a todos, si algo tiene razón Caroll Verly, es que si quiero salir de aquí, es mejor que me recupere, estar al lado de estas personas me hizo olvidar el mundo en el que crecí, las reglas con las que forjaron mi carácter. Kabil no dice nada más, comienza a revisarme, me hace un par de preguntas personales, todo el tiempo estudio sus movimientos, y en cada uno, me preparo para un ataque, no pasa nada, él ni siquiera me presta atención, es cuidadoso, respetuoso, pero no me mira con deseo, de hecho, es como si yo no existiera y él estuviera tratando con una muñeca sin vida. Cuando termina conmigo, me indica que salga con él, lo hago, lo sigo por el corredor hasta la puerta principal, el sabor de la libertad es algo que nunca he podido saborear con plenitud, pero al sentir la brisa gélida en mi rostro, cuando doy un paso al frente, se siente bien. El sol ilumina todo el cielo azul, un olor a carne, especies y comida en general, inunda mis fosas nasales. —Por aquí, no seas lenta —habla Kabil. Lo sigo hasta rodear la casa, en una de las esquinas, están todos, son muchas personas, miro a cada uno, parecen tan felices, Elaxi carga a su hija, Ana juega con la suya, le muestra un osito de felpa, Piper, la pelirroja, carga a un bebé rubio, mientras que al otro chico; Ian, tiene una carriola de cuatro, con cuatro bebés, una bebé pelirroja llora con fuerza, mientras que los otros bebés se empiezan a impacientar. Odio el sonido del llanto, no lo soporto, me recuerda aquella vez que Ash Carlton mandó matar a toda una familia entera, dos padres, hombre y mujer, y tres niños pequeños, todo se llenó de sangre esa vez, todo se volvió turbio, fue asqueroso, letal, horrible, lo sé… porque quien los asesinó en su nombre, fuí yo. —Te ayudo —una nueva voz masculina hace que voltee a mi izquierda. Un chico de cabello oscuro, tez blanca, y ojos tan negros como la noche, se acerca a Caroll y le quita una bandeja de cristal que contiene verduras cortadas. Él la mira de ese modo… tan intenso, ella resopla y lo sigue, trata de quitarle la bandeja, pero este dibuja una media sonrisa en su rostro y se lo impide. —¡Oye, no seas tan malo, Jaxon! —le da un codazo amistoso, sonriendo. —No lo soy, pero eres demasiado torpe. —No, no lo soy. Caroll sonríe y me quedo como una tonta viéndolos, el chico llamado Jaxon, se le queda viendo más de lo normal, lo hace con discreción, si eres demasiado atento a los detalles como yo, te darías cuenta. Algo llama mi atención, y al dirigir mi vista al otro lado del patio, me encuentro con Marvin, su ceño se frunce, parece molesto, viendo a Caroll a distancia, tomando una cerveza, está en compañía de Ian y de Ozzian, quienes hablan, pero él parece no ponerles atención, ya que sus ojos están clavados en su novia. Por un segundo me estremezco, espero paciente a que reaccione como lo hacen la mayoría de los hombres de la mafia que defienden a sus mujeres, allá, una bala atravesando el cráneo es la solución más amable que se conoce, otros prefieren desollar a sus rivales, o de menos, espero a que él marque su territorio, no lo hace, solo los mira atento, después, Caroll le dice algo a Jaxon y este asiente, ella camina hacia Marvin, contoneando las caderas, llamando la atención todo el tiempo, vuelvo mi vista hacia Marvin, él parece haber relajado sus hombros, la observa como si fuera la maravilla del mundo, entonces, siento algo en mi interior, algo que nunca antes había sentido. Quiero estar en su lugar, por un momento me imagino ser yo a quien ve así, a quien abraza por la cintura cuando llega a su lado, como lo está haciendo ahora mismo, Caroll toma de su cerveza, sonriendo, y Marvin le da un beso en la coronilla. Acercándola más hacia su cuerpo. ¿Qué se sentirá ser tratada de ese modo? ¿Qué es esto que siento en el pecho? —Hacen bonita pareja, ¿no crees? Doy un respingo, Ana se acerca a mí, no la sentí llegar, he bajado mi guardia y eso no es correcto. —Hablo de mi prima y de Marvin —aclara, pensando que no sé a quién se refiere—. Para ser honesta, me sorprendió mucho que ellos dos estuvieran juntos, no vi las señales antes, supongo que estaba demasiado ocupada tratando de sobrevivir Sello mis labios. —Marvin la ama mucho, y ella a él, algo me dice que en un futuro se casarán y formarán una bonita familia. La palabra me molesta “familia” Yo nunca tuve una. —¿Quieres comer? Niego con la cabeza. —¿Deseas beber algo? Niego con la cabeza. Ana frunce el ceño debido a su frustración, de pronto, el llanto de una niña hace que gire, y vea a su esposo, tratando de tranquilizar a su hija. —El deber me llama, te veré después. Ella se marcha sin más y me siento tranquila ¿cómo es que acabe aquí? Ellos son buenos, no merecen ser embarrados en esto. La cabeza me duele y recuerdo las últimas palabras de Xander, sobrevivir cueste lo que me cueste, primero yo, después yo y hasta el último yo. De pronto, los recuerdos de mi pasado aplastan esta realidad que es surrealista para mí, las violaciones, los golpes, las cicatrices, todo, no puedo respirar, el aire se siente denso, las manos y los brazos me hormiguean, el miedo se apodera de mi cuerpo, no por mi, por ellos, Manuel me va a encontrar, siempre lo hace, no hay peón que se le escape de las manos, y yo no soy una excepción, ya he perdido demasiado tiempo con estas personas, si no me pongo a salvo, me van a encontrar y me van a lastimar, a ellos los van a matar. Me quedo viendo con susto a todos estos bebés, no es que me interese, pero… —Tengo que irme —susurro para mí misma. La mirada de Ash clavada en mi memoria, es el impulso que necesito para alejarme de ellos, mis piernas comienzan a aceptar mis órdenes mentales y comienzo a correr, me interno en el bosque, corro como si la vida se me fuera en ello, escucho voces a mis espaldas, alguien me pide que me detenga, no lo hago, no puedo cargar con más muertes sobre mis hombros. Soy ágil, soy rápida, esquivo algunos troncos en el suelo, cuando en segundos, un par de brazos rodean mi cintura y me detienen, mi instinto me dice que luche, que mate a quien sea que me sostenga con fuerza, hasta que su voz hace que me detenga y que todo a mi alrededor se congele. —No te vayas, estás a salvo con nosotros. Marvin. Una risa brota de mis labios sin que lo pueda evitar. —No, no lo están, nadie lo está, si me quedo morirán todos, incluyendo a esos bebés. Su agarre es fuerte, pero no me hiere, no me está lastimando, tampoco siento que quiera matarme de algún modo, tensa el cuerpo y contengo la respiración, hasta que en menos de un pestañeo, me gira y toma mi rostro con una mano. Me pierdo en el intenso azul de su mirada, es apuesto, demasiado, sé reconocer cuando un hombre llama la atención de las mujeres por su físico, yo nunca he tenido que preocuparme por eso, sin embargo… este chico… —¿Qué quieres decir con eso? Nuestra cercanía es demasiada, puedo sentir su respiración picando la punta de mi nariz, un roce más y estaría tocando sus labios. ¿En qué estoy pensando? Espabilo, y empujo su cuerpo con ambas manos, no es mi intención hacerle daño, nos apartamos y él se queda en el mismo lugar. —Habla —demanda. Algo en mi cerebro se activa, a mí me criaron para obedecer, así que sin tener más opciones, creyendo que si les cuento la verdad, me dejarán marchar, le respondo: —Manuel y Ash Carlton, líderes de la mafia texana, escapé de ellos gracias al hijo menor de Manuel, me iba a ayudar a escapar, dijo que me llevaría con un amigo, pero tuvimos un accidente y ahora él es un cadáver. Marvin se queda en silencio, su rostro es ilegible. —Entonces tú eres… —Una asesina entrenada bajo las leyes de la mafia, y si me quedo con ustedes, ellos me encontrarán y a todos los asesinarán. —No puede ser… Ambos volteamos, Caroll palidece, está a unos metros de distancia de nosotros, es ahí cuando lo veo, en sus ojos azules por primera vez hay algo con lo que me familiarizo; lástima, decepción y repulsión, ella me odia, está bien, ya vio quién soy realmente yo, y por supuesto, ella ya no parece un ángel frente a mis ojos, el encanto acabó. Caroll se da la media vuelta se va corriendo. —Mierda —brama Marvin. Tira de mi brazo y comienza a arrastrarme con él, en la misma dirección de Caroll. —¿Qué haces? ¿Acaso no escuchaste lo que te dije? —Escuché lo que acabas de decir, sé lo que significa. Me detengo en seco, soltándome con facilidad de su agarre. —¡Entonces qué haces al llevarme de vuelta! ¿Acaso quieres ver morir a tus amigos? ¿A esos bebés? Marvin se queda quieto, algo cambió en su mirada, pero no logro descifrar qué es. —Tengo que cuidar de ti. —¿Qué? ¿Por qué lo harías? No me conoces, no sabes nada de mí. —Hace unos días alguien me contactó, un viejo amigo, me pidió de favor que protegiera a una chica que era importante para él, no me dio su nombre, ni descripción física, quedamos de vernos en un punto fijo, nunca llegó, lo esperé horas, pero al ver que anochecía, siguiendo sus órdenes, me fui. —¿Y eso qué mierda tiene que ver conmigo? —retrocedo un paso. Marvin me observa, da un paso adelante y responde. —Mi amigo se llamaba Xander Carlton.
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