MARVIN
En cuanto termino de contarles a todos lo sucedido, hay un silencio ensordecedor, podría decir que sus reacciones son exactamente lo que esperaba de cada uno de ellos. Todo dio un giro que ni yo mismo esperaba, Xander nunca me contó mucho sobre su mundo, sabía lo esencial; que pertenecía a la mafia texana, dominando una gran parte del país, no obstante, la confianza que deposité en él, me obligó a no preguntar más.
—Joder —Ozzian es el primero en romper el silencio.
Elaxi, a su lado, cargando a la pequeña Saga que duerme en sus brazos, tensa el cuerpo, permanece callada, pero sé que su cerebro ya está pensando en los pros y contras de esta situación. ¿Quién diría que aquella chica insegura, inocente y callada que había llegado a Bermaunt, ahora era toda una estratega cuando se trataba de proteger a los que quiere? Le hicimos mucho daño en el pasado y sigue aquí.
Por otra parte, el rostro de Ian es ilegible, en blanco, pareciera que no tiene emociones, aunque todo eso se esfuma cuando posa sus ojos en sus cinco hijos y en la pelirroja que carga a uno de ellos.
A Kabil parece no preocuparle, no le interesa nada de lo que les conté, y eso es porque los que estamos en esta estancia, sabemos que es muy capaz de deshacerse con un chasquido de dedos, de aquel que se meta con su familia, ya perdió a Ana una vez, ahora que son padres y que el segundo está por nacer, no va a permitir que nada les pase. Todo su enfoque está en Ana, quien intenta entretener a la pequeña Anabelle, la viva imagen de Kabil, pero en versión femenina.
Eclipse, por otra parte, no deja de mirar a Caroll, con recelo, desde que llegó, su atención se enfocó en ella, la vio como la cosa más maravillosa del mundo, Caroll cruzó algunas palabras hostiles con ella, por defender el estado de salud mental de su prima, y ahora la ve como una amenaza, juraría que de todos los que estamos aquí, es ella a quien quiere asesinar.
Y por último, está mi chica, quien no deja de escribir y jugar con su celular. Está a un costado de mí, pero lejos, al lado de Jaxon, el amigo de Reagan, un tipo que se lleva bien con Ian y que se está reintegrando a la familia.
—Los niños corren peligro —Piper se muerde el labio inferior—. No podemos…
—Estamos fuera —Ian se pone de pie y sonrío internamente, ya esperaba esto de ellos, no los culpo, es normal, tienen cinco hijos—. Nos vamos.
Cruza una breve mirada conmigo y asiento en señal de aprobación.
—Lo siento mucho —susurra Piper, mirando a Elaxi, luego a Eclipse.
—No te preocupes, hablamos luego —dice Ela.
Ian se despide de Ozzian y Kabil, Piper le da un abrazo a Ana y le menciona algo acerca del embarazo. Mientras ellos se despiden, me doy cuenta de que Jaxon mira a Caroll más de la cuenta.
—No estoy fuera, pero mi prioridad son Ana, Anabelle y Junior, así que nos vamos también, tengo turno en el hospital, pero estaré al pendiente de todo —añade Kabil, viendo de soslayo a Eclipse—. En especial de ella, ahora que sabemos en la mierda en la que está metida, debemos tener cuidado. Te veré más tarde.
—Cierto —Ozzian se sienta a mi lado derecho—. Yo me encargo con él de esto.
Mi visión capta el movimiento de Caroll, quien camina hacia su prima y la abraza con fuerza, al hacerlo, la falda se le levanta y como ya le había comentado, es demasiado corta, dos centímetros más y enseñaría el trasero.
—Joder, ¿estás teniendo una puta erección de solo ver a la rubia hueca? —sisea Kabil con un gesto de asco—. Pareciera que te la quieres tirar delante de todos, contrólate.
Le lanzo una mirada cargada de advertencia. Negando con la cabeza.
—Nos vemos después, Kab.
Lejos de molestarse, ensancha su sonrisa maliciosa, me quedo quieto, en silencio, él tiene demasiada oscuridad en su interior, misma que se acentuó más cuando Ana murió, pero yo sé controlar la mía. Ninguno lo ha hecho, solo yo.
—Aburrido —su mirada se apaga y se da la vuelta—. Sigo sin entender por qué te gusta.
Kabil dice algo cuando llega con Ana, Caroll cruza unas palabras con ella y enseguida ella se acerca a mí, le echa un breve vistazo a Eclipse, quien sigue sin dejar de verla.
—Me apunto a lo que sea que lleve la palabra diversión —Caroll, en lugar de sentarse a mi lado, hace lo contrario y se sienta en mis piernas—. ¿Qué haremos?
Tenso el cuerpo, no la quiero en esto, no quiero que le suceda algo, mi vena protectora sale a relucir en estas situaciones, coloco discretamente mis manos en sus caderas para lograr que tome asiento como una persona normal, pero ella mueve sus caderas restregando su trasero en mi polla.
Ozzian blanquea los ojos, Elaxi ríe por lo bajo, Caroll parece estar disfrutando al ponerme en esta situación, y Eclipse… ella nos observa como si estuviera estudiando cada uno de nuestros movimientos. Corto contacto visual con ella, cuando la rubia sobre mis piernas, descansa su espalda en mi pecho y rodeo su cintura con ambas manos, atrayéndola más a mi cuerpo.
—Vayan a un puto hotel a follar —suelta Ozzian—. O si lo prefieren, podemos llevarnos a Eclipse un rato para que puedan hacerlo a gusto.
—Oye, no digas esas cosas frente a la pequeña Saga —arguye Caroll—. ¿Te das cuenta de que esas palabras se le quedarán en la memoria?
—Es un bebé —se defiende Ozzian.
—Con mucha más razón, los bebés absorben todo más rápido —apunta mi chica y niego con la cabeza.
Ozzian entrecierra los ojos y luego voltea a verme.
—Controla a tu novia.
Carol ríe y Elaxi toma una bocanada de aire.
—Suficiente, Ozzian y yo investigaremos más a fondo esta situación, cuando sepamos algo, te avisamos —Elaxi se dirige hacia mí—. Ella no nos va a decir más. ¿Qué piensas hacer, Marvin?
—No hablen como si no estuviera aquí —una voz femenina, que suena ronca, hace que todos volteemos hacia Eclipse.
—Vaya, sí hablas más con nosotros —ironiza Caroll.
Eclipse la fulmina con la mirada.
—Esto no es su asunto —la chica se pone de pie, es demasiado delgada, y puedo ver que sigue sintiendo dolor en el cuerpo, ella me recuerda tanto a alguien de mi pasado—. No tienen idea de dónde se están metiendo, no conocen a Manuel y Asher, no saben de lo que son capaces de hacer para encontrarme, ellos siempre ganan, y si me quedo aquí, todos ustedes morirán.
Elaxi asiente, Ozzian frunce el ceño y Caroll… sigue provocándome.
—Déjanos eso a nosotros, ya hemos lidiado con locos —agrega Ozzian, quitándole a Elaxi a la pequeña Saga—. Por ahora estás a salvo aquí, si Xander planeaba dejarte aquí de todos modos, con Marvin, es porque confiaba que aquí su poder no llegaría.
Eclipse parece contrariada.
—Xander… no sabía lo que hacía —se agita—. Si me quedo…
—Decidido —la interrumpe Ozzian—. Te quedas aquí, necesitas recuperarte.
—¡¿Pero es que están locos?! Van a morir, todos ustedes —exclama Eclipse, cerrando los puños de las manos—. Yo no puedo…
Elaxi toma sus manos entre las suyas.
—Estará bien, si algo llega a pasar, me encargaré de sacarte del país si es necesario, tengo muchos contactos y un segundo sitio en donde podemos esconderte, allá es muy difícil que te puedan encontrar —le asegura.
La chica frunce los labios en una línea recta, tiene demasiado miedo, lo veo en su mirada, no por ella, sino, por nosotros.
—Están dementes —se rinde Eclipse.
—Sí, eso suele decir la gente, vendré en una hora, tengo que dejar a Saga con Reagan.
—¿Planeas algo? —Caroll se incorpora un poco.
—Iremos de compras, Eclipse necesita ropa, además de productos personales.
—Qué horror, no podré ir con ustedes, tengo práctica de enfermería y el psicópata de Kabil prometió ser mi maestro privado.
—Entonces nos veremos por la noche —Elaxi le sonríe y después a Eclipse.
Suelto a Caroll, esta se levanta y puedo ver su culo cuando lo hace.
«Jodida falda»
Me despido de Ozzian y Elaxi, ellos se marchan y mi novia toma sus cosas, sus piernas descubiertas me excitan demasiado. No soy un crío, pero desde que Caroll me pidió que fuera su primero, fantaseo con ella día y noche.
—Te llevo.
—No es necesario, además… ¿Qué pasará con ella? —señala a Eclipse, quien no pierde un solo movimiento de Caroll.
«No hay manera de que la deje ir sola con esa falda»
—Vendrá con nosotros.
—No —la chica responde con hostilidad y eso hace que Caroll ensanche su sonrisa maliciosa.
—Oh, vamos, somos amigas ¿no? Además, mi novio está siendo amable, no seas así —Caroll se planta frente a ella y coloca ambas manos sobre sus hombros—. Tómalo como una oportunidad de ver el pueblo, te hará sentir bien el aire, y el clima está estupendo.
Eclipse se queda anonadada con la presencia de Caroll, no la culpo, lo mismo me pasó la primera vez que la conocí. Ella tiene un poder magnético que sin hacer nada, llama la atención de todos. La chica parece dudar, aunque al final asiente con la cabeza.
—¡Genial!
Tomo las llaves de mi auto. Caroll sujeta la correa de su bolso y luego agarra la mano de la chica, llevándola a rastras hacia afuera de la casa. Ellas caminan delante de mí y mi mente viaja hasta Xander, era cuestión de tiempo para que lo mataran, él mismo me lo decía, lo cierto es que nuestra amistad se debe a que hace tiempo, después de la muerte de Marie, pasé una temporada en Texas, ahí fue donde lo conocí, en un bar, hablamos y rápido conectamos, follamos a varias chicas. No es algo de lo que me sienta orgulloso, por aquel entonces estaba dolido, ardido, perdido, confundido, y lo único que quería era sacar el recuerdo de Marie de mi cabeza, alma y corazón.
No funcionó, sin embargo, hice una conexión importante con Xander, poco después, en una ocasión, en un bar, lo atacaron a balazos, él respondió rápido y acabó con todos, fue esa noche en la que me enteré de sus orígenes y su vida, no me dio miedo, pero sí lástima.
Los siguientes años, cada que iba a Texas, nos encontrábamos, esta vez ya no follaba a nadie, pero hablábamos mucho, él mencionó que estaba enamorado de una mujer que nunca iba a poder tener, mi vida estaba arruinada, era gris, teníamos tanto en común, hasta que llegó Caroll. Levanto la mirada, mi corazón late con fuerza cada vez que la veo, ella llegó a mi vida como salvavidas, es la luz de mi existencia, ella es quien me sacó sin esfuerzo, de esa jodida oscuridad en la que me encontraba.
—¿Marvin? —Ella me mira con esos ojos azules que me hipnotizan—. ¿Estás bien?
Eclipse, a su lado, también me mira con desconfianza, no la culpo, la violaron, Kabil dijo que pudieron haber sido muchos hombres. Ella no soporta estar cerca de los chicos.
—No es nada —le abro la puerta del auto.
Eclipse abre la suya y se mete rápido, dando un portazo, Caroll entra sonriendo, Xander me pidió que cuidara de Eclipse, así que lo haré, al menos hasta que pensemos qué hacer con ella.
—¿A dónde vamos?
Levanto la mirada y mis ojos se anclan, a través del espejo retrovisor, en Eclipse, estoy a punto de contestar, pero Caroll se voltea y con una sonrisa le responde.
—A la universidad, tengo que terminar mi carrera, estoy estudiando enfermería… —Balbucea como siempre mientras arranco.
Caroll no deja de parlotear, a muchos les molesta tanto ruido, a mí no, a decir verdad, disfruto de escuchar su voz, aunque el noventa por ciento de las veces no entiendo lo que dice. Es una melodía que tranquiliza a mi bestia interna.
Llegando a la universidad, ella se quita el cinturón de seguridad.
—¿Quieres que venga por ti? —le pregunto, apagando el motor.
—No es necesario, tengo práctica e iré directo al hospital, el psicópata prometió ayudarme, quiero adelantarme a algunas materias —se inclina hacia delante y me da un beso en los labios, uno que quiero que dure, no es así, solo son segundos—. Además, tengo que cambiarme de ropa.
—Puedo llevarte mejor a casa —miro su atuendo.
—Tranquilo, tengo dos cambios de ropa en el casillero, todo bien —me guiña un ojo—. Nos vemos después, Eclipse.
La chica no le responde nada, solo la observa en silencio, Caroll se aleja poco a poco, no le quito la mirada hasta que unos chicos que pasan junto a ella la interceptan, espero paciente, ella frunce el ceño, parece no conocerlos, uno de ellos estira su mano en su dirección.
No soy del tipo que es impulsivo, no soy como Kabil, que orinaría a Ana para marcar su territorio, no soy como Ozzian, que golpearía a cualquiera que se le acercara a Elaxi, mucho menos como Ian, que se encargaría de lanzarle algún pleito legal a cualquiera que quisiera coquetear con Piper, sin embargo, la forma en la que ellos la miran… no me gusta. Enciendo el motor, aprieto el volante.
«Solo esta vez»
—Eclipse, espera aquí, por favor.
Bajo del auto y me acerco a ellos, de manera tranquila.
—Deberíamos ir al cine, nena, anda —le dice otro que se la come con la mirada.
—No puedo.
—No seas así.
Llego antes de que el chico rodee sus hombros con su brazo, sostengo la cintura de Caroll y la estrecho contra mi cuerpo, da un respingo, giro su rostro, abre los ojos como platos y la beso. Esta vez no me contengo, paso mi lengua por sus labios, los entreabre y le meto la lengua a la boca, encontrando la suya, juego con ella unos segundos, antes de profundizar la intensidad del beso, no la suelto, no me detengo. Cuando rompo el contacto, Caroll tiene la respiración agitada.
—Te veré más tarde —le digo con voz ronca.
—Sí…
Le doy una breve mirada a los chicos que se nos quedan viendo, no necesito decirles nada, ellos ya saben que Caroll es mía. Me voy alejando.
—¿Entonces no irás al cine con nosotros?
—¡No, tengo novio, bye! —grita alegre a mis espaldas.
Sonrío, lo hace a propósito para que escuche, sé que a ella le gusta ponerme celoso, y le encanta que me comporte como un cavernícola que la marca como su territorio, aunque no esté en mi naturaleza ser así.
—¿Por qué hiciste eso?
Entro al auto y la pregunta de Eclipse me descoloca, en especial, porque ella ahora está sentada en el asiento del copiloto.
—¿Hacer qué? —manejo saliendo del estacionamiento de la universidad.
—¿Por qué la besaste delante de esos tipos?
La miro de soslayo.
—Tenía que demostrarles que no es libre, supongo.
—Pero ¿por qué?
—Porque es mi novia.
—¿Solo se trata de eso?
—No, también porque la amo y no quiero que nadie crea que ella es libre.
El silencio llega y manejo al club familiar.
—Amar… ¿Eso qué es?
—¿No sabes lo que es amar?
—No —su respuesta es rotunda.
Me quedo callado, ella me recuerda demasiado a Marie, la primera vez que la vi, los chicos y yo encontramos a Marie casi de ese mismo modo; débil, lastimada, como un pequeño animal herido.
—¿Qué es este lugar? —se pone a la defensa, noto su nerviosismo.
Alzo la mirada y la respuesta llega demasiado pronto. Me perdí en mis pensamientos y recuerdos, que no me di cuenta de que ya habíamos llegado.
—Es un club familiar, más como un restaurante, Ozzian y yo somos socios, solo haremos una parada, necesito hacer algo antes de regresar a casa —le explico.
Eclipse no parece estar contenta con mi respuesta, puedo darme cuenta de que todo su cuerpo está entrando en una especie de colapso, sus pupilas se han dilatado, sujeta la correa del cinturón de seguridad con rabia.
—No pienso hacerte daño.
—No te creo, no confío en ti —replica.
—Hagamos algo —propongo, sacando de mi bolsillo un llavero con una navaja, se la muestro y se la doy, ella lo agarra rápidamente—. Es para que te defiendas, no es mucho, pero nosotros no tenemos armas como en la mafia, si te sientes amenazada, puedes usarlo.
—¿Contigo también?
—Incluso conmigo —le aseguro.
Eclipse parece estar procesando mis palabras, asiente lento y bajo del auto, espero a que ella lo haga, no se aparta de mí cuando cruzamos la avenida, en la entrada, y para mi sorpresa, ella enreda su brazo en el mío, pega más su cuerpo contra mí y entramos juntos.
No le digo que se aparte de mí, ya que sus ojos curiosos y desconfiados inspeccionan todo el sitio, cada rincón. Ella es de la mafia, y dudo que no haya matado antes, así que imagino que su cerebro ya está buscando posibles salidas por si algo saliera mal.
—¡Por fin llegaste! —exclama Celeste, una de las chicas que trabaja para mí, morena, ojos marrones, cabello rizado—. El chico nuevo llegó hace cinco minutos.
Ella se me acerca, me da un beso en la mejilla, sonríe y soy consciente de que se ha bajado unos centímetros la blusa, mostrando más sus pechos. No soy un crío, le gusto y quiere acostarse conmigo, me lo ha propuesto más de una vez, pero al final termino por rechazar todo lo que intenta hacer, mi polla solo exige un coño; el de Caroll Verly.
—Gracias, Celeste.
Sus ojos se anclan en Eclipse, quien la mira con odio.
—¿Quién es esa niña? —la señala.
—Eclipse —me limito a responder.
La sonrisa de Celeste se esfuma, miro la hora en mi celular, viendo un mensaje de texto que parpadea.
CAROLL: ¡Te amo! ¡Eso estuvo wow! ¿De verdad te pusiste celoso? No tienes por qué, eres el único.
Esbozo una sonrisa.
MARVIN: No estoy celoso, ni de cerca, te amo, rubia caprichosa.
—¿Salimos esta noche? —la voz de Celeste me regresa a la realidad.
—No puedo, lo siento —me alejo con Eclipse colgada de mi brazo.
—¡Otra vez me rechazas! —exclama entre risas hostiles.
—Sabes que tengo novia, pero agradezco la invitación.
Nos alejamos.
—Puta —susurra Eclipse—. ¿Por qué no te la follas y ya? Caroll no se tiene por qué enterar.
Me sorprende escucharla decir eso.
—De dónde vengo, si una puta anda detrás de un hombre que ya tiene mujer, estas entran en un duelo a muerte y quien viva se lo queda, y cuando a un hombre se le antoja coger a una mujer, lo hace sin importar que tenga pareja —me explica—. Algo contradictorio pero efectivo.
—Nunca engañaría a Caroll, y no follo a Celeste porque estoy enamorado de mi chica —llegamos a la barra, en donde al otro extremo se encuentra Jaxon.
—Eres débil, Marvin, te hacen falta huevos para defender lo que es tuyo, por ejemplo, ese chico se quiere coger por todos lados a Caroll, ¿qué harás al respecto? Solo te diré eso.
Me suelta y se sienta con la navaja en la mano, lista para apuntar a todo aquel que se le acerque.
—Quédate aquí, no tardo.
No espero su respuesta, saludo a Jaxon, él trabajará aquí por petición de Reagan y Ozzian.
—Hola —lo saludo.
—Qué hay —responde ronco.
Le explico lo que tiene que hacer, respondo a algunas dudas que tiene sobre el contrato, firmo los documentos correspondientes y finalizo estrechando su mano.
—Bienvenido, Celeste se encargará de decirte lo que debes hacer para que no se te compliquen las cosas.
—Gracias —no me mira.
«Me recuerda tanto a Ian»
Regresando a la barra, Elaxi me llama, me pide que lleve a Eclipse a una de las tiendas de ropa más caras de Bermaunt.
—Nos vamos, Elaxi nos está esperando.
—¿Por qué?
—Quiere que sea una sorpresa.
—Odio las sorpresas —me vuelve a tomar del brazo y se pega a mi cuerpo.
Es extraño tener así de cerca a una chica que no es Caroll.
—Dime.
—Lo dijo en la mañana, quiere comprarte ropa.
—No la necesito.
—Eres una chica, claro que la necesitas.
—No, no quiero ir.
Me detengo en seco, mermo el espacio entre los dos, me giro y me agacho un poco para poder estar a la par de ella. Mi nariz roza su nariz, abre los ojos desmesuradamente.
—Por favor, no me compliques las cosas, te quiero ayudar, Eclipse.
Se me queda viendo de un modo que no sé descifrar, yo hago lo mismo con ella, es una chica bonita, y de cerca, me doy cuenta de las ligeras pecas apenas visibles que adornan su rostro.
—Oye… —Su voz tiembla.
Me aparto de ella.
—Andando, no hagamos esperar a Elaxi.
Eclipse me sigue de cerca, ya no me toma del brazo, entramos y esta vez toma asiento en la parte trasera. Después de diez minutos, estamos entrando a la tienda departamental.
—¡Por fin llegan! —Elaxi se acerca—. Tenemos que darnos prisa, ven.
Elaxi tira del brazo de Eclipse y la arrastra al interior, en compañía de la dependienta y dos chicas que me sonríen, no les devuelvo el gesto, me siento en uno de los lujosos sofás de la estancia, y pienso en lo que debemos hacer con esa chica.
Los minutos pasan, Elaxi sale de repente, tiene una sonrisa en el rostro, se deja caer a mi lado y suelta un suspiro exasperado.
—Ella tiene el autoestima por los suelos, por mucho que le dijera que es hermosa, ella piensa que es fea, la cosa más horrible del mundo, esos hombres… esa vida que llevaba… hicieron que ella se sintiera como un arma que cualquiera puede usar a su antojo.
—Kabil la ayudará con su cuerpo, su salud es primero, pero tal vez necesitemos ayuda psicológica para Eclipse.
—Opino lo mismo.
—Siento meterlos en esto.
—Solo eres un año más grande que los chicos, pero ellos te ven como un padre, es raro, pero así es, no te van a dejar solo en esto, mucho menos ahora que sabemos que la mafia texana está involucrada.
—Debemos tener cuidado.
—Ozzian dijo que…
Su móvil timbra.
—Es Reagan, saldré un momento.
Elaxi se aleja y sale del local, solo a unos metros de la entrada principal. Me pongo de pie, camino viendo las prendas, un vestido rosa pálido llama mi atención, agarro la talla que le corresponde a Caroll, es corto, pero no demasiado, su escote es discreto, elegante.
—¿Es para tu hermana? —me pregunta una de las chicas.
—No, para mi novia.
Su mirada se apaga y su sonrisa se retuerce.
—Oh, no creo que le quede bien, ese modelo ya es pasado y…
Giro, yendo directo al aparador.
—Me lo llevo —digo sin expresión.
La chica realiza una mueca, pago y enseguida estoy a punto de volver a mi asiento, cuando un grito, mezclado con varias voces femeninas, llena todo el lugar, dejo la bolsa en el sofá, entro al área de los vestidores, dos chicas salen de uno de los vestidores, una trae una cortada en la mano que le sangra, mientras que la otra la ayuda a caminar, las dos se me quedan viendo aterradas.
Entro y veo a Eclipse en ropa interior, con la pierna manchada de sangre, la navaja que le di en mano, lágrimas caen por sus mejillas, veo el dolor, la inseguridad y el miedo en sus ojos, las piernas le tiemblan, trata de cubrirse con uno de los vestidos que seguro Elaxi le indicó que se pusieran.
—Ellas… ellas me dijeron monstruo… —Me dice con rabia en la voz, la misma que va perdiendo fuerza—. Se burlaron… de mí…
Pierde fuerza, suelta el vestido, dejando al descubierto su cuerpo semidesnudo. Antes de que sus rodillas impacten el suelo, llego hasta ella y la sostengo entre mis brazos. El vestidor tiene un enorme espejo detrás de ella, por lo que ahí veo la razón por la que la llamaron monstruo.
Y es que tiene cicatrices de quemaduras, que a juzgar por la forma, deben ser de cigarrillos, toda su espalda está cubierta de estas, no hay espacio libre. Kabil e incluso Caroll ya me lo habían mencionado, pero verlas es otra cosa.
—Ellas…
—Shhh, todo está bien… te tengo —le susurro.
Eclipse rodea mi cuello con manos temblorosas, se pega demasiado a mi cuerpo y me susurra al oído:
—Yo también quiero probar lo mismo que ella.
Antes de que pueda preguntar qué quiere decir con eso, gira su rostro y acerca sus labios a los míos.