MARVIN
Distingo a la persona que se me ha lanzado encima, es una chica, debe tener quince años, puede que más, no lo sé, su rostro está cubierto de moretones con motas verdes, rosas, rojas y moradas, tiene el pómulo teñido de un rojo carmín sangre y la mitad del rostro —junto con el ojo izquierdo— hinchados. Todo sucede con demasiada prisa, caigo de bruces, el impacto me recorre la espalda, sus manos rodean mi cuello con una precisión bien estudiada, como si esto lo hubiera hecho antes.
Al principio, los sonidos que brotan de su garganta, son guturales, parece querer decir algo, sin embargo, sus palabras se mezclan con los gritos roncos, llenos de desesperación, que salen de su boca. Huele mal, a sangre, a suciedad, es ligera, pese a la fuerza que ejerce en sus manos. Se sube a horcajadas sobre mí, creyendo que me tiene.
—¡Muere, muere, muere! —grita llena de rabia.
Rodeo su brazo con una mano, sin hacerle daño, y me incorporo, ella pierde el equilibrio por unos instantes, suficientes para que yo pueda alejarla de mí con facilidad, empujando su cuerpo con brusquedad. Ella grita de nuevo, saltando y tomando una distancia de dos metros lejos de mí, como un gato salvaje. Me quedo quieto, toco mi cuello, esto me dejará marcas. Soy consciente de que ella me observa con detenimiento, estudiando cada uno de mis movimientos.
Hago lo mismo, haciendo un recuento de los daños que aparecen en su cuerpo, es una chica joven, de cabello largo, llegándole hasta la cintura, castaño y enmarañado, puedo darme cuenta que algunas partes están cubiertas de sangre seca, formando enormes costras, y dándole un aspecto tieso. Su rostro es la evidencia de que fue golpeada con saña. El ojo izquierdo está muy hinchado, sus labios agrietados —debe estar deshidratada— tiene un golpe en el inferior. Una capa de sudor con tierra de días, adorna el resto de su cara, no obstante, eso no impide darme cuenta de que en sus ojos marrones hay demasiado odio, desconfianza y letalidad al mismo tiempo.
Desciendo la mirada hasta su atuendo, lleva una sencilla sudadera azul marino, sucia, cubierta de sangre y desgarrada de la parte inferior derecha, unos pantalones ajustados que dejan al descubierto lo que la sudadera cubre; su extrema delgadez. Los tenis que lleva puestos, cubiertos de lodo, raspones, fueron blancos alguna vez.
—Este es mi hogar —rompo el silencio.
El sonido de mi voz hace que de un respingo, retroceda cuatro pasos y busque con sus ojos, una salida.
—¿Estás perdida? —inquiero con cautela.
Se vuelve a sorprender, me doy cuenta de que está dividida en cuerpo y mente.
—¿Necesitas ayuda?
Ella regresa su atención a mí, meto mis manos a los bolsillos de mis pantalones para que entienda que no pienso hacer nada. No funciona. Al contrario, se va alejando más y más.
—Puedo llamar a la policía, ellos te pueden llevar a un hospital.
Mis palabras surten un efecto inesperado, ella niega con rapidez, el miedo destella de sus pupilas y se tambalea un poco.
—Bien, no llamaré a la policía, pero necesito saber quién eres.
Me sostiene la mirada, puedo jurar que su mente está buscando una salida. Retrocede una vez más, al momento de dar el paso, realiza una mueca de dolor, sus piernas tiemblan y me doy cuenta de que sus pantalones están cubiertos de sangre, en la parte interna de estás.
—Lo siento, pero tengo que hacer algo —me doy la vuelta para salir del taller y llamar a la policía.
—¡No!
Su cuerpo se impacta contra el mío, sus brazos me rodean el cuello, es más pequeña que yo y se me ha trepado al cuerpo como un pequeño mono a la espalda. Intenta asfixiarme, aunque no dura nada, su agarre se debilita, deslizándose, me doy la vuelta, ella entrecierra los ojos y entonces se desmaya. No dejo que caiga al suelo, la sostengo antes de que eso suceda.
Su cuerpo cae en mis brazos, toco su frente, está hirviendo, tiembla y suda demasiado. Me pongo de pie, llevándola al interior de la casa. El sol de la mañana ilumina todo el cielo y la brisa fría se siente bien cuando camino.
—Xan —susurra débil entre los temblores de su cuerpo.
Entrando, la llevo a la habitación de huéspedes, una que en el pasado le perteneció a Marie. Elaxi la remodeló por completo. La deposito sobre la cama. Mi idea es llevarla primero al hospital y llamar al mismo tiempo a la policía para que se hagan cargo, puede ser una niña perdida o alguien a quien secuestraron. En estos casos incluso el que escapara de algo, resulta más asertivo. La miro una vez más, no hay más casas alrededor, no tengo vecinos, y el bosque de Bermaunt queda lejos.
«¿De dónde saliste?»
Cierro la puerta de la habitación y llamo a Ozzian, quien responde al tercer timbre.
—Por fin llamas, ¿ya has llegado?
—Tengo una situación en casa, sería bueno que tú y Elaxi vinieran.
—¿Pasó algo?
—Demasiado, ¿crees que puedas llegar en menos de diez minutos?
—Claro, pero dime qué mierda sucede.
Miro por encima de mi hombro en dirección de la puerta cerrada en donde la chica descansa.
—Una niña… una chica —corrijo—. Apareció en el taller, no se ve bien y…
La puerta se abre y la chica se me lanza encima con un bate que tenía escondido en el armario, esquivo el ataque y eso hace que el celular se me resbale de las manos. Ella está débil, temblando, con fiebre, lastimada, apenas y se puede mantener en pie, cada uno de sus movimientos viene acompañado de una mueca de dolor, y, aun así, trata de defender su vida.
Grita cuando intenta un nuevo ataque, rodeo su cuerpo para quitarle el bate, pero ella al sentir mi cercanía, se aparta chocando contra la pared, su cuerpo se desliza hasta el interior de la puerta. No suelta el bate al tiempo que se arrastra por el suelo, podría ir por ella, levantarla con facilidad y llevarla de nuevo a la cama, pero hacerlo, implicaría quitarle esa esperanza de que ella puede defenderse sola. La sigo de cerca, entro a la habitación y ella se detiene en medio.
—No —su tono de voz es apenas audible.
—Puedo ayudarte —me pongo en cuclillas delante de ella.
—¡No!
Me lanza una mirada de odio puro, tirada en el suelo, con el bate en la mano, no deja de estar a la defensiva.
—¡Fuera! —estalla, reúne las pocas fuerzas que sé que le quedan, y para mi sorpresa, me cierra la puerta en las narices.
Escucho el clic del pasador, giro la perilla, la ha cerrado por dentro. Podría abrir la puerta con la llave de repuesto que tengo alzada en mi habitación, lo pienso muy bien, pero parece necesitar estar sola, no hay forma de que se pueda escapar, ya que esa habitación no tiene ventanas.
—Si así quieres que sean las cosas, está bien —me paso una mano por el cabello.
Cruzo el pasillo y tomo asiento en el sofá, armando el rompecabezas que es esa chica. Mi celular vibra y abro el mensaje.
LA MÁS HERMOSA: ¡Buenos días! Ya quiero verte.
Escribo rápido.
MARVIN: Yo también. Te quiero.
La respuesta llega inmediata.
LA MÁS HERMOSA: Lo sabía, tú lo sabes, el mundo lo sabe. Te quiero el doble.
Guardo mi móvil y me pongo de pie, camino con pies de plomo hasta la puerta, intento girar la perilla sin éxito.
—¡Fuera! —grita al otro lado de la puerta.
«Maldición»
Regreso a la estancia principal, un motor de auto se escucha a lo lejos y salgo de la casa, se trata de Ozzian, quien baja en compañía de Elaxi.
—Llegamos ¿qué mierda está pasando Marvin? —Ozzian me da una palmada en la espalda.
—¿Y Saga?
—Con Reagan.
—Te escuchabas preocupado, Ozzian no entendió bien lo que dijiste ¿está todo en orden? ¿Tuviste problemas con los proveedores? Sí ese es el caso, yo me puedo comunicar con ellos y llegar a un acuerdo, en su defecto, podemos cambiar de empresa —la preocupación acribilla la mirada de Elaxi.
—No es nada de eso, tranquila —volteo a ver a Ozzian—. Encontré a una chica en el taller, ella… parece tener quince años, o más, no lo sé, está herida, tiene fiebre, intentó atacarme, pero sus fuerzas decayeron.
—Debemos llamar a la policía —Ozzian saca su móvil.
—Estoy de acuerdo con eso, pero cuando la mencioné, ella pareció demasiado alterada y creo que tenía miedo de que lo hiciera.
—¿En dónde está ella? —pregunta Elaxi.
—Se encerró en la antigua habitación de Marie, no quiere salir.
—Tienes la llave de repuesto —Ozzian le echa un breve vistazo al taller, a distancia.
—Sí, pero…
—Debemos hacer algo —Elaxi comienza a caminar hacia la casa—. Trataré de hablar con ella, no entren.
Ella se marcha y Ozzian y yo nos quedamos en silencio, afuera.
—¿Crees que lo logre?
—Elaxi suele ser demasiado persistente, espero que sí, por cierto, ¿qué pasa con Caroll?
—No entiendo.
—Ella comentó en el grupo de chicas que estaba emocionada, y todas atribuyeron que era por ti, por supuesto.
—Las chicas dicen muchas cosas sin sentido últimamente.
—La quieres —me estudia con una ceja levantada.
Respiro con profundidad.
—Eso no está en juicio.
De pronto, la puerta principal se abre y sale una pálida Elaxi, con el celular en la mano. Ozzian, al ver el estado de su esposa, se acerca a ella y la toma de los brazos.
—¿Qué pasó adentro? —le pregunta él.
Elaxi lo mira unos instantes, y después vuelve su atención a mí.
—Abrió la puerta, cuando supo que era una chica, pero rápido se escondió detrás de la cama, en un rincón, con un bate entre las manos, al entrar, sentí que estaba siendo vigilada, que estudiaba cada paso mío, cada movimiento, quise hablar con ella, le hice un par de preguntas como su nombre, de dónde viene y qué le sucedió, pero no me respondió nada, solo me miraba con esos ojos temerosos —respira con profundidad—. Le pude echar un vistazo luego de presentarme, no soy médico, pero juraría que no solo se trata de los golpes físicos, creo que ella… fue violada.
No me sorprende, llegué a la misma conclusión cuando la encontré, su andar no era normal, y está el hecho de la sangre en medio de sus piernas, el miedo que al parecer les tiene a los hombres.
—Lo correcto es llevarla al hospital, luego dar aviso a Alex, ahora que ha vuelto a ser el jefe de la policía, tal vez él pueda hacerse cargo de ella —propone Elaxi—. Sin embargo, tienes razón, no quiere que llamemos a las autoridades.
—Está escapando de alguien, supongo que de quién la violó —Ozzian reflexiona—. Lo mejor que podemos hacer por ella, es llamar a Kab, él la puede revisar y dar un mejor diagnóstico.
—Tenía una cirugía hoy —recuerdo que lo mencionó hace cuatro días, cuando salimos a beber los chicos y yo.
—Pero ya debió haber terminado, Ana mencionó que iba a ser en la madrugada, se adelantó la hora —Elaxi saca su móvil y se aleja—. Los llamaré a ambos.
Mi mente viaja a las heridas del cuerpo de la chica, Marie viene a mi memoria, cuando la encontramos, cuando ella se unió a nosotros, todo fue tan sencillo, tan natural. Ella también estuvo en el mismo limbo que al parecer, esa chica está. El mismo miedo en la mirada, el mismo odio mezclado con la incertidumbre, todo es igual.
—No sé si sea conveniente que Ana venga —Ozzian se acerca a mí—. Está a punto de reventar.
Sonrío.
—Será mejor que Kab no escuché eso, sabes cómo se pone.
—Joder, sigo sin poder creer que ya vaya por el segundo, la llegada de Kinsley lo tiene en las nubes.
—Algo me dice que su hijo será su talón de Aquiles, más que Anabelle.
—Esa niña sacó su mirada cruel.
—Y qué lo digas.
Kabil y Ana tardan veinte minutos en llegar, en todo ese tiempo, mi mirada no se despega de la entrada principal de la casa, con el miedo de que la chica salga con algo más y lo lance a nuestra dirección.
—Marvin, Ozzi —nos saluda Kab con un abrazo—. Elaxi nos explicó brevemente la situación.
—Ella está en la habitación, pero al parecer no reacciona bien con la presencia de los hombres —Elaxi mira a Ana—. Creo que es mejor que Ana entre sola.
Mis ojos se deslizan por su enorme barriga, está a unas semanas de dar a luz y eso a Kabil lo tiene de los nervios.
—Bien.
—Y una mierda, no entrarás sola, no en tu estado, no la conocemos, no sabemos cómo es que pueda reaccionar —espeta Kabil y opino lo mismo.
—Bueno, tú no vas a venir a decirme qué hacer a mí, te aguantas y punto, voy a estar bien.
—Ana.
—Kabil.
Los dos entran en una guerra de miradas que todos sabemos que terminará por ganar ella.
—Juro que si te pasa algo a ti o a mi hijo… —Amenaza Kab, entrecerrando los ojos.
—A mí no me amenaces, que ya sabes cómo te va —Ana levanta el mentón con orgullo, se da la vuelta y camina hacia el interior de la casa.
—Juro que no me la follo por el culo, porque está a días de dar a luz, pero será otra historia cuando termine su cuarentena —la voz de Kabil es sentencia, y aunque dice esas palabras, termina por seguirla, manteniendo su distancia para no asustar a mi extraña inquilina.
—Esa fue demasiada información —Elaxi arruga el gesto.
Los minutos pasan, el sol está por lo alto y el clima se siente bien, frío, el invierno no tarda en llegar a Bermaunt. Elaxi dice que lo mejor es que entremos a la casa, eso hacemos, les ofrezco una bebida, para después comenzar a hablar sobre el bar familiar que tiene el mismo nombre que su hija “Saga”
Kabil se mantiene todo el tiempo afuera de la puerta, como un perro guardián, la puerta se abre después de cuarenta minutos y Ana se asoma con el gesto contrariado.
—Entra —le ordena a Kabil.
Ambos desaparecen en el interior de la habitación.
—Pobre chica, su estado de salud no es bueno —comenta Elaxi, mientras le da un sorbo a su agua natural—. Ojalá Kabil pueda hacer algo, por cierto.
La miro de soslayo.
—¿Cómo van las cosas con Caroll?
—No tengo idea de lo que hablas.
—Vamos, Marvin, ella ayer estaba muy feliz por tu llegada, se dejaron de ver hace dos semanas, lo ha estado pasando mal, no lo sé, está algo extraña desde que su madre le habló.
Proceso la nueva información que no sabía.
—No tenías idea, ¿cierto?
—No —me limito a responder.
Ahora mismo, quiero entender qué pasa con esa chica. Transcurre una hora entera hasta que Kabil y Ana salen, cerrando la puerta, miro por encima de sus hombros esperando ver a alguien más, pero no es así.
—¿Qué tiene? ¿Cómo se llama? —Elaxi se pone de pie.
—Esto pinta como la mierda —dice Kabil—. Está viva… por ahora. Fue golpeada brutalmente, la violencia no fue improvisada; alguien se tomó su tiempo. Tiene fracturas costales, hematomas extensos en abdomen y espalda, laceraciones en brazos y piernas. El rostro… irreconocible en algunos ángulos. Apenas puede abrir un ojo.
Se queda en silencio, mirando con complicidad a Ana.
—Además —su voz se endurece, con la precisión médica con la que le gusta escupir la verdad sin adornos—. Hubo abuso s****l repetido. El cuerpo lo confirma, no hay lugar a dudas. Apenas me permitió tocarla y examinarla, se puso como salvaje.
—Kabil —replica Ana.
—Solo digo lo que veo.
Un silencio espeso cae sobre la estancia. Nadie osa moverse, puedo oír las respiraciones tensas, el crujir de la madera bajo el pie inquieto de Ozzian.
—Además, tiene fiebre. La temperatura es alta, signo de infección o de un proceso inflamatorio que no tardará en descontrolarse. Está deshidratada, tiene los labios agrietados, la piel seca. No ha comido en días, apenas tiene fuerzas para mantenerse consciente. Cada palabra que intenta pronunciar se rompe en su garganta como vidrio.
—Eso sin contar el trauma psicológico grave, ella… no confía en nadie, he estado ahí, encerrada en mi propia mente, y no es nada bueno, el estado mental en el que se encuentra es mucho peor que el mío —añade Ana, con la mirada apagada.
—Tenemos que llevarla al hospital, luego a la policía, que ellos se encarguen de esto —Ozzian se pone de pie—. No sabemos nada de ella, no es nuestro problema.
Sopeso todo, mi opinión es la misma que Ozzian, el asunto es que el miedo que vi en los ojos de la chica… se me ha quedado grabado en la mente.
—¿Qué propones hacer, Kab? Eres el médico aquí —arguyo y mi voz sale más ronca de lo que planeaba.
—Voy a ser claro —dice cortante—. La chica está al borde del colapso. Necesita atención médica, ya.
—Dudo que quiera salir, ella… no lo sé, actúa como si fuera una pantera herida que va a atacar a cualquiera que se le acerque —Ana toca su vientre redondo—. Creo que lo mejor es que la atendamos aquí.
—Eso es una locura —refuta Ozzian—. Es irresponsable de nuestra parte.
—Entonces entra e intenta sacarla de ahí, a ver qué tal te va —Elaxi pone las manos en jarras—. Voto por lo que dice Ana, pide lo que necesitas Kabil, y nosotros te lo traeremos.
—Ela —gruñe Ozzian—. Lo que quieren hacer es estúpido, ¿qué pasa si se muere? No sabemos su historia, su nombre, qué le pasó, quién le hizo eso, nada. Podemos tener problemas. Marvin podría tener problemas porque esta es su casa. ¿Por qué no piensas bien las cosas? Joder.
—Di todo lo que quieras, pero la ayudaremos —puntualiza Elaxi—. ¿Tú qué opinas Marvin?
Cierro los ojos un par de segundos.
—Lo que dice Ozzian es lo correcto, es lo que se debe hacer.
—Kabil —Ana se acerca a su marido—. Por favor.
Ella le hace un tierno puchero que termina por derribar las defensas de él.
—Puedo atenderla aquí si tengo lo necesario.
—Genial.
—Pero tú eres la única responsable de esto, Ela —aclara Kab.
—Lo que sea, dinos qué necesitas.
—Elaxi Carter —Ozzian tira de su brazo—. No.
Ella se libera de su agarre.
—No te estoy pidiendo permiso, te estoy informando.
—No peleen —suelto un suspiro lleno de cansancio—. ¿Qué requiere la chica? —le pregunto a Kabil.
—Primero: líquidos. Su cuerpo está vacío, como un desierto. Necesita hidratación inmediata, pero no cualquiera. Solución intravenosa, Ringer lactato o, en su defecto, solución salina al 0.9%. No sirve que le demos agua a sorbos como si fuese un gato desnutrido. Necesito una vía. Una aguja, un catéter.
Trago saliva despacio, dejando que el aire se espese.
—Segundo: la fiebre. Si no la controlamos, la infección se propagará como fuego. Necesito antipiréticos.
—¿Qué hay del dolor? —me atrevo a preguntar, desde el fondo.
—Analgesia. Ketorolaco. Si consigo tramadol, mejor —su tono se endurece.
Me incorporo, camino hacia la mesa y arrastro un vaso vacío con un dedo. El sonido del cristal sobre la superficie los incomoda.
—¿Qué más? —Lo miro fijamente.
—Antibióticos. La violencia s****l la expuso a bacterias, hongos, virus. Si no cubrimos todo, la sepsis la devorará en menos de tres días.
Suspiro y me paso una mano por la nuca.
—¿Qué me dices de lo psicológico? —Ozzian toma de la mano a Elaxi, quien está con su celular en la mano, grabando todo lo que necesita la chica.
—No hay pastilla que cure eso. El trauma está anclado en lo más profundo, tiembla incluso inconsciente, como si su cuerpo recordara lo que su mente quiere borrar. Necesitará un espacio controlado, sin ruidos, sin gritos
—Kab —Ozzian se muestra renuente—. ¿Piensas ser el doctor de esa chica? Tienes que hablar con Alex por lo menos, tu padre puede investigar quién es la chica.
—No tengo de otra, si no lo hago —Kabil mira de soslayo a Ana, con un gesto más relajado—. No me dejará follarla por el culo.
—¡Kabil! —ella se sonroja y yo niego con la cabeza.
—Demasiada información, Kab, no te desvíes del tema —carraspeo.
—¿Me dirás que no te has follado a la rubia escandalosa por el culo? —enarca una ceja con incredulidad.
—Mi vida s****l es privada y no hay cupo en esta conversación.
Ana carraspea.
—Eso es asqueroso, no hablen así de mi prima cuando no está presente. ¿Cuánto puede aguantar así?
—Horas —responde Kabil sin pestañear—. Quizá un día, si la fiebre no sube más. Pero si no consigo los medicamentos que pedí, será un cadáver tibio antes del amanecer.
Me cruzo de brazos.
—Bueno, no tenemos más opciones por ahora, ella parece tenerle miedo a la policía —inspiro.
—Ella… no quiere hablar, dejó que me acercara porque vio que estaba embarazada… creo que puedo hacer algo para limpiarla ¿lo ves prudente? —mira a Kabil.
—Yo estaré a tu lado, Ela, vienes con nosotros, si ve a mujeres, puede que funcione.
Asiente.
—Supongo que me toca ir con Marvin por lo que pediste.
—Haré una llamada para que en el hospital te den todo lo necesario —Kabil se quita la chaqueta—. Es para ahora.
—Joder —brama Ozzian y sale primero de la casa, después de fulminar a Ela con la mirada.
El azote de la puerta es estridente y resuena por toda la casa.
—Yo me encargo —le aseguro a Elaxi.
—Gracias.
Salgo y él ya está encendiendo el motor, entrando, presiona el volante con fuerza, tanta, que sus nudillos se ponen blancos.
—Ella solo trata de ayudar, no te enfades con tu esposa y madre de tu hija.
—No quiero que nos metamos en más problemas, no quiero que nada nos pase, por Saga.
—Lo entiendo, esperemos que en cuanto Kabil atienda a la chica, podamos llevarla a un hospital y dejar que las autoridades se encarguen de ella, es lo correcto.
Ozzian asiente y nos ponemos en marcha. Llegando al hospital, una enfermera nos tiene ya todo el equipo que pidió Kabil, listo, unos paramédicos nos ayudan a meter todo en la cajuela.
—Eres amigo del doctor Watson ¿cierto?
Miro por encima de mi hombro, devolviendo mi atención a la caja que estoy terminando de meter, al tiempo que Ozzian habla con uno de los paramédicos a un metro de distancia.
—Sí —me limito a responder, cerrando la cajuela.
—Eres… bueno… me preguntaba si tú… quisieras salir a tomar algo —me da una tarjeta de presentación que agarro solo por cortesía—. Llámame, podemos hacer algo esta noche, estoy libre.
Tenso el cuerpo.
—Te lo agradezco, eres una chica hermosa, pero me temo que tengo que declinar la oferta —guardo su tarjeta en el bolsillo trasero de mi pantalón.
La desilusión en sus ojos me hace sentir incómodo.
—Oh —forma una enorme O con sus labios pintados de caoba—. ¿Acaso tienes novia? Lo siento, creí que… bueno, el doctor Watson mencionó que tenía dos amigos que estaban casados, conozco a Ozzian Carter y a Ian Howard, pensé que tú eras Marvin y que… —Su voz va perdiendo fuerza.
—Lo soy, pero no estoy disponible.
—Tienes novia —afirma con una nota triste.
—Lo siento.
Niega.
—No, soy yo la que debería disculparse, llegué y te pregunté si querías salir conmigo sin saber nada de tu vida, te pido una disculpa —se va alejando, llena de vergüenza—. Nos vemos después.
La veo alejarse y entro al auto al mismo tiempo que Ozzian.
—Mierda, sí que tienes tu séquito de admiradoras.
—Decirles así a las mujeres, solo porque están interesadas en alguien, es poco amable, al final del día, somos humanos y está en nuestra naturaleza intentar conseguir aquello que deseamos.
—Joder, eres como un puto anciano, ahora entiendo por qué Ian es tu favorito, los dos podrían convertirse en monjes si no tuvieran a Piper y a Caroll.
Sonrío.
—Ponte en marcha.
—Como digas, jefe —ironiza y parece que su humor ya cambio.
Reviso la hora en mi celular y sé que es demasiado tarde, Ozzian pisa el acelerador, provocando que lleguemos antes de lo previsto. Le ayudo a sacar las cosas y entramos a la casa. El asunto es que en cuanto lo hacemos, apenas entro, un cuerpo se me abalanza encima, pierdo el equilibrio y caigo al suelo, El impacto en mi espalda me hace apretar los dientes.
—¡Aaaaah!
La chica grita encima de mí, tiene la misma ropa, pero mojada, y en la mano, sostiene una barra de jabón con tanta fuerza, que sus uñas se clavan en él. Ella se me queda viendo y Kabil aparece enseguida detrás de ella, con la intención de apartarla de mí.
—Suficiente, maldita sea, solo es un puto baño —gruñe Kab.
Hace presión en sus piernas alrededor de mi cintura, cuando Ozzian y Kabil intentan separarla de mí, estoy a nada de ayudar, deslizándome por debajo, cuando una voz dulce a mis espaldas, sume todo en un breve silencio.
—¿Qué sucede aquí?
Alazo la mirada dejando caer mi espalda contra el suelo, al ver que no tengo oportunidad de quitarme a la chica de encima, al menos no, sin lastimarla y mis ojos ven primero unas bragas blancas de algodón, conozco esas piernas kilométricas, esa presencia abrumadora y ese co…
Sus ojos azules se anclan en los míos.
—Caroll —digo su nombre.
—Marvin —frunce el ceño, para después mirar a la chica.
Yo hago lo mismo, deseando saber por qué Kabil y Ozzian no la apartan, y al ver lo mismo que ellos, me confundo. La chica ya no me ataca, ha soltado la barra de jabón, su mirada ahora parece perdida, hay un brillo extraño en sus ojos marrones. Ella está mirando a Caroll, la observa como si fuera la cosa más maravillosa del mundo. Hay sorpresa, confusión, envidia en su mirada, cuando la recorre de pies a cabeza.
—Hermosa —susurra débil—. Eres… muy…
Acto seguido, Kabil la aparta y ella se queja del dolor, pero no deja de ver a Caroll.
—Cariño —Elaxi trata de agarrarla del brazo, pero ella se aleja de golpe.
—No, ella… —Apunta débil, y con el brazo temblando, a Caroll—. Ella…
Sus piernas pierden fuerza y cae de rodillas, Ozzian la detiene, está a nada del desmayo y, aun así, ella sigue viendo a Caroll. Me pongo de pie, mientras los chicos se la llevan de nuevo al baño.
—¿Me puedes explicar qué ha sido todo eso?
Volteo.
—Es largo de contar.
Los dos nos miramos en silencio, solo sé una cosa, esa chica la vio como si Caroll fuera una salida, como si ella fuese una persona confiable, y tal vez ella nos pueda ayudar a hacerla hablar. Caroll merma el espacio entre los dos, pero la voz llena de fastidio de Kabil, interrumpe.
—No entiendo a las jodidas mujeres, y mucho menos a la que se está muriendo adentro del baño, pero por alguna extraña razón, solo quiere que Caroll la ayude a bañarse.
—¿Qué? —la rubia abre los ojos como platos.
—¿Yo? ¿Por qué? ¿Quién es esa? Yo vine porque Marvin me dejó plantada, le mandé un mensaje a Ana y dijo que tenía un problema.
—No hables —Kabil tira de su brazo y la lleva hasta el baño.
—Marvin…
Demasiado tarde, Kabil la empuja al interior, en donde están las chicas, y cierra la puerta.