ECLIPSE
El dolor es lacerante, intenso, cada una de mis extremidades arden a fuego lento. Me cuesta trabajo respirar, y todo me da vueltas, aun así, me obligo a dejar de lado el dolor y concentrarme en las cinco personas que están delante de mí, viéndome como la cosa más rota del mundo, puede que no estén equivocados, no están lejos de la realidad, sin embargo, eso me molesta a niveles que estoy aprendiendo a controlar. Las tres chicas y los dos chicos, parecen no decidirse qué hacer conmigo.
Si tuviera las fuerzas suficientes, ya los hubiera asesinado uno a uno, sin dejar rastro, sin dejar huella, sería tan fácil ocultar sus cuerpos, fui entrenada, y tal vez no sea una de las mejores asesinas dentro del mundo de la mafia, pero me sé defender y hasta ahora he logrado mantenerme con vida. Tanto ahora, como en cualquier misión a la que Manuel me arrojaba como basura. Mis fuerzas son escasas, y lo que me hicieron esos hijos de puta, ha convertido mi cuerpo en algo peor que un contenedor de basura, me dejaron como los restos de una muñeca rota, sin vida.
Los miro a todos, ellos discuten sobre algo que no me interesa, el rubio de ojos tan dorados como el sol resplandeciente, tiene la mirada cruel, puedo ver su naturaleza, él es un psicópata, uno que está rendido ante la rubia de ojos grises, embarazada. En cambio, el otro chico de cabello oscuro, parece estar renuente a lo que ellos dicen, no deja de mirar a la de ojos verdes, los dos entran en una guerra de miradas silenciosas.
No confío en ellos, no creo en ellos, no tengo más opción que dejarme atender por estas personas, el de ojos dorados es doctor, dejé que me revisara porque mi cuerpo lo exigió. Recorro los rostros llenos de incertidumbre de cada uno, hasta llegar a la otra chica rubia, ella se parece mucho a la que está embarazada, solo que sus ojos son azules. Ella es muy hermosa, demasiado, sus ojos están fijos en mí y le sostengo la mirada. Lleva puesta una falda plisada blanca, corta, demasiado como para dejar al descubierto sus piernas largas y estéticas, La blusa blanca se le adhiere al cuerpo como una segunda piel, mostrando su vientre plano, sus curvas y unos enormes pechos, no del modo exagerado, pero sin duda, tiene más dote que las otras dos.
Su cabello es rubio, largo, cayendo en ondas sobre sus hombros. No creo en Dios, no tengo religión, no obstante, ella es como un ángel. De dónde vengo, las mujeres en las que podía depositar una muy reducida parte de mi confianza, eran así, hermosas, esta chica supera a las demás mujeres con las que incluso Ash Carlton, se haya cogido antes. Es por eso que la elegí, por su belleza, y porque a diferencia de todos los que he visto, ella no me mira con lástima, ni con asco, no hay repugnancia en su gesto curioso, solo hay fascinación, respeto, y eso es un punto para ella.
—Démonos prisa, no podemos seguir perdiendo tiempo —rompe el silencio, el rubio de ojos como el sol.
Se acerca a mí y se pone en cuclillas delante, sin temor a que me le pueda lanzar encima como lo hice con el otro chico de cabello oscuro y ojos azules.
—¿Recuerdas lo que te dije antes? —me pregunta y su rostro es como una pared blanca, sin emociones, nada.
Me quedo callada unos segundos, asiento una vez.
—Bien, es necesario para que te recuperes, ellas te ayudarán a…
—¡No! —grito y se siente como si mi garganta se desgarrara.
—La rubia tonta te ayudará —corrige él.
—Kabil —lo regaña la embarazada.
—Caroll, ella se llama así, Caroll Verly —él señala a la rubia que suspira.
«Su nombre es como el de las princesas de los cuentos de hadas, que mi madre me contaba antes de que mi pesadilla comenzara»
Quiero que me ayude porque ella no me ve como los demás.
—Tienes que estar limpia, para que te pueda revisar y comenzar con el tratamiento que te conté, de lo contrario, morirás, a menos que quieras que te llevemos al hospital y demos aviso a la policía.
Niego rápido con la cabeza.
—Bien, te dejaremos con ella.
«Tengo que sobrevivir, hacer lo que sea para sobrevivir, primero yo, después yo, hasta el último yo»
Los cinco se quedan viendo de hito en hito, la rubia embarazada se acerca y le susurra al oído algo, a la rubia de ojos azules, esta asiente y salen del baño, cerrando la puerta.
—Eso nos deja a ti y a mí, solas —Caroll, como dijo el de ojos dorados que se llamaba, se quita los tenis blancos que lleva puestos—. Hueles demasiado mal, vamos a quitarte la ropa.
Me arrincono más.
—Vamos, no me hagas las cosas más difíciles, fuiste tú quien por alguna extraña razón, me pidió ayuda, además, estoy de mal humor, es decir, has arruinado mi cita —bufa arrugando su nariz.
¿Cita? ¿Qué es eso? Lo primero que viene a mi mente es una reunión de trabajo, creo que eso decía Manuel o Ash, cuando tenían que verse con algún otro socio mafioso.
La observo mejor, ella trata de aparentar que está enfadada, no lo logra muy bien. Suelta un largo suspiro al tiempo que se quita la falda, quedando en bragas. Su cuerpo es perfecto, tiene un culo redondo, firme… mucho mejor que el mío.
—No me quiero ensuciar, así será más fácil, me meteré a la ducha contigo —sonríe.
No me da entera confianza, pero su sonrisa tiene algo que me tranquiliza, además, no tiene un arma punzocortante, una pistola, no hay nada que tenga en las manos que me pueda dañar. Y no parece ser la persona que tenga artes ocultas bajo la manga.
—Oye, el idiota de mi primo me dijo lo que creen que pasó contigo, debido a lo que presenta tu cuerpo, así que anda, tenemos que bajarte esa fiebre —se pone en cuclillas delante de mí, estirando su mano en mi dirección.
Deslizo mi atención a su mano, las diferencias entre la suya y las mías, son abismales, las de ella parecen suaves, sin rastro de ampollas, raspones o resequedad. No me siento bien, es por ello que tomo su mano y ella parece encantada por eso, poco a poco me pongo de pie hasta que mis fuerzas están por decaer, pero ella me sostiene.
—Eh, todo estará bien, esos idiotas no son malas personas —me susurra a modo tranquilizador.
Me sostengo de sus brazos, huele demasiado bien, ella comienza a subir mi sudadera y yo la dejo, he vivido tantas cosas, que estar desnuda frente a una chica, es lo que menos me importa o lo que menos vergüenza me daría. El silencio es interrumpido por el sonido de la ropa al caerse. Arde, quema hasta los huesos cuando trata de quitarme los pantalones y las bragas. No dice nada al ver la sangre seca que hay entre mis piernas, tampoco hace comentarios, y no trata de iniciar una conversación, cosa que agradezco.
Cuando quedo desnuda por completo ante ella, me abrazo a mi cuerpo, viendo cómo se quita la blusa, quedando por completo en ropa interior, como lo supuse, ella es un ángel.
—Vamos —me lleva hasta la regadera, enciende la llave y el vapor del agua caliente comienza a cubrir todo.
Caroll se mete conmigo, al instante en que el agua toca mi cuerpo, me estremezco, imaginé que estaría hirviendo, pero la ha nivelado para que no esté ni muy fría, ni muy caliente. La última vez que me duché, fue en mi cumpleaños, ayer, y se siente como una eternidad. Ella pasa una esponja suave con jabón, por mis hombros, por mi cuello, por mi pecho, su mirada es como la de alguien que quiere hacer bien su trabajo, y yo la observo. Los dedos de sus manos masajean mi cuero cabelludo por un buen rato, hasta que ya no quedan costras de sangre seca.
No soy lesbiana, no me gustan las mujeres, pero sé reconocer cuando una es demasiado hermosa, y ella… no tengo palabras para describirla. Mi mente permanece en blanco cuando ella desciende hasta mis piernas, ahí la detengo.
—No —le quito la esponja con un movimiento tembloroso—. Yo puedo hacerlo, gracias.
Un brillo se instala en sus ojos.
—¡Vaya, sí hablas! No me lo tomes a mal, pero pensé que solo sabías gritar y decir no —sonríe de oreja a oreja.
Me pierdo en su rostro iluminado, mientras las palabras que me decía Manuel, desde que era una niña, retumban en mi cabeza.
“Mírate, eres la cosa más fea del mundo, asquerosa, incluso si sonrieras, te verías horrible, no eres ni bonita, ni atractiva”
Trago duro, algo en mi interior se quiebra, y una vocecita dentro de mí, me dice que ojalá fuera como esta chica. Su seguridad me abruma, su belleza me aplasta.
—Puedo hablar perfectamente —hago el esfuerzo por decir esas palabras.
—Me parece perfecto, al psicópata le va a gustar saber eso.
Frunzo el ceño, no hacen falta palabras para que ella siga parloteando como un perico, mientras me esfuerzo por pasar la esponja por mi coño, culo y piernas.
—El idiota que te atendió, es el esposo de mi prima Ana, la que está como ballena andante, tienen otro hijo, una niña hermosa que se llama Anabelle. Él es médico y socio mayoritario del hospital central de Bermaunt —expresa mientras se mira el esmalte rosado de sus uñas, sin importarle que se esté mojando conmigo.
Bermaunt.
Memorizo el nombre del lugar en el que me encuentro, nunca he oído hablar de él.
—Y los otros dos que viste, el gruñón de cabello oscuro y ojos azules, Ozzian, es esposo de Elaxi, ellos son prácticamente los dueños de todo el pueblo. Tienen una hija; Saga. Y…
Su voz va perdiendo fuerza en mi mente, ella sigue hablando, pero ya no la escucho. Ahora no sé si es idiota o demasiado confiada para brindarme toda esta información de sus amigos. De dónde vengo, la información es importante, tanto, que se mata por ella, todos son reservados porque tienen cola que les pisen. Y lo que me hicieron… al infierno al que Ash y Manuel me arrojaron… no se los perdonaré.
—¡Mierda!
Doy un respingo, suelto la esponja y me pongo a la defensiva. Ella me toma el rostro entre sus manos, el agua resbala por todo mi rostro.
—Eres muy bonita, mira esas pecas, y esa nariz, tus cejas rectas te dan aspecto de modelo.
Contengo la respiración, apenas y puedo verla bien, debido a la hinchazón de mi ojo.
—Oye —su sonrisa se apaga y algo se cruza en su mirada, lo veo, es una oscuridad que me eriza la piel—. No somos malas personas, queremos ayudarte, tengo entendido que no quieres que te llevemos a la policía, y está bien, tampoco a un hospital, pero al menos tenemos que saber tu nombre, mínimo, uno inventado, si con eso te siente cómoda.
Me le quedo viendo, sé diferenciar a los mentirosos de los que dicen la verdad por miedo, por algo Manuel me tenía como su favorita, y de vez en cuando me llevaba a algunas reuniones para después obtener como premio, su v***a hiriendo mi coño. Esta chica no miente, de hecho, pude ver la misma convicción en todas esas personas. El problema es que mi naturaleza me obliga a desconfiar de todo lo que respira a mi alrededor.
—Si no quieres no —comienza a alejarse—. Tómate tu tiempo, aquí nadie te obligará a decir nada hasta que estés preparada, pero si no me dices tú nombre, entonces tendré que darte uno, como… Puddy, o cosita, o puede que te guste…
—Eclipse —musito y mi voz suena más ronca y más rota de lo normal.
—¿Hablas en serio? —su rostro se vuelve a iluminar—. ¡Carajo, tendré que demandar a mis padres por no ponerme un nombre tan hermoso como el tuyo!
Ella grita demasiado. Ella es tan… escandalosa, llamativa, expresiva, confiada, todo lo que nunca vi en la mafia. Las mujeres allá, son reservadas, perras, venenosas y solo les importa el poder, el dinero, el estatus y cogerse a los líderes de las mafias más peligrosas del país. Muchas de ellas nacieron ya con un anillo en el dedo al estar destinadas a casarse con alguien que sus padres eligieron.
—Vale, escucha —se pone seria—. Eclipse, con eso es suficiente, no sabemos quién te hizo esto, pero te vamos a cuidar hasta que estés preparada para hablar, ¿entiendes?
—Por qué… no me conocen… yo… —Mi mirada se oscurece—. Podría matarlos en cuanto me recupere para no dejar cabos sueltos.
Su risa llena cada rincón.
—Hazlo, por favor, pero te recomiendo que empieces por el pendejo de Kabil, es el esposo de mi prima, el doctor, ¿recuerdas? Aunque no creo que puedas con él, te diré algo, es un hijo de perra psicópata, tiene demasiados muertos en su lista.
Así que el doctor es un asesino, sabía que había un tipo de oscuridad distinto en él, lo pude ver en su mirada, pero esa oscuridad se apaga cuando la embarazada está cerca de él.
—Mi prima sufrió algo parecido —ahora sus ojos se anclan en un punto invisible de la pared—. Hace años a ella la secuestraron y la violaron, la prostituyeron.
Tenso el cuerpo.
—Ella sufrió mucho, golpes, daños, de hecho, no quedó bien de la cabeza, pero Kabil la adora, es su mundo, y la madre de sus hijos, cuando ella casi muere hace unos meses, pensé que él acabaría con el universo entero, pero Ana volvió y estoy segura de que no puede estar en mejores manos que las de él.
Estudio su rostro, no puedo creer que alguien quisiera a esa chica llamada Ana, después de haber sido violada, ultrajada, de otros hombres.
—En fin —coloca su mano sobre mi frente—. Parece que la fiebre ha bajado.
Es ahí cuando me doy cuenta de que ella solo estaba hablando mientras yo permanecía bajo el agua tibia, casi fría. Intentaba que mi fiebre disminuyera.
—Eres bonita —dice cerrando la llave del agua—. No sé tu pasado o cómo es tu vida, pero Dios, no dejes que eso te aplaste.
La miro una vez más, no miente. Ella piensa que soy bonita, y yo creo que ella lo es, aunque un tanto gritona y tonta. Pero parece… sincera.
No abro la boca, sello mis labios, no me puedo permitir bajar la guardia, sabe mi nombre y con eso es suficiente. Aunque me arrepiento, creo que hubiese sido mejor inventar uno. Mientras me coloca una toalla y la enrolla a mi cuerpo como si fuera una niña pequeña, llego a la conclusión de que ella es peligrosa, porque es hermosa y tiene un extraño poder que hace que sueltes información sin esfuerzo, así que será mejor que mantenga mi distancia con ella de ahora en adelante.
—Listo, mi labor ha terminado, Elaxi y Ana se encargarán a partir de aquí, ¿está bien?
Me duele el culo con el movimiento cuando retrocedo, pero asiento. Parece satisfecha con mi respuesta, se asoma a la puerta, le llama a alguien y enseguida entra la castaña de ojos verdes y la rubia de ojos grises, detrás de ellas, aparece el rubio de ojos dorados y el de cabello n***o y ojos azules, el primer chico al que me encontré, y el primero que ataqué.
—Bien, te llevaremos a una habitación —habla la castaña.
Pero mis ojos están fijos en el chico de ojos azules, el que solo observa a Caroll, es como si nadie más estuviera aquí, dentro de esta habitación, me doy cuenta de que recorre su cuerpo semidesnudo, frunciendo el ceño, agarra una toalla y la coloca sobre ella.
—Vamos a qué te duches y te cambies de ropa —le dice él a Caroll.
—Estoy en el baño, me puedo duchar aquí.
—No, te ducharás en el baño de mi habitación.
Se van alejando.
—Qué molesto.
—Haz lo que te pido, por favor.
Pero antes de salir, ella se detiene y mira por encima de su hombro.
—Por cierto, ella dijo que se llamaba Eclipse, ¿no es eso cool?
El chico ni siquiera me da una breve mirada, toda su atención está sobre ella, intentando cubrir su piel desnuda con su cuerpo. Caroll me sonríe y salen del baño, Me concentro en las tres personas que me rodean como si fuera una rata de laboratorio. Recuerdo sus nombres; Elaxi, Ana y Kabil. Lo siguiente que pasa, es igual a un sueño.
Kabil, el que es doctor, les ordena a las chicas que me ayuden a vestir, me dan una muda de ropa nueva que me queda algo holgada, me llevan a la habitación en donde me escondí hace una hora y una vez ahí, el chico me pregunta en todo momento si está bien que me toque, me revise, me hace algunas preguntas que solo respondo con un asentimiento o una negación de cabeza. Al final, me inyectan suero y otras cosas que no entiendo, me dan a tragar algunas pastillas. Hasta que poco a poco cierro los ojos.
Sé que no debería bajar la guardia, sin embargo, mis párpados pesan y el agotamiento de mi cuerpo me lo impone, así que me dejo llevar por la oscuridad. Perdiendo el conocimiento.
[...]
Cuando despierto, me encuentro mucho mejor, ya no me siento caliente por dentro, aunque sigo sintiendo dolor en el cuerpo. Algo en mi pecho se aplasta al verme conectada al suero que casi se acaba. Me desconecto con la idea de salir de ese lugar.
Al acercarme a la puerta, el sonido inconexo de varias voces, llama mi atención, por lo que, con una mueca de dolor en el rostro, abro la puerta ligeramente, las luces del pasillo están apagadas, y un olor a café pica mi nariz. Poco a poco me acerco sin hacer ruido, soy experta en eso.
—Tenemos que hacer algo con ella.
—Por ahora es mejor que la dejemos aquí, tal vez con los días ella pueda decirnos algo más que su extraño nombre.
—Kabil.
—Ana.
—Bueno, pero ¿quién la va a cuidar?
—Yo puedo venir a ver su avance por las tardes, saliendo del hospital.
—Y yo puedo venir por las mañanas, Saga, por lo regular se queda dormida, y Reagan me está ayudando a cuidar de ella.
—No podemos pedirle ayuda a Ian y a Piper, me parece que, con cinco hijos, es mucha carga.
—Opino lo mismo, lo importante es que esa chica se recupere.
Están hablando de mí, no entiendo por qué tanta molestia por alguien que no conocen, esta gente es rara en extremo.
—¿Y tú qué harás Caroll?
El nombre del ángel llama mi atención y agudizo más mi oído.
—Me quedaré esta noche, tengo que hablar con Marvin.
Hay un silencio incómodo después de que ella dijera eso, alguien suelta una carcajada, es la de ojos verdes, estoy segura.
—¡Lo sabía!
—Elaxi, deja de alzar la voz.
—Es que ellos dos son tan…
—Elaxi —sentencia una voz masculina.
«Así que el ángel se va a quedar»
Ellos siguen hablando, pero no me quedo a terminar de escucharlos, porque mi cuerpo se siente pesado y mis piernas me duelen, además, caminar es un suplicio por el dolor que siento en el culo. Así que cómo puedo, regreso a la habitación y me dejo caer en la cama con cuidado, cerrando los ojos una vez más.
Xander aparece en mis pensamientos, me pierdo en un extraño sueño que se siente tan real. Él ayudándome a escapar, manejando rápido, diciendo que me va a cuidar y a llevar a un lugar donde la mafia no me va a encontrar. Después hay disparos, el auto da varias vueltas, Xander pidiendo que me vaya, que lo deje, luego la explosión, mi caminata en el bosque, el dolor… todo viene a mí y abro los ojos.
No, no me puedo quedar aquí, Manuel me va a encontrar, él siempre lo hace, y Ash no me va a dejar ir tan fácil, no viva, no cuando ahora soy su prometida. El miedo se mezcla con el instinto de supervivencia y me incorporo, ya no escucho ningún ruido y las luces de la habitación están apagadas.
Me desconecto de todo, me niego a dejar que me atrapen, me pongo un par de tenis que encuentro en una esquina, me quedan algo grandes, pero servirán. Me aseguro de no hacer ruido al abrir la puerta. No obstante, pese a la penumbra que invade todo el interior de la casa, cruzando la mitad del pasillo, escucho gemidos. Jadeos y gruñidos. Me recuerda a las veces que Manuel me llevaba de niña, a presenciar en primera fila las orgías de la mafia.
Mis mejillas se calientan, el tal Marvin debe estar cogiendo al ángel, por lo que, con más seguridad, aprovecho y camino rápido hasta la puerta, siento el sabor de la libertad en la punta de mi lengua, abro la puerta, la brisa de aire gélido golpea mi rostro, respiro profundo, doy un paso adelante, pero termino chocando contra el chico de ojos azules, el dueño de la casa.
Retrocedo al instante, él desciende la mirada y me mira fijo.
—¿A dónde crees que vas? —su voz es ronca.
Cierra la puerta tras de él, su presencia se es intimidante y mi pregunta es… si él está aquí ¿quién está cogiendo al ángel?