CAPÍTULO Nº2

1954 Palabras
Una vez aseados y cambiados nos tumbamos en los sofás del living, no ponemos a observar nuestros teléfonos. —Todos se encuentra en el Riu, lo escribieron en el grupo — comenta. Yo no llegue todavía a esos mensajes, tenía unos previos que contestar, principalmente de mi madre y mi abuela. Increíblemente, nuestro lugar favorito para reunirnos era la terraza del Hotel Riu Plaza España de Madrid. Yo, Patrick Heastings, heredero de una cadena hotelera, frecuentando la competencia, una ironía para algunos, pero para mí era algo totalmente intrascendental, simplemente era un lugar hermoso y a donde mis amigos les gusta pasar el tiempo. —¿Vamos? — pregunta Lily. —Claro, primero deja que hable con mi madre y nos ponemos en camino. Solía hablar con mi madre muy seguido, pero poco tiempo debido a la frecuencia y a la vez porque soy poco comunicativo, mi misión diaria era mandarles señales de vida, ningún detalle más. La mansión se encontraba en una urbanización privada en La Moraleja en Alcobendas a unos 35 minutos del centro de Madrid. El viaje fue callado, Lily no dejaba de darle vueltas a lo hablado antes y a la cercanía del regreso de su hermana, normalmente suelo distraerla con mis superficiales problemas con chicas, pero por esta vez decidí dejarla inmersa en su mundo. Llegamos al Riu en el tiempo promedio de siempre, no tuvimos inconvenientes, ya que, en esta época es muy placentero conducir por la capital porque suele encontrarse vacía, los madrileños migran a sus segundas residencias de verano o simplemente a zonas costeras a vacacionar, dejando la ciudad en calma. Una vez dentro, montamos en el ascensor para subir los 27 pisos que nos llevan a encontrarnos con nuestros amigos en el 360.º Rooftop Bar, así se llama el bar que se encuentra en el último piso, tiene la particularidad de brindarte una experiencia de 360.°, la cual consta de poder disfrutar de las vistas de Madrid justamente en 360°, puedes bordear la instalación por completo, pudiendo disfrutar de la ciudad sin perderte ningún detalle, dentro de las posibilidades de la visión, ya que, te encuentras a aproximadamente 177 metros de altura. Ahí estaban todos, siempre en la mejor mesa al aire libre, la de las vistas más hermosas, en el lugar exacto donde tu cuerpo olvidaba que era verano y la sensación térmica de 40° centígrados, ese insignificante espacio era un oasis en medio del desierto para el calor infernal de Madrid. —Al fin llegaron — exclama Borja, mientras nos sentamos — nadie me saca de la cabeza que entre ustedes hay algo que no cuentan. Así como Lily era mi mejor amiga, Borja cumple el mismo rol en versión masculina, es extrovertido, demasiado sociable para mi gusto, intransigente, no tiene filtros al momento de expresarse ya sea para lo bueno como para lo malo y con un humor muy ácido, todo lo opuesto a mí, pero me divertía mucho con él. —Siempre con el mismo rollo — responde Lily — ¿celoso?, ¿preferirías ser tú? — contraataca mofándose de él. Intenta parecer relajada, pero no es así, por el contrario, todo su ser se encuentra tenso, y el motivo tiene nombre, Iñaqui. —Es verdad Borja, ¿preferirías pasar más tiempo con Lily? — se interpone Iñaqui antes de que Borja, conteste. —Puede ser… — refuta mi mejor amigo mientras piensa su ataque — ya hace tiempo que Lily no tiene tiempo para mí, ¿tú tienes alguna idea en que otra cosa está malgastando su tiempo? Se me escapa una sonrisa por lo bajo, Borja es un verdadero cabrón cuando quiere, logra desarticular a Iñaqui con solo una insignificante pregunta retórica. La cosa es que nadie excepto yo y los implicados debería de saberlo, pero mi amigo se lo huele, tampoco es que hayan sido tan discretos, pero Lily e Iñaqui están teniendo un amorío, comenzó hace unos meses y todavía prefieren seguir en el anonimato. —Eres un idiota — le sonríe Lily a Borja — ya no me celes, que para eso tengo a Nick. Mi amiga está tratando de aparentar calma, pero por dentro es la tensión la consume, ya que Nick, su hermano mayor es parte del grupo y se encuentra sentado en la misma mesa y por el momento no tiene intenciones de que se entere de su secreto. —No sé si darte la razón a ti hermanita o replantearme la pregunta de Borja — bromea Nick. Nick es bastante desenfadado, lo único que se toma bien serio es su profesión, medicina oncológica, creo que tiene bastante sentido, alguien con su trabajo ve mucho sufrimiento, por lo que estar cerca de él sin su bata de médico, es lo más relajado que me he cruzado hasta ahora. Lily sabe de sobra que su hermano le daría poca importancia a su amorío, pero la cuestión que le preocupa es que si por algún motivo Iñaqui y ella terminan de malas y Nick se enteraba, no podría compartir más nada con el susodicho y eran colegas. —Estoy segura de que lo segundo no va a pasar — replica Alba, su novia. Nick y Alba, Alba y Nick, la envida de todos, su relación es tan armónica, tan de compañerismo, que da la sensación de que va más allá de lo que llaman amor, realmente parecen haber nacido para encontrarse, son como la prueba real de la existencia del hilo rojo. —Dejémonos de tonterías y ordenemos — zanjo toda esta tontería bromista — un mojito sin alcohol para mí y un mai tai para Lily. Noto la mirada penetrante de Iñaqui en mi persona, odia que yo sepa más de Lily que él, lo que parece no entender es que ella es como mi hermana desde el primer momento en que la vi, mientras que él se la está follando desde hace solo unos meses y tampoco parece importarle ir a más. No puedo evitar que eso me moleste, pero tengo bien en claro el porqué, no por un interés amoroso de mi parte, sino que todos sabemos cómo es Iñaqui, o como solía ser, un alma libre como yo, yendo de cama en cama, realmente espero que eso haya cambiado y no la haga sufrir, ya que, Lily está enamorada de él desde niños. Los padres de Lily y los de Iñaqui se conocen desde que su familia era una recién llegada a la ciudad, fueron los primeros en recibirlos y hacerlos parte de un entorno, de ahí también la gran amistad entre Nick y él. —Voy a por las bebidas de ambos y también algo para mí — Ester, pragmática como es ella, se levanta para dirigirse a la barra — ¿alguien más quiere pedir? El grupo se había formado porque, tanto Ester, como Cris, Jesús, Iñaqui y Borja los conocimos en actividades extracurriculares o de frecuentar clubes, Lily, Nick y yo, nosotros somos el tridente original, conocí a los hermanos en el instituto y no me separe más de ellos, el resto llegaron poco a poco después. A Borja lo conocí practicando básquet en el club, el deporte nos conectó muchísimo, Iñaqui era compañero de universidad de Nick y su mejor amigo, Ester juega al vóley con Lily, Jesús fue compañero de instituto de Borja y Cristina, bueno, Cris es el sapo de otro pozo del grupo, es la más pequeña y menor de edad, tiene la misma que Lucy, la pequeña de los Wilson y es su mejor amiga, o por lo menos lo era antes de que se fuese a Italia, la acogimos en el grupo, ya que, su “bestie” la dejo sola, pero en realidad es la única española que cursaba en el mismo instituto que los Wilson y yo. —¿Ansioso por el regreso de Lucy? — pregunto a Nick, que lo tengo a mi lado, primero me mira incrédulo de que tenga esa información, pero luego comprende. —No sé por qué me sorprende que mi hermana te contara — una sonrisa de lado se le escapa — si tiene mucho más sentimiento de hermandad por ti, que por mí. —Sabes que no es así — río y defiendo a mi amiga de las calumnias de su hermano — digamos que me tiene en la misma estima — rio y él también — me lo acaba de contar. —La verdad es que sí, estamos bastante ansiosos todos, son años de tenerla lejos — confiesa resignado – por eso es que todavía no lo comentamos, a mis padres les contó convencerla, por suerte lo lograron, pero ahora. —Entiendo, Lily esta… — me detengo antes de revelar algo que mi amiga me confió y capaz no a su hermano. —Completamente histérica e insegura — termina él por mí. —No hubiera utilizado esos adjetivos, pero sí — Lily había comentado también con su hermano sus inquietudes, por lo que podía hablar en confianza. —¿Quién es histérica e insegura? — inquiere Borja a la distancia que escuchó solo eso de la conversación. Porque mientras Nick y yo hablábamos, el resto estaba en una conversación paralela a la nuestra. —Seguro que hablaba de mí — es Alba quien nos rescata de tener que responder, ya que obviamente estaba al tanto de todo — últimamente estoy un poco nerviosa, pero a Nick le gusta exagerar diciéndome histérica, ¿no es cierto amor? Y ahí estaba esa conexión entre ellos que me gustaba, Alba lo mira a los ojos como diciendo implícitamente, “de nada” y él también con solo mirarla responde “gracias”, siempre uno sale a salvar al otro, sin que el primero ni siquiera se dé cuenta de que necesita ser rescatado. También somos librados de la situación por los camareros, quienes aparte de traer las bebidas que pedimos a Ester, traen diversa cantidad de tapas y otra ronda para los que no habían pedido. —¿Qué?, es mejor que comamos mientras bebemos — se defiende Ester cuando todos giramos a mirarla — y todos iban a pedir otra ronda, así que me adelanté. Y realmente las rondas siguieron hasta que casi nos tuvieron que echar del establecimiento, emprendo el regreso a casa acompañado de Lily, quien en realidad me utiliza de pantalla, ni bien llegar a la puerta de ingreso a la propiedad, ya estaba estacionado el coche de Iñaqui esperándola. —¿Realmente estás segura de “esto”? — le cuestiono al estacionar. —¿A qué te refieres con “esto”? — pregunta confundida. —“Esto…” — repito señalando hacia el coche de Iñaqui. Es la primera vez que le hago algún tipo de comentario negativo sobre su affaire con el mejor amigo de su hermano. —¿Tienes alguna objeción? — por su tono de voz, adivino que mi comentario le molestó. —Es el mejor amigo de tu hermano… — en realidad eso era lo de menos, pero no podía decirle que simplemente tenía un mal presentimiento. Si bien éramos un grupo de amigos bastante unidos, como en todo grupo hay personas que se llevan mejor entre sí y también algunos no se caen tan bien, ese era el caso entre Iñaqui y yo, no teníamos mucho feeling el uno por el otro, pero lo disimulamos muy bien ante el resto. —… no me hagas caso — me arrepiento al ver su cara de desconcierto. —No sé qué pasa por tu cabeza en estos momentos, pero lo vamos a hablar — amenaza mientras abre la puerta del coche y se monta en el otro.
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