PARTE II

1676 Palabras
...un nuevo sistema de seguridad informática que podría ser de gran utilidad para tu cadena hotelera. Permitiría controlar el acceso a las instalaciones, gestionar las reservas y proteger la información de los clientes de manera más eficiente que cualquier otro sistema del mercado." Valentina se incorporó, interesada. "Eso suena prometedor. ¿Cuándo podríamos ver una demostración?" "La semana que viene, si te parece bien. Podemos reunirnos en nuestras oficinas y hacer una prueba en tiempo real. También he estado hablando con algunos arquitectos sobre la renovación de los hoteles más antiguos de tu cadena – podríamos incorporar tecnologías sostenibles que reduzcan los costos operativos en un 30%." Ella lo miró con sorpresa. No esperaba que él se interesara tanto por el futuro de su empresa. "No sabía que habías estado trabajando en eso." "Tu padre me pidió que cuidara de ti y de su legado antes de entrar en coma", respondió Alejandro, con una expresión seria. "No es solo un contrato para mí, Valentina. Me comprometí a ayudaros, y lo haré con todo mi esfuerzo." Valentina sintió un cosquilleo en el pecho. Había creído que él solo veía este matrimonio como una transacción comercial, pero sus palabras parecían sinceras. "Gracias, Alejandro. De verdad." El coche se detuvo frente a la mansión. Antes de bajar, Alejandro la miró a los ojos. "Mañana tengo una reunión temprana, pero si necesitas algo – cualquier cosa – no dudes en llamarme." Ella asintió, agradecida. Después de que el coche se alejara, entró en la casa y fue directamente al estudio. Diego no estaba allí, pero encontró una nota sobre el escritorio. "Tuve que irme a resolver un asunto importante. Te llamaré mañana. Te amo – D." Valentina sintió una punzada de decepción. Había esperado contarle sobre la cena, sobre cómo Alejandro había sido más amable de lo que esperaba. Pero supuso que los negocios de Diego también eran importantes. Se quitó el vestido y las joyas, se puso un pijama cómodo y se fue a la cama, pero no pudo dormir. Pensaba en Alejandro, en sus palabras, en la forma en que la había mirado durante la cena. Y pensaba en Diego, en su ausencia, en la forma en que últimamente parecía más preocupado por sus asuntos que por ella. Al día siguiente, Valentina se reunió con su abogado, el señor Whitmore, para hablar sobre la transferencia de acciones que Diego le había propuesto. El hombre frunció el ceño cuando ella le explicó el plan. "Valentina, querida, no estoy seguro de que sea una buena idea", dijo él, ajustándose los anteojos. "Las acciones de la empresa están protegidas por múltiples cláusulas legales para evitar que salgan de la familia. Si intentas transferirlas a alguien fuera de la línea hereditaria, los accionistas podrían impugnar la operación y hasta cuestionar tu capacidad para dirigir la empresa." "Pero Diego es la persona que más quiero en el mundo", respondió ella, frustrada. "Quiero asegurar nuestro futuro juntos." "Entiendo tus sentimientos, pero debes pensar con cabeza fría", le respondió el abogado. "Además, he investigado un poco sobre la situación financiera de los Castro. Dicen que han reconstruido su fortuna, pero según mis fuentes, su empresa aún está en quiebra técnica. Están utilizando fondos de inversionistas para mantener la apariencia de solvencia." Valentina se puso tensa. "Eso no puede ser cierto. Diego me dijo que habían recuperado todo." "Lo que digan y lo que sea la realidad son dos cosas diferentes", respondió el señor Whitmore con calma. "Te aconsejo que tengas cuidado, niña. El dinero puede hacer que la gente muestre caras que nunca imaginaste." Después de la reunión, Valentina llamó a Diego, pero su teléfono estaba apagado. Intentó varias veces durante el día, pero no obtuvo respuesta. Al final de la tarde, decidió ir a su departamento en Brickell – un penthouse de tres plantas con vistas espectaculares a la bahía. Había estado allí varias veces antes, siempre entrando por la puerta trasera para evitar ser vista. Llegó al edificio poco después de las seis de la tarde. El portero la saludó con una sonrisa – Diego le había dicho que era una amiga cercana – y la acompañó hasta el ascensor que llevaba al penthouse. Cuando llegó a la puerta principal, oyó voces de dentro – la voz de Diego y la de un hombre que no reconocía. Ella estaba a punto de tocar la puerta cuando las palabras de Diego la hicieron detenerse en seco. "...ya casi tenemos todo listo, Carlos. La tonta está dispuesta a transferirme la mitad de sus acciones – dice que es por amor. Cuando las tenga en mi poder, presentaré una demanda contra ella, acusándola de desviar fondos de la empresa familiar. Con los documentos que hemos preparado, nadie podrá dudar de mi versión." "Y después de eso?", preguntó la otra voz. "Después de eso, la dejaré sin nada", continuó Diego, con una risa fría que hizo temblar a Valentina. "Su esposo será el primer sospechoso – todos saben que su matrimonio es por contrato. Y cuando menos se lo espere... ese yate que tanto le gusta navegar será el escenario perfecto para un 'accidente'. Un cortocircuito en el motor, un fuego que se extiende rápidamente... nadie sabrá que fue obra nuestra." Valentina se quedó paralizada, sintiendo cómo el mundo se desmoronaba a su alrededor. Las piernas le temblaban tanto que tuvo que agarrarse al marco de la puerta para no caerse. No podía creer lo que estaba oyendo – el hombre a quien había amado desde la infancia, el hombre por quien estaba dispuesta a arriesgar todo, solo la quería por su dinero. Y planeaba no solo dejarla sin nada, sino también quitarle la vida. "...y con todas sus acciones y el dinero de su seguro de vida, podremos sacar a mi empresa adelante de una vez por todas", concluyó Diego. "La hemos tenido en la palma de la mano desde el principio. Nunca supo que mis padres nunca recuperaron la fortuna – todo ha sido una fachada para ganarme su confianza." Valentina sintió cómo las lágrimas corrían por sus mejillas. Se dio media vuelta con sigilo y regresó al ascensor, luchando por no soltar un llanto que delataría su presencia. Mientras bajaba los pisos, su mente iba a mil por hora – ¿cómo pudo engañarla así? ¿Cómo pudo creer que sus sentimientos eran reales? El portero la miró con preocupación cuando salió del ascensor. "¿Está bien, señorita? Parece pálida." "Sí... solo me siento un poco mal", respondió ella, tratando de mantener la compostura. "Necesito irme a casa." Llamó a un taxi y se dirigió directamente a la oficina de Alejandro. Sabía que era temprano, que probablemente ya se había ido a su casa, pero necesitaba hablar con alguien en quien pudiera confiar. Y en ese momento, Alejandro era el único que venía a su mente. Cuando llegó al rascacielos de Márquez Technologies, la recepcionista la miró sorprendida. "La Sra. Márquez? ¿Necesita ayuda? El Sr. Márquez se fue hace unos minutos, pero creo que todavía está en el estacionamiento." Valentina corrió hacia la salida trasera del edificio. Allí, justo a punto de subir a su coche, estaba Alejandro. Al verla venir con la cara llena de lágrimas, inmediatamente se acercó a ella. "Valentina, ¿qué pasa? ¿Te ha pasado algo?" Ella no pudo contenerse más. Se abrazó a él y comenzó a llorar a moco tendido, contándole todo entre sollozos – su relación con Diego, lo que había escuchado, el plan de este para defraudarla y matarla. Alejandro la abrazó con fuerza, acariciándole el pelo mientras ella desahogaba toda su angustia. "Shhh, está bien", le susurró él. "Ya estás a salvo. No te hará nada." Después de que sus llantos se calmaron un poco, la llevó a su coche y la condujo a su casa – una moderna villa de diseño minimalista en Coconut Grove, con jardines llenos de palmeras y un lago artificial en el jardín trasero. Allí, la sentó en el sofá del salón y le sirvió una taza de té caliente. "Ya tenía mis sospechas sobre Diego Castro", dijo él, sentándose frente a ella. "Hace unas semanas, mi departamento de investigación comenzó a seguir su rastro después de descubrir que había estado contactando con algunos de nuestros competidores, ofreciéndoles información sobre nuestras tecnologías en desarrollo. Lo que no sabía es que estaba planeando algo tan peligroso." Valentina se secó las lágrimas con la manga de su chaqueta. "No entiendo cómo pude ser tan tonta. Creí que me amaba, que todo lo que decía era verdad." "No eres tonta", le respondió Alejandro con calidez. "Amar a alguien hace que veamos lo que queremos ver, no lo que realmente está ahí. Lo importante es que lo has descubierto a tiempo." "Pero ¿qué hacemos ahora?", preguntó ella, temerosa. "Tiene documentos falsos preparados, planea acusarme de desviar fondos..." "No te preocupes", dijo él, tomándole la mano. "Mi equipo legal ya está trabajando en esto. Tenemos pruebas de que Diego ha estado manipulando documentos durante meses, contactando con inversionistas con información falsa y preparando su plan contra ti. Además, he grabado la conversación que tuviste con tu abogado hoy – eso nos ayudará a demostrar que él fue quien te convenció de transferir las acciones." "¿Cómo pudiste grabarla?", preguntó ella, sorprendida. "No te preocupes, no te estaba espiando", dijo él sonriendo suavemente. "El señor Whitmore me llamó después de tu reunión y me contó sobre tu plan. Le pedí que grabarara la conversación por si acaso – nunca pensé que estaríamos usando la grabación para esto, pero estoy agradecido de haberlo hecho." Valentina sintió un alivio enorme. Había creído que estaba sola, que no tenía a nadie en quien confiar, pero Alejandro se había anticipado a todo. "Gracias, Alejandro. No sé qué haría sin ti." Él la miró a los ojos, y en ese momento, Valentina vio algo en sus ojos que nunca había notado antes – un cuidado profundo, un afecto sincero. "Te dije que cuidaría de ti, ¿no? Y lo haré siempre, Valentina. No importa qué pase."
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