—¿Te sientes bien, hija?
—Nada más necesito volver a mi lugar… —le respondió, Mery, conteniendo la respiración. Cuando lo hizo, y se acomodaba en la butaca, la mujer retomó el tejido. Mery se fijo al celular. Tenía un mensaje sin leer y era de Sandel.
Como no le había contestado la llamada porque estaba en el baño, le había dejado un mensaje de voz.
Su tono era entrecortado, pero no era un problema de la llamada, ni del audio, era su voz la que emitía a penas las palabras.
—Me-ry… No…
Era lo único que le había dicho y el mensaje terminaba ahí.
Mery le devolvió la llamada, pero Sandel ya no contestaba. Intentó comunicarse con ella al menos diez veces, hasta que llegaron a un sector en el que la señal no llegaba. No tenía consigo el teléfono satelital que su hermano le había dado, y eso la hacía sentir en desamparo.
Luego del incidente del baño, si es que se podía llamar a lo que ha pasado así, el viaje continuaba en relativa calma.
A ratos el bus se detenía y entonces bajaban pasajeros, y en otras paradas, arribaban nuevos, como la mujer del lado, que rápidamente guardó su tejido, se incorporó y se bajó sin decirle ni pio.
Cuando Mery se dio cuenta, la mujer ya se había bajado y su lugar, ahora tibio, quedaba disponible para quien quisiera sentarse a lado de ella. Eso la ponía ansiosa, ¿y si se sentaba alguien que le tenía mala voluntad o quisiera hacerle daño?
Recorrió la cortina y descubrió que ya estaba oscuro. En el celular decía que eran las diez de la noche.
Había pasado seis horas y aún le faltaban otras cinco, seis si había alguna demora.
Llegaría a eso de las cuatro de la mañana, no lo había considerado porque compró el boleto para la siguiente salida, se lo había querido explicar la mujer que atendía, pero no quiso ponerle atención. Ahora se vería en problemas.
—Igual podré quedarme dentro de la terminal, sin problemas… —se dijo para no preocuparse demás.
Al fin cabeceaba, el sueño se abría paso y el agotamiento adormecía su cuerpo. Se quedó dormida. A minutos de eso, se subió una pareja de novios. Ambos estaban algo tomados. El chico se sentó a lado de Mery.
Al ver que había elegido precisamente ese asiento, la chica se sintió celosa, y comenzó a soltarle insultos, despertando a los otros pasajeros. Mery no, ella continuaba sumergida en una pesadilla que, si pudiera habría agradecido con el alma que los gritos de la chica la despertaran y libraran del tormento que sufría en ese momento.
El chico, ni corto ni perezoso, hacía ademanes de besarse con la dormida Mery y la chica, si Mery estuviera despierta, sin dudar se habría lanzado a ella. Cuando El conductor se cansó del escándalo los mandó a callar, los pasajeros le aplaudieron por aquello. Entonces, el chico se cambió de butaca. La chica permaneció callada desde ese momento, y Mery, minutos después, despertó sin la mínima sospecha de lo que había ocurrido en torno a ella.
Le dolía la cabeza, y el dolor era agudo, insoportable. Necesitaba beber agua, y agua solo había, si es que había en el baño, pero no se atrevía a ir de nuevo hacia allá.
Sacó una aspirina que llevaba siempre, o casi siempre e intentó tragarla de una. El sabor era fuerte y asqueroso y se le había quedado, a falta de líquido, pegada en la garganta, y sentía que le quemaba.
Necesitaba agua, y no le quedaba más que dirigirse hacia el baño… quiso ser racional, no podría pasarle nada malo ahí, era un lugar estrecho, y estaba a metros de los otros pasajeros, podría ponerse a gritar como una desquiciada si pasaba algo…
Llevada por la urgencia, se fue hacia el baño. No le puso traba y bebió mucha agua, hasta sentir que su vientre se hinchaba.
—Grandioso, ahora tendré que volver para hacer del uno… —se dijo, pero al menos ya no sentía que la pastilla le quemaba la garganta, y la migraña ya había desaparecido.
Y lo recordó.
La habían vejado, una vez… o quizás dos… lo recordaba por partes… pero no, no podía ser en el mismo bus.
Su frente estaba húmeda y no hacía calor…
Si pretenderlo empujó la puerta y quedó trabada.
Se quedó paralizada por varios minutos, hasta que tocaron la puerta con brutalidad. Mery se exaltó y abrió de una.
Era una chica a la que no había visto antes. Le dejó el pase libre y regresó a su butaca.