Las rejas de la celda donde Robert se encontraba detenido se abrieron, sus ojos marrones se iluminaron cuando la vio, Astrid ingresó con una ancha sonrisa y se paró al lado de los dos hombres que la contemplaban con intriga. —Déjame sola con él. El abogado salió junto a Mauro. Robert se levantó y tomando entre sus manos el rostro de ella suspiró —Amor, me alegra que estés bien. Le dio un pequeño beso el cual no fue correspondido, Robert la apartó y la miró directo a los ojos, pasó gruesa saliva cuando en su rostro no se reflejó felicidad de verlo con vida. Pese a qué Astrid no mostraba emoción alguna, Robert quiso saber —¿Te lastimaron? Posando sus manos en los brazos de Robert, Astrid lo apartó, caminó alrededor de la celda cruzada de brazos, de espaldas a él sonrió y Refutó. —Cómo

