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Prometo recordarte amor

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venganza
HE
arranged marriage
poderoso
jefe
drama
sin pareja
ciudad
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Descripción

La infancia de Alix Traeger siempre había sido un campo de batalla, en el cual, defenderse del resto de las personas lo era todo.

Años después y con una empresa familiar exitosa, los problemas vuelven a aparecer, cuando Alix conoce a los nuevos socios de la empresa que sus padres han manejado con mucho esfuerzo y sacrificio, encabezados por Orión Krause, el único hijo de aquellos socios.

Es en esta etapa de su vida, en que Alix comienza una nueva batalla de venganza que, esta vez, será la más importante de su vida, cuando vea que los Krause tienen intenciones oscuras y todo termine en un matrimonio por conveniencia entre ella y Orión.

¿Alix se dejará llevar por los encantos de Orión Krause? ¿O luchará con todas sus fuerzas por esa sed de venganza que planea en su mente?

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Capítulo 1 — Plan Malévolo
Siempre me catalogaron como la rara de la escuela durante mi infancia. Cuando entré a la universidad no fue muy distinto que digamos. Para las personas, amar la taxidermia era de locos. ¿Qué tenía de malo disecar animales para coleccionar? Se burlaban por todo, porque me gustaba vestir de n***o, porque amaba la música black metal, porque me gustaban las películas de terror y gore… No se le podía dar en el gusto a las personas en todo. Así que, a los once años, decidí solo complacerme a mí. Hice lo que quise durante toda mi adolescencia, pero no me malinterpreten, porque esto no tenía nada que ver con algo “s****l adolescente desenfrenado”. Cuando digo que hice todo lo que quise, me refiero a que me defendí con uñas y garras de todas las personas que osaron burlarse de mí. Pegué gomas de mascar en el cabello de la chica más popular de la escuela; accidentalmente, el chico musculoso y deportista de la escuela se fracturó el tobillo y, cuando digo “accidentalmente” me refiero a que lo empujé por la escalera en venganza. propasarse conmigo no era un simple juego. Me encantaba ver sangre y si a eso le llamaban tener rasgos psicópatas, pues sí, probablemente los tuve. Realicé toda clase de travesuras y mantuve mi dignidad en alto siempre. Pasé por muchas escuelas, pero jamás tuve problemas de adaptación, porque al final, con una sola broma de venganza, dejaban de molestarme. Así logré sobrevivir a este mundo en constantes cambios sociales. En la universidad me adapté rápido, llegando a ser la primera de la clase siempre. Me gradué de la carrera de ingeniería comercial con honores y siempre se me destacó por mi inteligencia, cosa que agradecía. —Disculpa, ¿esta silla está ocupada? —miré a quien estaba interrumpiendo mi café matutino y mis pensamientos con el ceño fruncido. Un tipo alto, de cabello tan oscuro como el color de sus ojos, de piel blanca y cuerpo musculoso trabajado por el gimnasio, me estaba mirando sonriente. Ni siquiera lo conocía y ya lo odiaba. —¿Ves a alguien sentado? —le contesté con mi mejor cara de desagrado. —No —miró a los lados y me volvió a sonreír. Qué tipo más detestable —¿Me puedo sentar? —miré alrededor y curiosamente, la cafetería estaba llena a esa hora. Recién eran las nueve de la mañana de un lunes cualquiera. Generalmente, no hablaba con desconocidos, no porque me quisiera cuidar de la maldad de las personas, si no, porque eran ellos quienes se cuidaban de mi maldad. Además, mi aspecto a lo Merlina Adams me daba un aspecto oscuro y sádico. —Puedes hacer lo que se te dé la gana —le contesté volviendo a beber mi café. Abrí nuevamente el libro en el cual estaba escribiendo, aquel que había destinado para escribir mi autobiografía y seguí plasmando mi historia. —¿Qué estás escribiendo? —me preguntó de repente. Ni siquiera lo miré, en cambio, suspiré frustrada y continué escribiendo —¿Vives por acá? —insistió. Para ese punto, mi nula capacidad de generar paciencia se había agotado. Detestaba que me molestaran, cuando estaba escribiendo. —Mira… desconocido, creo que… —lo miré y detallé su rostro. El tipo era guapo, pero a esos los detestaba. Siempre se creían el centro del mundo y juraban que las mujeres se derretían por ellos —Mejor te cederé la mesa, en la cual podrás seguir bebiendo tu café y esperando a que otra chica llegue, te alabe y se derrita por ti y todas esas cosas absurdas que hacen las personas, debido a ideas impuestas por esta decadente sociedad. Así que, con tu permiso, me retiro —tomé el libro, el lápiz, mi bolso, mi taza de café reutilizable y me dispuse a salir de aquella cafetería que había sido mi preferida por tantos años, pero que ahora, se había visto empañada por ese rostro perfectamente horrible a mi parecer. A las diez de la mañana debía estar en la empresa de mi familia, porque llegaban los nuevos socios y querían que la familia estuviese presente en la famosa reunión. Mi padre llevaba dos meses diciendo que esta nueva unión, era el salto que nos iba a catapultar a la fama. Éramos extremadamente famosos por nuestra rareza, no entendía para qué quería más fama. Apenas llegué al edificio de Strand Minerals mi ánimo se arruinó. Detestaba ir a la empresa y, aunque sabía perfectamente, que tarde o temprano me tenía que hacer cargo del negocio familiar, era algo que de igual manera detestaba. —Alix Traeger Strand, dichosos los ojos que te ven —detestaba a Kaiser Roth. El idiota llevaba trabajando en la empresa uno diez años, como gerente de finanzas. Estaba casi segura de que alguna cosa tránsfuga hacía en la empresa, pero todo era una mera especulación de mi cabeza, porque no tenía pruebas. Me basaba solo en la imagen que tenía de él en mi mente. Kaiser era un tipo arrogante, nefasto y patético. Era guapo y alto, rubio platinado y con muchos músculos en el cuerpo. Ya se había divorciado dos veces, porque sus exesposas lo habían encontrado en plena cama matrimonial con otras mujeres. Era un mujeriego por excelencia y cada vez que me veía en las reuniones que organizaba mi padre, no perdía el tiempo para molestarme y acosarme. Obviamente yo nunca había caído en sus juegos asquerosos, porque lo detestaba. —Kaiser —pasé por su lado y continué mi camino hacia la sala de reuniones en donde sabía que mi familia estaba. Jamás me detenía, mucho menos por él. Detestaba ir a la empresa, detestaba todo a mi alrededor, salvo a mi padre, mi madre y a mi hermano. A medio camino, él me estaba esperando. No le gustaba entrar a las reuniones sin mí. Sentía un profundo cariño mezclado con maldad, hacia mi hermano. Durante nuestra infancia, siempre fui su peor enemiga. Solo yo podía burlarme de él, así que, cuando los niños de la escuela lo molestaban, me vengaba de ellos. Las ideas de venganza me sobraban. —¡Alix! —Dag me adoraba, incluso a nuestra edad y después de todo lo mala que había sido con él. Dag era un chico guapo, alto y gordito. A él no le importaban sus kilos de más, pero las personas siempre lo habían molestado por su cuerpo. Sufrió mucho en su infancia, aun así, decidió no tomar en cuenta los comentarios maliciosos, cuando cumplió dieciocho años y comenzó a vivir su vida tranquilamente. Dag era exactamente igual a mí y a nuestros padres, cabello n***o azabache, piel blanquecina, porque detestábamos el sol; de estatura promedio y amante del color n***o. Nuestros ojos tenían un color café intenso, casi como la bebida caliente. —Hola, Dag. ¿Ya están todos? —le gustaba darme abrazos que yo, obviamente, no correspondía mucho, porque tenía un serio problema con el contacto humano. Aun así, lo aguantaba solo, porque era mi familia. —¡Sí! Solo te estamos esperando a ti. —Está bien —me armé de paciencia y abrí la puerta de la sala de reuniones en donde todos estaban reunidos. Apenas entré, mi padre se abalanzó sobre mí para abrazarme y besar mis mejillas. Cada vez que lo hacía, me sentía como la peor hija del mundo entero. En una ocasión le pregunté por qué nos saludaba de forma tan efusiva. “Ya sabes que, cuando mi padre murió, estaba enojado con él. Un saludo o una despedida, puede ser lo último que les dé, si es que me llegase a pasar algo”. A veces exageraba. —¿Cómo estás, mi amor? —me preguntó hablando bajo. —Bien, papá —le di una leve sonrisa. Siempre me decían que, en realidad, jamás sonreía. En mi mente sí lo hacía y con eso era suficiente. Mamá se acercó y también me saludó de forma cariñosa. Entre mamá y papá, él le ganaba en demostraciones de cariño. Mamá era más recatada para sus demostraciones de afecto. Daba igual si estábamos solas o con más personas. Sabía que me amaba, a su manera, pero lo hacía. —Hija, que bueno que ya llegaste. —Lamento la tardanza —me excusé. —Alix, queremos presentarte a nuestros nuevos socios —me dijo papá. Solo en ese momento, me di cuenta de que en aquella sala de reuniones no estábamos solos, sino que también, había tres personas más —. Te presento a la familia Krause. Jorgen, su esposa Siriana y su hijo, Orión Krause —les di la mano a los padres de forma amable, pero, cuando iba a tomar la mano del hijo, éste se dio la vuelta dejando de darme la espalda y a que no saben, a quién demonios me encontré… Pues sí, al idiota de la cafetería. —Mucho gusto, soy Orión Krause, tu nuevo socio —me dijo estirando su mano para que yo la tomara. Su sonrisa, aunque era perfectamente blanca y alineada, tenía algo que no me terminaba de gustar. Acaso este chico ¿venía con algún plan malévolo bajo la manga?

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