Bailé con muchas personas de las cuales, el noventa y cinco por ciento no conocía. Orión era quien me las presentaba, porque eran conocidos de su familia. Según me dijo en un momento, su padre había solicitado que se les invitara. Me sentía como una mujer a la que estaban ofreciendo en bandeja de oro a los hombres ricos del mundo empresarial. Nuevamente me desconecté. No supe de nada durante dos horas. Solo reaccioné, cuando la señorita Lund me indicó que ya era hora de partir. —¿Partir? ¿A dónde? —A su luna de miel, señora Traeger —menos mal que no había aceptado cambiarme el apellido. Cuando la señorita Lund lo sugirió, me negué rotundamente. No estaba dispuesta a perder el apellido de mis amados padres. Orión apareció a los minutos después tomando mi mano y dándole un beso con elega

